Domingo 10 de febrero

Domingo, 10 de febrero
Domingo V del tiempo ordinario (Ciclo C)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
—«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: —«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
—«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pistas: Es bonito imaginarse la escena, pensar en las reacciones de los personajes. ¿Qué sentirían?
Jesús después de predicar le pide a Pedro (Simón) que reme mar adentro y eche las redes. No habían cogido nada, el trabajo había sido infructuoso. Pero, por la palabra de Jesús, Pedro se fía y obedece. Y lo que en la noche no había servido de nada, con Jesús da fruto. No sólo eso, sino que sobreabunda.
La reacción de Pedro es: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y acto seguido, Jesús le dice: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
Fíjate en el camino que ha recorrido Jesús con Pedro. Se sube en su barca y Pedro le deja entrar en sus cosas, a pesar del cansancio de haber estado toda la noche intentando pescar. Le escucha y le obedece. Ve las maravillas que Jesús hace y se siente indigno. Pero Jesús confía en él y le llama a evangelizar, le encarga una misión –que será la misma de Jesús-.
Finalmente, Santiago, Juan, Pedro, son llamados por Jesús y deciden seguirle. Así que dejan todo y van tras Él.
Relee el Evangelio haciéndote estas preguntas y ora con lo que te toque el corazón: ¿le dejo a Jesús subir a mi barca –entrar en mis cosas-? Aunque esté cansado ¿dejo que Jesús se acerque a mí –en la Iglesia, en la oración, en los sacramentos-? ¿me fío de Él, me arriesgo a ir mar adentro con Él en mi barca? ¿veo mi pequeñez ante la grandeza de Dios? ¿a qué camino me está llamando Jesús? ¿qué me estará pidiendo que deje para seguirle?
Ninguno de ellos eran hombres extraordinarios, ni perfectos. Pero todos entendieron que a lo que llama Jesús es lo que merece la pena. ¿Y tú? ¿te atreverás a dar el paso, a subirte en la barca con Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.