Jueves 24 de mayo

Jueves 24 de mayo
Nuestro Señor Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.
Tanto el sacerdocio ordenado como el sacerdocio común de todos los bautizados, participan del sacerdocio único de Jesús. Esto parece un trabalenguas, pero es sencillo. Sacerdote es el que une lo humano y lo divino, el que –por decirlo así- construye puentes para unir dos realidades que parecen separadas, el que media (como ocurre en los sacramentos) o como ocurre cuando rezamos.
Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Lo humano y lo divino se acercan. Verdadero hombre y verdadero Dios. Y Jesús Resucitado se convierte en el camino a Dios, el puente que nos une para siempre con el Padre y nos permite recibir el Espíritu Santo. Por eso, si nosotros podemos acceder a Dios (rezar, presentar a Dios nuestra vida, ser bendecidos por Él, recibir sus dones, celebrar los sacramentos y recibir su gracia) es porque participamos de su sacerdocio, de su mediación. Es porque Jesús es el camino hacia Dios.
Todo es por medio de Él. Los santos, la Virgen María, las acciones de la Iglesia, tus actos religiosos, todo lo que te permita acercarte a Dios y que Dios se acerque a ti es por medio de Jesús.
Ahora vamos a fijarnos en el Evangelio. La Última Cena. Jesús con sus amigos. Se entrega a sí mismo, da sentido salvador a su muerte. Ama tanto a los suyos que quiere ser uno con ellos. Jesús quiere que el mismo amor que le tiene el Padre, que los hace uno, puedan experimentarlo con Él sus discípulos. Quiere que puedan entender lo que significará su muerte y resurrección. No sólo eso, piensa un momento: ellos son judíos, es la cena de la Pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto y la promesa de Dios de hacerles su pueblo. Es la cena que recuerda la alianza de Dios con su pueblo y que se convertirá en la Nueva Alianza de Jesús con su Iglesia.
Vuelve a leer el Evangelio: Jesús es el camino hacia Dios, nos ha regalado poder entrar en presencia de Dios y poder recibir el Espíritu Santo, la vida de Dios. Él es el Sumo y Eterno Sacerdote y se entrega por amor a ti y a mí. Y ya para siempre se queda en la Eucaristía convirtiéndose en alimento y regalándonos la salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 23 de mayo

Miércoles 23 de mayo
VII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 37-39
En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Jesús respondió: No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Pistas: Jesús enseña a vivir en el amor, a construir unidad, a buscar la verdad más allá de los prejuicios, de las convenciones, de las costumbres. A buscarla más allá de las personas y los grupos.
¿Cuántas veces en tu vida o en la Iglesia somos sectarios? Creemos que el nuestro es el único camino válido, que “los nuestros” son los únicos buenos. Y que los que no hacen las cosas como nosotros son malos y están equivocados.
Jesús enseña a buscar la verdad y a no actuar desde el prejuicio. A juzgar las distintas realidades por sus frutos. Nos invita a descubrir que todo lo que es bueno, lo que construye, lo que va en la línea del Evangelio (auténticamente en esa línea) hay que apoyarlo. Ojo, también avisa de los falsos profetas, de los que desvirtúan el mensaje, dicen una cosa y hacen otra, de los que se aprovechan… Pero hoy quiere enseñar a sus discípulos, también a ti y a mí, a mirar la realidad desde su perspectiva.
Revisa tu manera de comportarte en la Iglesia, con los que no piensan como tú pero actúan en el nombre de Jesús y buscan la verdad como tú quieres hacer. Piensa en si sólo te fijas en lo malo que hay a tu alrededor o eres capaz de ver todo lo que construye un mundo mejor.
Jesús enseña a unir, no a dividir. A buscar la verdad, no la ideología o lo superficial.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Martes 22 de mayo

Martes 22 de mayo
Santa Joaquina Vedruna, religiosa
Santa Rita de Casia, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 29-36
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon del monte y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Pistas: Jesús eligió unas personas para que fueran con Él, con una misión especial: dar testimonio de lo que han visto y oído, y transmitir su enseñanza. Él se asegura de que estén preparados, los instruye, los prepara para lo que está por venir. Quiere que comprendan quién es Él realmente. Pero ellos siguen con su pensamiento mundano, con los puestos, las glorias humanas… Y no serán capaces de comprender hasta que reciban el Espíritu Santo. No quieren oír hablar de lo que se le viene encima a Jesús, ni quieren entenderlo. Sólo sienten miedo y rechazo. Su zona de confort son los criterios del mundo.
Jesús le da la vuelta a esto: ¿Quieres ser grande? hazte pequeño ¿Quieres ser importante? hazte el último y el servidor de todos.
El modelo no son los poderosos de este mundo, ni los que tienen autoridad ganada a base de poder, dinero, influencia, violencia… Parece que deberían serlo porque muchas veces se salen con la suya y parece que llevan las riendas del mundo y de la historia. Pero Jesús coge a un niño, lo pone en medio y les dice que el camino es amar al que no puede darte nada a cambio. Amar y acoger al que te necesita. El camino es amar sin límites. Y, haciendo esto, le acoges y le amas a Él, y acoges y amas a Dios.
Así que tu grandeza depende de cómo tratas al prójimo. Da igual que destaques por tu puesto y tu influencia en la Iglesia, en la sociedad, en tu familia o en tu grupo de amistades… Lo que de verdad te hará grande es si eres capaz de amar, de servir, de acoger, de entregarte.
Revisa esto hoy en tu vida ¿A qué te está llamando Jesús? ¿hay cosas que cambiar? ¿cuál es tu medida de las cosas: el mundo o Dios? Pídele su Espíritu y descubre el camino que Él te llama a seguir.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 21 de mayo

Lunes 21 de mayo
Santos Cristóbal Magallanes, presbítero y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
El les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
El les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.
Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? El les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: Terminamos la Pascua y volvemos al tiempo ordinario y al Evangelio.
Hoy Jesús nos deja un mensaje muy importante: “Todo es posible al que tiene fe”. Y la fe se cuida con la oración y el ayuno, como Él dice hoy.
La fe abre la puerta a la vida de Dios y a sus dones. La fe llena a la persona del Espíritu Santo y el Espíritu Santo llena de fe. Para comprender esto hay que darse cuenta de que, por un lado, todo es regalo, todo es gracia, todo es gratis. Esto significa que no puedes hacer nada para que Dios te ame más, ni puedes hacer nada para merecer más fe o merecer más dones de Dios… porque todo es regalo de su amor desinteresado y gratuito. La fe es don.
Pero, por otro lado, tienes que acogerlo, recibirlo, hacerlo crecer, corresponder. Tienes que amar al Dios que te ama, creer en el Dios que te regala la fe… Pedir el Espíritu Santo, con la misma fuerza, fe y poder que te da el Espíritu Santo. Y el único camino para hacerlo es la oración, son los sacramentos, es decirle a Dios que Él es lo más importante de tu vida, que el mundo –en el sentido de opuesto al espíritu- no es lo más importante para ti, que quieres la vida que Él te ofrece.
La única manera de cultivar esto es la oración. Y Jesús propone también el ayuno. No se trata de chantejear a Dios creyendo que te mereces más porque rezas más y algún día ayunas, sino que se trata de amar, de estar con Él, de entregar tu vida, tu corazón, tus sentimientos, hasta tu propio cuerpo, hasta tener hambre del Señor y decirte a ti mismo y a Dios que Él es lo más importante. Y por eso, por amor, por fidelidad, por obediencia, por llamada… ayunar y orar. La fe es tarea.
La fe lo puede todo. ¿Por qué a veces no podemos nada? ¿Por qué a veces somos como los discípulos del Evangelio? Fe, oración y ayuno. Éste es el camino que te propone el Evangelio de hoy. Revisa tu vida y piensa si hay algo en lo que no estás siendo generoso con Dios y en lo que te está pidiendo hoy con su Palabra.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 20 de mayo

Domingo 20 de mayo
Solemnidad de Pentecostés

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Pistas: Después de cincuenta días celebrando la Pascua, hoy llegamos al final, a la fiesta de Pentecostés, a la plenitud de la Pascua. El Espíritu que estuvo presente durante toda la vida de Jesús, el que lo resucitó de entre los muertos, el que Él mismo prometió, viene el día de Pentecostés y se derrama sobre la Iglesia. La promesa se cumple.
Vamos a fijarnos en lo que nos explica el Evangelio de hoy: Están reunidos porque el Espíritu actúa en la comunidad. Y a través de Jesús se hace presente. Fíjate cómo les indica la misión y les da el Espíritu Santo, que les hará capaces de cumplir el objetivo. Eso mismo sucede en la vida de la Iglesia y en tu propia vida. El Espíritu Santo es el que te anima, el que te indica el camino, el que te ayuda a discernir.
Hoy es un gran día para los cristianos. Hoy recordamos las promesas de Dios, vemos cómo se han cumplido en la Iglesia de los primeros tiempos y en la vida de tantas personas a lo largo de la Historia. Y esta promesa es también para ti, hoy y aquí. Pide a Jesús que derrame el Espíritu Santo en tu vida. Así podrás encontrar el camino que Dios abre para ti, la misión que te encomienda y la fuerza para realizarla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 19 de mayo

Sábado 19 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31
Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con un soldado que lo vigilase.
Tres días después, convocó a los judíos principales; cuando se reunieron, les dijo: «Hermanos, estoy aquí preso sin haber hecho nada contra el pueblo ni las tradiciones de nuestros padres; en Jerusalén me entregaron a los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, tuve que apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo he querido veros y hablar con vosotros; pues por la esperanza de Israel llevo encima estas cadenas.»
Vivió allí dos años enteros a su propia costa, recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbos.

Pistas: Pablo lucha por la verdad y por las personas, no contra las personas. Sigue el ejemplo de Jesús. Como venimos viendo, ni Pablo, ni Pedro, ni ninguno de los Apóstoles utilizan estrategias, conspiraciones, influencias… para ir contra sus enemigos. Sólo luchan por anunciar el mensaje de Jesús y vivir como discípulos suyos. Sólo buscan vivir la vida del Espíritu.
Puedes pensar en la Iglesia o en tu vida de fe ¿cómo la enfocas? ¿buscas el bien y la verdad o tu interés? ¿buscas vivir en el amor, ser fiel a Jesús o tener la razón, hacer las cosas a tu manera…?
Otro aspecto que va quedando claro en el libro de los Hechos es que aquellos que se encuentran con Jesús lo colocan en el centro de su vida y todas sus decisiones. Y cambian su estilo de vida, que ahora está orientado a buscar y cumplir la voluntad de Dios. Haciendo esto encuentran alegría, libertad, paz, fortaleza, esperanza… Si lees las cartas de Pablo verás que esta experiencia la expresa en muchas ocasiones.
La Palabra de Dios te invita a poner el centro de tu vida en Cristo y a vivir como discípulo suyo. Sin duda, merece la pena. Y la muestra es que los discípulos, a pesar de que fueron perseguidos o acosados, sólo tenían como objetivo seguir el ejemplo de Jesús, Por ello, ora, pide el Espíritu, revisa tu vida y síguele.

Relee la Lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 17 de mayo

Jueves 17 de mayo
San Pascual Bailón, religioso

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 22, 30; 23, 6-1 1
En aquellos días, queriendo el tribuno poner en claro de qué acusaban a Pablo los judíos, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajó a Pablo y lo presentó ante ellos.
Pablo sabía que una parte del Sanedrín eran fariseos y otra saduceos y gritó: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, y me juzgan porque espero la resurrección de los muertos.»
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten todo esto.)
Se armó un griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando: «No encontramos ningún delito en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?»
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo: «¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio a favor mío en Jerusalén tienes que darlo en Roma.»

Pistas: Pablo ya está en Jerusalén. Los judíos temen el nuevo camino. Han tenido ya muchos conflictos con los Apóstoles. Al llegar Pablo, le conocen, porque era un judío que perseguía cristianos y después se pone a anunciar a Jesús a todos. No sólo a los judíos, sino a todos. Son conscientes de la apertura que supone su manera de presentar el mensaje de Jesús y de lo que ha hecho en sus viajes. Y a ellos lo único que les preocupa es que ven peligrar la “pureza” del judaísmo. Así que después de un altercado en el que están a punto de matarlo y se salva por los pelos al aparecer los romanos, es detenido. Pablo apela a su ciudadanía romana y consigue que quieran aclarar lo que está sucediendo.
Así llegamos a lo que has leído. Sumos sacerdotes, sanedrín en pleno y Pablo ante el tribuno romano. Se cumplen las palabras de Jesús: “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.”. (Lc 21, 12-14) Pablo conseguirá dar testimonio y dejar en evidencia la división de sus enemigos.
El Espíritu guía a Pablo, le mueve a ir a Jerusalén, le ha prometido que dará testimonio y le da fuerzas para poder hacerlo. No es fácil. Sólo es posible porque Pablo sigue adelante, se esfuerza y se abandona al Espíritu. Se deja guiar por Él. Sólo es posible que se manifieste la acción del Espíritu por la vivencia previa de Pablo y su trabajo.
¡Ánimo! le dice el Señor a Pablo. Y ¡ánimo! te dice también a ti. El Señor te guía, te conforta a ti también cuando sigues su voluntad. Ante las dificultades no te dejará sólo.
Tú eliges: el apasionante mundo de cumplir su voluntad y vivir en el Espíritu, o ser como los judíos de esta lectura. Eliges si quieres vivir una vida completa o te conformas sólo con una parte. Eliges poner en tu vida a Dios o dejar pasar la oportunidad de descubrir lo que Él te tiene reservado.

Relee la Lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Solemnidad de Pentecostés

Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15. 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.”

Miércoles 16 de Mayo

Miércoles 16 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 20, 28-38
En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.
Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

Pistas: Es una escena emocionante. Pablo se despide de aquellos hombres con los que había trabajado codo con codo para comenzar la Iglesia en Éfeso. Son los últimos consejos que da a los que él deja al frente de la comunidad.
Primero les manda que cuiden de sí mismos. Esto es muy importante, porque nadie da lo que no tiene. Si estás sirviendo en la Iglesia pero no estás viviendo lo que animas a otros a vivir, acabarás teniendo una crisis. O simplemente te acomodarás y todo tu esfuerzo no servirá para nada O acabarás yendo por el camino que no quieres. Así que, ten cuidado de ti. Vive tu fe, sé feliz. Como decíamos ayer: corre la carrera, es decir, vive.
Y cuidar del rebaño que les ha sido encomendado. No les esconde las dificultades que vendrán. Unas de fuera y otras de dentro. Les manda estar alerta y seguir su ejemplo: dedicar tiempo y esfuerzo, no tener intereses ocultos. “Hay más dicha en dar que en recibir”.
Y, una vez más, todo esto va rodeado de oración y de amor fraterno. Y así se lo demuestran.
Aprovecha esta lectura si tienes una responsabilidad en la Iglesia, o si eres padre o madre de familia, o si entre tus amigos eres la referencia cristiana, para revisarte. ¿Te estás cuidando? ¿Estás cuidando a los que tienes encomendados? ¿Qué puedes aprender de los consejos de Pablo? ¿Qué tienes que cambiar para poder experimentar lo que te cuenta la lectura de hoy?

Relee la Lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 15 de mayo

Martes, 15 de mayo
San Isidro Labrador

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 20, 17-27
En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo:
«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos.
Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu.
No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.
He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios.»

Pistas: Hace poco escuchaba en un Via Lucis: “La verdad no la tiene nadie. La verdad es verdad. El que la encuentra no puede menos que acogerla. No tenemos la verdad. Ella nos tiene a nosotros. Y nos ilumina y nos hace libres”.
Pablo vivió así. Encontró a Jesús –“camino, verdad y vida”-, se llenó del Espíritu Santo, experimentó la fuerza, la luz y libertad de vivir en la gracia. Y lo hizo a pesar de todas las dificultades que pudieran venir.
Comprende tan claramente lo que significa seguir a Jesús y lo vive con tal intensidad que dice: “A mí no me importa la vida”. Ya no le importa lo que le importaba antes, ni los valores del mundo… sólo seguir el camino que Jesús le abrió. Se deja guiar por el Espíritu Santo y siente tan claramente que la vida es Jesús, que llegará a decir: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Por eso le importa vivir como Jesús quiere que viva y hacer lo que Jesús le pide: “Ser testigo del Evangelio” –y date cuenta de que uno sólo puede ser testigo de lo que experimenta-. Le importa vivir en la gracia de Dios.
La lectura de hoy te propone un encuentro: el encuentro con Jesús. Y un camino: el camino de la gracia. ¿Para qué? Para ser libre, para tener motivos para la carrera de la vida, para que tu existencia tenga sentido más allá de esta tierra de paso, para que encuentres la plenitud que no tiene límites.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.