Archivo de la categoría: Lectio divina

Sábado 5 de diciembre

Sábado, 5 de diciembre
Semana I de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 30, 19-21. 23-26
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: «Éste es el camino, camina por él.»
Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla.
En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.»

Pistas: El ejército asirio es una amenaza y los habitantes de Jerusalén lo ven acercarse. Las noticias llegan diciendo que a su paso arrasan las ciudades y las conquistan. Acaban con los más débiles y a los más fuertes los deportan. La esperanza que refleja el profeta se dirige a un pueblo desanimado y en crisis. Dios sostendrá a su pueblo, aunque haya dificultades. Promete estar cercano: “Apenas te oiga, te responderá”. No se esconderá. Guiará a su pueblo. Si se desvía, le mostrará el camino.
El profeta se permite soñar: habrá prosperidad y abundancia. Y, finalmente, todo será más brillante y luminoso (la luna –la Cándida- y el sol –el Ardiente- brillarán más), se acabará la oscuridad cuando el Señor vende la herida de su pueblo.
Jesús, nos cuenta el Evangelio de la misa de hoy, enseña, anuncia el reino, cura enfermedades y dolencias, y siente compasión de la muchedumbre porque andan “como ovejas que no tienen pastor”. Es el que hace realidad las palabras de esperanza del profeta Isaías. Es el Buen Pastor, el que cura y venda las heridas de su pueblo, el Maestro que enseña y guía.
Pero Jesús no hace esto solo, prepara a sus discípulos para continuar su obra y les da la capacidad para hacerlo (“llamando a sus doce discípulos les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”). No es sólo algo puntual que sucedió hace algo más de dos mil años. Igual que envió a sus discípulos diciéndoles «lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”, también envía hoy a su Iglesia.
Nos ha dado su Espíritu Santo para que sea nuestro Maestro. Para que nos guíe y, cuando nos equivoquemos, nos indique el camino. El Espíritu nos da la capacidad para vivir como Jesús ha enseñado. Trae luz, prosperidad, verdad, salvación…. a este mundo nuestro que está en tantas ocasiones desanimado y en crisis. Y para hacer esto te llama también a ti y te llena de su fuerza, de su poder, de su amor, de fe, de esperanza… para que puedas continuar la tarea, y gracias a ti también se sumen otros.
Reza con las palabras de esperanza del profeta, mirando a Jesús, mirando tu vida y al mundo. Y recuerda que las promesas de Dios son para ti también, para nuestro tiempo y para nuestro mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 4 de diciembre

Viernes, 4 de diciembre
Semana I de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 29, 17-24
Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel; porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

Pistas: Imagina lo que ha prometido el Señor por medio del profeta Isaías. La salvación de Dios llega a todos los ámbitos: la naturaleza, los enfermos, los pobres y oprimidos, los tratados injustamente. Los malvados serán derrotados. Los que no entienden aprenderán, los que han perdido la cabeza comprenderán. Será tiempo de alegría, de gozo, de levantar la cabeza, para santificar y honrar a Dios.
Y si damos un salto al Nuevo Testamento ¿cuáles son los signos que Jesús realiza? Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Los demonios son expulsados y los pecadores se convierten. En Jesús se cumplieron las palabras del profeta.
Pero no sólo fue un espejismo que duró lo que estuvo Jesús en este mundo. Él prometió que la salvación que vino a traer -su Reino- continuaría después de Él. Y cumplió la promesa, venciendo a la muerte y enviando el Espíritu Santo.
Si tienes fe, si te acercas a Jesús y te llenas del Espíritu Santo, verás cómo en tu vida la Palabra de Dios se hace realidad. Fíjate en lo que Isaías anuncia que sucederá cuando llegue la salvación de Dios: alegría, gozo, victoria del bien, defensa del inocente, santificar el nombre de Dios (alabarle, glorificarle, ver su santidad y reconocerla) y “temer a Dios” (en la Biblia significa admirar su grandeza y obedecerle con amor), comprender y entender…
Haz realidad en tu vida todo esto ¿Cómo? Acércate a Jesús y ora, y Él te guiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 2 de diciembre

Miércoles, 2 de diciembre
Semana I de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 25, 6-10a
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Pistas: El Señor preparará un festín para todo pueblo y nación. Arrancará el velo que impide recibir la salvación. Destruirá a la muerte para siempre. Enjugará lágrimas y alejará la culpa. Él mismo en persona. “Aquí está nuestro Dios”. Vendrá a salvar, cumplirá las esperanzas, traerá gozo. Imagínalo.
Este festín nos lo presenta el Evangelio de hoy en la multiplicación de los panes y los peces que Jesús realiza después de haber estado curando enfermos, cojos, ciegos y mudos. A través de Jesús Dios se revela, salva y trae gozo. Muchos le siguen. Unos, para que les cure. Otros, agradecidos. Y tres días después –nos cuenta el Evangelio- como no tienen qué comer, siente compasión. Pregunta a sus discípulos: “¿Cuántos panes tenéis?” y con lo poco que tienen da de comer a una multitud, “y comieron todos hasta saciarse”.
Pero yendo un paso más allá este “festín de manjares suculentos” es la Eucaristía, de la que esa multiplicación es signo. El festín es Jesús mismo. Se puede decir en la Eucaristía “aquí está nuestro Dios de quien esperábamos que nos salvará”. Participar de este banquete es recibir la salvación y anticipar el cielo. Dios mismo, en persona, el Esperado, se hace presente en la Eucaristía.
El monte Sión es la Iglesia donde Cristo continúa haciendo realidad todas las promesas del profeta. Y, si tú te acercas a Jesús, las palabras del profeta se harán realidad en tu vida: se arrancará el velo y podrás ver la salvación de Dios. Podrás disfrutar de la victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte. Él traerá alegría, enjugará tus lágrimas, te restaurará. Esto hacemos en la Eucaristía: celebrar y gozar porque Dios salva.

Relee ahora la lectura, escucha que te dice Dios, qué te inspira, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Martes 1 de diciembre

Martes, 1 de diciembre
Semana I de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Isaías 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Pistas: Jesé es el padre del rey David del que descendieron los reyes de Judá. La lectura describe cómo es el rey ideal de ese linaje. El espíritu es la ruah, el aliento de vida. Estará lleno de los dones de Dios, conocimiento, sabiduría, poder… Y con él llegará el reinado de Dios. Un nuevo orden de las cosas.
Nuevamente los símbolos e imágenes que usa el profeta son para imaginarlos, para soñar: un mundo justo con un juez justo donde se protege al desamparado. Juzga la palabra de su boca y con el aliento de sus labios (no con violencia ni imposición). Un mundo en paz, un paraíso (como el que describe el libro del Génesis). En el que todos podrán conocer al Señor (“está lleno el país de la ciencia del Señor”). Y, finalmente, esto será para todos, no sólo para los judíos, porque el renuevo del tronco de Jesé “se erguirá como enseña de los pueblos”.
El Evangelio de la misa de hoy dice que Jesús es quien revela a Dios, quien muestra a Dios. Y el que ve al Hijo ve al Padre. Es Jesús quien hace presente de un modo completamente asombroso todo lo que el profeta Isaías anuncia. Y a sus discípulos les dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
Vuelve a leer la lectura, pensando en Jesús. Él está lleno del Espíritu Santo, y a través de Él todos podemos llenarnos del Espíritu y sus dones (todos conoceremos a Dios). Si los hombres viviéramos como Jesús enseña ¿no sería el mundo parecido a lo que anuncia el profeta?
Jesús lucha contra la mediocridad y las apariencias. Y, finalmente, se alza como enseña de los pueblos, su muerte y resurrección. ¿Quieres construir un mundo como el que anuncia el profeta? El camino es Jesús, reza, camina con Él.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Lunes 30 de noviembre

Hoy, fiesta de San Andrés, rompemos lo dicho de la primera lectura y volvemos al Evangelio.

Lunes 30 de noviembre
San Andrés, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Pistas: En medio de lo cotidiano aparece Jesús y llama. Primero a estar con Él: “Venid y seguidme”. Y les anuncia la misión que van a tener: “Os haré pescadores de hombres”.
Jesús llama para que le conozcan y le sigan. Al mismo tiempo les encarga una misión para la que les hará capaces. Les dará lo que necesitan para hacer lo que les pide. Por eso ser discípulo es seguir a Jesús, pero implica también descubrir la vocación y, por decirlo así, los proyectos de Dios para tu vida.
“Inmediatamente dejaron…” –tuvieron que cambiar de vida- y “lo siguieron”. Seguir a Jesús transforma a la persona. Supone primero aceptación y después viraje en tu rumbo. Significa que tu vida ya no es la misma. No puede serlo.
Puedes rezar hoy aprendiendo de la llamada de estos apóstoles y preguntarte: Jesús ¿me llamas? ¿qué quieres de mí? Y también: ¿qué tengo que dejar? No merece la pena agarrarse a aquello que te aleja del camino de Jesús, el único que puede dar sentido a tu vida y hacerte encontrar la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 26 de noviembre

Viernes, 27 de noviembre
Semana XXXIV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos: Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca.
Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Pistas: Llegamos al final del año litúrgico y estos días estamos leyendo pasajes con tintes apocalípticos. Y descubrimos que para los cristianos no es un momento de derrota sino de victoria, no es de desesperanza sino de confianza. Tiempo para levantarse, para no tener miedo, para mirar a Jesús y agarrarse a Él.
También son una llamada a no tener los ojos cerrados a la realidad. Mira los signos que te rodean, qué mundo ves, cómo estás, cómo está tu sociedad, cómo están tu parroquia o tu comunidad. Mira la realidad, no vivas del pasado o en el pasado. Pero no temas. Nada hará que el reino de Dios no se establezca.
Nosotros somos la generación. Desde que Jesús resucitó, ésta es la generación, la de los hijos de Dios, la de los que entran en su Reino y esperan su consumación, su plenitud.
Las promesas de Dios se cumplen. No al modo que nosotros planeamos o esperamos. Siempre me ha hecho pensar mucho cómo los judíos no fueron capaces de reconocer a Jesús como el Mesías. Sólo un pequeño grupo lo vio y tuvo que escindirse. Pero de ahí nació el cristianismo. Creían las promesas de Dios en el Antiguo Testamento, pero cuando se cumplieron en Jesús no fueron capaces de verlo. Las promesas de Jesús, se cumplen y se cumplirán. Esta historia alcanzará plenitud en Cristo. Alza tu mirada, levántate, porque sus palabras no pasarán.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo tu vida.

Miércoles 25 de noviembre

Miércoles, 25 de noviembre
Semana XXXIV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Pistas: Jesús anuncia persecuciones y dificultades, traiciones, odio e incluso la muerte. Dice que Él dará palabras y sabiduría que no supongan una escenificación, porque lo que Él les dará será auténtico y podrán dar testimonio. Y les da la clave de la perseverancia en la dificultad.
Imagina cómo han resonado estas palabras en las comunidades cristianas perseguidas. Imagina cómo tocarán el corazón de aquellos que todavía hoy son perseguidos y martirizados a causa de su fe. Y ahora deja que resuenen en tu interior y pregúntate cómo es tu fe. Tú, que no tienes las dificultades de las que habla Evangelio de hoy ¿das testimonio? ¿vives una fe contagiosa? ¿perseveras en medio de las dificultades que pueda haber? Puede ser duro, porque incluso los tuyos, los que quieres, te pueden dar la espalda y fallar, te pueden no entender o perseguir. Pero, si perseveras, te salvarás.
Puedes aprovechar el Evangelio de hoy para rezar por los cristianos perseguidos, puedes dar gracias por el testimonio de tantos que se atrevieron a ser fieles a Jesús y por ellos ha llegado hasta hoy la Buena Noticia. Puedes mirar tu fe y pedirle a Dios que te la aumente.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 22 de noviembre

Domingo, 22 de noviembre
Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 31-46
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Cuando venga en su gloria el Hijo del Hombre y todos los ángeles con él se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
—Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le contestarán:
—Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá:
—Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. Y entonces dirá a los de su izquierda:
—Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán:
—Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Y él replicará:
—Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna.

Pistas: ¿Quieres ser de los de Jesús? ¿quieres entrar en su reino y aceptarle como tu Rey? ¡Cuánto tiempo perdemos con cosas que no nos hacen ser de los suyos!
El juicio dependerá del amor. ¿Has amado? ¿has ayudado? No dice que los que necesitaban comer fueran buenos, ni lo merecieran, ni los forasteros… sólo que eran necesitados y miraron para ellos.
Hay que aterrizar este Evangelio. Mira a tu alrededor ¿quién te necesita? ¿quién necesita amor, compañía, comida, ropa, hogar? ¿qué puedes hacer?
A ver si al acabar esta vida vamos a ser como el rico epulón, que banqueteaba alegremente mientras el pobre Lázaro a la puerta de su casa se moría de hambre.
Dice Jesús: lo que hiciste con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hiciste. Si eres afortunado en la vida, lo eres para ayudar al más humilde. Si eres más listo, más fuerte, más capaz, más rico, más afortunado… ¿de qué te sirve si no amas?
Y como Iglesia, ¿dónde estamos poniendo nuestras fuerzas? ¿llevamos a lo concreto el mensaje de Jesús?
Tenemos mucho que revisar en nuestra vida, como Iglesia y como sociedad. Deja que la palabra de Dios traiga luz a tu vida, te muestre la verdad de cómo caminas y te cambie para que al final pueda decirte: pasa, bendito de mi Padre, hereda el reino que tienes reservado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 21 de noviembre

Sábado, 21 de noviembre
Presentación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 20, 27-40
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó: En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos, no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.
Intervinieron unos letrados: Bien dicho, Maestro. Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Pistas: Es Dios de vivos.
Si miras en lo profundo de tu corazón ¿qué encuentras? Inconformismo, ganas de más, insatisfacción. Quieres más felicidad, más sentido a tu vida. Aunque estés bien, siempre falta algo. Y si te quedas parado y te conformas, poco a poco la tristeza va apareciendo en tu vida. Buscamos más, queremos más… Y queremos vivir para siempre. Casi no entendemos que se pueda dejar de existir.
Pero, por otra parte, no somos capaces de imaginar cómo será la vida eterna, qué habrá después. Jesús nos da pistas sobre el cómo y el qué. Él irá delante, resucitaremos como Él, estaremos por la eternidad junto a Dios, seremos los mismos pero no lo mismo, no existiremos del mismo modo. Será un lugar de comunión con Dios y entre nosotros, la creación entera será librada del mal, del sufrimiento, del pecado. Nos garantiza que va a prepararnos sitio y estaremos con Él. Y no son palabras, sino que su muerte y resurrección son el acontecimiento que cambia todo y hace nuevas las cosas.
Celebremos que nuestra fe tiene sentido, porque Dios es Dios de vivos. Dios es vida en todo el alcance de esa Palabra. La vida que da el Espíritu Santo, la vida que encuentras en Jesús que es el camino a Dios, la vida libre de la esclavitud del pecado, la vida llena de amor, bienaventurada en cualquier situación, vida que vence a la cruz y desemboca en la eternidad. ¿Quieres vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 20 de noviembre

Viernes, 20 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: Escrito está: «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos». Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

Pistas: El templo es el lugar de la presencia de Dios. El enfrentamiento de Jesús con las autoridades religiosas y con muchas prácticas viciadas de su religión va en aumento. San Lucas sitúa cerca del desenlace de la vida de Jesús este acontecimiento que iba directamente contra los negocios e intereses de muchos de sus enemigos. La autoridad de Jesús parece grande, porque aunque quieren acabar con Él todavía no se atreven, ni encuentran el modo de hacerlo, porque el pueblo está pendiente de su enseñanza. Aunque esto no va a durar porque en pocos días gritarán: ¡¡Crucifícalo!!
Piensa en el templo como Iglesia. No el edificio físico, sino la Iglesia comunidad, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Piensa en la Iglesia que estás construyendo tú. En tu responsabilidad. De poco sirve que señales las de otros. Mira la tuya. ¿Serías de los que Jesús echa del templo? ¿o estás construyendo y transmitiendo una Iglesia viva, en la que las personas puedan encontrarse con Dios y con su amor, en un lugar de oración? Precisamente la Iglesia es encuentro, experiencia, diálogo con Dios. Experiencia personal y comunitaria. Porque la fe no se puede vivir en soledad. No somos ermitaños. La fe crece y se afianza con los hermanos en la comunidad.
El templo es también tu corazón, tu vida. Y puedes hacerte la misma pregunta: ¿Es casa de oración o la tengo llena de ruidos, de intereses, de ladrones que me roban la felicidad? Como venimos aprendiendo en el mensaje de Jesús, el Reino empieza dentro de ti, ése es el lugar en que Dios quiere habitar. Y en lo pequeño, en tu propia vida, en lo cotidiano, es donde empieza todo. Déjale sacar lo que estorba, lo que no tiene que estar ahí. Y así tu corazón será un lugar de encuentro con Dios en el que puedas experimentar su gran amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.