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Martes 27 de octubre

Martes, 27 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 13, 18-21
En aquel tiempo, Jesús decía: ¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé? Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y los pájaros anidan en sus ramas.
Y añadió: ¿A qué compararé el Reino de Dios? Se parece a la levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.

Pistas: El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza, a un poco de levadura. Fíjate en que estos ejemplos ponen de manifiesto el poder de lo que parece pequeño. La semilla de mostaza es algo minúsculo. Un poco de levadura parece insignificante. Pero no es débil, sólo es pequeño, parece poca cosa, necesita tiempo. Y una vez que está en marcha, la planta se convierte en arbusto, la levadura transforma toda la masa.
¿En qué nos jugaremos nosotros hacer presente el Reino de Dios en nuestra vida? En lo cotidiano, en lo que parece insignificante, en lo pequeño.
Otro detalle importante que deja de manifiesto este texto es que el Reino es un don, realiza la obra por su propia fuerza. Aunque requiere nuestra colaboración. No pisar la planta que nace, mezclar la levadura en la masa. Dios va delante. Él tiene la iniciativa, en la Iglesia y en tu propia vida.
Deja hablar a este Evangelio en tu corazón ¿qué te está diciendo hoy Dios a ti? ¿cómo puedes hacer que su Reino crezca en ti y en la sociedad?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 26 de octubre

Lunes, 26 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: Seis días tenéis para trabajar: venid esos días a que os curen, y no los sábados.
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro, y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado? A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.

Pistas: Encontramos diferentes actitudes en el Evangelio de hoy. Por un lado, la mujer que glorifica a Dios. Había estado dieciocho años enferma. Tiempo para haberse desesperado. Pero Jesús se cruza en su camino. La llama, le impone las manos y se cura. Andar encorvado es también un símbolo del pecado, que te hace mirar a las cosas de abajo, que te hace mirarte a ti mismo, ser egoísta, no saber por dónde caminas, causa dolor y sufrimiento. Pero aparece Jesús, que libera, se acerca ti y todo cambia. Si te sientes como la mujer del Evangelio, da igual cuánto tiempo lleves así, busca a Jesús.
Por otro lado, el jefe de la sinagoga. Anclado en el cumplimiento, se encierra en las formas y no ve el fondo. El Evangelio de ayer nos decía que sin amor no se sostienen la Ley y los Profetas. Sin amor a Dios y al prójimo no se sostienen la religiosidad, ni la moral. ¿Qué es más importante para ti? ¿el estatus, la apariencia, la tradición, la letra? ¿o Dios y las personas?
Los enemigos de Jesús quedan abochornados, porque les deja en evidencia. Les muestra su error y su rigidez.
Fíjate qué diferencia: la mujer que anda encorvada, escucha a Jesús y deja que le cure. Ellos, en cambio, escuchan a Jesús, pero no son capaces de decidir cambiar. Su hipocresía no les deja. No quieren saber la verdad ni vivir en ella. Sólo les mueve su propio interés. Por eso su vida es una mentira. Pero ellos se sienten satisfechos con su poder y su posición.
No. No hay caminos intermedios. Si dejas que la hipocresía entre en tu vida serás como el jefe de la sinagoga. Si te acercas a Jesús, acoges su salvación y aceptas la verdad que Él mismo es, todo cambiará y glorificarás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 25 de octubre

Domingo, 25 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Todo lo que Dios ha querido contarnos (la Ley y los profetas) se sostiene aquí. Ésta es la clave de la vida de cualquiera que quiera seguir la enseñanza de Jesús. Por ello, merece la pena que lo intentes aterrizar en tu vida.
En abstracto amar suena a película romántica, a sentimientos. Si has sufrido por amor tal vez te duela y lo consideres mentira, cuentos de hadas o falsas promesas. El amor del que Jesús habla se ejemplifica en su entrega en la cruz. Es el amor hasta el extremo, hasta dar la vida por sus amigos, pero también por sus enemigos, por aquellos que no le quieren ni le aceptan. Un amor que es fidelidad al Padre, que se concreta en todo lo que Jesús hace y dice. El amor de las bienaventuranzas, al instituir la Eucaristía, al enseñar, sanar, liberar. El amor al dar el Espíritu Santo.
El amor hay que aterrizarlo. ¿Por qué puedo amar? Porque Dios me ha amado primero, porque Jesús me ha enseñado el camino del amor. No como una teoría, sino como amor a mí, a ti. Dios te ama, a ti que estás leyendo esto, con un amor incondicional, perfecto, eterno… quiere que lo sepas y lo experimentes. Y al saberlo elijas corresponderle. El amor no es sólo sentimiento (a veces se siente muy fuerte, pero no es sólo emoción, porque un padre no deja de querer a sus hijos aunque venga “cansado” y no lo “sienta”, o esté enfadado), amar de verdad trae consigo la decisión, la elección de amar, aunque a veces “no se sienta”.
Amar a Dios con todo el corazón, con todo el ser, con toda el alma. ¿Lo haces? ¿quieres hacerlo? ¿en qué se nota que lo haces? ¿qué tienes que cambiar? ¿rezas, buscas, pides, ofreces? ¿tu tiempo, tus fuerzas, tu dinero, tus energías para quien son?
Amar al prójimo como a uno mismo. Al que te corresponde es fácil, o al que te sale de dentro. Pero el prójimo es el que está al lado, también el que no se lo merece. ¿Qué haces tú para amar al prójimo? Son tiempos complicados, parece que el distanciamiento social nos tiene que hacer como una especie de ermitaños encerrados en nosotros mismos, egoístas… Se pueden abrir muchos caminos de amor al prójimo. Piensa en tu vida concreta ¿cuántas cosas haces por los demás gratuitamente, sin que sea una obligación, sin que esperes algo a cambio? ¿ves al que te necesita, al pobre, al que está solo, triste, cansado…? ¿perdonas, comprendes, ayudas?
Muchas cosas he escrito en estas pistas, pero al final sólo una es importante: Dios te ama ¿tú le amas a Él? ¿le amas en el prójimo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 24 de octubre

Domingo, 24 de octubre
XXX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
El le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Todo lo que Dios ha querido contarnos (la Ley y los profetas) se sostiene aquí. Ésta es la clave de la vida de cualquiera que quiera seguir la enseñanza de Jesús. Por ello, merece la pena que lo intentes aterrizar en tu vida.
En abstracto amar suena a película romántica, a sentimientos. Si has sufrido por amor tal vez te duela y lo consideres mentira, cuentos de hadas o falsas promesas. El amor del que Jesús habla se ejemplifica en su entrega en la cruz. Es el amor hasta el extremo, hasta dar la vida por sus amigos, pero también por sus enemigos, por aquellos que no le quieren ni le aceptan. Un amor que es fidelidad al Padre, que se concreta en todo lo que Jesús hace y dice. El amor de las bienaventuranzas, al instituir la Eucaristía, al enseñar, sanar, liberar. El amor al dar el Espíritu Santo.
El amor hay que aterrizarlo. ¿Por qué puedo amar? Porque Dios me ha amado primero, porque Jesús me ha enseñado el camino del amor. No como una teoría, sino como amor a mí, a ti. Dios te ama, a ti que estás leyendo esto, con un amor incondicional, perfecto, eterno… quiere que lo sepas y lo experimentes. Y al saberlo elijas corresponderle. El amor no es sólo sentimiento (a veces se siente muy fuerte, pero no es sólo emoción, porque un padre no deja de querer a sus hijos aunque venga “cansado” y no lo “sienta”, o esté enfadado), amar de verdad trae consigo la decisión, la elección de amar, aunque a veces “no se sienta”.
Amar a Dios con todo el corazón, con todo el ser, con toda el alma. ¿Lo haces? ¿quieres hacerlo? ¿en qué se nota que lo haces? ¿qué tienes que cambiar? ¿rezas, buscas, pides, ofreces? ¿tu tiempo, tus fuerzas, tu dinero, tus energías para quien son?
Amar al prójimo como a uno mismo. Al que te corresponde es fácil, o al que te sale de dentro. Pero el prójimo es el que está al lado, también el que no se lo merece. ¿Qué haces tú para amar al prójimo? Son tiempos complicados, parece que el distanciamiento social nos tiene que hacer como una especie de ermitaños encerrados en nosotros mismos, egoístas… Se pueden abrir muchos caminos de amor al prójimo. Piensa en tu vida concreta ¿cuántas cosas haces por los demás gratuitamente, sin que sea una obligación, sin que esperes algo a cambio? ¿ves al que te necesita, al pobre, al que está solo, triste, cansado…? ¿perdonas, comprendes, ayudas?
Muchas cosas he escrito en estas pistas, pero al final sólo una es importante: Dios te ama ¿tú le amas a Él? ¿le amas en el prójimo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 24 de octubre

Sábado, 24 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 13, 1-9
En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Pistas: Dios castiga a los malvados, si alguien sufre es porque se lo merece… Esta mentalidad estaba arraigada en el judaísmo. Era la imagen de un dios castigador que servía también para señalar a los demás creyéndose mejores.
Jesús enseña que Dios es Padre, es amor, es misericordia, que quiere la vida y la plenitud del hombre. Pero éste es realmente libre. Las palabras de Jesús no son una amenaza, son una advertencia de las consecuencias del pecado y de no querer salir de él. Por eso Jesús dice que “si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Es una invitación a cambiar de vida.
Se comparaban los judíos que se tenían por justos con los que padecían enfermedades o desgracias, señalándolos como pecadores, y creyéndose mejores. Tal vez nosotros hagamos esto también algunas veces. Señalamos los pecados de los demás para sentirnos justificados o para acallar nuestra conciencia. Jesús advierte: no sois mejores. Y si no os convertís…
Por último, la parábola de la higuera. El viñador quiere salvar la higuera, quiere que dé fruto, la cuida, la trabaja, le da oportunidades…. y espera. También tú tienes una oportunidad más, para dar fruto, para vivir en plenitud. Dios te espera. Así pues, deja que cambie tu corazón, llene tu vida, te dé su fuerza y así darás fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 23 de octubre

Viernes, 23 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 54-59
En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Chaparrón tenemos», y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno», y lo hace. Hipócritas: si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que se debe hacer?
Cuando te diriges al tribunal con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.

Pistas: Ven a Jesús y sus acciones pero no son capaces de entenderlo y aceptarlo, porque en realidad no quieren ver. La hipocresía no les deja ver, prefieren vivir en la mentira antes que buscar la verdad. Prefieren buscar excusas, porque no quieren ver ni quieren reconocer quién es Jesús. Prefieren quedarse cómodamente en sus situaciones personales y no disponerse a un cambio profundo de vida.
Tal vez nos suceda a nosotros esto en ocasiones: Dios obra en nuestra vida, actúa en la Iglesia, en la Historia, y preferimos no verlo. Buscamos justificaciones y miramos sólo lo que consideramos negativo. O nos quedamos en nuestros prejuicios con tal de no entender lo que Dios nos quiere mostrar. Dios no está lejos, no se esconde, aunque para encontrarlo hay que buscarlo y hay que aprender a mirar. Sólo busca a Jesús, sólo acércate a la Iglesia, busca la verdad.
En la segunda parte parece que Jesús les está diciendo que hay prisa. En la vida hay momentos en los que hay que tomar decisiones y hay que actuar. Y si se deja pasar puede que se llegue a una situación en la que no haya remedio. Como en el día a día, tenemos que aprovechar las ocasiones y el momento oportuno para tomar decisiones. Ante Jesús también tienes que tomar una decisión. Exige discernimiento, sí; pero también decisión de actuar. No hay que esperar a que no tenga remedio, sino aprovechar el momento mientras vas de camino. Jesús escucha tu respuesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.  

Jueves 22 de octubre

Jueves, 22 de octubre
San Juan Pablo II, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 49-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Pistas: A primera vista resultan extrañas las palabras de Jesús. Pero si lo miras desde la perspectiva de lo que sucederá tras su muerte, entenderás a qué se refiere. Jesús fue movido toda su vida por el Espíritu Santo, el fuego del que habla en el Evangelio. Será resucitado por el poder del Espíritu Santo y enviará ese mismo fuego a sus discípulos. Y ya nada volverá a ser igual.
El bautismo aquí hace referencia a la muerte y resurrección de Jesús. San Pablo dirá que por el bautismo somos sepultados con Cristo para nacer a la vida (Rom 6,4-6). Y la vida del discípulo de Jesús debe cambiar, morir al pecado y nacer a la vida nueva que Jesús ha venido a traer. Vivir llenos del Espíritu Santo y guiados por Él, con la fuerza de sus dones.
Ahora imagínate la primera comunidad cristiana leyendo este Evangelio, experimentando lo que Jesús había anunciado. Su fe en Jesús hará que sean rechazados en muchas ocasiones y perseguidos, como lo fue el mismo Jesús. El Evangelio refleja lo que las primeras comunidades están viviendo: creen en Jesús y no se amoldan a los criterios de su tiempo. Como consecuencia son perseguidos y rechazados, incluso por sus propias familias. Pero eso no les importó, porque su vida estaba llena de Espíritu Santo, el fuego que Cristo vino a prender en el mundo.
Al leer este Evangelio puedes pensar en cómo es tu fidelidad a Dios, si arde en ti el fuego del Espíritu Santo. Es algo que no se puede esconder, que tiene que notarse en tu día a día, en tus relaciones con los demás, en tu trabajo o estudios, en tus quehaceres cotidianos, en tu tiempo libre, en tus diversiones… Creer en Jesús es ser valiente y fiel. Es arder en el fuego del Espíritu Santo. No valen medias tintas ni tibiezas, porque si no, la fe se apaga y se muere. Si decides dejarte encender por Jesús puede que esto haga que te señalen o te juzguen, pero tendrás una vida extraordinaria.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 21 de octubre

Miércoles, 21 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 39-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.
Pedro le preguntó: Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos? El Señor le respondió: ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

Pistas: Jesús enseña que hay que estar preparados, vigilantes, no acomodarse. El que sigue a Jesús no puede vivir de cualquier manera. Seguirle implica una forma de actuar, unas elecciones, unas decisiones.
¿A quién exige más el Señor? ¿Quién tiene mayor responsabilidad? La respuesta de Jesús es clara: si eres de los suyos, si tienes fe, si Dios te ha regalado que le conozcas, tienes una mayor responsabilidad. Conocimiento, libertad y responsabilidad van de la mano. Y son el camino para evitar que el ladrón te robe. ¿Y de qué ladrón hablamos? Del pecado, del mal, de la mentira y del sufrimiento.
El modo de explicarse que tiene Jesús en el Evangelio de hoy nos resulta extraño. Hay que situarlo en el contexto de su tiempo. Habla de la seriedad de la libertad del hombre y la exigencia de la fe. Y de cómo esa libertad puede abrirte la puerta a que entres de pleno en la vida, en el Reino (“lo pondrá al frente de sus bienes”). Pero, si es mal usada, conducirá al sufrimiento.
Aprovecha el Evangelio de hoy para revisar tu vida ¿Qué te está pidiendo Dios? ¿y qué le estás dando?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 20 de octubre

Martes, 20 de octubre
XXIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.

Pistas: ¿Cómo vivirías si te dijeran que te queda un mes de vida? ¿cómo actuarías si te dieses cuenta que tu meta es el cielo? Jesús te invita a estar en vela, a no vivir de cualquier manera, acomodado, sin sueños, sin chispa. Estar vigilante es tener ese toque de inconformismo que tienen los santos y que les hace crecer y luchar por cambiar las cosas. Estar en vela implica vencerse a uno mismo, sufrir, luchar, cansarse… pero la recompensa será enorme.
Dichoso tú si estás en vela. Porque entonces tendrás el privilegio de sentarte con Jesús, a la mesa del Reino, de que Dios mismo te dé de su riqueza. Con la cintura ceñida, para ponerse en marcha. Con la lámpara encendida, para no tropezar por el camino.
Mira al cielo, constrúyelo ya aquí, ahora, no esperes y cuando llegue el momento estarás preparado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 22,34-40. 
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?».
Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu.
Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas».