Archivo de la categoría: Parroquia

Viernes 18 de septiembre

Viernes, 18 de septiembre
XXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Pistas: Jesús realiza su misión de anunciar el la Buena Noticia y con Él van sus discípulos. Aprenden y son partícipes de su misión. Y serán, con la fuerza del Espíritu Santo y la presencia de Jesús resucitado, los que den testimonio y continúen su obra.
En época de Jesús muchos maestros se rodeaban de sus discípulos. Pero el grupo de Jesús es diferente. Los que Él elige como sus discípulos no son los mejores ni los más aclamados socialmente: publicanos, pecadores, hombres sencillos, hombres ricos… de todo. Y una de las cosas más rompedora es la presencia en el grupo de mujeres que siguen a Jesús y son por ello también discípulos, en igualdad de condiciones. Jesús confiere una dignidad y un papel nuevos a la mujer, no sólo porque le otorga el derecho a conocer las «buenas noticias del reino de Dios», sino también la participación en el ministerio.
Pongámonos en la situación de un momento de la historia en el que algunos rabinos dudaban incluso de la capacidad de la mujer para aprender la Torah (la ley judía) y en el que la autonomía social de la mujer era muy escasa. Pero en los evangelios el cambio es radical: las mujeres son las primeras que llevan a los apóstoles la noticia de la resurrección, son las que resisten al pie de la Cruz, junto con Juan. Tal vez nos quede camino por avanzar en el papel de la mujer en la Iglesia. Lo que el Evangelio de hoy nos deja muy claro es que ahí estaban, yendo con Jesús, ayudando, siendo del grupo de los de Jesús.
Puedes hacerte dos preguntas hoy: ¿quiero ser de los de Jesús? ¿le sigo? ¿soy su discípulo? ¿aprendo, experimento, creo…? Y, por otro lado, ¿qué puedo hacer para que el grupo de los que creen en Jesús, es decir, la Iglesia, se parezca a la que Jesús ha soñado? ¿qué puedo hacer en mi realidad concreta (con el contexto y la situación actuales)? ¿Cómo puedo ayudar? En la época de Jesús, igual que ahora, no era la situación ideal, pero lo importante era y es ser discípulos de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 17 de septiembre

Jueves, 17 de septiembre
XXIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro.
Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo.
Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume.
Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Pistas: Una lección de amor, de fe y de humildad. El fariseo invita a Jesús a su casa, pero su amor por Él es pequeño. La mujer se siente profundamente indigna y a la vez agradecida. Sólo puede amar. Uno juzga, ella ama y su fe la salva.
Jesús enseña el camino del amor, del encuentro con Él, como el único camino de salvación.
Hay un aspecto curioso en la vida de los santos: a mayor santidad, mayor conciencia del propio pecado y de la grandeza y gratuidad del amor de Dios. Muchos cuentan esta experiencia. Cuanto más cerca de Dios, más claro se ve el propio pecado y por tanto mayor conciencia se tiene de la misericordia de Dios. Sucede como cuando se enciende progresivamente una luz, se ve mejor todo, también las imperfecciones y la suciedad. Por eso, “al que poco se le perdona, poco ama”
Este Evangelio se presta a imaginarse la escena. Puedes ponerte en el lugar de cada uno de los personajes y dejar que Dios te hable con lo que puedas tener en común con ellos. ¿Qué hay en ti de invitar a Jesús a tu casa pero amarle poco? Es decir, ser cristiano de boquilla y estar poco apasionado, no sentir la fe que dices tener ¿Cómo es tu vivencia de la fe? ¿te sientes indigno? ¿te acercas a Jesús, le amas y te dejas amar por Él?…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 16 de septiembre

Miércoles, 16 de septiembre
Santos Cornelio y Cipriano, obispos y mártires.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.

Pistas: Ser discípulo de la sabiduría significa ver la verdad más allá de los modos, más allá de los prejuicios. Es poder conocer los planes salvíficos de Dios. La sabiduría nos llevará a ser verdaderamente libres, a conocer con más profundidad la realidad de nuestro mundo, de nuestra propia vida y de Dios.
Juan el Bautista preparó el camino a Jesús, que reveló plenamente quién es Dios. No sólo como ideas sino como vida, como relación. Tanto que se entregó por nosotros, nos dio el Espíritu y nos abrió de par en par la puerta del cielo.
No siempre es fácil enfrentarse a la verdad venciendo los prejuicios, los propios intereses o los miedos. Darle la razón a otro, aunque sea Otro con mayúsculas, aunque sea Dios, implica vencerse a uno mismo, cambiar. Por eso, esta lectura puede ayudarte a pensar a quién te pareces: a los niños de la parábola o a los que se encuentran con la sabiduría y se vuelven sus discípulos.
Pero Jesús también nos dice que elegir el camino de la sabiduría nos impedirá estar acomodados o vivir en una mentira. Y aunque tengas que luchar, adaptarte a una forma distinta de pensar y actuar -como los ojos cuando pasan de la oscuridad a la luz o alguien que está enfermo y sana y se levanta- encontrarás vida, libertad, alegría, verdad, luz… Encontrarás a Dios y te encontrarás a ti mismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 15 de septiembre

Martes, 15 de septiembre
Bienaventurada Virgen María de los Dolores

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Pistas: La cruz, mírala. Clavado en ella está Jesús, el que hizo tanto bien, el que amó tanto. El Hijo de Dios, míralo. Dice la escritura que no parece un hombre. De sus amigos sólo quedan al pie de la cruz la madre, algunas mujeres y el más joven de los discípulos. Los que supuestamente eran fuertes en esta hora de dolor se vuelven débiles y, en el fondo, quedan los que más aman. Qué momento y qué lugar aquel en el que el mal pensaba vencer mientras era vencido, pero nada hacía sospechar que así fuera.
Jesús en la Cruz lo entrega todo. Hasta a su propia Madre. En medio del dolor Jesús piensa en los demás, porque eso es lo que hacen las personas que aman. En ese discípulo estamos representados nosotros. La Cruz es el momento del amor y la entrega aunque, paradójicamente, parece el del odio y la derrota. Pero Jesús vencerá y hará nuevas las cosas.
Hoy, 15 de septiembre, se celebra la Bienaventurada Virgen María de los Dolores. No tendría sentido celebrar esta fiesta sin la resurrección de Jesús, sin la victoria del bien y el amor sobre el mal y el sufrimiento. No celebramos el dolor, sino que Jesús le ha dado la vuelta.
¡Cuánto dolor y sufrimiento hay en nuestro mundo! Y la única respuesta válida y verdadera es hacer lo que Jesús hizo: amar, entregarse, abrir el corazón a Dios, estar llenos del Espíritu Santo para vencer el mal a fuerza de bien. La tentación siempre es elegir otros caminos. Algunos prometen soluciones fáciles pero son atajos mentirosos. El único que ha vencido, la única respuesta, es Jesús.
Podíamos poner tantos ejemplos: La eutanasia (o suicidio asistido) como respuesta fácil, frente al respeto a la vida, la lucha por la vida en medio de la cruz, el amor, el acompañamiento… El egoísmo, el placer, el evadirse, el consumismo… Tantos caminos que son mentira…
Pon tus dolores y sufrimientos al pie de la cruz de Jesús y después mírale resucitado. Mira, si quieres, a la Madre de Jesús rota de dolor. Pero mírala también después radiante al encontrarse con su hijo resucitado.
Mira tu dolor, tu pecado, tu pobreza, el mal, la injusticia… Pero después mira a Jesús que ha vencido. Mira su amor, mira la fuerza del Espíritu Santo que está en tu corazón y te hace a ti también vencedor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 14 de septiembre

Lunes, 14 de septiembre
Exaltación de la Santa Cruz

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.» Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Pistas: ¡Qué misterio la vida de Jesús! El Hijo de Dios que bajó del cielo y se hizo hombre. Pero es tan sorprendente el modo en que Dios se manifiesta… No lo hace imponiendo unas normas, ni obligando a nadie a nada. No busca el poder, la riqueza o el éxito político. Todo es, nada más y nada menos, que un impresionante acto de amor.
No viene a juzgar (es decir, a sentenciar, a clasificar), sino a salvar (a mover corazones, a amar, a poner a las personas en marcha, a traer Espíritu, a liberar, sanar, curar, a dar nuevas oportunidades…). Y el camino que Jesús tendrá que recorrer, mejor dicho, el camino que por amor elige recorrer, le conducirá a la cruz. Será elevado y allí, en su aparente derrota, todo cambiará. Porque Jesús elige el camino de la confianza absoluta en el Padre y el amor de Dios no falla. Vencen el amor, la vida, la verdad; vence Jesús. Y ése es el camino que nos invita a seguir. Encontrarnos con Él, nuestro hermano, como nosotros, verdadero hombre y verdadero Dios, llenarnos del Espíritu Santo y asomarnos al misterio del Padre.
Es bonito caer en la cuenta de que se trata de creer, de amar, de dejarse amar, de estar en relación con Dios… Claro que eso llevará a un estilo de vida concreto, pero no va antes el estilo de vida que la fe y el amor.
Acércate a Jesús, y en la cruz, aunque el camino sea difícil, tendrás vida, tendrás amor y tendrás salvación. Acércate a Jesús y síguele. Aprende a amar y dejarte amar. Y todo adquirirá un sentido nuevo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 13 de septiembre

Domingo 13 de diciembre
XXIV domingo del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta:
—No te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola:
Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: —Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y agarrándolo lo estrangulaba diciendo: —Págame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
—Ten paciencia conmigo y te lo pagaré.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
—¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

Pistas: Me imagino a Pedro pensando: “Jesús siempre está con lo de perdonar, que Dios nos perdone como perdonamos, que hay que amar siempre…. hasta a los enemigos, a los que te odian, a los que te persiguen…”. Y lo lógico es preguntarse: “¿dónde está el límite? ¿hasta dónde tengo que llegar?” La respuesta final la da Jesús en la cruz, muriendo por todos, perdonando a los que le crucifican. Hay que amar y perdonar, siempre, del todo, hasta el extremo: “setenta veces siete”.
La parábola deja claro por qué. Porque Dios te ha perdonado algo que tú no podías pagar de ninguna manera. Te ha librado de ser esclavo, te ha dado una nueva vida, no sólo a ti sino a los tuyos. Eres libre, puedes vivir, puedes volver a empezar porque no tienes deuda. ¿Cómo no amar a los demás si Dios me ama incondicionalmente y hasta el extremo de hacerse hombre, de morir por mí, de venir en el Espíritu Santo a mi corazón, de hacerse eucaristía? Tantas cosas en las que me muestra su amor y misericordia. ¿Cómo no perdonar si yo no hago más que fallar y a Dios siempre lo tengo ahí, esperando, sanando y curando mi corazón?
Decía el papa Benedicto que sólo se puede entender el amor y el perdón tal como Jesús lo exige, si se experimenta así de parte de Dios. Podré amar, perdonar, a mi hermano, a mi enemigo, sólo si me entero de que Dios me ama sin poner condiciones y me dejo amar por Él. La exigencia ética nace de la experiencia de Dios. Pero sin cumplir la exigencia no hay verdadera fe, ni conversión.
¿Cuánto amas? ¿cuánto perdonas? ¿necesitas perdonar? ¿tienes odios, rencores, envidias, deudas en tu corazón? Acude a Dios, déjate amar por Él y decide amar y perdonar, ¡decídelo! Pide la fuerza para hacerlo de corazón. Con tu elección, tu libertad, tu voluntad y la gracia de Dios podrás perdonar de corazón.
Amar y perdonar, el camino que Jesús te propone hoy. Ponle nombre, ponle cara, al amor y perdón a los que te está invitando el Evangelio ¿Aceptas el reto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida. 

Sábado 12 de septiembre

Sábado, 12 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 43-49
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose.

Pistas: A veces es complicado saber si estamos haciendo las cosas bien o mal. Otras veces buscamos excusas para mantener una actitud que en el fondo sabemos que no está bien, pero no queremos cambiarla. Jesús nos da hoy un criterio para discernir, distinguir y saber verdaderamente cómo estamos viviendo. Si estamos eligiendo el bien o el mal, si estamos sanos o enfermos. Y ese criterio son los frutos. Los frutos que dan nuestras actitudes, decisiones y acciones.
Si atesoras en tu corazón el bien, es decir, si lo llenas del Espíritu Santo, se manifestará en tus obras. Pero si lo llenas de oscuridad, de mal y no dejas cabida a la luz de Jesús, no puedes esperar que algo bueno salga de ahí. Sólo Jesús puede cambiar nuestro corazón. Sólo dejando que su luz penetre en lo profundo de nosotros, la oscuridad, el mal y el pecado pueden ser vencidos.
Jesús te invita a poner cimientos firmes y sólidos en tu vida. Porque de lo contrario se derrumbará ante las dificultades. Es fácil creer que hacemos lo correcto cuando todo va bien. Pero ¿y cuándo aparecen las complicaciones? ¿cuál es tu roca en esos momentos?
La palabra que Jesús te enseña día a día será la que te guíe. La clave siempre es la misma: Jesús, camino, verdad y vida. Acércate a Él y llenará tu corazón de su Espíritu Santo. Acércate a Él y la realidad se transformará porque de ti brotarán buenas obras. Estarás cimentado firmemente y nada te hará tambalear ni te derrumbará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 11 de septiembre

Viernes, 11 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 39-42
En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Pistas: Qué cansados estamos de discursos vacíos de gente que dice una cosa y hace la contraria. Qué vacías son muchas veces las palabras en nuestro mundo, en el que se dice lo que hay que decir, aunque no sea verdad. Cuántas veces nos quieren dar lecciones o queremos darlas y no tenemos ninguna autoridad por nuestra manera de vivir. Y todo esto, en muchas ocasiones, no importa. Se consiente, se tolera e incluso parece bien, según el poder, el prestigio, el dinero o lo hábiles que seamos para la apariencia, el postureo y la manipulación.
Hoy el Evangelio te invita a ser auténtico. Deja de mirar lo que hacen mal los demás y usarlo de justificación. Deja de esperar a que las circunstancias cambien y haz tú lo que tienes que hacer. Reza más, saca de tu vida aquello que te aparta de Dios, ama más… crece y conviértete. Y entonces podrás ver y no ser un ciego que cree ver.
El mundo y la Iglesia necesitan personas valientes que sigan a Jesús con autenticidad, capaces de ser verdaderos maestros, que viven lo que enseñan, que tienen autoridad para enseñar y corregir. Esto no significa que seas perfecto ni que vayas sacando los defectos a todos los que te rodean como si estuvieras en posesión de la verdad. Se trata de buscar a Jesús con todas las fuerzas, de querer ser como Él por la gracia y los dones del Espíritu Santo. Esto te llevará a la conversión (sacar la viga del ojo), a poder ser fiel, y a poder ver para ayudar al que lo necesita.
El mundo necesita discípulos evangelizadores, que vivan y anuncien. Y este Evangelio da una clave fundamental: ¡fuera la hipocresía!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 10 de septiembre

Jueves, 10 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros.

Pistas: Jesús enseña a vivir como discípulos suyos. El Evangelio de hoy nos indica el camino a seguir para ser auténticamente discípulos de Cristo. Da igual que lleves una vida religiosa, que hagas cosas para Dios, para la Iglesia o para los demás. Si no vives lo que enseña el Evangelio de hoy, acabarás perdiendo la fe o viviendo una mera religiosidad vacía.
El fundamento de toda la enseñanza del Evangelio de hoy es que Dios te amó primero con un amor inmerecido, sin medida, gratuito… Pero un amor que transforma y que espera respuesta. Por eso (porque Dios lo es contigo) sé tú compasivo, ama, perdona, da, haz el bien…
Te invito a que leas el Evangelio preguntándote hasta qué punto pones en práctica lo que hoy dice Jesús. Qué aspectos de tu vida, de tu día a día, en tu trabajo, en tu casa, con tu familia, con tus amigos, en la sociedad, en tu ocio, en tus decisiones… necesitas cambiar. Porque ser discípulo de Jesús es entrar en la dinámica de su amor y en todo lo que hagas, reflejarlo. Y no es hacer las cosas por interés ni por esperar algo a cambio. Haz oración con lo que te diga Dios hoy en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 9 de septiembre

Miércoles, 9 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Pistas: Es una revolución absoluta, en su tiempo y ahora, la manera de plantear la dicha, la bienaventuranza y la felicidad, que nos ofrece Jesús.
La riqueza, el tener, estar saciado, la vida alegre, la buena fama, no es lo que te va a hacer feliz. Ni va a destruir tu posibilidad de serlo la pobreza, la necesidad, el hambre, el sufrimiento, las lágrimas, las dificultades, las críticas, la persecución por ser fieles a Jesús.
¿Cuál es la clave? Vivir como Jesús. Las bienaventuranzas no son una teoría. Son consecuencia del estilo de vida de Jesús. Porque Él lo demuestra con su vida. ¿Dónde tienes puesto tu corazón? Ay de ti si está inmerso en las cosas que no te van a hacer feliz. Pero dichoso tú si lo tienes donde Jesús ha enseñado, porque, pase lo que pase, vas a ser dichoso.
Piensa en las tristezas de tu vida, en lo que te hace infeliz, te roba la paz y la alegría… y mira a Jesús y a su estilo de vida. Ahí encontrarás la respuesta. Si dejas que Dios llene tu vida de su Espíritu, si sigues a Jesús, encontrarás el camino para vivir como discípulo suyo. No caerás presa del engaño de falsas promesas de felicidad ni las dificultades de la vida te harán infeliz. Es más, serás dichoso en aquellas situaciones en las que según la lógica de nuestro mundo parece imposible serlo.
Dichoso y lleno de Dios o infeliz y perdido. Esa elección te plantea hoy la Palabra de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.