Archivo de la categoría: Parroquia

Sábado 2-

Sábado, 21 de septiembre
San Mateo, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Pistas: Si fuésemos unos judíos de bien, en el mejor de los casos consideraríamos a Mateo y sus amigos, cobradores de impuestos y simpatizantes de los romanos, como unos oportunistas que se aprovechan de la situación social de dominio. Que explotan a su pueblo y aceptan una nación invasora. Unos pecadores, sin escrúpulos, porque van contra los suyos.
Sin embargo, Jesús ve más allá. ¿Qué ha visto en Mateo? ¿Qué ha visto en ti y en mí? Si escuchas su voz y le sigues lo descubrirás como lo hizo Mateo. Y si te arriesgas a escucharle y seguirle te dará un por qué, un motivo, un horizonte por el que luchar.
Tal vez Mateo era feliz con su vida. Pero Jesús le llamó y él le siguió. ¿Qué hay peor que estar enfermo y no saberlo? Jesús ha venido a decirte que hay un camino de plenitud y felicidad, mayor que cualquier otro. Un camino que da un corazón nuevo (“misericordia quiero”). Si escuchas su voz y le sigues, se sentará a tu mesa. No será un extraño ni te mirará desde lejos esperando a que seas digno, estará contigo.
Para la cultura judía, y en la Biblia tiene este sentido, sentarse a la mesa con alguien es entrar en comunión con él. No es simplemente estar sentados uno al lado de otro… Los paganos, los pecadores, los impuros, no se invitan a casa, ni se sienta uno en su mesa para no contraer impureza. Y, al contrario, sentarse con justos da prestigio. Jesús se sienta a la mesa con aquellos que no lo merecen, pero lo necesitan. Con aquellos que le han abierto la puerta. ¿Te atreves a escucharle y pedirle que se siente a tu mesa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 20 de septiembre

Viernes, 20 de septiembre
Santos Andres Kim Taegon, Pablo Chong Hasang y compañeros mártires.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Pistas: En tiempo de Jesús era frecuente que un maestro fuese con su grupo de discípulos. Muchos de ellos sólo permitían que les siguiesen aquellos que consideraban más dignos o que podían darles prestigio. Pero Jesús hace todo lo contrario: entre los que le siguen hay marginados, pecadores, publicanos, mujeres…
La presencia en el grupo de mujeres que siguen a Jesús y son discípulos es algo revolucionario. Jesús confiere dignidad y papel nuevos a la mujer. No sólo porque le otorga el derecho a conocer las «buenas noticias del reino de Dios», sino también la participación en el ministerio. Algunos rabinos dudaban incluso de la capacidad de la mujer para aprender la Torah (la ley judía). Pero en los evangelios las mujeres son las primeras que llevan a los apóstoles la noticia de la resurrección. Jesús no hace distinción, ofrece su amor y salvación.
¿Quieres ser discípulo suyo? Síguele, aprende de Él, deja que te llene del Espíritu Santo, que te revele al Padre, que te enseñe su modo de hacer las cosas. ¿Quieres ser de los suyos y ver sus maravillas? Seas quien seas, estés como estés, Jesús te invita a pertenecer al grupo de sus discípulos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 18 de septiembre

Miércoles, 18 de septiembre
XXIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis». Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

Pistas: Qué fácil es caer en esa actitud en la que se desprecia a los que te rodean porque no se está contento con la propia vida o porque se cree estar en posesión de la verdad o en un nivel superior. El Evangelio refleja eso: da igual lo que Jesús haga, da igual la manera en la que Dios quiera mostrarse, porque cuando la actitud es la de no querer ver o no querer entender, cuando no importa la verdad, siempre se encuentran excusas.
Y tú ¿cómo vives tu fe? ¿te pareces a los que se quedan en la crítica o en la superficie? O, por el contrario ¿te arriesgas a conocer a Jesús?
Jesús quiere mostrarte la verdad. Si te acercas a Él la descubrirás y podrás cada día comprender quién es, qué significa ser discípulo suyo y así seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 17 de septiembre

Martes, 17 de septiembre
XXIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Pistas: Lucas nos da muchos detalles que permiten imaginar la escena.
Por un lado, Jesús con sus discípulos y un gran gentío. Por otro, la viuda, los familiares, vecinos y, según la costumbre judía, seguramente plañideras y músicos. Y en medio de todo esto está Jesús. Siente lástima y se acerca. Entonces se hace silencio. Se paran. Porque Jesús va a actuar. No sana desde lejos, sino que toca al muerto (algo impensable en la mentalidad judía, porque se pensaba que contraía impureza). Con su palabra lo resucita. No monta un gran espectáculo ni hace ritos raros. Y se lo entrega a su madre. La gente, sobrecogida, da gloria a Dios.
Este pasaje nos ayuda a conocer mejor a Jesús: compasivo, que ve al que sufre y actúa. Que se acerca al dolor y toca a la persona, salvándola. Jesús poderoso, cuya palabra es eficaz. Jesús, que devuelve la vida, que da esperanza, que cambia las cosas. Jesús que dice: “levántate”.
Por un lado, lamentos y lloros que no logran nada. Por otro, una palabra poderosa que trae salvación. “Dios ha visitado a su pueblo”. Y la clave es que aparezca Jesús. Así que una vez más acércate a Él hoy y deja que te hable en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 16 de septiembre

Lunes, 16 de septiembre
Santos Cornelio y Cipriano

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho.
Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos.
No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve, y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Pistas: La clave es la fe. La fe en el poder de Jesús y en su autoridad. Ni siquiera hizo falta que fuera a casa del centurión, ni siquiera Jesús pronunció unas palabras en las que “diera la orden”. La fe de aquel hombre admiró a Jesús.
Ya sabes cómo veían los judíos a los paganos. Entrar en su casa implicaba contraer impureza legal. El centurión no quiere hacer pasar a Jesús por ese trance. Se sabe indigno y pecador, y ni siquiera se atreve a presentarse en persona. Envía gente “respetable”. Pero su fe es grande porque comprende que Jesús tiene poder, intuye quién es. Se da cuenta de que su poder no depende de su presencia física, que es algo más grande.
Puedes orar con este Evangelio desde una doble perspectiva. Por un lado ¿cómo está tu fe? Por otro, Jesús va a acercarse a ti, aunque no seas digno. En Él hay salvación. Recuerda que la fe es un don. Agradécela, pídela. Y que es también una tarea, una respuesta. Esfuérzate por hacerla crecer con tu oración y con tu vida, con tu actitud y decisiones. Verás las maravillas de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 15 de septiembre

Domingo 15 de septiembre
XXIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.» Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: «¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.» Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.»
Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: En un solo Evangelio se dan cita tres parábolas de Jesús que hablan de la misericordia: La oveja perdida, la moneda perdida y el padre misericordioso.
Y en las tres queda claro que el estilo de hacer las cosas de Jesús no es algo accidental (“acoge a pecadores y come con ellos”), sino que nace del modo en el que Dios mismo obra: practica la justicia siendo misericordioso porque nos quiere en su casa.
Si te sientes lejos, pecador o indigno, o te has equivocado, no temas: Dios te busca, te acoge, tiene misericordia de ti. Y también nos enseña cómo ha de ser la Iglesia. La oveja recuperada, la moneda encontrada, traen gran alegría. Lo que se ha perdido, o el que se ha marchado, no es menos importante que el resto. Al contrario, se convierten en necesarios. Así la Iglesia, si quiere parecerse a Jesucristo, tiene que hacer de los alejados, de los pecadores, de los que están perdidos, su prioridad.
Seguramente has escuchado muchas veces la última parábola. El hijo menor coge su herencia y se marcha. Malgasta todo, toca fondo y finalmente decide volver porque está vacío, hambriento, perdido y sin hogar. Pensó que iba a encontrar la felicidad lejos del padre, pero no fue así. Ésta es la experiencia del pecado y de la lejanía de Dios. Buscamos ser felices, plenos, tener paz, sentirnos bien… Pero lejos de Dios no lo encontramos. Es la búsqueda de aquello que añora la que le pone en marcha. El hijo reúne entonces valor para volver y regresa con su discurso preparado.
El padre no le riñe, sino que le ama. Fíjate que en la parábola el que busca siempre tiene la iniciativa. Incluso aquí, antes de que el hijo llegue, sale a su encuentro. Le abraza, le besa, le da un traje nuevo (Dios hace nuevas las cosas cuando te dejas amar por Él), le pone el anillo (símbolo de pertenecer a la familia), le da sandalias nuevas (para que pueda caminar), prepara una fiesta. No hay reproches, sólo vida nueva, fiesta y alegría.
Si al pensar en tu propia vida descubres aspectos en los que te pareces al hijo menor, regresa a Dios confiado en que su amor y misericordia serán más grandes que tu pecado y te dará una vida nueva.
El hijo mayor se parece a los cristianos que permanecen fieles, yendo a misa los domingos, cumpliendo las normas. Pero en realidad no se ha enterado de la alegría, del gozo, del regalo que es estar en casa. Es como cuando te dicen: “siéntete en tu casa”, pero no es la tuya y no puedes sentirte así. Como el padre de la parábola, Dios puede decirnos: hijo, todo lo mío es tuyo. Descubre la plenitud de vivir como hijo de Dios porque ése es el regalo. Pero el hijo mayor no se alegra de que su hermano vuelva, sino que siente envidia de su felicidad.
Si descubres que te pareces algo al hermano mayor, acude a Dios. Igual que en la parábola, el Padre Dios intenta persuadirte de que entres en casa, de que celebres su alegría y disfrutes de ser hijo.
Ser hijo, vivir como hijo, estar en el hogar. Esto es lo que Dios nos ofrece y regala a todos. Éste es su amor y misericordia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Viernes 13 de septiembre

Viernes 13 de septiembre
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 39-42
En aquel tiempo, ponía Jesús a sus discípulos esta comparación: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Pistas: Qué cansados estamos de discursos vacíos de gente que dice una cosa y hace la contraria. Qué vacías son muchas veces las palabras en nuestro mundo, en el que se dice lo que hay que decir, aunque no sea verdad. Cuántas veces nos quieren dar lecciones o queremos darlas y no tenemos ninguna autoridad por nuestra manera de vivir. Y todo esto, en muchas ocasiones, no importa. Se consiente, se tolera e incluso parece bien, según el poder, el prestigio, el dinero o lo hábiles que seamos para la apariencia, el postureo y la manipulación.
Hoy el Evangelio te invita a ser auténtico. Deja de mirar lo que hacen mal los demás y usarlo de justificación, deja de esperar a que las circunstancias cambien y haz tú lo que tienes que hacer. Reza más, saca de tu vida aquello que te aparta de Dios, ama más… crece y conviértete. Y entonces podrás ver y no ser un ciego que cree ver.
El mundo y la Iglesia necesitan personas valientes que sigan a Jesús con autenticidad, capaces de ser verdaderos maestros, que viven lo que enseñan, que tienen autoridad para enseñar y corregir. Esto no significa que seas perfecto ni que vayas sacando los defectos a todos los que te rodean como si estuvieras en posesión absoluta de la verdad y fueras perfecto. Se trata de buscar a Jesús con todas las fuerzas, de querer ser como Él por la gracia y los dones del Espíritu Santo. Esto te llevará a la conversión (sacar la viga del ojo), a poder ser fiel, y a poder ver para ayudar al que lo necesita. El mundo necesita discípulos evangelizadores, que vivan y anuncien. Y este Evangelio da una clave fundamental: ¡fuera la hipocresía!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 12 de septiembre

Jueves 12 de septiembre
Dulce Nombre de María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros.

Pistas: El Evangelio de hoy nos indica el camino a seguir para ser auténticos discípulos de Cristo. Da igual que lleves una vida religiosa, que hagas cosas para Dios, para la Iglesia o para los demás. Si no vives lo que enseña el Evangelio de hoy, acabarás perdiendo la fe o viviendo una mera religiosidad vacía.
El fundamento de toda la enseñanza de este Evangelio es que Dios te amó primero con un amor inmerecido, sin medida, gratuito… Pero un amor que transforma y que espera respuesta. Por eso (porque Dios lo es contigo) sé tú compasivo, ama, perdona, da, haz el bien…
Te invito a que leas el Evangelio preguntándote hasta qué punto pones en práctica lo que hoy dice Jesús. Qué aspectos de tu vida, de tu día a día, en tu trabajo, en tu casa, con tu familia, con tus amigos, en la sociedad, en tu ocio, en tus decisiones… necesitas cambiar. Porque ser discípulo de Jesús es entrar en la dinámica de su amor y en todo lo que hagas, reflejarlo. Y no es hacer las cosas por interés ni por esperar algo a cambio. Esto implica un cambio de mentalidad. Haz oración con lo que te diga Dios hoy en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 11 de septiembre

Miércoles 11 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 20-26.
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Pistas: ¡Qué contradictorio parece todo! Pero si ser rico, estar saciado, reír, tener fama y ser admirados es algo bueno ¿no? Jesús enseña que eso sólo no da la felicidad. Es más, muchas veces impide lograrla. Y, por el contrario, siendo pobre, pasando necesidad, llorando, siendo perseguidos… puede uno ser profundamente feliz.
Conozco casos que ejemplifican lo que Jesús dice. Y seguro que tú también. Ricos, personas de las que todos hablan bien, que no necesitan nada, y otros que ríen mucho y en el fondo todo es mentira, no son felices, y muchos de ellos no son buenos, ni pueden ser dichosos. Y muchos otros casos en los que las personas no tienen motivos para ser felices y, sin embargo, lo son.
En el fondo se trata de tener el estilo de vida de Jesús. Si aprendemos a vivir como Él enseñó, ninguna circunstancia de la vida, ni siquiera la muerte, la enfermedad, la injusticia o el sufrimiento más grande, podrán robarte la felicidad, la salvación, la paz, la esperanza, la fe, el amor… Nada podrá robarte a Dios, que está en tu corazón. Nada ni nadie podrá quitarte ni ponerte nada porque Dios ya te ha dado todo, se ha dado él mismo, y está en tu corazón. Y Él te da la fuerza para seguirle y vivir como discípulo de Jesús.
¿Quieres ser feliz? Vas a tener que ir a contracorriente, tendrás que ser contracultural, superar muchos engaños de nuestra sociedad y seguir a Jesús con todo tu corazón y tus fuerzas. Pero el premio es encontrar aquello que tu corazón busca, la liberación que buscas de todo aquello que te roba la paz y te hace infeliz. O, dicho en positivo, la plenitud que buscas, la felicidad que anhelas, está en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 10 de septiembre

Martes 10 de septiembre
XXIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 6, 12-19
Por entonces, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Pistas: Jesús llama a los Doce. Un grupo dentro de los discípulos que le seguirán de modo especial. Serán sus testigos y formarán una nueva familia de fe con Jesús.
Jesús va a tomar una de las decisiones más trascendentales de su vida, va a elegir a los que serán sus testigos y continuarán su misión dirigiendo la Iglesia. Y para ello, ora. Jesús ora siempre, pero cuando tiene que tomar decisiones de un modo especial. Y ¿nosotros? ¿qué lugar ocupa la oración en nuestra vida? ¿sacamos tiempo para ella o dedicamos el que nos sobra? Jesús oraba para buscar y cumplir la voluntad del Padre y para que lleno del Espíritu Santo pueda realizarla.
Fíjate a quién llama. Hay de todo. Buenos y malos, amigos y traidores. Por eso, estés como estés, Dios se fija en ti. Tú sólo acércate y síguele. Si lo haces verás sus maravillas, y podrás también tú como los apóstoles llevar a otros la buena noticia del Evangelio y continuar la obra de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.