Miércoles 15 de agosto

Miércoles 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Este pasaje sucede después del “sí” de María al ángel. Y, embarazada de Jesús, lo primero que hace es ponerse en camino para ver a Isabel. La presencia de Jesús lleva a preocuparse por los demás, a servir a los demás, a salir de uno mismo. Lleva a la alegría, a la bendición, a las promesas cumplidas. Fíjate lo que dicen Isabel y María, cómo destila gratitud, alegría, esperanza…
La oración de María es una alabanza a Dios. Podemos aprender mucho sobre cómo rezar en esta oración. Se hace desde el alma, desde lo profundo del ser: “proclama mi alma”. Como las cosas importantes de la vida, implica a toda la persona.
María alaba Dios y lo que Él hace. Alabar es reconocer quién es Dios y agradecerlo, es reconocer la obra de Dios en tu vida y proclamarla. La oración de alabanza es por su naturaleza la forma más desinteresada de oración: es sólo mirada a Dios y a su obra. Descubrimos su grandeza, le cantamos por su misma realidad y ser divino. La experiencia de la Iglesia es que la oración de alabanza abre la puerta a otros modos de orar.
La oración de adoración: añade la consideración del hombre en cuanto criatura e implica el reconocimiento de la propia pequeñez y de la grandeza de Dios.
La oración de acción de gracias: por la salvación, los bienes… (como hace María agradeciendo que Dios cumple sus promesas y su manera de actuar en la historia).
Y aunque en el texto de hoy no aparece, en tu oración personal muchas veces terminarás con oración de petición e intercesión: la petición mira al futuro y presenta toda situación ante el poder de Dios para que se realice su obra y venga su Reino.
Si comienzas al revés, es decir, pidiendo; probablemente tu oración sea desesperada, desconfiada, algo egoísta e interesada. Pero si primero piensas en Dios, reconoces su amor y le amas, te das cuenta de cómo es Dios, le alabas, le adoras. Y luego sí, ya en su presencia, presentas todo, con confianza como un hijo a su Padre, como un hermano que se dirige a su Hermano y Amigo, con la presencia del Amor de Dios, del Espíritu Santo en tu corazón… Por eso siempre te invito a que primero te pongas en presencia de Dios, es decir, a que pidas el Espíritu Santo y le alabes, y después leas la Palabra y ores con ella. Hazlo una vez más hoy y alaba, adora, da gracias, pide…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 14 de agosto

Martes 14 de agosto
San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si no hubieras leído el Evangelio de hoy y te preguntase : “¿quién es el más importante en el Reino de los cielos?”, ¿qué contestarías?
La misma pregunta le hicieron a Jesús sus discípulos, preocupados del lugar que ocupaban ellos o de cómo lograr ser más importantes. Para responder, Jesús cogió a un niño y lo puso en medio. Hay que volver a ser como él no sólo para ser grande sino para poder entrar en el Reino. Humilde, pequeño, necesitado de Dios como un niño de sus padres. ¿Qué actitudes tienes que cambiar en tu vida para hacerte como Jesús pide hoy?
“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”. Cuidado en la Iglesia de despreciar a los sencillos, a los humildes y andar buscando honores y reconocimientos. Estos pequeños se asocian a los poderosos ángeles que ven el rostro de Dios. Y, finalmente, se refuerza la idea con la parábola de la oveja perdida.
En el fondo, todo esto nos habla de la imagen de Iglesia que tenemos: ¿la de los puestos y los honores, o la de la sencillez, la humildad y la acogida? ¿la que está estancada, la de “los buenos”, o la que va a buscar a quien está perdido y se alegra cuando vuelve?
Elige alguno de estos temas de los que te habla el Evangelio de hoy y reza dejando que el Espíritu Santo te haga como niño ante Dios.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 13 de agosto

Lunes 13 de agosto
Santos Ponciano, papa, Hipólito, presbítero, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 21-26
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí.
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

Pistas: El Evangelio de hoy nos cuenta dos acontecimientos. Primero, el segundo anuncio de Jesús sobre su pasión, muerte y resurrección. Ellos no entienden nada y se entristecen. No nos cuenta más Mateo en esta ocasión. La noticia de la resurrección, que será causa de una gran alegría, va precedida de tristeza. Jesús les avisa de lo que va a venir, quiere que se vayan preparando.
Luego encontramos este relato sobre el impuesto de las dracmas. Se trata de un impuesto para el Templo (lo cobraban los judíos). Jesús cumple la Ley, pero afirmando su independencia sobre ella. Y Pedro responde afirmativamente a la pregunta.
Es muy curioso lo que sucede a continuación. Jesús se adelanta a cualquier pregunta de Pedro. Los reyes no cobran impuestos a su familia, lo hacen a sus súbditos. Los romanos no cobraban impuestos a los ciudadanos romanos sino a los aliados, las provincias y los territorios conquistados. Jesús da a entender que Él y los suyos están exentos de este impuesto. Pero Él decide entregarlo.
Quizás puedas rezar con la idea de que los hijos no obedecen por ley, sino que lo hacen libremente. Como Jesús no obedece al Padre por ley, sino que se entrega por amor y con libertad. Nosotros, como discípulos suyos, también estamos llamados a esa misma libertad.
Fiarse de Jesús nos llevará a cosas sorprendentes. Por ejemplo, a mirar más allá de nuestros derechos, al bien de los demás. Y si seguimos a Jesús descubriremos que Él nunca falla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 12 de agosto

Domingo 12 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 41-51
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús dice a los judíos que si escucharan al Padre y a los profetas, creerían en Él y darían crédito a sus palabras. Pero no son capaces de mirar más allá de lo humano. Ni siquiera de profundizar en su propia fe. Jesús intenta hacerles ver que las escrituras hablaban de Él, pero ellos no ven más que el hijo de José y María. Y, a pesar de todo lo que Jesús hace, no son capaces de ir más allá.
La promesa de Jesús es asombrosa: el que cree tiene vida eterna, porque Él ha visto al Padre y no habla de oídas. Por eso puede asegurarlo.
Toda esta imagen del ‘Pan’ hoy tiene una doble dimensión. Es el pan que baja del cielo, indicando el origen de Jesús y haciéndoles pensar en todo lo que significó el maná (el alimento para cruzar el desierto hasta la tierra prometida). Por eso es el que revela al Padre, lo ha visto. Y ese Pan es la entrega de Jesús. Y su “carne para la vida del mundo”. En cada Eucaristía entras en comunión con Jesús al participar en el Pan de la vida. Toda la vida, la salvación, la entrega de Jesús, toda la fuerza de su resurrección, Él mismo real y vivo se hace presente en el Pan para ser tu alimento.
Quizás hoy sea un día para atrevernos a ir más allá (no como los judíos del Evangelio) y sumergirnos en el misterio del Dios que quiere hacerse tan cercano a nosotros que envía a su Hijo que se hace hombre, que se hace pan, alimento. Y si crees en Él tendrás vida y vida eterna. Si crees en Jesús, podrás ser discípulo de Dios. Asómate al misterio de Cristo para que puedas ver lo que hay más allá de la simple apariencia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 11 de agosto

Sábado 11 de agosto
Santa Clara, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 17, 14-19
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.
Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe. Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Pistas: Hoy el Evangelio nos dice que es cuestión de fe. Pero y ¿qué es la fe? Es la respuesta a Dios que se nos revela, que se nos da a conocer. Y así como es complejo que Dios quiera que le conozcamos y cómo se hace ello posible, también la fe lo es. La fe implica el conocimiento, la confianza, la entrega personal, la relación, la comunión de vida con Cristo y la tensión hacia la plena unión con Él después de la muerte.
Pero, además, como nos dice el Evangelio de hoy: es el principio. La fe abre la puerta a los demás dones y nos permite entrar en relación con Dios como lo hacía Jesús. Por eso, en otra ocasión Jesús dice que haremos obras como las suyas e incluso mayores.
Para desentrañar un poco mejor a qué nos referimos cuando hablamos de tener fe vamos a fijarnos en sus dimensiones. La fe es respuesta a la revelación de Dios. A Dios que quiere que le conozcamos. Así que lo primero que necesito examinar para ver si tengo fe es: ¿creo que Jesús revela a Dios? ¿creo que Jesús muestra la verdad sobre Dios y sobre el hombre? Si caigo en el relativismo (es decir, todo es subjetivo) ¿podré tener fe? Jesús dice de sí mismo que Él es el camino, la verdad y la vida. Si quiero encontrar todo esto necesito relacionarme con Jesús, y eso es tener fe.
Entonces la fe ¿son ideas o es una relación? ¿teología y catecismo o experiencia de Dios? La fe tiene las dos dimensiones: es una relación de confianza entre Dios y el hombre (creer en Dios), y puede articularse en sus diversos contenidos (creer lo que Dios revela). Y si quiero que mi fe madure necesito profundizar en las dos cosas. Debo darme cuenta que la fe implica un conocimiento nuevo (de Dios, de mí mismo, de mi idea del mundo, mis valores…) y a la vez está relacionada con el amor (es una relación en la que sé que Dios me ama y por eso puedo creer en Él, y quiero amarle y por eso quiero creer en Él).
La fe ¿es cosa nuestra o es un don de Dios? Jesús dice que hay que pedirla. Es un don, es un regalo. Yo puedo conocer a Dios porque Él quiere que le conozca, puedo sentir su amor porque Él quiere que lo experimente. Dios da el don de la fe. Es Don.
Un documento del Vaticano II, la Dei Verbum, dice: Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela”. Así que es un acto libre y responsable. Implica el entendimiento: la razón, el pensamiento. Dios existe y se ha revelado. Pero también implica la voluntad: el querer, las decisiones, los sentimientos, las emociones. Por eso es además tarea.
Después de todo esto, lo más importante es que te preguntes ¿cómo está mi fe? ¿quiero tener fe? Y que la pidas, porque es don.Y que te esfuerces por cuidarla, por hacerla crecer, porque también es tarea.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 6,41-51.

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”.
Y decían: “¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: ‘Yo he bajado del cielo’?”
Jesús tomó la palabra y les dijo: “No murmuren entre ustedes.
Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 6,24-35.

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”.
Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”.
Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”.
Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”.
Y volvieron a preguntarle: “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo”.
Jesús respondió: “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”.
Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.
Jesús les respondió: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Viernes 10 de agosto

Viernes, 10 de agosto
San Lorenzo, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Caer en tierra y morir para dar fruto. Si la semilla quisiera estar en lo alto, si quisiera estar en el cielo, nunca podría dar fruto. Es necesario ser humilde, darse cuenta lo que uno es, caer a tierra (como cuando te arrodillas ante Dios) y morir. ¿Morir a qué? A amarse a uno mismo. Esto hay que entenderlo bien (porque los mandamientos nos mandan amar al prójimo como a uno mismo, nos mandan amarnos).
Vamos a explicarlo un poco. Aquí el amarse a uno mismo que Jesús rechaza es ponerse en el centro a uno mismo y sus deseos. Piensa, por ejemplo, en un padre que se ponga a sí mismo y sus deseos por delante de sus hijos y de su esposa ¿Podrá ser buen padre y buen marido o será un egoísta, irresponsable y hará daño a los que dice querer? O un estudiante, o un trabajador que pone por delante lo que le apetece antes que lo que debe hacer.
Morir a uno mismo es exigente, es duro, requiere disciplina y esfuerzo. Pero da fruto y es posible con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús dice que el camino para poder hacer esto es aborrecerse a uno mismo, es decir, rechazar todo egoísmo y tentación mentirosa de falsa felicidad siguiendo los deseos y las pasiones.
El camino para lograrlo es seguir a Jesús y vivir en el amor como Él enseña. Él ha ido delante, Él va delante. En su palabra te enseña cada día qué hacer, cómo vivir, te enseña a vivir como discípulo suyo. Y esto hará que tu vida no sea estéril sino que dé mucho fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 8 de agosto

Miércoles, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán, presbítero.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. El no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Una mujer cananea, extranjera. No pertenecía al pueblo elegido y era de un pueblo pagano. Se acerca a Jesús y Él la ignora. Es sorprendente esta actitud de Jesús. Pero ¿no hemos tenido todos esa experiencia en nuestra vida? Parece que Jesús ni nos oye, ni quiere hacerlo. Incluso los discípulos interceden por ella (como cuando pedimos a los demás que recen por nosotros o por nuestras necesidades). Pero Jesús sí la escucha. Ella persevera porque cree en el poder de Jesús. Y su fe es tan grande que supera todas las dificultades.
Tuvo que ser muy impactante para los discípulos este milagro de Jesús. Por dos motivos: porque era una extranjera y por la fe que demostró. Ellos muchas veces dudan, como en el milagro de los panes o Pedro hundiéndose en el agua. Pero aquella mujer de un pueblo pagano, responde con humildad, con absoluta confianza en Jesús a pesar de que todo indica que no va a ser escuchada.
Ahora, si quieres, revisa tu fe a la luz de este Evangelio ¿Qué te dice hoy la Palabra de Dios? ¿desistes de la oración cuando crees que Jesús no te ha escuchado? ¿tu fe se alimenta día a día, eres constante en tu relación con Jesús? Y ora con lo que el Espíritu Santo ponga en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 7 de agosto

Martes, 7 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Después de hacer algo extraordinario (dar de comer a una multitud con cinco panes y dos peces), Jesús se retira en soledad a orar. Y así actúa siempre, en toda situación. En las exitosas y en las difíciles. La oración le guía, le alimenta, le sostiene… Y tú, en tu vida cotidiana, en tu comunidad o parroquia ¿haces esto?
Los discípulos se adelantan en barca, y ésta es zarandeada por el viento, que les era contrario. Y la barca de tu vida, la barca de tu comunidad, la barca de la Iglesia ¿cuántas veces navega con el viento en contra? Y cuando más oscuro es todo, aparece Jesús. A veces cuesta reconocerle. Pero Jesús no te va a dejar perdido en tus dudas. “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”
Y ¿cuál es la reacción de los discípulos? Pedro, por decirlo así, reta a Jesús. Si eres tú, que camine sobre el agua. Si eres tú, que lo imposible, que lo que veo en ti Jesús (que es imposible desde la mera lógica humana) se haga posible en mí. Y Pedro camina sobre el agua.
En aquella situación en la que el viento daba miedo, aparece Jesús y todo cambia. Incluso en medio del viento, en la situación difícil, Pedro puede caminar sobre el agua, puede hacer lo que Jesús hace. Y cuando flaquea, entonces, Jesús le coge de la mano y le salva.
El viento amaina. Pero ¿quién es este hombre? ¿quién es Jesús? ¡Las cosas que es capaz de hacer! Le han visto actuar, pero eso no es suficiente: tienen que creer. Y si tú te arriesgas a tener fe ¿qué sucederá? Aquellos hombres confiesan: “Realmente eres Hijo de Dios”.
Y Jesús continúa su obra. Anuncia el Evangelio, cura a los enfermos, expulsa demonios…
Tienes muchas cosas con las que orar en este Evangelio, vuelve a leerlo y quédate con la que te toque el corazón. Pide, da gracias, da un paso de fe, salta al mar, o deja que Jesús suba a la barca… ¿Qué te dice hoy el Señor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.