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Sábado 19 de diciembre

Sábado, 19 de diciembre.
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: —«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»
Zacarías replicó al ángel: —«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»
El ángel le contestó: —«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: —«Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»

Pistas: Los relatos de estos días suenan como envueltos en una especie de misterio, como de un mundo más religioso: ángeles, sueños que revelan la voluntad de Dios, hechos extraordinarios. Tal vez esto nos invite a pensar que son mitos o están construidos sobre leyendas o creencias populares. Pero si lo pensamos bien ¿acaso no tiene sentido que algo tan extraordinario como la encarnación del Hijo de Dios esté rodeado de ese halo de lo sagrado, de la presencia de Dios?
Zacarías e Isabel. Dos ancianos que no habían tenido hijos. Una desgracia para un judío, signo de la reprobación de Dios porque el mayor tesoro eran los hijos, la mayor bendición. Por eso Isabel dice que Dios le ha quitado su afrenta ante los hombres.
Dios es sorprendente. No elige una familia importante y con influencia para ser los padres del que vendrá a preparar el camino al Mesías sino a una pareja de ancianos que no habían podido concebir un hijo. Hay muchos detalles en los que te puedes fijar en el Evangelio de hoy.
El anuncio es tan sorprendente que Zacarías duda. Como no cree en la misión que Dios le quiere encomendar se queda mudo. ¿No le pasará esto a veces a la Iglesia? Parecemos viejos y estériles. Pero Dios quiere hacernos dar fruto. Fiarse y arriesgarse o dudar y quedarse parados. Cuando aceptamos el plan de Dios, podemos hablar, es decir, dar testimonio, manifestar a Dios.
Elías es el primer y más importante profeta del Antiguo Testamento. Él mantiene la fe en Yahvé en un momento en que parecía que iba a desaparecer. Es un hombre poderoso, recio, fuerte, valiente… Así será Juan Bautista, un hombre de Dios. Lleno del Espíritu Santo. “El más grande de los nacidos de mujer”, dirá Jesús de él. Y, sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos, porque la novedad de Jesús y el poder del Espíritu Santo transformarán todo.
La presencia del Espíritu es otra de las claves de estos días. Juan se llenará del Espíritu Santo cuando visite María a Isabel. María concebirá por obra del Espíritu Santo. El Anciano Simeón y la profetisa Ana.
Es un nuevo tiempo que culmina la espera y lo hace de modo sorprendente. Relee el relato y ponte en la piel de los personajes. Léelo desde lo que sabes. Quién será ese niño. Qué hará. Lo que dice Jesús de Él… Y deja que se cree en ti la expectación de que al acabar este adviento algo va a suceder en tu vida, que en tu corazón entre también el Espíritu Santo que te prepare a las fiestas que se acercan.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 19: Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!

Viernes 18 de diciembre

Viernes, 18 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: —«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Pistas: Nos preparamos para celebrar la Navidad con estos textos sobre el origen de Jesús. A los ojos del mundo, el hijo de María y José. En realidad es el hijo de una Virgen desposada con un descendiente de David. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Y si lo piensas bien, cuánta valentía y amor hay en estos primeros pasos de la vida de Jesús.
En tiempos de Jesús a las adúlteras se las apedreaba. Ahora imagínate cuántas cosas pasarían por la cabeza a María cuando dijo “sí” al ángel. Y a José cuando vio que su mujer volvía embarazada de ver a Santa Isabel.
San José es el protagonista del Evangelio de hoy. Cuando lo releas, métete en su piel. Cuánto amaba a María, cuánta fe para fiarse de Dios. Cuidará de ellos. Todo el plan de salvación de Dios pasa por ellos. Ambos se fían y obedecen. Y finalmente dos pequeñas criaturas, María y José, que cuidarán al “Dios-con-nosotros”. El Emmanuel, el que viene a salvar al pueblo de los pecados. La promesa cumplida y superada. Y en medio de toda esta historia estás tú.
Todo esto es por ti y por mí. El Hijo de Dios hecho hombre para que tú puedas tener acceso a la vida divina, para que descubras que Dios es el que está contigo. Es el Dios de la historia, el Dios-con-nosotros. El que viene a salvar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 18: Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

Jueves 17 de diciembre

Jueves, 17 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Comienzan las ferias mayores y abandonamos las primeras lecturas. Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad. Volvemos al Evangelio. Hoy comenzamos con uno que nos puede resultar extraño y difícil. Cuando lo leas intenta fijarte en los detalles.

Mateo 1, 1-17
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manases, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.

Pistas: Está de moda entre mucha gente hacer una genealogía, buscar sus antepasados. Para los judíos era importante saber de dónde vienes, cultivaban saberlo.
Has leído una genealogía larga que se remonta a Abrahán (el patriarca, el padre de todos los hebreos), pasando por David (de cuya descendencia nacerá el Mesías, el Emmanuel) y terminando en José el esposo de María.
En Nochebuena celebraremos que el Hijo de Dios se hace hombre en una familia como la tuya y la mía. En ella hubo y hay de todo: gente buena como Abraham, reyes buenos como Josías, pero también hay idólatras, adúlteros y malvados. Hay de todo… Incluso muchos que no conocemos. Como la familia de cualquiera: creyentes, alejados, desconocidos, gente buena y mala, que dejan huella y que no. La encarnación del Hijo de Dios sucede en una familia como la de cualquiera. Y en esa historia el Hijo de Dios se hace hombre con todas las consecuencias.
Y después de repetir «engendró», un padre a un hijo y otro y otro, la historia se para en José, que es simplemente el esposo de María, pero no el que engendra a Jesús, puesto que no tiene más padre que Dios. La salvación viene de Dios. Los hombres no podemos autosalvarnos. Tenemos que hacer avanzar la historia, pero llegamos hasta un límite. San José es necesario, porque a través de él Dios cumple su promesa. Pero esta promesa supera lo que podíamos soñar y lograr por nuestras fuerzas.
Cuando la historia humana llega a José, Dios nos da una salvación que es más que lo que nosotros podemos engendrar. De una Virgen desposada con un hombre llamado José (descendiente de David) vendrá el Salvador que Dios envía. Él supera todo lo que el hombre pueda conseguir: es el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios. Es verdad que es uno de los nuestros, de nuestra raza, hombre de verdad, no un disfraz, no una apariencia humana. Pero por encima de todos, porque es Dios. Y, así, la palabra se cumple en esa genealogía que acabas de leer y que posiblemente no te diga mucho pero que enseña mucho: es humanidad, es sorpresa, es cumplimiento, es real, es como cualquiera, pero es regalo de Dios. Es tan humano y a la vez tan extraordinario.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Por si te ayuda, te mandaré también cada día una antífona de las vísperas que hace referencia a quién es el Mesías que viene, puedes rezar con ella: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la prudencia.

Miércoles 16 de diciembre

Miércoles, 16 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 45, 6b-8. 18. 21b-25
«Yo soy el Señor, y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra, y brote la salvación, y con ella germine la justicia; yo, el Señor, lo he creado.» Así dice el Señor, creador del cielo —él es Dios—, él modeló la tierra, la fabricó y la afianzó; no la creó vacía, sino que la formó habitable: «Yo soy el Señor, y no hay otro. No hay otro Dios fuera de mí. Yo soy un Dios justo y salvador, y no hay ninguno más. Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios, y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua»; dirán: “Sólo el Señor tiene la justicia y el poder.» A él vendrán avergonzados los que se enardecían contra él; con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.»

Pistas: ¿Quién nos dice le profeta que es Dios? El creador de todo (no hay un dios bueno y uno malo, un dualismo). Dios es Dios, el único, no hay otro fuera de él. Poderoso, fuerte. Su voluntad es la salvación y la justicia. Por eso invita a los hombres de todos los confines de la tierra a volverse a Él para encontrar salvación.
“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra, y brote la salvación, y con ella germine la justicia”. Dios no quiere estar lejos. Y después de Jesús no lo estará nunca. Tan cerca de nosotros que se hizo hombre. Tan cerca que asumió nuestra carne, nuestra naturaleza. Por decirlo así: se hizo de nuestro mundo y toda la realidad tiene otro sentido. Toda la creación tiende a los cielos nuevos y la tierra nueva, a tener a Cristo por cabeza dirá San Pablo. Son hermosas estas figuras del profeta Isaías, más todavía iluminadas con la luz de Jesús y el Nuevo Testamento.
Hay una promesa de victoria en las palabras del profeta, muchos esperaban un reino terrenal, un Mesías rey humano. Jesús, superó todas las expectativas y cambió la perspectiva. La justicia de Dios es su salvación, su victoria pasa por nacer en un pesebre y morir en una cruz. Y ante ese niño, ante ese hombre juzgado injustamente, pero resucitado por el Padre y vencedor, se doblará toda rodilla.
Volvemos al “ya, pero todavía no” de nuestra fe que hemos explicado en tantas ocasiones al hablar del final de los tiempos. Cristo ha vencido ya, pero todavía en el tiempo no lo vivimos en plenitud. Si nos volvemos al Señor experimentaremos en nosotros su salvación. Esta es la invitación, construir su Reino ya, descubrir que la historia está en sus manos, que vino, viene y vendrá con su salvación.

Relee la lectura, deja que Dios te hable, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 15 de diciembre

Martes, 15 de diciembre
III semana de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Profecía de Sofonías 3, 1-2. 9-13
Así dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Desde más allá de los ríos de Etiopía, mis fieles dispersos me traerán ofrendas. Aquel día no te avergonzarás de las obras con que me ofendiste, porque arrancaré de tu interior tus soberbias bravatas, y no volverás a gloriarte sobre mi monte santo. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Pistas: En el siglo VIII a.C. el profeta escribe estas palabras tan duras a Jerusalén. La ciudad que debería brillar, elegida por Dios, el centro de la vida religiosa judía, el Templo, lugar de la presencia de Dios. Sin embargo, esa ciudad es todo lo contrario de lo que cabría esperar.
La promesa es que Dios lo hará todo nuevo, la salvación se abrirá a todos los pueblos, y en Israel quedará un resto fiel, pobre y humilde, pero que confía en Dios. Fíjate las actitudes de las que habla el profeta.
En el Evangelio que acompaña esta lectura en la misa de hoy, Jesús cuenta la parábola del padre que tiene dos hijos y les manda a trabajar a su viña. Uno dice que sí, pero no va. Otro dice que no, pero al final va. Nos da una clave: Dios no se fija en las apariencias, sino en los hechos. Por eso, aunque hayas estado lejos, aunque te sientas solo, a contracorriente, aunque hayas dicho no… puedes ser del resto de Israel, de los que permanecen fieles. Puedes ser también de los que han estado lejos, pero son invitados a entrar en presencia de Dios.
La mejor enseñanza que podemos aprender de esta lectura es descubrir cuál es la puerta de entrada en la salvación: ser un pueblo pobre y humilde, que confía en el nombre del Señor. No en sus fuerzas, su soberbia, su orgullo, sus intereses.
El adviento te invita a ser ese resto que espera, que tiene esperanza, que sabe que su esperanza se verá colmada y, por tanto, espera con confianza, con alegría, con expectación, en oración. Estás a tiempo de ponerte en actitud de Adviento porque Jesús viene a salvar.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 14 de diciembre

Lunes, 14 de diciembre
Semana III de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Números 24, 2-7. 15-17a
En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos;
oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, en éxtasis, con los ojos abiertos: ¡Qué bellas las tiendas de Jacob y las moradas de Israel!
Como vegas dilatadas, como jardines junto al río,
como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y su reino descuella.»
Y entonó sus versos:
«Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso,
en éxtasis, con los ojos abiertos:
Lo veo, pero no es ahora,
lo contemplo, pero no será pronto:
Avanza la constelación de Jacob,
y sube el cetro de Israel.»

Pistas: Hoy es un poco complicada la lectura. Vamos a situarnos: justo antes de este relato se nos cuenta como Balaq, que es un rey enemigo de Israel, había hecho llamar a Balaán (un adivino) para que maldijera a las tribus israelitas que conducidas por Moisés querían cruzar su territorio para entrar en la tierra prometida. Pero este adivino entró en éxtasis y pronunció dos oráculos de salvación.
Imagínate el consuelo de aquellos hombres al oír el anuncio de una tierra fértil, llena de agua y de vida. Y un rey poderoso y triunfante.
“Avanza la constelación de Jacob, y sube el cetro de Israel”. ¿Qué estrella es ésa que sale? ¿Qué reinado proclama? En aquel tiempo parece que el de Saúl o el de David. ¿O quizá un Rey – Mesías- cuya estrella había de salir un día en Oriente?
Así se fue releyendo este texto y así lo entenderá también Mateo al narrarnos la visita de los Sabios de Oriente que visitan al niño Jesús.
Qué sorprendente es la Palabra de Dios. Jesús dará cumplimiento también a lo que has leído en este pasaje. El linaje de Jacob, de David, establecerá un nuevo reino, el Reino de Dios… pero de un modo inesperado, de un modo maravilloso, superando cualquier concepción mundana.
Si Jesús fuese un Rey al estilo de lo que se esperaba, no sería más que uno como muchos otros. Quizás un hombre bueno y justo. Pero no el Hijo de Dios. Y es que los deseos de los hombres muchas veces no coinciden con los de Dios. A veces el egoísmo o el miedo nos lleva a desear cosas que ni nos van a dar la felicidad ni van a ser buenas para nuestra vida o situación. Y aunque nos pueda generar frustración que no se cumplan nuestros deseos, finalmente en muchas ocasiones hemos de reconocer que fue un acierto que no se cumplieran.
Sigue profundizando en el misterio que se acerca. Cada vez queda menos, prepara el corazón al que cumple las promesas y trae la salvación.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 13 de diciembre

Domingo, 13 de diciembre
Semana III de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 61, 1-2a. 10-11.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros, la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.

Pistas: El profeta Isaías anuncia una buena noticia. Es un mensaje de salvación: se vendarán los corazones desgarrados, los cautivos serán amnistiados, los prisioneros, libres. El año de gracia del Señor, significa que las deudas con Dios quedan saldadas, que Dios viene a perdonar.
¿Cómo no desbordar de gozo ante estas ideas? Dios saca de la pobreza al hombre y le da un nuevo vestido para una nueva vida (como el novio y la novia tendrán). Y brotará la justicia del Señor (su salvación) y el hombre alabará a Dios (los himnos). Alabar es celebrar, festejar, reconocer a Dios.
El que hizo realidad estas promesas de un modo que ni el mismo Isaías podía imaginar fue Jesús. Pero ésta no es una historia del pasado. Es para ahora, para ti. Si tu corazón está desgarrado, si te sientes cautivo, si tus pecados te tienen lejos de Dios, hay una buena noticia para ti: Él viene a salvar, una vez más. Llama a la puerta de tu corazón. Y este adviento te invita a despertar, a convertirte, a llenarte de esperanza, a alegrarte porque viene a salvarte.
Y a la Iglesia la invita también a continuar la obra de Jesús, a señalarle como hizo el profeta Isaías, como hizo después Juan, como el único que puede salvar. La Iglesia está llamada a anunciar que viene el que salva, el que sana, el que libera, el que de nueva vida, el que trae justicia y motivos para alabar a Dios.
Tienes una oportunidad preciosa para llenar tu vida de esperanza y alegría, y contagiarla a tantos que la han perdido. Acércate a Jesús. Él salva.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 11 de diciembre

Viernes, 11 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 48, 17-19
Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Pistas: Dios quiere el bien del hombre. Si le escuchásemos, las cosas serían distintas.
Jesús, mirando a Jerusalén, con lágrimas en los ojos dirá: «¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos”. Y predice la destrucción de Jerusalén, porque apartarse de Dios destruye al hombre. Curiosamente le deshumaniza. El verdadero encuentro con Dios, por el contrario, enseña el bien, hace al hombre y a la mujer más humanos. Y, si miramos a Jesús, todavía podemos comprender mejor esta lectura.
¿Cuál es el camino que conduce a la paz, que da prosperidad, que hace fecundo? ¿Cuál es el camino que hace perdurar? Seguir los mandatos del Señor. Ésa es la sabiduría: entender la realidad con la mirada de Dios.
Pero Jesús da un paso más. La verdadera sabiduría es Él. No son unos mandatos externos. Es el encuentro con Jesucristo, que revela a Dios y te da un nuevo corazón. La verdadera sabiduría es llenarse del Espíritu Santo que escribe los mandatos de los que habla el profeta en el corazón. Y entonces se aprende sabiduría, se tiene paz, hay fecundidad y prosperidad.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 10 de diciembre

Jueves, 10 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 41, 13-20
Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio —oráculo del Señor—, tu redentor es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estopa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Pistas: El profeta se dirige al pueblo de Israel en el destierro en Babilonia. Deportados, despreciados, explotados, en medio de un pueblo pagano, con tentaciones, perdidos, desanimados… Y tú ¿te sientes pequeño, insignificante? ¿parece que nada va a cambiar ni en tu vida ni en el mundo? ¿parece que da igual creer o no, ser fiel o no? ¿ves tu pobreza e indigencia? ¿estás sediento y buscas calmar tu sed en donde no brota el agua viva? ¿parece que caminas por el desierto?
Deja que resuene lo que hoy te dice la Palabra de Dios: “No temas”. Te dice el Señor: “No temas, yo mismo te auxilio”. Él te agarra para guiarte y sostenerte. Eres pequeño, débil, somos pocos… Pero Dios está contigo, tienes un redentor. No te abandonará. Te responderá. Hará brotar ríos en el desierto. No sólo eso. Habrá vida, un paraíso. Todo será nuevo.
Las promesas del Señor son para ti, son para su Iglesia, para su pueblo: promete estar contigo. Promete que triturarás los montes. Superarás las dificultades. Podrás alegrarte con tu Dios.
Dios cumple sus promesas. Pídeselo, para ti, para tu parroquia, para tu comunidad, para nuestro mundo ¿Cuántos se sienten necesitados o buscan sin saber que la respuesta es Jesús? ¿cuántos sedientos, pobres, perdidos…? Necesitan ver que la mano de Dios está con los que confían en Él. Para que “vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Este texto me ha recordado una canción por si te apetece escucharla https://www.youtube.com/watch?v=es34Nr2JovU y en inglés https://youtu.be/0B_lnQIITxU

Miércoles 9 de diciembre

Miércoles, 9 de diciembre
Semana II de adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 40, 25-31
«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído? El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Pistas: El pueblo está en el destierro y por este mismo motivo desconfía de Dios. Y el profeta les recuerda: ¿Acaso no creó Él todo? ¿acaso Dios va a abandonar a su pueblo?
Dios es Dios, es eterno, es el creador, no se cansa, no se fatiga, es insondable… Pero, a la vez, da fuerza al débil y al que se cree incapaz. Los que aparentemente son fuertes y no necesitan ayuda (los muchachos, los jóvenes) se cansan, se fatigan, tropiezan, vacilan. Pero el que pone su confianza en el Señor, tiene otra visión de las cosas (“como las águilas”), corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Mira nuestra sociedad, mira tu vida ¿A quién te pareces más? ¿al pueblo derrotado, que desconfía, o al que es capaz de alzar la mirada hacia Dios? ¿al que pone su confianza en sus fuerzas y capacidades o al que sabe que en Dios tiene nuevas fuerzas, nueva visión, nuevos caminos?
En el Evangelio de Mateo dice Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Él es el cumplimiento pleno de las promesas de los profetas. Él es la respuesta, la solución, el camino… para el que está cansado, perdido, desesperado. Para el que se siente sin hogar, sin fuerzas. Hay que aprender de Él, acoger su salvación, llenarse del Espíritu, cargar con el yugo del amor al prójimo. En definitiva, aprender de Jesús.
La queja es una tentación. Nos lleva a desconfiar de Dios al ver tanto mal en el mundo o en nuestra vida. Nos conduce a sentirnos perdidos o excesivamente seguros en nuestras fuerzas o capacidades, que no pueden salvarnos ni darnos una solución. Por ello, la pregunta del profeta nos vale también a nosotros hoy ¿Acaso no lo sabes? ¿Quién es la respuesta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.