Archivo de la categoría: Lectio divina

Viernes 9 de octubre

Viernes, 9 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: Si echa los demonios, es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
El, leyendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino?
Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero como no lo encuentra, dice: Volveré a la casa de donde salí.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

Pistas: Este Evangelio quizás nos resulte difícil. Jesús expulsa demonios. En los Evangelios se nos habla frecuentemente de ello. Forma parte de los signos de la llegada del Reino expulsar el mal y el demonio. Por eso Jesús dice: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Aquí nos da la primera enseñanza. Expulsar el demonio es signo del Reino. Puedes ponerle nombre al demonio: mentira, envidia, soberbia, egoísmo, violencia, avaricia… El demonio es tentador, intenta apartarte de Dios, del bien, de la verdad, de la justicia… intenta encerrarte en el egoísmo, en la tristeza, en la duda, en la desconfianza… Intenta influir en tu vida y en el mundo, y traer sufrimiento y frustración bajo falsas promesas de felicidad. Sin embargo, donde está Dios el demonio tiene que marcharse.
Dios es más fuerte que todos los demonios. Lo demostró resucitando a Jesús y lo demuestra venciendo el mal a fuerza de bien. Pero como nos enseña la Palabra de Dios, el cristiano no es un ser débil que busca refugio en la fe. Con el dedo de Dios echamos al demonio. Somos fuertes si estamos con Jesús. Y sólo así tendremos esa fortaleza. No valen medias tintas: “El que no está conmigo, desparrama”.
Por eso, nuestra implicación tiene que ser total. Cuando el demonio se va. Cuando comienza la conversión. Cuando decidas cambiar de vida y dejes al poder de Dios actuar en ti… Entonces tienes que llenar tu vida de Dios. Para que tu casa esté defendida.
Si quieres crecer tienes que desarraigar el pecado de tu vida, cambiándolo por la gracia de Dios. Mete a Dios en tu vida cada vez más y eliminarás el pecado cada vez más. No le dejes el resquicio de las excusas (bueno, es que yo soy así, es que esto es muy difícil, no es para tanto, todo el mundo lo hace…). Por eso Jesús dice que la casa no sólo tiene que estar barrida y arreglada. No sólo vale con un lavado de cara. Para no volver a lo de antes, para que el resultado final no sea peor que el principio, necesitas estar con Jesús. Tiene que estar en tu casa. Déjale entrar hasta el final.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 7 de octubre

Miércoles, 7 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Rosario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».

Pistas: Jesús oraba constantemente y sus discípulos le piden que les enseñe a hacerlo.
Ayer recordábamos la importancia de estar con Jesús y escuchar su palabra. Hoy con Él y a sus pies puedes rezar despacio la oración del Padre Nuestro, parándote después de cada frase, pensando lo que significa. Haciendo oración con ellas. Y en aquella que te haga pensar, detente un poco más.
Tantas veces rezamos de carrerilla el Padrenuestro… Hoy rézalo despacio, saboreándolo, pensándolo, sintiéndolo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 5 de octubre

Lunes, 5 de octubre
Témporas de acción de gracias y petición

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 7, 7-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»

Pistas: ¿A quién rezas? ¿a un dios a quien no le importas o a uno a quien puedes llamar Padre? ¿a uno que no sabe nada de ti o a uno que se ha hecho hombre, ha muerto y resucitado por ti? ¿a un Dios poderoso y bueno o a uno que se ríe de ti y pasa de tu vida? ¿a quién rezas?
El Evangelio de hoy te invita a mirar quién y cómo es Dios, más allá de tus dificultades, de lo mal o bien que vayan las cosas, más allá de la pandemia, de los políticos, de la economía… Y, así, elevando la mirada, con la confianza de un hijo que habla con su Padre, orar, pedir, buscar y llamar. Con una promesa: recibirás, encontrarás y se te abrirá.
En otras ocasiones Jesús enseña que la oración tiene que ser perseverante. Esto no es magia, es una relación con tu Padre, con Jesús que te hace hijo de Dios, con el Espíritu Santo que llena tu corazón. El Evangelio de hoy te enseña un truco: primero cae en la cuenta de quién es Dios y luego, cuando te sientas en su presencia: pide, busca, desahógate con Dios. La oración siempre será respondida, es una promesa y Dios cumple lo que promete, pero no siempre del modo en que esperamos. Y a veces sólo comprenderemos ciertas cosas de nuestra historia vital cuando veamos a Dios cara a cara.
Por eso, en ocasiones cuando le pedimos a Dios cosas importantes y parece que no escucha, se presenta la sombra de la duda o la no aceptación. Por qué si pido que se sane alguien enfermo no sucede o si pido cosas buenas y necesarias no pasan… Si oras con fe verás la acción de Dios y te permitirá ser testigo de sus maravillas. Repito, no siempre del modo que esperas, ni cuando esperas. A veces pasa por la cruz, pero siempre al final está la vida, la resurrección, la salvación, el amor y el cielo. Y siempre tu oración será escuchada.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 4 de octubre

Domingo, 4 de octubre
XXVIII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchad otra parábola:
Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: «Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?
Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos.
Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

Pistas: El pueblo judío tenía conciencia de ser el elegido. La viña del Señor les había sido entregada. Todo lo que está simbolizado en esta imagen se lo había entregado Dios: la salvación, el ser pueblo, la elección, la promesa, la alianza… Pero ellos se lo quisieron apropiar para sus intereses. A los profetas, los rechazaron, los persiguieron, aunque finalmente la verdad se impusiera. Todos fueron rechazados al reclamar los frutos que debía dar la viña.
El último enviado es el hijo, el heredero, es Jesús, el Hijo de Dios, y también le van a rechazar y matar. Sus mismas palabras tras la conclusión de la parábola serán acusadoras para ellos. Jesús intenta hacerles pensar: ¿no os dais cuenta: la piedra desechada soy yo? Él, a quien no aceptan, a quien van a asesinar, se va a convertir en el que sustenta todo. Los milagros y signos que hace, su manera de predicar y actuar, intentan hacerles pensar pero ellos no están dispuestos a moverse de su comodidad, de sus ideas y prejuicios. A pesar de todo, a pesar de que lo matarán, resucitará y Jesús será el cimiento, la roca sobre la que se construirá el edificio de la Iglesia, sobre el que edificar el Reino.
Ahora viene el reto. Preguntarnos: ¿somos nosotros dignos? ¿estamos dando fruto? ¿o nos estamos apropiando de la viña, rechazamos a los mensajeros y tomamos lo que no es nuestro? Jesús nos pide ser una Iglesia que dé fruto, una vida que dé fruto, que esté construida sobre la piedra angular y que sepa vivir como Él enseñó, para así poder dar, por el poder del Espíritu Santo, mucho fruto.
Examínate, examina tu comunidad, tu parroquia y pon a Jesús en el centro. Llénate del Espíritu Santo, para amar a Dios y a los demás. Así dará fruto. De lo contrario, algo va mal. Este Evangelio es un toque que te invita a la conversión.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 3 de octubre

Sábado, 3 de octubre
XXVII semana del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 17-24
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les contestó: Veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.
En aquel momento, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar.
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Pistas: Jesús envía a sus discípulos a predicar y ellos vienen sorprendidos porque han realizado las mismas señales que su Maestro. Jesús los envía con el poder y la capacidad para realizar lo que les pide.
Los discípulos de Jesús, los cristianos, no somos pobrecitos que se refugian en la fe. Somos llamados por Jesús y enviados con poder, con la fuerza del Espíritu Santo. Por eso la fe y la gracia de Dios transforman vidas y tienen fuerza para cambiar el mundo, para vencer al mal y echar el demonio.
Sin embargo, la alegría no está en lo que hacemos, en el poder, en la fuerza, los números, en la influencia… sino en la salvación. En el amor con que Dios escribe nuestros nombres en el cielo, en la vida que Dios nos da. No se trata de hacer, sino de ser y acoger.
Jesús alaba al Padre, porque se muestra a los sencillos y humildes. ¡Qué buena noticia es esto! El Evangelio no es para una élite. Es para el que lo acoge con un corazón sencillo. No sólo es un saber intelectual sino conocer en un sentido profundo. Recibir, acoger, participar. Vivirlo.
A través de Jesús Dios no da cosas, sino que se da Él mismo. Ésta es la revelación de la que habla Jesús. Dios que se entrega a nosotros y habita en nuestro corazón. Dios que nos hace participar de su misma vida.
Por eso, dichoso tú que puedes conocer y experimentar esta verdad. Dichoso tú porque tu nombre estará escrito en el cielo. Si Dios te llama y te envía ten la certeza de que te va a dar la fuerza para hacer lo que te pide. Y da gracias porque te salva, porque el camino de ser discípulo es el de dejarse amar. Y amar con sencillez.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 2 de octubre

Viernes, 2 de octubre
Santos ángeles custodios

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si nos preguntan quién es el más grande en el Reino de los Cielos, lo más probable es que escogiéramos a la Madre Teresa de Calcuta, al Papa Francisco, a esta o aquella persona que nos parece que destacan por su fe, su entrega, su amor o su actividad. Pero Jesús nos da hoy una lección: toma un niño cualquiera y lo pone en medio. No sabemos si es bueno o malo, si es agradable o refunfuñón… Pero sí sabemos que sin amor, sin dirección, sin cuidados, no acabará bien. Esto no significa que tengamos que volvernos infantiles, nada de eso. Jesús siempre manda a sus discípulos que sean astutos, que estén vigilantes, que se esfuercen en pasar por la puerta estrecha, pero también que sepan que sin Él no pueden nada.
Hoy nos muestra su predilección por los pequeños, también por los que están perdidos. En ellos está Jesús mismo. Lo que le hacemos a alguien necesitado, a alguien que ha extraviado su camino, se lo hacemos a Él. Por eso son todo lo contrario a ser discípulo de Jesús actitudes como el orgullo de creerse superior, el afán de poder y posiciones, el juicio a los demás…
¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos? ¿cómo te comportas con los pequeños y extraviados? ¿ves en ellos a Jesús? Porque el Padre no quiere que nadie se pierda. Y mírate también a ti mismo si te sientes pequeño o perdido. Jesús te dice que no temas, que aunque consideres que no cuentas o que no eres importante, lo más grande, el Reino, es para ti. Un Evangelio que te invita a ir contracorriente ¿te atreves?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 1 de octubre

Jueves, 1 de octubre
Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.
Y les decía: La mies es abundante y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos.
No llevéis talega ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios».
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos sabed que está cerca el Reino de Dios». Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.

Pistas: Jesús designa de entre sus discípulos a unos que envía de dos en dos. Van delante de Él, preparando el camino, anunciando el Reino. Lo importante es que va a ir Jesús. Van en comunidad.
La tarea es desbordante, como lo es hoy en el mundo y en la Iglesia. Mucha gente necesitada y ¿cuántos obreros? Por eso hay que pedir más fuerzas, más discípulos, más evangelizadores.
“Poneos en camino”. Hay que dar el paso, lanzarse, obedecer, atreverse. Pero no como un inconsciente o un ingenuo. La tarea será difícil, habrá lobos que quieran destrozar lo que se va a hacer. Por eso hay que ir preparado como discípulo de Jesús. Dios proveerá. Por eso no hay que llevar seguridades, sólo lo necesario.
No hay tiempo que perder cuando Jesús envía, porque es urgente lo que nos pide, es urgente llevar al mundo el Reino de Dios.
Desea y construye la paz, pero ésta no se puede imponer, es un don. Si la construyes, aunque estés rodeado de personas que la rechazan, tú la tendrás. No se trata de prosperar, por eso les manda permanecer en la misma casa.
Se realizarán los signos del Reino, curaciones y un nuevo tipo de relación entre las personas.
Ya lo hemos dicho otras veces: hay libertad para acoger o no. Jesús y sus discípulos sólo proponen, invitan… Pero acoger o no esa invitación tiene consecuencias: la salvación o la condenación.
Muchas ideas aparecen en el Evangelio de hoy ¿Cuál te toca el corazón? ¿cuál te hace rezar? Escucha lo que Dios te quiere decir hoy y respóndele.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 30 de septiembre

Miércoles, 30 de septiembre
San Jerónimo, presbítero y doctor de la iglesia

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: Te seguiré a donde vayas. Jesús le respondió: Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo: Sígueme. El respondió: Déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le contestó: Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo: Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. Jesús le contestó: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.

Pistas: Seguir a Jesús es exigente. Es una aventura en la que no valen medias tintas. Porque Jesús ha venido a hacer las cosas nuevas.
Esto no es afiliarse a una asociación para perseguir ciertos intereses, en la que en el fondo no importa cómo se vive. Jesús abre un camino nuevo: el de la entrega, el del amor, el del Reino de Dios. Y llama a estar con Él. Sin engañar a nadie. Otros (las zorras y los pájaros) tienen sus refugios, sus intereses. Pero Jesús no.
La novedad de seguir a Jesús implica dejar atrás ciertas cosas. Porque seguir a Jesús es encontrar el mejor camino que uno puede desear o soñar. Por eso ¿para qué mirar hacia atrás? En una carrera, mirar hacia atrás hace perder tiempo y es peligroso. Añorar el tiempo en que uno estaba perdido es echar de menos las tinieblas, el pecado, la mentira, el egoísmo, la comodidad…
Lee el Evangelio y deja que Jesús te diga: ¡Sígueme! Será el mejor camino que puedas soñar, pero también el más exigente. Jesús te dará todo, te llenará de su Espíritu, te dará sus dones. Todo. No te dejará solo, caminará a tu lado. Lo ha prometido y cumple sus promesas. Por eso en esta entrega no valen medias tintas. Y Jesús hará nuevas las cosas en tu vida y en el mundo a través de ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 29 de septiembre

Martes, 29 de septiembre
Santos arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 47-51
En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: “Has de ver cosas mayores”.
Si Jesús se cruza en tu vida, “has de ver cosas mayores”.
No sabemos qué pasaría debajo de la higuera… pero lo importante es que este árbol representa lo que vives cada día. Y en ello Jesús está presente. Él te conoce. Sabe lo que pasa en tu día a día. Y si ahora estás leyendo estas líneas significa que Él ya se ha cruzado en tu vida.
Por eso, si se lo permites, si decides seguirle, “verás cosas mayores”. Y es que Jesús hace nuevas las cosas. No cabe la rutina, ni el aburrimiento, ni la mediocridad…
¿Quién sabe lo que sorprendió a Natanael (el Apóstol San Bartolomé)? ¿qué estaría haciendo? Felipe le llama para que conozca a Jesús y este encuentro es sorprendente para él. Pero sólo es el principio de un camino que tendrá que recorrer yendo con Jesús. Y que termina en el cielo. Un cielo abierto. Dios que nos deja entrar en su presencia por medio de Jesús.
Natanael no podía ni siquiera imaginarse lo que le esperaba. Y se embarcó en la aventura de seguir a Jesús. Milagros, palabras que tenían poder, el mal, el demonio y el pecado vencidos, la cruz, la resurrección, la venida del Espíritu Santo, el poder del Espíritu Santo en su propio interior… Tú también verás cosas mayores si decides conocer y seguir a Jesús. Y todo esto termina en la eternidad, en la que el Hijo del hombre (Jesús) muerto y resucitado es la puerta del cielo, de la vida plena con Dios.
Es el “Hijo de Dios”, “el Rey de Israel”, los ángeles le sirven… y tú verás todo eso. Acércate a Jesús en oración hoy ¿Qué te pide? ¿qué te dice? Síguele y cree su promesa porque “has de ver cosas mayores”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 28 de septiembre

Lunes, 28 de septiembre
Semana XXVI del tiempo ordinario

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 9, 46-50
En aquel tiempo los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.
Juan tomó la palabra y dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.
Jesús le respondió: No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro.

Pistas: ¿Quién es el más importante? ¿quién es el primero? Piensa las respuestas a estas preguntas según la mentalidad de nuestra sociedad, y también según tu propia manera de pensar. Y dentro de un momento relee la respuesta que da Jesús: El más pequeño es el más importante. Ésa tiene que ser la actitud de los discípulos de Jesús. Pero ¿es la tuya? ¿es la de la Iglesia que construyes? En cómo acogemos a los pequeños nos jugamos la acogida que hacemos al mismo Jesús.
En la segunda parte del Evangelio Jesús propone a sus discípulos construir unidad, descubrir todo lo bueno, lo verdadero, lo que realiza el Reino de Dios y crea comunión. Ellos prefieren clasificar a las personas, sentirse especiales. En cambio, Jesús busca unir a las personas. Piensa también si esto es lo que tú haces en tu vida y en tu comunidad. Y abre el corazón al Espíritu Santo, que es el único que puede hacer realidad lo que te pide el Evangelio de hoy.
¿Quién es el más importante? ¿Quién es de los nuestros? Jesús nos propone hoy un camino a recorrer ¿te atreves?.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.