Archivo de la categoría: Lectio divina

Domingo 26 de febrero

Domingo 26 de febrero
VIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

Pistas: Como sacerdote de una zona rural he tenido la ocasión de hablar con muchas personas mayores y hay una frase que repiten: “Antes teníamos menos y éramos más felices. Ahora cada uno va a lo suyo pero antes nos ayudábamos…”. Es verdad que muchas veces el pasado nos parece mejor. Pero también es cierto que nos hemos ido volviendo cada vez más materialistas, más encerrados en nuestros intereses. Parece más importante tener y aparentar que ser. Jesús lo dice hoy en el Evangelio: ¿Qué es lo que importa más? ¿El dinero, tener, lo material? Si sirves a eso dejarás de servir a Dios y dejarás de vivir como Jesús nos ha enseñado.
Hoy leemos: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura”. Buscar el Reino es vivir como discípulos de Jesús, construir la sociedad, las relaciones, la familia… que Jesús enseñó. La justicia de Dios se identifica con su amor y misericordia. No es la justicia del “ojo por ojo” sino la del amor. Por eso buscar la justicia es vivir en el amor y saber que sólo en Jesús hay salvación.
Además Dios es providente, Él cuida de nosotros. Hace un tiempo me contó un amigo sacerdote que se había quedado sin dinero a principios de mes por ayudar a su familia y a una persona de la parroquia. Estaba pensando qué hacer cuando al día siguiente entró una señora en la sacristía y le dijo: “Toma, esto es para ti. Ni para la parroquia ni para los pobres, porque tienes muchos gastos y nadie lo sabe”. Si os pidiera que me escribierais las veces en las que habéis sentido el cuidado de Dios en vuestra vida podríamos escribir unos cuantos libros.
Poner a Dios en el centro. Confiar en Él. Buscar su Reino y su justicia. Haz esto y tendrás la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 25 de febrero

Sábado 25 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
Evangelio según San Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Pistas: Los niños corriendo y molestando, los padres seguramente también: “id a que os bendiga el Maestro”. Y los discípulos querían que Jesús estuviera tranquilo: “Largaos, no molestéis…”. No dejan que se acerquen aquellos pequeños que no eran importantes, no podían dar nada a cambio, sólo son un incordio, un jaleo. Jesús ve la actitud de sus discípulos y se enfada con ellos: “No se lo impidáis”, dejad que vengan.
Los busca, los abraza y los bendice. Y nos da dos lecciones: por un lado, hay que permitir que los pequeños se acerquen a Jesús. Por otro, sólo siendo como ellos se podrá entrar en el Reino. Todo lo que un niño representa nos ayuda a entender el Reino, nos ayuda a acercarnos a Jesús y a permitir que otros lo hagan aunque a veces puedan parecernos insignificantes como un niño.
Jesús te abraza y acoge no por tu relevancia o méritos, sino por lo que hay en tu corazón. Cuando nos despojamos de lo accesorio queda lo sustancial. Ésa es tu tarjeta de presentación ante Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 24 de febrero

Viernes 24 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? El les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
El les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Pistas: Puede sonar anticuado defender lo que dice el Evangelio de hoy. Pero prueba a imaginar tu relación ideal ¿Qué querrías para tu vida en pareja? Describe el amor que soñarías que sintiesen por ti y cómo quieres que sea tu amor ¿A qué se parecería? Describe la familia que soñarías para ti y para tus hijos ¿Cómo es? Mira dentro, en lo profundo de tu corazón, qué te haría o qué te está haciendo feliz.
Ahora vuelve a leer las palabras de Jesús. El matrimonio es ser una sola carne. El vínculo del amor hace que lo distinto se una tanto que dos puedan sentirse uno, ayudándose mutuamente a ser felices y a vivir con más plenitud. Ya no son dos, sino uno. Y Dios bendice ese amor uniéndolo, fortaleciéndolo. Ése es el ideal que el cristianismo propone.
Pero en muchas ocasiones el mundo te sugiere que el centro no lo ocupe el amor, sino el egoísmo, el placer, el interés… En cambio, Jesús dice que puede ser como tú sueñas. Que el amor puede y debe ser verdadero, auténtico, pleno. Como Dios hizo, que tanto nos amó que nos envió a su Hijo, el ejemplo de la entrega total.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 23 de febrero

Jueves 23 de febrero
San Policarpo, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 40-49
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.
El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.
Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al abismo.
Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al abismo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego.
Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Repartíos la sal y vivid en paz unos con otros.

Pistas: Detente en las ideas que hoy te llamen la atención: Preocuparte por los que siguen a Jesús. No escandalizar a los pequeños. Huir de la tentación. Quitar incluso cosas buenas que nos llevan a obrar mal. Ser sal. Repartir y ayudar a que nadie deje de ser sal (ser discípulo). Abrir el corazón al otro. Vivir en paz.
Después, transforma las afirmaciones en preguntas. ¿Cómo trato a los que siguen a Jesús? ¿A los que van por delante de mí en el camino de la fe? ¿Y a los que van por detrás? ¿Sé que todo mi esfuerzo será recompensado? ¿Tengo cuidado con los que son débiles, con los “pequeñuelos”?
El fuego que no se apaga, el abismo, el lugar donde el gusano no muere son imágenes del infierno, de la consecuencia del pecado: ¿Soy consciente de ello? ¿Sé qué hay aspectos en mi vida que tengo que cambiar? ¿Veo que hay situaciones, cosas, que me tientan y me llevan a pecar? No valen nada, son mentiras, engaños… me llevan a sufrir a pesar de prometerme la felicidad ¿Merecen la pena?
Soy sal, soy discípulo, pero ¿si me vuelvo soso, si no vivo como discípulo? Para eso está la Iglesia, para repartir la sal al que la ha perdido. Y el fuego, como elemento purificador: “Todos serán salados a fuego”. Las consecuencias del pecado tienen que hacernos reaccionar a salir de ahí para volver a ser sal.
Todo esto no hay que hacerlo por un voluntarismo de querer ganar el cielo por nuestras fuerzas, sino como respuesta y correspondencia al amor de Dios, a la gratuidad de ser sal, de ser discípulos, de estar en el Reino. Dios valora el vaso de agua que calma al sediento, la sal que cumple con su función y la fraternidad que radica en el amor del Padre. Dios salva. Jesús hoy nos dice que no frustremos este plan amoroso de Dios para nosotros y para los demás.

Relee el Evangelio, detente y profundiza en lo que más te interpele, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 22 de febrero

Miércoles 22 de febrero
Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Hoy la Iglesia nos invita a mirar a Pedro. Al primer Papa. Jesús le elige como jefe de los Doce. Es la roca sobre la que edificar la Iglesia, la base sólida que pone los cimientos de la casa común de todos los cristianos. Le dará las llaves y el poder de atar y desatar. Es fascinante cómo Jesús deja la misión de continuar su obra a hombres pecadores como nosotros. El mismo Pedro que le negará, que no entenderá nada… será la roca firme, el garante de la unidad en la Iglesia. “Y el poder del infierno no la derrotará”. Porque aunque está puesta en manos de hombres es obra de Dios.
Es el Padre el que hace a Pedro entender quién es Jesús. Es Jesús quien da la capacidad a Pedro para realizar su misión a pesar de su pecado y debilidad.
Hoy es un buen día para rezar por la Iglesia, para rezar por el Papa Francisco. Para caer en la cuenta que “el poder del infierno” no podrá con la Iglesia, ni con tu comunidad de fe, ni con tu entrega personal, porque con Jesús a tu lado obtendrás la firmeza que necesitas. En tu propia vida Dios te elige, te llama, aunque a veces niegues como Pedro, aunque a veces pienses mundanamente como él cuando el Señor le dice “apártate de mí Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Dios te llama, te elige, te capacita. Dios te considera una de las rocas de su proyecto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 21 de febrero

Martes 21 de febrero
San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 29-36
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon del monte y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Pistas: Jesús “iba instruyendo a sus discípulos”. No basta con seguirle, ni con acercarse de vez en cuando, tampoco con trabajar para Él, anunciarle o esforzarse por ser buen discípulo. Seguir a Jesús es estar con Él, sí, pero no solo eso, es aprender de Él.
¿Qué idea tendrían los discípulos de lo que debía ser el Mesías? Querrían una victoria política, un triunfo humano… Pero Jesús les lleva más allá, a lo que trasciende las cuestiones mundanas. Quiere que descubran que su misión es servir, amar y entregarse. Les va preparando para su pasión, muerte y resurrección. Pero ellos no entienden. No comprenden cómo su muerte puede acabar siendo una victoria.
La prueba de esa falta de comprensión es que van discutiendo sobre quién será el primero ante Jesús. Creen que se trata de glorias humanas, de victorias sociopolíticas… cuando en realidad para Jesús se trata de amor, de entrega, de fidelidad al Padre, de vivir desde el interior, y de servicio.
Para ser el primero hay que ser el último. El que más sirve, el que más ama. Porque así actúa Dios con nosotros, porque esto es lo que hará Jesús muriendo y resucitando. Amándonos y enseñándonos a amar.
Jesús coge a un niño, que no puede dar nada a cambio, lo pone en medio y les hace caer en la cuenta: acoger, amar, servir y dar la vida. Hacerte pequeño, pero ser grande en amor. Esto es vivir en Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 20 de febrero

Lunes 20 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. El les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
El les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? El les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: Vamos a detenernos en dos aspectos de los muchos de este Evangelio: la fe y el poder y autoridad de Jesús, la oración y el ayuno.
Dice Jesús: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. El padre grita: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Jesús escucha lo que les pasa, pregunta. La fe logra la salvación de aquellos que se acercan a Él. ¿Cuántas veces las dificultades de la vida, la sensación de que Dios no nos escucha, nos hacen dudar? Y la Palabra de Dios nos dice: “Todo es posible al que tiene fe”. A veces nuestra fe es pequeña, la fe de la gente de Iglesia, de los discípulos de Jesús es pequeña… pero cuando aparece Jesús todo cambia. Y dice: “Yo te lo mando”. Su poder y autoridad traen la salvación.
Preguntan los discípulos: «¿Por qué no pudimos nosotros?» La respuesta de Jesús nos da una clave importante para nuestra vida: oración y ayuno. Si quieres vencer el mal en tu vida, si quieres tener autoridad como Jesús (por el poder del Espíritu Santo) para luchar contra el mal en ti y en el mundo: oración y ayuno.
Por un lado, la oración nos pone en comunicación con Dios. Le contamos, le escuchamos, le pedimos, le damos gracias, le alabamos, le adoramos. La oración nos abre a la gracia de Dios, nos pone en sintonía con Él.
Por otro, el ayuno (que quizás nos parezca algo del pasado o como una especie de voluntarismo) significa decirle a Dios que Él es lo más importante de nuestra vida, que Él es tan importante para nosotros que le entregamos todo, que queremos sentir hambre de Él. No es ganar puntos, chantajear a Dios o creernos mejores. Es entregarnos más a Dios, es decirle que queremos su fuerza y su voluntad en nuestra vida.
La oración y el ayuno nos unen a Jesús, nos unen al Padre, nos llenan del poder del Espíritu Santo, y nos dan autoridad como la de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 19 de febrero

Domingo 19 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente.» Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Pistas: Este Evangelio es una medicina contra la mediocridad y el cumplimiento externo. Una invitación a la plenitud, a la santidad. Jesús hace nuevas las cosas y nos enseña un modo de vivir distinto, que viene de lo alto.
Después de las bienaventuranzas leemos en el Evangelio de Mateo esta nueva vuelta de tuerca que Jesús da. El “ojo por ojo” que hoy nos parece tan arcaico era un gran avance porque ponía freno a la venganza desproporcionada y promovía una justicia distributiva. Pero esto queda superado por el planteamiento de Jesús. Va más allá porque propone la medida del amor de Dios. La medida es la de Jesús que entrega su propia vida, todo lo que es y todo lo que tiene. Más que unas nuevas normas, lo que Jesús enseña es un estilo de vida.
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian”. Amar al que te ama es fácil y lógico. Pero lo que Jesús pide sólo es posible con la experiencia del amor incondicional y misericordioso de Dios. Ya San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”. Claro, ama de verdad y en la verdad, como Jesús. Cambia una mentalidad vieja basada en criterios estrictamente humanos por una nueva que llega del amor de Dios que todo lo llena. Vive con plenitud, vive con santidad. De no ser así ¿qué haces de extraordinario?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 18 de febrero

Sábado 18 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
Evangelio según San Marcos 9, 1-12
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos.
Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que lo cubrió y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Le preguntaron: ¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías? Les contestó él: Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Os digo que Elías ya ha venido y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito

Pistas: Justo antes de este pasaje que hemos leído Jesús anuncia su pasión y muerte. Pedro recibe unas palabras muy duras de Jesús. Los discípulos no son capaces de comprender la misión de Jesús y su mesianismo.
Y justo después de ese anuncio Jesús se lleva a Pedro, Santiago y Juan, a la montaña (lugar de las teofanías -manifestaciones- de Dios en el Antiguo Testamento). Jesús muestra su divinidad, pueden ver su resplandor, les revela su gloria. Aparecen: Moisés (el representante de la Ley del Antiguo Testamento) y Elías (el máximo exponente de la profecía) conversando con Jesús. Es una manera de mostrar que el anuncio del Mesías y las promesas de los profetas se cumplen en Jesús; que la Ley del Antiguo Testamento alcanza su plenitud en Jesús. Él es el culmen, la plenitud de la revelación de Dios. Por eso es el Hijo amado, el predilecto, a quien hay que escuchar.
No se les olvida esta experiencia. ¿Qué sería aquello de resucitar de entre los muertos? ¿Pero quién es Jesús? Este acontecimiento les ayuda a descubrirlo. El Hijo de Dios, verdadero hombre, que morirá en la cruz, que resucitará. Es necesario que padezca y sea despreciado. Éste es el único camino para salvar a los hombres, para manifestar la grandeza del amor y del poder de Dios.
Piensa en lo que significa para tu vida el mensaje de este Evangelio: descubrir que Jesús perecerá, perderá su vida por tu salvación; y déjate llevar. Ora y abre tu corazón a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 17 de febrero

Viernes 17 de febrero
Los siete fundadores de la orden de los siervos de la Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 8, 34-39

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.
Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta época descreída y malvada, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.
Y añadió: os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar el reino de Dios en toda su potencia.

Pistas: Ayer leíamos las palabras tan duras que Jesús dirigía a Pedro cuando éste le recriminaba el anuncio de su pasión, el tipo de Mesías que Jesús es: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”.
Hoy Jesús continúa hablando del camino que propone a sus discípulos. No es el de las glorias humanas, el del materialismo y la superficialidad, el de la magia o los atajos que tanto nos atraen. Tampoco el de quejarse, echar la culpa a las situaciones o a las personas de lo que está mal en la propia vida. Ni el de buscar siempre satisfacer los propios deseos.
Jesús te invita a ir con Él. Ésa es su propuesta. ¿Qué tendrás que hacer? Negarte a ti mismo. Es decir, no hacer siempre lo que nos apetece, lo que se nos presenta como la mejor opción, sino buscar la verdad y lo que es verdaderamente bueno. Esto se entiende muy bien con ejemplos: el deportista tiene que negarse a sí mismo para esforzarse y entrenar, los padres para luchar por los hijos, los esposos para crecer en amor mutuo, el estudiante para no vaguear… Todo esto es negarse a uno mismo: salir del yo y mirar lo que nos rodea, encontrar a Dios y a los demás.
Cargar con la cruz es evitar caer en la queja, en la desesperación o en la desconfianza hacia Dios. Estamos en sus manos, aunque la situación no sea fácil, o sea dura o dolorosa, la cruz no es sino el camino a la resurrección.
Sólo en Jesús hay salvación. Sólo Él es el camino, la verdad y la vida. Por eso ¿de qué sirven las cosas de esta vida sin Jesús? ¿de qué sirven sin verdad, sin vida, sin encontrar el camino? ¿de qué sirven sin amor, sin paz, sin esperanza, sin fe?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.