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II Domingo de Adviento

Evangelio según San Marcos 1,1-8. 
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.
Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:
“Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.

REFLEXIÓN:

Las lecturas de hoy nos sitúan en una de las claves del Adviento. La semana pasada la actitud era la de la espera, la de la mirada atenta y vigilante (una actitud de una cierta pasividad). Hoy, sin embargo, la actitud es activa: allanar los senderos, enderezar lo torcido,… No se trata solo de esperar sino de ponernos manos a la obra para que la llegada del Señor, esto que celebramos en Navidad, sea real y efectiva.

Decía el Papa Francisco en el rezo del Ángelus el pasado domingo que “en este tiempo de Adviento estamos llamados a alargar el horizonte de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades”. Esta es, precisamente, la llamada del evangelio hoy. Igual que Juan el Bautista fue capaz de descubrir a Jesús, el Señor, entre aquellos que se acercaban, nosotros estamos llamados a descubrirle en nuestro día a día, entre las personas con las que convivimos. Y al igual que le Bautista estamos llamados a proclamar a todos la buena noticia que viene, que Jesús, el Señor de la Vida, el Príncipe de la Paz, vuelve a hacerse presente en medio de su pueblo.

Aunque nuestro corazón pueda ser un desierto ahí es donde tenemos que preparar un camino al Señor y ahí es el sitio privilegiado de encuentro con EL. Solo cuando no hay nada encontramos el todo. Todo Dios y Solo Dios.

Feliz Domingo

I Domingo de Adviento

Evangelio según San Marcos 13,33-37. 
En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
“Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento.
Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.
No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

REFLEXIÓN:

Comienza el adviento, tiempo de preparación, tiempo de esperanza.

Un señor se va de viaje y encarga a los criados diferentes cometidos para realizar mientras el está fuera y al portero le encarga velar…

Esta Jesús con sus apóstoles en el huerto de los olivos y cada uno tiene su preocupación, pero la preocupación de Jesús es distinta el sabe lo que va a pasar y se preocupa de esta iglesia incipiente… es entonces cuando les cuenta una historia: un Señor que va de viaje…

Tenemos que mirar en este día nuestro corazón para ver en que situación se encuentra, ¿estamos acomodados? ¿estamos dormidos? ¿estamos en vela? ¿cómo estamos cada uno de nosotros?.

El tiempo de adviento se caracteriza por vivir una tentación contra la esperanza, pensar que vuelve otra vez más la navidad como algo rutinario, como algo monótono. No es así “hoy lo hago todo nuevo” dice el Señor, y es verdad, sólo me tengo que preocupar del día de hoy, del presente como tiempo de encuentro con Dios.

Recuerdo con cariño las palabras de un compañero el día de navidad en una parroquia donde nadie quería hacer nada y el templo parroquial estaba muy sucio, “Un año más el Señor nace en una cuadra” . Según lo dijo me preocupe no por el templo, sino porque quizás también mi corazón se encuentra en las mismas condiciones, quizás mi corazón es una cuadra y poco cuidada. Es este tiempo de preparación el tiempo adecuado para ir poniendo orden en mi vida, para sujetarme y realizar una limpieza a fondo… El Señor quiere venir a mi corazón en esta navidad y yo lo quiero tener preparado.

Feliz domingo y feliz tiempo de Adviento.

Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

Evangelio según San Mateo 25,31-46. 
Jesús dijo a sus discípulos:
“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna”.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 25,14-30. 
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos,
pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. ‘Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. ‘Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!’.
Pero el señor le respondió: ‘Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido,
tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez,
porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes’.

REFLEXIÓN:

El talento una moneda de plata de más de 20 kg

Si miramos el aspecto físico de esta moneda, también nosotros tendríamos reparos a salir con ella de casa. ¿Y si me roban? ¿y si la pierdo? ¿qué puedo hacer con ella?…

Nos sale casi espontáneamente, de una manera natural, el inmovilismo el no saber siquiera que hacer y es que tenemos actitudes aprendidas que nos empujan en esa dirección.

“No he visto nunca un camión de mudanzas detrás de una funeraria” decía el Papa Francisco haciendo una broma. ¿Pensamos que lo que tenemos nos va a durar para siempre? Tampoco nosotros vamos a durar siempre.

Tenemos muchos dones (talentos) y sería bueno que hiciéramos un elenco, que los enumeráramos para ser conscientes de tantos dones como tenemos. Si dejáramos un tiempo para hacer la lista y continuáramos la reflexión después, cabria la pregunta de… ¿nosotros mismos nos pusimos en la lista como don?. Pues el principal don somos nosotros, creados amados por donación de Dios para ser donación los unos para los otros, nuestra vida no nos pertenece, pertenece a los demás y en la medida que la damos somos más nosotros mismos. Por eso aquellos que negociaron multiplicaron el don, tengo miedo que las duras palabras de “Rey” fueran solamente porque no hizo nada, lo que le recrimina es que no hizo nada que ni siquiera lo intento.

¡Sólo esperan a Dios los que lo echan de menos! Es una máxima, solo el que es consciente de la necesidad de Dios para este mundo, ora pidiendo su venida y espera que venga. Solo el que es consciente de que es un don vive como tal. El primer paso es tomar conciencia y el segundo pasar a la acción, aunque estemos enfermos o no podamos salir de casa, estemos en un pueblo pequeño o en una comunidad. Ahí es donde tenemos que ser don y aportar lo que somos.

¡Siervo fiel, pasa al banquete de tu Señor! Es la frase que esta reservada por Dios para cada uno de nosotros.

Glorifiquemos a Dios con nuestra vida. Feliz Domingo

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’.
Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’,
pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

REFLEXIÓN:

“Cinco eran necias y cinco sensatas”

hoy ya desde el principio se nos habla de que cinco eran necias y otras cinco sensatas.

Para entender bien este evangelio hay que leerlo en el contexto de las otras lecturas, San Pablo… “No quiero que olvidéis la suerte de los difuntos y que no os aflijáis como gente sin esperanza…” y el libro de la sabiduría “Radiante y maravillosa es la sabiduría…”

¿Pensamos acaso que alguien se hace sabio de un día para otro? Pues no es así, la sabiduría nos viene con el paso del tiempo, cuanto más mayores deberíamos ser más sabios. No siempre es así, algunos… cuanto más mayores, más viejos. Y es la mirada hacia el horizonte de la muerte lo que nos llena de esperanza o de temor.

Cuantas veces escuche eso de “perdí la fe” o lo de “se termino el amor”. La fe al igual que el amor hay que alimentarlo. A todos se nos regaló una luz el día de nuestro bautismo, y esa luz de la fe tenemos que alimentarla, darle de comer. El alimento de la fe son las obras de caridad y nuestra oración. “Se termino el amor” ¡tu lo mataste! Porque el amor se alimenta con el perdón, la misericordia, el diálogo… y tenemos que alimentarlo cada día. “Perdí la fe” ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Dios? ¿qué obras de caridad hiciste? No se perdió tu fe, se apago la llama porque no le añadiste el aceite de tus acciones y ahora llamas a la puerta del banquete y el Señor te contesta… “no te conozco”. Esa es la desesperación del Amor, llegar a no conocernos, lanzar un grito y no escuchar el eco.

Tenemos que volver a la esperanza de saber que Dios está a mi lado, pendiente de mi y contar con el para las acciones de nuestro día a día. Tenemos que mirar a nuestros hermanos y ayudar en sus necesidades, porque el amor a Dios se verifica en el amor a los hermanos.

Feliz y santo Domingo.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 23,1-12. 
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.

REFLEXIÓN:

“No llaméis a nadie padre, porque solo uno es vuestro padre, Dios. No llaméis a nadie maestro, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías”. Todos los demás somos hermanos!!

Como vemos en el evangelio de hoy, de todos se puede aprender algo incluso de los que están haciendo mal las cosas, de esos aprendemos que no tenemos que ser así.

Tenemos que ser coherentes en el pensar, en el hablar y en el actuar. La gran mentira que se abre camino en medio de nuestra sociedad, es que si uno dice una mentira muchas veces parece que se convierte en verdad. No es así, la mentira por muy popular que sea, siempre es mentira y la verdad, verdad.

Este engaño esta tan extendido que terminamos pensando que lo importante son las palabras, pero las palabras si no van acompañadas de actos, son palabras bacías, “vanas” sin contenido. También así puede ser nuestra relación con Dios, vana, porque nuestro practicar se convirtió en un practicar exterior, hasta tal punto, que los que no se acercan a la vida de la Iglesia, se consideran cristianos no practicantes. Cuando un cristiano no practicante no es el que no viene a la Eucaristía, es aquel que aún viniendo a la Eucaristía no vive según el evangelio, no vive ni intenta vivir con los valores de Jesús.

Tenemos que hacer un buen examen de conciencia porque quizás también nosotros seamos fariseos, no solo en nuestra relación con Dios sino en nuestra relación con los hermanos o en nuestra relación con las personas que están más cerca de nosotros. ¿Cuántas veces decimos con nuestras palabras lo contrario que con nuestros actos?

Si no practico la misericordia, el amor, la justicia, ¿podre decir que soy cristiano?. Aunque practique cada domingo, si mi corazón está endurecido por vivir mi fe de una manera rígida y sin posibilidad de permitir errores, no estoy siendo del grupo de los seguidores de Jesús de Nazaret. Por eso es tan importante que hagamos un buen examen de conciencia, como decía San Ignacio, ver el mal en el mundo, ver el mal a mi alrededor y ver el mal en mis actos malos, pedir perdón y poner la misericordia de Dios que está sobre mi, sobre las personas que están a mi lado y así no buscaré ser el primero, sino ser aquel que es capaz de servir amando, como mi amigo y maestro Jesús.

Feliz domingo

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,34-40. 
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él,
y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.

REFLEXIÓN:

¿Cuál es el primer mandamiento y el más importante? Todos sabemos la contestación a esta pregunta. Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo.

Sabemos la contestación, pero ¿amamos a Dios así?. Tenemos una manera de evaluar muy clara… ¿escucho la palabra de Dios? ¿Cumplo con los mandamientos? ¿Mi vida esta orientada al evangelio? No todo el que dice que ama a Dios lo hace realmente. Amar tiene más que ver con la voluntad que con el sentimiento, quizás yo no siento nada en la oración, pero hago oración… Es como comer… puedo no tener ganas de comer pero si no lo hago moriré. Esta es otra manera de morir, se muere nuestro corazón, que comienza a pensar demasiado en si mismo y excluye a los demás, se convierte en un corazón endurecido.

El ejemplo de AMOR lo tenemos en Jesús, AMOR fruto del amor divino y perfecto del padre. No solo nos muestra lo que es el Amor sino que El es ese AMOR. Lo enseña, lo vive y se entrega por el, “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”. ¿Por quién estoy dando yo la vida? Amar es dar la vida y darse uno mismo, otra vez ¿por quién estoy dando yo la vida?.

No nos engañemos, la vida si no se da se pierde.

¿Quieres sentirte vivo? ¡Ama! Y cuanto más lo hagas más vivo te sentirás. Tu vida no se te escapará, no tendrás la impresión de que pasa de largo. Para el que ama la vida es eternidad.

Contrasta tu amor a Dios mirando si eres capaz de amar a tus hermanos y si lo haces así, puedes empezar a pensar que amas de verdad a Dios ya que no excluyes a nadie.

Hoy bendecimos en la parroquia una nueva pila bautismal, hecha de una pieza de mármol, más de una tonelada de peso… pero ¿de qué serviría el esfuerzo de hacerla, de traerla, de instalarla… si nuestra comunidad no es capaz de acoger al prójimo? Igual que por el bautismo se entra a formar parte de la Iglesia, por el Amor se entra a formar parte del cielo. 

Sigamos siendo una comunidad acogedora, sigamos personalmente amando y descubriremos que realmente somos felices.

Feliz y santo Domingo.

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,15-21. 
Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.
Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie.
Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.
Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?
Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”. Ellos le presentaron un denario.
Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”.
Le respondieron: “Del César”. Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

Reflexión:

Este mundo en el que vivimos, la naturaleza de la que disfrutamos y nosotros mismos, fuimos creados por la voluntad de Dios y todos aquellos bautizados, de una manera especial, pertenecen a Dios. “Al Cesar lo que es del Cesar a Dios lo que es de Dios”.

Podríamos ya terminar aquí nuestra reflexión, “¿Que me vas a dar tu que no me pertenezca?” le dijo Dios a David. Todo le pertenece y por tanto la gran labor de los cristianos es dar gloria a Dios por todo lo recibido de El. ¿Eres consciente de que todo viene de Dios?¿le das gracias a Dios por todo lo que te rodea?¿Das gloria a Dios con tu vida?.

Hoy nos habla el lema del DOMUND “sé valiente, la misión te espera”. Pero Dios no nos llama únicamente a ser valientes, nos llama a ser HÉROES. Héroes, quizás anónimos, pero “tu padre que ve en lo escondido te recompensará”. Conozco a muchos héroes, personas normales que van todos los días y ayudan en la cocina económica, o en el ropero o en la casa de los hermanos de San Juan de Dios… Personas que no saldrán en ninguna noticia, porque la noticia es la vanidad y el descaro de este mundo, pero saben que están dando gloria con su vida, al Dios que se la regalo por amor y por amor ellos lo hacen y en el amor esta su paga.

No tenemos que inventar nada, no tenemos que ir corriendo a ningún sitio ni buscar cosas extraordinarias. Héroes son las personas que cada mañana se despiertan con una sonrisa y agradecen al Dios de la vida el día, a veces duro, que se les regala.

Dejemos la vanidad, el lucro, el interés, el egoísmo, la insolidaridad, el acomodamiento, la hipocresía… para el Cesar y demos a Dios lo que es de Dios.

¿Cómo quieres vivir? Solo hay dos maneras, dar la cara o la espalda a Dios. No significa que te tienes que olvidar del mundo en el que vives, ni que tienes que dejar de interactuar en la sociedad o en la vida política. Tenemos que seguir haciendo lo mismo pero de una manera renovada.

Párate un momento y cuenta las veces que estas respirando, el sonido que haces al respirar y piensa en el milagro que eres, un milagro aún sin descifrar, un regalo de Dios para el mundo y para esta sociedad en la que tienes que ser luz, iluminando con tu vida y dando gloria al autor de ese maravilloso regalo que eres.

No solo tienes que ser valiente, ¡sé un héroe! Y comparte con los demás tu vida.

Feliz y Santo Domingo

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,1-14. 
Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: ‘Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas’.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: ‘El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren’.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
‘Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?’. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: ‘Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes’.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

REFLEXIÓN

¿Vivimos nuestra vida como invitados al banquete?

El evangelio de este domingo nos narra la historia de un Rey, Dios, que invita a las bodas de su hijo, Jesús, y es una fiesta que no encuentran atractiva los invitados.

Podemos hacer dos lecturas de “calidad”

            1.- A la salvación todos estamos invitados.

            2.- Si estoy aquí ahora es que soy de los, pobres, lisiados, enfermos…

Pues a ti necesitado de Dios va destinado este evangelio, los que tienen de todo, los autosuficientes, los que se preocupan en exceso por las cosas materiales, ellos mismos se han apartado de la salvación.

Lo primero que tengo que identificar es… ¿Cuál es mi pequeñez? ¿Cuál es mi tara? Pensemos que los perfectos están invitados, pero ninguno ha respondido, ninguno necesita de Dios. Si yo respondo es porque necesito de Dios, no nos engañemos, nuestra respuesta esta supeditada a nuestra necesidad y bendita necesidad.

Porque soy ciego y no alcanzo a ver los planes de Dios, ni su llamada, ni su acción en mi vida. “Soy un invitado especial” porque necesito su Luz.

Porque soy cojo y soy incapaz de seguir el ritmo del camino sin tropezar y caer. “Soy un invitado especial” porque necesito de su Apoyo.

Porque soy un lisiado y soy incapaz de moverme de mis seguridades y de mi comodidad. “Soy un invitado especial” porque necesito su Fuerza.

Porque soy pobre y carezco de un talento especial que ofrecer. “Soy un invitado especial” porque necesito de su Riqueza.

………… 

Pero… ¿Tengo traje de fiesta? El traje no es otra cosa que la alegría de sentirme necesitado y por eso, amado por Dios. Los que no están contentos por la boda mejor hacen no ir para no crear mal ambiente ni quedarse sin palabras cuando no sepa que contestar al Señor que invita. Porque el traje, la alegría, es imprescindible no es un adorno que se pueda llevar o no. Donde no hay alegría no hay Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo el que sale a los caminos a buscar a los buscadores, no a los perfectos, no a los imperfectos, a los que se sienten necesitados y buscan la salvación. La salvación a nuestras pequeñeces, a nuestras imperfecciones y por eso estamos alegres, porque no solo nos llama y nos ama sino que también nos completa.

Feliz y Santo Domingo

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 21,33-43. 
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.
Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.
El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.
Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”.
Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”.
Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».
Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»
Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?
Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

REFLEXIÓN

Después del parón estival comenzamos el nuevo curso y con el, este recurso dominical.

Hoy nos habla el Señor de una viña y nos habla de ella en el formato parábola. “Escuchad esta historia” y Jesús les cuenta con todo detalle lo que pasa con esa viña que un hombre planto y preparó muy bien. A todos nos escandaliza la historia, como puede haber gente así, como pueden responder tan mal a la generosidad del dueño de la viña y por último como puede ser que maten al hijo de este buen hombre, que injusticia.

Jesús, la tradición de la Iglesia y la teología nos dan una explicación muy literal y certera. El señor de la viña es Dios, los trabajadores el pueblo de Israel y la viña el Reino de Dios. La palabra de Dios está escrita para dejarnos interpelar por ella, para que la acerquemos a nuestra vida, a nuestro día a día, a nuestra sociedad y contexto histórico.

Atreviéndome y dejándome interpelar, pienso yo… Cuando nos hacen un regalo tenemos una primera reacción, que podría ser diversa, aceptarlo o no. Si lo acepto, si cojo y acojo el regalo, el don ¿qué hago con el?. Siempre se nos enseñó que un regalo no se puede regalar, que hay que tratar de cuidarlo, porque nos habla, nos recuerda a la persona que nos lo regaló. Con frecuencia cuando nos enfadamos mucho con alguien llegamos a tirar esos regalos o incluso devolvérselos, “no quiero de ti ni los regalos”. Es uno de los más grandes desprecios.

Dios en este tiempo de tanto paro, nos regala “viñas” para trabajar.

            La primera viña es el mundo. Un mundo que tiene que dar frutos para Dios, frutos de concordia, frutos de igualdad, frutos de paz.

            La segunda viña es esta sociedad en la que vivimos. Y también tiene que dar los mismos frutos que el mundo entero, pero más en pequeño, más local.

            La tercera viña… nuestra familia. Que tiene que dar frutos no sólo para Dios sino que también para la sociedad y el mundo. Es el lugar donde se nos enseña a cuidar a los demás y del medio ambiente.

            La cuarta es nuestra propia vida… ¿qué frutos tenemos que dar nosotros? ¿qué se espera de mi? ¿qué espera Dios que haga de mi vida?

Todos estos regalos podemos aceptarlos o rechazarlos pensando que el mundo y la sociedad no tienen nada que ver con mi vida y que tampoco mi vida tiene nada que ver con Dios. Las consecuencias son la sociedad secularizada que tenemos más preocupada por su calidad de vida que por lo que pase en el resto del planeta. Dirigentes que se niegan a aceptar un cambio que mejore la calidad del aire, de este planeta que es de todos, por no perder beneficios de las empresas de su país y por lo tanto votos.

Pero ¿cómo puedo pedir un cambio en el mundo, en la sociedad, en mi familia si no soy capaz de cambiar yo? yo si vivo para mi, me descubro excesivamente preocupado por el dinero, por lo que necesito, por lo que me tengo que poner, por mi jubilación, por mi salud…. Me descubro con tristeza parte de este mundo egoísta que vive como si fuera propietario y no como administradores que somos.

¡No despreciemos el regalo de Dios! ¡Descubre que la vida es un regalo de Dios y da fruto! Un fruto que comienza por sentirnos amados y deseados por un Dios que nos llama para que amemos y ayudemos a que otros también se descubran como regalo de Dios para este mundo en el que vivimos.

Feliz Domingo y comienzo de curso