Lunes 13 de julio

Lunes, 13 de julio
Semana XV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 34-11, 1
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espadas.
He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.
Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

Pistas: Parece contradictorio todo el texto. Pero Jesús avisa a sus discípulos de las dificultades a las que se enfrentarán si deciden serle fieles y seguirle. Porque su mensaje hace temblar las estructuras del pecado. La injusticia, el egoísmo, la mentira… son rechazados por el que quiere seguir a Jesús. Primero en la propia vida, pero también en el mundo y en la sociedad. A eso se refiere Jesús cuando dice que no ha venido a traer paz. Y por eso seguirle significa a veces ser señalado, atacado o perseguido.
Seguir a Jesús como Él propone no es un camino de medias tintas (que, por otra parte ¿merecen la pena?). Para seguir a Jesús hay que amarle con todo el ser (porque así nos ha amado Él primero) y esto nos llevará a amar mejor y más a los nuestros. Incluso las cosas buenas si ocupan el lugar de Dios se convierten en ídolos que nos llevan a perder la vida creyendo ganarla. Incluidos el amor a la familia u otras cosas. Entiende bien que Jesús no dice que no es importante amar. Lo que enseña es el orden. Porque si le amas y le sigues vas a estar lleno de un amor que no tiene límites, que no se agota, que se entrega. Vas a estar lleno del Amor que es el Espíritu Santo.
Todo esto implica coger la cruz. Aceptar que el camino de la fe no es un conjuro mágico en el que con la oración o con palabras todo se soluciona. Seguir a Jesús es amar, es encontrar a Dios, es vivir con plenitud, en la verdad, verdaderamente libres… Pero también es convertirse, perdonar, cargar con la cruz… Y, por eso, “el que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará”. Es ir a contracorriente. Ya lo era en tiempos de Jesús, en los primeros años del cristianismo y lo sigue siendo ahora. Si encuentras tu vida como te propone el mundo, la perderás. Pero si la pierdes por Jesús, por amor, la ganas.
Y, finalmente, Jesús enseña que quien acoge a sus discípulos por ser discípulos suyos, le acoge a Él. Es decir, que en los que somos discípulos de Jesús, Él se hace presente. Esto es un don y una tarea. Si te miras a ti mismo, en tu ser discípulo se hace presente Jesús. Y en la Iglesia, por eso los cristianos no podemos vivir ni comportarnos de cualquier modo.
Hoy nos trae muchas ideas este Evangelio. Reléelo y quédate en aquello que te llame la atención. Arrojará luz sobre tu modo de ser discípulo. Es cuestión de amor, entrega y fidelidad. Jesús lo ha dado todo y te pide que vayas recorriendo tú también ese camino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 10 de julio

Viernes, 10 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
Creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre.

Pistas: El Evangelio de hoy refleja la situación que ya está atravesando la comunidad a la que escribe San Mateo. Jesús había anunciado las persecuciones de judíos y gentiles, y lo refleja así en estas líneas que hemos leído.
Hoy sigue habiendo persecución contra los cristianos llegando, en algunos lugares, hasta la muerte. La fe abarca toda la existencia del discípulo de Jesús. Y por eso no vale vivir de cualquier modo. Tienes que contar con que en muchas ocasiones serás signo de contradicción, incómodo por tu manera de posicionarte ante las situaciones o por tu escala de valores. Y te criticarán, te marginarán, te atacarán las autoridades, la sociedad, hasta la familia. Pero “el que persevere hasta el final se salvará”.
Las dificultades están ahí, pero “el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros”. Jesús nos da su Espíritu y nos pide que perseveremos, aunque haya persecución o burla. Perseverar nos salvará haciéndonos participar de la victoria de Jesús sobre el pecado, el mal y la muerte; aunque esa victoria pasara por la cruz y la muerte misma. Sin embargo, Cristo venció.
Al principio del Evangelio había un aviso interesante: “Mirad que os mando como ovejas entre lobos, por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas”. No hay nada más alejado de la fe cristiana que un buenismo acomodado, que la falsa paz del todo vale. En el mundo hay mal, estructuras del pecado y personas que se parecen a lobos. Por eso, seamos astutos, sagaces; pero a la vez sencillos. Unos acogerán y otros rechazarán el Evangelio, pero todos necesitan escucharlo. Nuestro ejemplo es Jesús, misericordioso y justo, compasivo y veraz. Si quieres perseverar y ser fiel pon todo lo que sabes, lo que tienes y lo que eres a la luz del Evangelio para ser astuto (para usar todos tus dones y capacidades) pero sencillo (porque sabes que todo depende de Dios, que eres discípulo de Jesús y el camino es el que Él nos enseñó: amor y misericordia).
Jesús te llama y te envía. Si eres discípulo suyo tienes que anunciarle. Pero no te manda a ciegas. Te avisa de las dificultades y te dice que Él estará contigo y que nada te podrá vencer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 9 de julio

Jueves, 9 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.
No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquel pueblo.

Pistas: Jesús envía a sus Apóstoles a proclamar el Reino, capacitándolos para ello. Les da poder para realizar signos como los que realizaba Él. Y les envía con unas instrucciones concretas. Les pide que sólo lleven lo necesario porque no les faltará nada. Van sin cosas superfluas o que les vayan a estorbar, con una disponibilidad absoluta. No les garantiza el éxito (porque les rechazarán), pero les enseña que tienen que tener paz. También que no deben aprovecharse o buscar la mejor situación. La finalidad es sembrar, proclamar que el Reino está cerca.
“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Si has tenido la suerte de encontrarte con Jesucristo, de tener fe, si sabes que Dios te ama y está contigo ¿te lo vas a callar? ¿lo vas a esconder en lo privado de tu vida? Si Jesús te llama y te envía ¿vas a reservarte el regalo de la fe? Si haces eso, lo perderás. Jesús te dice que la fe que has recibido tienes que compartirla. Si recibes el amor de Dios tienes que amar. Si encuentras la Buena Noticia (el Evangelio) la tienes que contar. Como decíamos ayer: Jesús, te llama y te envía. En tu situación y realidad concreta, por el camino que has escogido o que vas a escoger, con capacidad para hacer lo que te pide. Dándote lo que necesitas. Con unas instrucciones concretas.
Si te sientes un poco perdido quizás necesites volver con Jesús y escuchar lo que te pide y el camino que te manda recorrer. Tal vez, al releer el Evangelio de hoy Jesús te recuerde qué es lo que necesitas. No estás solo, tienes poder y capacidad para hacer lo que te ha pedido. No necesitas aferrarte a tantas cosas y seguridades como crees. Construye paz y vive en paz. No, tampoco tú tienes el éxito garantizado (te rechazarán o no te escucharán). Pero, no temas, Él te llama y te envía.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 8 de julio

Miércoles, 8 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 10, 1-7
En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.

Pistas: En aquellos doce hombres está representado el nuevo Israel. Son doce tribus de Israel y doce los Apóstoles que Jesús elige para que estén con Él. Con ellos comenzará la Iglesia. Jesús les llama y les da autoridad para que puedan proclamar el Reino de los Cielos.
En los Evangelios Jesús deja claro que sus discípulos continuarán su obra y les capacitará para ello. Enviará el Espíritu Santo, que dará poder para ir, ya no sólo a las ovejas descarriadas de Israel -dejando fuera a los extranjeros y paganos- sino al mundo entero (así terminará el Evangelio de Mateo).
Hoy, Jesús resucitado, sigue llamando a todos los cristianos: “Vete y proclama el Reino”. El Reino que estaba cerca en Jesús se ha hecho ya presente. A cada uno desde nuestra vocación particular: laico, consagrado, ordenado… El bautizado tiene el poder del Espíritu Santo, es hijo de Dios, forma parte de la Iglesia. Ser discípulo significa seguir a Jesús y recibir el poder del Espíritu Santo con autoridad para luchar contra el mal, el pecado, el sufrimiento… haciendo lo mismo que hizo Jesús y que ha hecho la Iglesia desde el comienzo. Y, hoy, el Papa Francisco nos repite una y otra vez: sed discípulos misioneros, seguid a Jesús e id a anunciarlo. Cada uno desde su vocación particular, pero todos con poder y autoridad para hacerlo.
Este Evangelio puede servirte para un doble examen de conciencia. Por un lado, tu parroquia, comunidad, grupo cristiano ¿vive esta dimensión de ser discípulo, ir y proclamar con poder? Por otro, tú mismo, personalmente ¿eres consciente de la autoridad que Jesús te da al llamarte y enviarte en tu situación concreta?
Ora y escucha a Jesús que te llama y te envía. Reza, vive como discípulo y pide ser consciente del poder del Espíritu Santo y sus dones. “Id y proclamad” nos dice también Jesús hoy, en nuestro tiempo, vocación y circunstancias.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 7 de julio

Martes, 7 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: Nunca se ha visto en Israel cosa igual.
En cambio, los fariseos decían: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

Pistas: Jesús siente compasión de las gentes que están «extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Él lucha contra el demonio, el mal, el sufrimiento y el pecado. Ya está anunciando la Buena Noticia, el Evangelio del Reino. Cura y sana. Pero quiere trabajadores que vayan con Él, en su nombre, que hagan lo mismo que Él ha hecho. Que traigan el Reino, anuncien la Palabra, luchen contra el demonio, sanen a las personas… Para que la muchedumbre no se sienta ni estén como ovejas sin pastor.
Hoy el Evangelio te pide rezar para que Dios envíe trabajadores a su pueblo. Pero esta oración implica un compromiso. ¿Y si Dios te llama a ti a ser su obrero? ¿en qué te llama a trabajar a su lado? Si quieres ver las maravillas del Reino de Dios, que el mundo se parezca a lo que Jesús quiere construir, eres invitado a entrar en el Reino y ser un trabajador.
La acción de Dios siempre tendrá personas que se admiren y otras que critiquen. Unas que lo acepten y otras que busquen la manera de darle la vuelta y negarla (como los que acusaban a Jesús de actuar con el poder del demonio). Reza y escucha qué te pide Dios a ti. No tengas miedo y déjate guiar por Él, que nunca defrauda.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 6 de julio

Lunes, 6 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 18-26
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió con sus discípulos.
Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: ¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Pistas: Dos milagros aparecen entrelazados en el Evangelio de hoy. Ambos contienen elementos comunes. La fe que se concreta en gestos (“se arrodilló ante Él”, “le tocó el borde del manto”). Ante esa fe, Jesús se pone en camino para curar a la hija del personaje importante y en el trayecto sana también a la mujer. En otros evangelios nos cuentan más detalles de estos milagros, pero Mateo se centra en los diálogos con Jesús y la fe de los que se le acercan. Quiere mostrar el poder de la fe en Jesús.
A Jesús no le importa que estas dos personas sean impuras (una mujer con flujos de sangre y un muerto eran así calificados en la religión judía y al tocarlos se contraía impureza). El mensaje de Jesús es claro: Dios está cerca de todos, especialmente de los marginados, de los intocables. Por otro lado, el Evangelio nos describe a los que se ríen de Jesús y no creen en Él.
Ahora piensa en tu propia vida ¿necesitas a Jesús? ¿qué cosas están enfermas o van mal? ¿qué personas a tu lado necesitan a Jesús? Él está cerca de ti. Póstrate ante Él, tócale, acércate y pídele con fe. Podrás ver las maravillas de Dios en tu vida.
Esto no es una teoría, porque Jesús prometió que en su nombre, los que creemos, podemos hacer obras como las suyas e incluso mayores. Por la fe en Jesús, estando cerca de Jesús. A veces en medio del ruido como en el primer milagro. En el segundo echa a los “flautistas” y a los que alborotan, a los que se ríen. Dentro de ti, son tus dudas, tus miedos, las cosas de las que llenas tu vida para no pensar, tus reparos humanos… Fuera de ti, son las personas y situaciones que no te dejan acercarte a Jesús. Ponlas en su lugar.
En tu vida necesitas estar con Jesús. Con Él podrás ver desde otra perspectiva. Te dará vida, te curará de tus heridas y te salvará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 5 de julio

Domingo, 5 de julio
XIV Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Pistas: El Padre se revela a los sencillos y pequeños. Esta es la primera característica que explica Jesús hoy: el Reino de Dios, la salvación de Dios, la vida de Dios, conocer y relacionarse con Dios, no es para una élite de sabios y entendidos, sino para los que con sencillez lo acogen, para los que se saben necesitados. Así ha querido hacer Dios, darse a conocer al que le abre el corazón, al que le acepta, al que le acoge… no al que le quiere atrapar, comprender con conceptos e ideas… Porque Dios es mucho más de lo que puedas entender, comprender, imaginar, sino no sería Dios sino un invento.
Jesús revela a Dios y por eso acudir a Él es encontrarse con Dios. Jesús dice hoy: si estás cansado y agobiado (piensa en tus cansancios y agobios, en tu búsqueda, en lo que necesitas) acude a Él y encontrarás descanso y alivio. Hay una condición: cargar con el yugo y aprender de Jesús, que es manso y humilde. El papa Benedicto dice que este yugo es la ley del amor,. En el fondo es vivir en el Espíritu, elegir el camino de Jesús frente a tantos otros que se postulan como fuentes de felicidad, paz y plenitud y no son más que mentiras.
Acercarse a Jesús, tal como estés, con tus agobios, luchas y cargas, con tus cansancios, y elegir el amor y lo que ello conlleva es el reto para esta semana. Busca un momento, ponte en presencia de Jesús, llévale tus cargas y sufrimientos y descansa en Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 4 de julio

Sábado, 4 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.

Pistas: Jesús enseña un estilo de vida que implica unas normas, una manera de hacer las cosas. Pero al mismo tiempo quiere que sus discípulos descubran que se trata de estar con Él, de seguirle, de descubrir que va a hacer las cosas nuevas. De entrar a lo profundo de la ley, de llegar a la plenitud de lo que Dios ha ido revelando a su pueblo.
Ya sabes que los judíos habían ido convirtiendo la fe en algo basado en el cumplimiento externo de normas, ritos y tradiciones… Jesús no quiere eso para sus discípulos. Por eso no se enzarza en discusiones sino que va a la raíz. Y con los dos ejemplos que pone quiere explicarlo.
La novedad es tal que la fe en Jesús traerá un corazón nuevo para poder ser acogida. Las tradiciones solas no valen, hacer las cosas porque toca no vale. Jesús quiere que descubran que Él ha venido a hacer las cosas nuevas. El vino nuevo (el Espíritu Santo) necesita odres nuevos (un nuevo corazón que su misma presencia te regala).
Si en tu vida de fe se ha metido la rutina, si te dedicas a mirar más lo que hacen los demás que tu propia vivencia de la fe, necesitas redescubrir el mensaje que Jesús da hoy. Necesitas dejar que el Espíritu Santo haga las cosas nuevas en ti. Y entonces podrás descubrir cada día la novedad de la fe en Jesús, los dones y poder de Dios en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Viernes 3 de julio

Viernes, 3 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Pistas: Los cobradores de impuestos tenían muy mala fama. Y a veces son presentados como pecadores. En muchas ocasiones se aprovechaban de su posición y eran colaboradores con el Imperio Romano invasor. Es decir, traicionaban a su propio pueblo.
Sin embargo, Jesús le dice a Mateo: “Sígueme”. No le importa lo que piensen de Él, ni lo que haya sido aquel hombre. Jesús ve más allá. Y Mateo le responde invitándolo a comer en su casa. Para un judío observante ir a comer a casa de un publicano y sus amigos extranjeros, paganos, significaba contraer impureza y, por supuesto, estaba muy mal visto. Pero a Jesús tampoco le importa esto. Ni que sea un pecador o que sus amigos lo sean. Le importa Mateo, la persona.
Qué bonito es este movimiento de Jesús. Se acerca a Mateo y le llama. Mateo responde y le invita a su casa. Le deja entrar en lo suyo, en su mundo. Jesús también te está llamando hoy a ti a seguirle, a ser su discípulo… ¿Le dejas entrar en tu casa? Quizás algunos piensen de ti como de Mateo: un caso perdido, un pecador, un desastre… O puede que tú te veas así a ti mismo. A Jesús le da igual, y si le invitas entrará en tu casa.
Ahora mira la escena desde el otro lado. Preguntémonos si nosotros que somos cristianos entendemos bien “misericordia quiero y no sacrificios”. Dicho de otra manera: ¿vivimos en el amor como Jesús nos enseña o nos quedamos en las apariencias como los que censuran su forma de actuar? ¿te dedicas a criticar y juzgar buscando excusas para creerte mejor que los demás, o sabes que eres pecador y deseas convertirte y vivir como discípulo de Jesús cada día? ¿crees que lo sabes todo o te dejas sorprender por Jesús?
Él no ha venido a salvar al que no necesita salvación, no puede librar del pecado al que no lo tiene, ni puede amar al que cree que ya tiene llena su vida. Jesús ha venido a salvarte a ti, que sabes que eres débil, que podías hacer las cosas mejor, que pecas, pero te dejas perdonar. Porque necesitas más amor y misericordia en tu vida. Esto no es para los sabios y entendidos, sino para los sencillos que se dejan sorprender.
Si Jesús llama a alguien ¿quién eres tú para juzgarle? Si Jesús te llama a ti ¿le invitarás a entrar en tu casa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 2 de julio

Jueves, 2 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: Sólo Dios puede perdonar los pecados, por eso cuando Jesús decía “tus pecados están perdonados”, los judíos pensaban que blasfemaba haciéndose igual a Dios.
Fíjate en la escena. Unos amigos llevan a un paralítico. Jesús, viendo la fe que tenían, primero le libera del pecado. Siempre me ha hecho pensar ¿se sentirían decepcionados porque esperaban la curación física? ¿qué sentiría el paralítico? Él no dice nada, no protesta ni le pide más a Jesús. Queda claro que esto es lo fundamental, lo más importante. Si lo piensas bien, de qué sirve poder caminar si el alma está rota, si el peso de la culpa hunde a la persona. Jesús le libera.
El milagro físico sirve de signo para confirmar el espiritual. ¿Qué es más fácil, perdonar los pecados o levantarlo de la camilla? Y Jesús muestra su poder. Imagina a los discípulos haciéndose una vez más la pregunta: pero ¿quién es éste? Detiene la tempestad, vence al demonio (leíamos ayer cómo ante su sola presencia el demonio no resiste) y perdona los pecados.
Estando con Jesús van descubriendo quién es. No sólo es un Maestro o un sanador o un predicador, es mucho más. Su mensaje del Reino se realiza porque Él ha venido y la pregunta fundamental es ¿quién es Jesús? Sólo pueden responderla caminando con Él y sólo podrán comprenderla plenamente después de su muerte y rescurrección y al recibir el Espíritu Santo.
El final del Evangelio cuenta que la gente se quedó sobrecogida al ver esos signos, y alababan a Dios, que dio a los hombres esa potestad. Después descubrirán que Jesús vino a compartir el poder del Espíritu Santo, que actuaba en Él, con sus discípulos.
También a ti te da el poder, la capacidad, para hacer cosas grandes. Y si lo haces, muchos alabarán a Dios. Los discípulos descubrieron que Jesús es el Hijo de Dios, descubrieron su poder y fuerza, descubrieron que era el Espíritu el que actuaba en Jesús y que lo mismo que Jesús había hecho (y según la propia promesa de Cristo –incluso cosas mayores-) podían hacerlo ellos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.