Lunes 15 de octubre

Lunes 15 de octubre
Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Pistas: “Venid a mí”.
Jesús da gracias al Padre por haber revelado el Evangelio, las cosas del Reino, a los sencillos. No está reservado a una élite social o intelectual. Sino a los que lo van a acoger con sencillez. Y el camino para descubrirlo es acercarse a Jesús porque en Él se revela, se muestra, Dios.
Qué bonita la invitación de Jesús: ¿Estás agobiado o cansado? Acércate a Él y encontrarás descanso. No en la queja, no en quedarse parado en el lamento. Sino cerca de Jesús. Ahí puedes encontrar descanso. Siguiendo adelante, recorriendo el camino, pero con Jesús (cargando con el yugo y siendo manso y humilde de corazón).
Piensa en tu propia vida ¿En qué situaciones necesitas poner a Jesús? ¿en qué tienes que hacerte más sencillo para poder encontrarte con Él? ¿qué cosas o circunstancias te impiden experimentar su amor? Reza y acércate a Jesús. Encontrarás a Dios, encontrarás paz y podrás descansar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 14 de octubre

Domingo 14 de octubre
XXVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.
Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más—casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.»

Pistas: Un hombre bueno y cumplidor se acerca hoy a Jesús y se arrodilla ante Él. Y a pesar de ser bueno y de sus buenas intenciones, no será capaz de descubrir quién es Jesús ni la alegría del Evangelio. Y se va triste y contrariado. Porque hay algo en su vida que ha ocupado el lugar de Dios.
El dinero, la riqueza, y lo que ella conlleva es, en el fondo, su tesoro (Jesús lo mira con cariño, pero esto no basta para que su vida sea plena). Se queda sin entrar en la bienaventuranza del Reino porque no es capaz de descubrir que seguir a Jesús no es cuestión de cumplimiento, sino de amor y entrega. También a los discípulos más cercanos les cuesta, porque para un judío la riqueza era signo de la bendición de Dios y tal vez la propuesta de Jesús les pareciera demasiado exigente.
Sin embargo, la pregunta de Jesús es ésta: ¿dónde pones tu confianza? Todo lo demás falla pero “Dios lo puede todo”, Dios no falla.
Es más, seguir a Jesús, a pesar de las dificultades (“con persecuciones”) y la entrega que pueda exigir, trae un premio infinitamente mayor del que se puede esperar. Recibirás mucho más de lo que das y la vida eterna.
El Evangelio de hoy te invita a pensar si en tu vida algo ocupa el lugar de Dios, si algo se ha convertido en tu tesoro… Aunque seas bueno, aunque cumplas, sólo seguir a Jesús permite entrar en el Reino de Dios y una vida plena. Lo demás te causará vacío, contrariedad y tristeza.
¿Te atreves a escuchar lo que Dios te pide y seguirle? ¿te atreves a elegir el camino que te hará feliz?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 14 de octubre

Domingo 14 de octubre
XXVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 10, 17-30
En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.
Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más—casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna.»

Pistas: Un hombre bueno y cumplidor se acerca hoy a Jesús y se arrodilla ante Él. Y a pesar de ser bueno y de sus buenas intenciones, no será capaz de descubrir quién es Jesús ni la alegría del Evangelio. Y se va triste y contrariado. Porque hay algo en su vida que ha ocupado el lugar de Dios.
El dinero, la riqueza, y lo que ella conlleva es, en el fondo, su tesoro (Jesús lo mira con cariño, pero esto no basta para que su vida sea plena). Se queda sin entrar en la bienaventuranza del Reino porque no es capaz de descubrir que seguir a Jesús no es cuestión de cumplimiento, sino de amor y entrega. También a los discípulos más cercanos les cuesta, porque para un judío la riqueza era signo de la bendición de Dios y tal vez la propuesta de Jesús les pareciera demasiado exigente.
Sin embargo, la pregunta de Jesús es ésta: ¿dónde pones tu confianza? Todo lo demás falla pero “Dios lo puede todo”, Dios no falla.
Es más, seguir a Jesús, a pesar de las dificultades (“con persecuciones”) y la entrega que pueda exigir, trae un premio infinitamente mayor del que se puede esperar. Recibirás mucho más de lo que das y la vida eterna.
El Evangelio de hoy te invita a pensar si en tu vida algo ocupa el lugar de Dios, si algo se ha convertido en tu tesoro… Aunque seas bueno, aunque cumplas, sólo seguir a Jesús permite entrar en el Reino de Dios y una vida plena. Lo demás te causará vacío, contrariedad y tristeza.
¿Te atreves a escuchar lo que Dios te pide y seguirle? ¿te atreves a elegir el camino que te hará feliz?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 12 de octubre

Viernes, 12 de octubre
Bienaventurada Virgen María del Pilar

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.» Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Pistas: Un piropo a la madre de Jesús se convierte en una enseñanza. ¿Qué hace dichoso, feliz, a alguien? ¿La posición social o la “familia” a la que pertenece? ¿El cómo te ven los demás? ¿La opinión que tienen de ti o las personas con las que te relacionan?
Según Jesús, si quieres ser dichoso escucha la palabra de Dios y cúmplela. Es una invitación a ser discípulo suyo. El camino lo vas recorriendo al rezar cada día con la Palabra de Dios y convertirla en acción en tu vida. Ambas cosas son necesarias: escuchar la palabra de Dios (entender, pensar, darle vueltas, comprenderla, rezar…) y cumplirla (llevarla a la vida, no dejarla en una mera teoría, revisar, exigirte, descubrir caminos para vivir como discípulo de Jesús…).
El Evangelio de hoy te invita a escuchar la palabra y actuar cumpliéndola para ser feliz. ¿Qué camino estás siguiendo? Jesús te llama a que le sigas para que seas dichoso ¿qué tienes que hacer para que sea realidad su promesa en tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 11 de octubre

Jueves 11 de octubre
Santa María Soledad Torres Acosta, virgen
San Juan XXIII papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 11, 5-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos».
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Pistas: El Evangelio de hoy es una invitación a pedir, buscar y llamar.
Imagina una casa judía. No es como las nuestras. Para salir hay que despertar a los niños. Y piensa en las preguntas que hace Jesús al final del Evangelio. Todo ello tiene una sola intención: que te des cuenta de que Dios siempre escucha. Y que cuando reces lo hagas con la confianza del que reza a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No a un dios lejano al que no le importan tu vida ni tus problemas, sino al Padre que te ama, al Hijo que se hizo hombre por ti, que murió y resucitó y vive para siempre, y al Espíritu Santo que habita en tu corazón, que te guía y te llena de los dones de Dios.
Por eso, el Evangelio de hoy termina diciendo: “¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”. No sólo son cosas buenas lo que Dios te da. Es Él mismo, el Espíritu Santo, el mayor don y regalo que Dios puede darnos. Dios en ti y sus dones, su fuerza, su vida, su salvación. Todo el poder que tenía Jesús, todo lo que Jesús logró es posible en tu vida.
Así que pide, busca y llama con fe y perseverancia. Pide, busca y llama al Espíritu Santo y recibirás la vida de Dios en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 10 de octubre

Miércoles 10 de octubre
Santos mártires de Turon

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 11, 1-4
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
El les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».

Pistas: Jesús, enséñanos a orar. Es impresionante pensar que la oración del Padre Nuestro, que tantas veces rezamos rutinariamente, tiene su origen en las mismísimas palabras de Jesús.
Fíjate, primero se reconoce a Dios como Padre, se declara que es santo y que quieres santificar su nombre. Y luego le pides: venga tu reino, danos el pan, perdónanos (porque también nosotros perdonamos a otros), no nos dejes caer.
Te invito a que reces esta oración despacio, pensando en el significado de cada una de sus frases. Y deja que el Espíritu Santo te inspire y guíe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 9 de octubre

Martes 9 de octubre
Santos Dionisio, obispo y compañeros mártires
San Juan Leonardi, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 10, 38-42.
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:
Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. Pero el Señor le contestó: Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

Pistas: Acabamos de leer la parábola del buen samaritano. Parece que lo que primero es hacer las cosas, ayudar. Y podemos tener la sensación de que con ser una buena persona y hacer lo que la sociedad considera como correcto, es suficiente. Pero esto tiene una segunda parte. Y es que nos invada la queja, que pensemos en la cantidad de cosas que nos acaban pareciendo una obligación y al final no encontremos el sentido de lo que estamos haciendo.
María está a los pies de Jesús. Y ésa es la mejor parte: estar con Él, escucharle, conocerle. Marta anda agobiada, nerviosa e inquieta. Está haciendo cosas para el Señor, pero sin Él. Anda pendiente de las cosas de Jesús, pero a Él le siente lejos y ella se siente sola.
El mejor ejemplo nos lo da Jesús. Aunque anda todo el día de acá para allá, predicando, haciendo milagros, ayudando al que le necesita, enseñando a sus discípulos… después se retira a orar y se pasa noches enteras rezando. Porque sin eso ¿qué sentido tendría todo lo que hace?
Por eso, aprendamos a distinguir lo urgente de lo importante. Sin estar con Jesús y escuchar su palabra, es decir, sin rezar, por muchas cosas que hagas, serán actividades vacías y te robarán la felicidad. Y, además, no darán fruto.
Párate hoy un momento a reflexionar si crees que estás con Jesús pero hay muchas cosas que te apartan de Él. Si es así, cambia tu orden de prioridades y escúchale, háblale, rézale.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 8 de octubre

Lunes 8 de octubre
XXVII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 10, 25-37
En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella?
El letrado contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo». Él le dijo: Bien dicho.
Haz esto y tendrás la vida.
Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Jesús dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.
Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: Cuida de él y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? El letrado contestó: El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: Anda, haz tú lo mismo.

Pistas: ¿En qué se nota si cumples el mandamiento del amor? En que practicas la misericordia. Ésta es la clave de todo el Evangelio de hoy.
La pregunta del letrado es cómo ganar la vida eterna. La respuesta de Jesús es cómo tener vida. Y el ejemplo de Jesús hace caer en la cuenta de que ni los puestos, ni las apariencias, ni la posición social… nada de esto da vida. Lo que hace entrar en la vida es vivir en el amor y esto lleva a ser misericordioso.
Hoy puedes recordar las obras de misericordia https://www.aciprensa.com/recursos/obras-de-misericordia-1431 y pensar cómo va tu vida al respecto. ¿Se manifiesta tu fe en tu actitud con el prójimo? Fíjate que el samaritano se preocupa por el prójimo de verdad. Gasta su tiempo, sus recursos y su dinero en aquel que lo necesitaba.
La invitación final es: “Anda, haz tú lo mismo” y tendrás vida. ¿En qué aspectos de tu vida puedes aplicar el Evangelio de hoy? ¿quienes han necesitado de ti han podido contar contigo? ¿qué te está pidiendo la Palabra de Dios?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 7 de octubre

Domingo 7 de octubre
XXVII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 10, 2-16
En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: —«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó:
—«¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron:
—«Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.» Jesús les dijo:
—«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios “los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unírá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.» En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo:
—«Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.» Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
—«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Pistas: En una convivencia con jóvenes les propuse las siguientes preguntas: ¿si pudieras imaginar la relación perfecta cómo sería? ¿si existiera el amor verdadero cómo sería? Y explicaron un amor que dure para siempre, que une a las personas de modo que el otro es incluso más importante que uno mismo. Pues esto es lo que está escrito en lo profundo del corazón del ser humano y es lo que enseña la Palabra de Dios.
Pero no sólo es eso. Según el Evangelio esta unión está bendecida por Dios. Es Dios mismo el que la garantiza y bendice. Por eso el matrimonio es una vocación y un camino en el que la gracia de Dios da la fuerza.
Al final del Evangelio aparece un tema diferente. Los niños, los pequeños, los inocentes. Pregúntate cuál es la actitud de Jesús hacia ellos y ahora piensa en cuál es la tuya. Jesús nos invita a acoger el Reino con un corazón como el de un niño: sencillo, abierto, puro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 10,2-16.

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?”.
El les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?”.
Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”.
Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
El les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”.
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.