Archivo de la categoría: Lectio divina

Miércoles 22 de febrero

Miércoles 22 de febrero
Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Hoy la Iglesia nos invita a mirar a Pedro. Al primer Papa. Jesús le elige como jefe de los Doce. Es la roca sobre la que edificar la Iglesia, la base sólida que pone los cimientos de la casa común de todos los cristianos. Le dará las llaves y el poder de atar y desatar. Es fascinante cómo Jesús deja la misión de continuar su obra a hombres pecadores como nosotros. El mismo Pedro que le negará, que no entenderá nada… será la roca firme, el garante de la unidad en la Iglesia. “Y el poder del infierno no la derrotará”. Porque aunque está puesta en manos de hombres es obra de Dios.
Es el Padre el que hace a Pedro entender quién es Jesús. Es Jesús quien da la capacidad a Pedro para realizar su misión a pesar de su pecado y debilidad.
Hoy es un buen día para rezar por la Iglesia, para rezar por el Papa Francisco. Para caer en la cuenta que “el poder del infierno” no podrá con la Iglesia, ni con tu comunidad de fe, ni con tu entrega personal, porque con Jesús a tu lado obtendrás la firmeza que necesitas. En tu propia vida Dios te elige, te llama, aunque a veces niegues como Pedro, aunque a veces pienses mundanamente como él cuando el Señor le dice “apártate de mí Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Dios te llama, te elige, te capacita. Dios te considera una de las rocas de su proyecto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 21 de febrero

Martes 21 de febrero
San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 29-36
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon del monte y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Pistas: Jesús “iba instruyendo a sus discípulos”. No basta con seguirle, ni con acercarse de vez en cuando, tampoco con trabajar para Él, anunciarle o esforzarse por ser buen discípulo. Seguir a Jesús es estar con Él, sí, pero no solo eso, es aprender de Él.
¿Qué idea tendrían los discípulos de lo que debía ser el Mesías? Querrían una victoria política, un triunfo humano… Pero Jesús les lleva más allá, a lo que trasciende las cuestiones mundanas. Quiere que descubran que su misión es servir, amar y entregarse. Les va preparando para su pasión, muerte y resurrección. Pero ellos no entienden. No comprenden cómo su muerte puede acabar siendo una victoria.
La prueba de esa falta de comprensión es que van discutiendo sobre quién será el primero ante Jesús. Creen que se trata de glorias humanas, de victorias sociopolíticas… cuando en realidad para Jesús se trata de amor, de entrega, de fidelidad al Padre, de vivir desde el interior, y de servicio.
Para ser el primero hay que ser el último. El que más sirve, el que más ama. Porque así actúa Dios con nosotros, porque esto es lo que hará Jesús muriendo y resucitando. Amándonos y enseñándonos a amar.
Jesús coge a un niño, que no puede dar nada a cambio, lo pone en medio y les hace caer en la cuenta: acoger, amar, servir y dar la vida. Hacerte pequeño, pero ser grande en amor. Esto es vivir en Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 20 de febrero

Lunes 20 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. El les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
El les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? El les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: Vamos a detenernos en dos aspectos de los muchos de este Evangelio: la fe y el poder y autoridad de Jesús, la oración y el ayuno.
Dice Jesús: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. El padre grita: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Jesús escucha lo que les pasa, pregunta. La fe logra la salvación de aquellos que se acercan a Él. ¿Cuántas veces las dificultades de la vida, la sensación de que Dios no nos escucha, nos hacen dudar? Y la Palabra de Dios nos dice: “Todo es posible al que tiene fe”. A veces nuestra fe es pequeña, la fe de la gente de Iglesia, de los discípulos de Jesús es pequeña… pero cuando aparece Jesús todo cambia. Y dice: “Yo te lo mando”. Su poder y autoridad traen la salvación.
Preguntan los discípulos: «¿Por qué no pudimos nosotros?» La respuesta de Jesús nos da una clave importante para nuestra vida: oración y ayuno. Si quieres vencer el mal en tu vida, si quieres tener autoridad como Jesús (por el poder del Espíritu Santo) para luchar contra el mal en ti y en el mundo: oración y ayuno.
Por un lado, la oración nos pone en comunicación con Dios. Le contamos, le escuchamos, le pedimos, le damos gracias, le alabamos, le adoramos. La oración nos abre a la gracia de Dios, nos pone en sintonía con Él.
Por otro, el ayuno (que quizás nos parezca algo del pasado o como una especie de voluntarismo) significa decirle a Dios que Él es lo más importante de nuestra vida, que Él es tan importante para nosotros que le entregamos todo, que queremos sentir hambre de Él. No es ganar puntos, chantajear a Dios o creernos mejores. Es entregarnos más a Dios, es decirle que queremos su fuerza y su voluntad en nuestra vida.
La oración y el ayuno nos unen a Jesús, nos unen al Padre, nos llenan del poder del Espíritu Santo, y nos dan autoridad como la de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 19 de febrero

Domingo 19 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente.» Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Pistas: Este Evangelio es una medicina contra la mediocridad y el cumplimiento externo. Una invitación a la plenitud, a la santidad. Jesús hace nuevas las cosas y nos enseña un modo de vivir distinto, que viene de lo alto.
Después de las bienaventuranzas leemos en el Evangelio de Mateo esta nueva vuelta de tuerca que Jesús da. El “ojo por ojo” que hoy nos parece tan arcaico era un gran avance porque ponía freno a la venganza desproporcionada y promovía una justicia distributiva. Pero esto queda superado por el planteamiento de Jesús. Va más allá porque propone la medida del amor de Dios. La medida es la de Jesús que entrega su propia vida, todo lo que es y todo lo que tiene. Más que unas nuevas normas, lo que Jesús enseña es un estilo de vida.
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”. Amar al que te ama es fácil y lógico. Pero lo que Jesús pide sólo es posible con la experiencia del amor incondicional y misericordioso de Dios. Ya San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”. Claro, ama de verdad y en la verdad, como Jesús. Cambia una mentalidad vieja basada en criterios estrictamente humanos por una nueva que llega del amor de Dios que todo lo llena. Vive con plenitud, vive con santidad. De no ser así ¿qué haces de extraordinario?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 18 de febrero

Sábado 18 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
Evangelio según San Marcos 9, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos.
Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Le preguntaron: ¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías? Les contestó él: Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito

Pistas: Justo antes de este pasaje que hemos leído Jesús anuncia su pasión y muerte. Pedro recibe unas palabras muy duras de Jesús. Los discípulos no son capaces de comprender la misión de Jesús y su mesianismo.
Y justo después de ese anuncio Jesús se lleva a Pedro, Santiago y Juan, a la montaña (lugar de las teofanías -manifestaciones- de Dios en el Antiguo Testamento). Jesús muestra su divinidad, pueden ver su resplandor, les revela su gloria. Aparecen: Moisés (el representante de la Ley del Antiguo Testamento) y Elías (el máximo exponente de la profecía) conversando con Jesús. Es una manera de mostrar que el anuncio del Mesías y las promesas de los profetas se cumplen en Jesús; que la Ley del Antiguo Testamento alcanza su plenitud en Jesús. Él es el culmen, la plenitud de la revelación de Dios. Por eso es el Hijo amado, el predilecto, a quien hay que escuchar.
No se les olvida esta experiencia. ¿Qué sería aquello de resucitar de entre los muertos? ¿Pero quién es Jesús? Este acontecimiento les ayuda a descubrirlo. El Hijo de Dios, verdadero hombre, que morirá en la cruz, que resucitará. Es necesario que padezca y sea despreciado. Éste es el único camino para salvar a los hombres, para manifestar la grandeza del amor y del poder de Dios.
Piensa en lo que significa para tu vida el mensaje de este Evangelio: descubrir que Jesús perecerá, perderá su vida por tu salvación; y déjate llevar. Ora y abre tu corazón a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 17 de febrero

Viernes 17 de febrero
Los siete fundadores de la orden de los siervos de la Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 34-39

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.
Y añadió: os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.

Pistas: Ayer leíamos las palabras tan duras que Jesús dirigía a Pedro cuando éste le recriminaba el anuncio de su pasión, el tipo de Mesías que Jesús es: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.
Hoy Jesús continúa hablando del camino que propone a sus discípulos. No es el de las glorias humanas, el del materialismo y la superficialidad, el de la magia o los atajos que tanto nos atraen. Tampoco el de quejarse, echar la culpa a las situaciones o a las personas de lo que está mal en la propia vida. Ni el de buscar siempre satisfacer los propios deseos.
Jesús te invita a ir con Él. Ésa es su propuesta. ¿Qué tendrás que hacer? Negarte a ti mismo. Es decir, no hacer siempre lo que nos apetece, lo que se nos presenta como la mejor opción, sino buscar la verdad y lo que es verdaderamente bueno. Esto se entiende muy bien con ejemplos: el deportista tiene que negarse a sí mismo para esforzarse y entrenar, los padres para luchar por los hijos, los esposos para crecer en amor mutuo, el estudiante para no vaguear… Todo esto es negarse a uno mismo: salir del yo y mirar lo que nos rodea, encontrar a Dios y a los demás.
Cargar con la cruz es evitar caer en la queja, en la desesperación o en la desconfianza hacia Dios. Estamos en sus manos, aunque la situación no sea fácil, o sea dura o dolorosa, la cruz no es sino el camino a la resurrección.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Por eso ¿de qué sirven las cosas de esta vida sin Jesús? ¿de qué sirven sin verdad, sin vida, sin encontrar el camino? ¿de qué sirven sin amor, sin paz, sin esperanza, sin fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 16 de febrero

Jueves 16 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas.
El les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Pedro le contestó: Tú eres el Mesías. El les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos: El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.
Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás ! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Pistas: ¿Quién dice la gente que es Jesús? ¿Quién es Jesús para ti? ¿Quién es Jesús?
Los discípulos reconocen a Jesús como el Mesías, por su modo de actuar y los signos que le acompañan. Jesús quiere que no se hagan una idea equivocada de quién es Él y para qué ha venido (por eso les pide que no se lo digan a nadie, porque primero necesitan conocerle de verdad, verle morir y encontrarse con Él resucitado, y necesitan recibir la fuerza del Espíritu Santo).
Dice el evangelista que les explicaba con toda claridad lo que iba a suceder. Pero ellos no son capaces de entenderlo. Prefieren un mesianismo triunfalista, de honores y poder -y, de hecho, le preguntan en una ocasión: ¿quién se sentará a tu derecha en tu Reino?- Jesús les habla sin rodeos: la salvación pasa por la cruz, pasa por la muerte. El Mesías entrega su vida por amor a los hombres. Y el culmen será su resurrección. Elevado en la cruz será el que vence (aunque parezca el derrotado).
¿Y tu propia vida? No es un paseo triunfal. Hay cruces, hay dificultades. Jesús te pide hoy que no pienses como los hombres, sino como Dios. No con los criterios del mundo sino con los suyos (las bienaventuranzas, el estilo de vida de Jesús). Que veas más allá, que reconozcas el poder de la oración, el poder del Espíritu Santo, que mires a Jesús que muere en la cruz y resucita venciendo al pecado y a la muerte. Ése es Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, el que ha muerto y ha resucitado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 15 de febrero

Miércoles, 15 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 22-26
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego pidiéndole que lo tocase.
Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo? Empezó a distinguir y dijo: Veo hombres, me parecen árboles, pero andan.
Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado, y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a casa diciéndole: No se lo digas a nadie en el pueblo.

Pistas: Al igual que al sordomudo de hace unos días, Jesús saca al ciego de entre la gente, lo toca, y ora por Él. Queda sano. Hoy hay un detalle distinto: no es una curación instantánea sino progresiva.
Se parece a cuando uno empieza a tener fe. Otros le ayudan a acercarse a Jesús (es la Iglesia, la comunidad). Jesús le lleva de la mano mientras no ve. Necesita salir del ruido, del mundo, buscar un momento adecuado. Necesita también estar con Jesús, dejar que Jesús le toque y se acerque a su pobreza y sus pecados, a su ceguera. Al principio no sabe muy bien qué ve. Como al comienzo de la conversión, hace falta aprender, seguir rezando, seguir estando con Jesús. Pero después lo ve todo con claridad.
Por eso, si ves poco, si no ves, si tu fe está apagada… deja que la Iglesia te lleve a Jesús. Deja que Jesús te coja de la mano, te toque y te vaya ayudando a ver. No te desanimes si no lo ves todo claro. Tú sigue con Jesús. Cada día un paso más, algunas veces te parecerá que no avanzas mucho, pero al final lo verás todo con claridad.
Por último, Jesús muchas veces pide que no cuenten a nadie estas curaciones. No quiere que piensen en Él como en un milagrero o un mago. Porque su misión es otra: es ser el Mesías, traer el Reino, vencer al pecado y la muerte en la Cruz, y dar el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 14 de febrero

Martes 14 de febrero
Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo, patronos de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»

Pistas: Jesús elige y envía. Han estado con Él y ahora van delante, de dos en dos (como Iglesia). No van en misión particular, sino para Jesús. Les da unas instrucciones concretas. Y tienen que hacer lo mismo que Él hace: curar y anunciar el Reino.
“Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies”, dice Jesús, que sabe que la tarea es ingente.
El primer paso es estar con Jesús, conocerle, descubrir quién es. Y cuando Él envía: obedecerle, fiarse, lanzarse. Jesús necesita personas valientes que “como corderos en medio de lobos”, se atrevan a llevar paz, salvación, curación. A llevarle a Él y su Reino a los demás. No te preocupes, Dios cuida de ti porque “el obrero merece su salario”. Si vas en su nombre, sé humilde, no busques tus intereses, no te apoyes sólo en tus fuerzas. Y recuerda que anunciar a Jesús forma parte de ser discípulo suyo, no es tarea de curas y monjas, sino de todos los que tenemos fe.
“La mies es mucha”, los que necesitan a Jesús son muchos. Y tú… ¿te apuntas a ir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 13 de febrero

Lunes 13 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Pistas: En una ocasión me preguntó un niño: ¿Por qué no se nos aparece Dios aquí y dejamos de tener dudas? Quería poder ver a Dios, saberlo todo con certeza. Yo le dije que Dios nos quería libres, que si apareciese nos obligaría a creer, seguramente nos daría miedo o pensaríamos que era producto de nuestra imaginación. Él me dijo: Y además es ser caprichosos. A lo que yo le respondí: Es cierto, no nos hace falta un Dios que cumpla nuestros caprichos, sino una mirada de fe, así que vamos a pedírsela a Jesús…
Los del Evangelio de hoy no quieren conocer a Jesús, sino que Él se pliegue a sus deseos y caprichos. Quieren poner a prueba a Jesús. Acaba de dar de comer a una multitud con unos pocos panes y unos pocos peces. Curaba a enfermos, resucitaba muertos, hablaba con autoridad… ¿Cuántos signos más querían? Verán el signo definitivo: su cruz y resurrección, y no querrán creer. En realidad no quieren conocerlo, no quieren mirar a su alrededor y descubrir lo que sucede y quién es aquel hombre. Piden signos extraordinarios como prueba, pero nunca se darán por satisfechos porque su interés es otro.
En nuestra vida, los que trabajamos en la Iglesia en nuestros planes pastorales, cuántas veces ponemos a prueba a Jesús: danos una señal, haz las cosas a nuestra manera. Cuando lo único que necesitamos es seguirle y estar con Él. Así verás signos que ya hay, tu fe crecerá, conocerás a Jesús y no necesitarás nada más. Embarcarás con Él, irás con Él y Él contigo. ¿Acaso hay mayor prodigio?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.