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Miércoles 26 de septiembre

Miércoles 26 de septiembre
Santos Cosme y Damián, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto.
Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes.

Pistas: Jesús envía a los que había llamado a seguirle. Los envía con poder y autoridad para hacer lo que les encomienda. Pero a la vez les da unas instrucciones muy concretas en las que queda claro que quiere que se fíen de Dios.
Van sin ninguna seguridad más que la palabra de Jesús y la promesa de poder y autoridad para realizar lo que les pide. Les manda que no busquen glorias humanas, ni prosperar. Y les advierte que no es infalible: las personas son libres de recibirles y acoger el mensaje o no. La finalidad no es el éxito sino anunciar el Evangelio, llevar el Reino, expulsar demonios y curar a los que sufren.
“Ellos se pusieron en camino”. El bautismo y la vocación concreta a la que hayas sido llamado tiene una misión a la que también a ti Jesús te envía y capacita. Puedes quedarte quieto o buscar glorias humanas, seguridades, garantías de que vas a triunfar…. Pero nada de esto es importante. Si te pones en camino y haces lo que Jesús te pide, el Reino de Dios, la Buena Noticia, se hará presente. Y el poder de Dios actuará en tu vida, en tu comunidad, en la Iglesia y en la sociedad. Si te pones en camino…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 25 de septiembre

Martes 25 de septiembre
XXV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. Él les contestó: Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

Pistas: Escuchar y poner por obra la Palabra de Dios te hace familia de Jesús. Éste es el tipo de relación que Jesús ha venido a construir.
Ser discípulo suyo no sólo es seguirle, cumplir, conocerle… Es establecer un nuevo tipo de relación en tu vida. Si vives como discípulo de Jesús, serás de los suyos, de los de su casa, de su familia.
Éste es el Dios cristiano. El que se acerca tanto a nosotros que nos hace entrar en su vida. Y éste es el camino que vas recorriendo día a día al rezar con la Palabra de Dios.
Aprovecha este Evangelio para pensar si la pones por obra ¿iluminas tus circunstancias, tus decisiones, tus relaciones con la Palabra de Dios? ¿qué tienes que cambiar, en qué tienes que avanzar para que tu fidelidad sea cada vez mayor?
Recuerda que Jesús te da la fuerza para hacer lo que te pide y el Espíritu Santo hace posible que se haga realidad lo que la Palabra de Dios anuncia. Por eso, no tengas miedo y avanza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 24 de septiembre

Lunes, 24 de septiembre
XXV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 8, 16-18
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.

Pistas: Luz o tinieblas. Si se enciende la luz de la fe, la luz de la verdad, la luz del amor, la luz de Dios no es para seguir en tinieblas, sino para caminar en esa luz. La luz se ve y se nota. Por eso, evangelizar forma parte de la fe. Porque la luz ilumina. De lo contrario, si se quiere esconder, entonces se pierde.
El Evangelio dice: “Al que tiene, se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. La fe, cuando se vive, crece. Y cuando se tapa, se esconde o se vive a medias, se enfría y se pierde.
Este Evangelio te invita a encender la luz de Jesús y a no esconderla. Porque forma parte de la vida del discípulo de Jesús evangelizar, que se note en tu vida lo que crees. En tu día a día, con tu familia, en tu trabajo, en tu ocio, en tus decisiones…
Nunca es tarde para encender la luz de Jesús en tu vida. Un poco de luz hace desparecer la oscuridad más profunda. Y Jesús es más que un poco de luz. Es la luz del mundo. Si la enciendes en tu vida, todo cambiará en ti y a tu alrededor. Todo será nuevo porque tendrá la luz que nunca se apaga.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 23 de septiembre

Domingo, 23 de septiembre
XXV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 9, 30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
—«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.» Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
—«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
—«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.» Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
—«El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»

Pistas: Jesús les muestra el camino de la entrega. Morir para resucitar. Ellos no entienden. Estaban asustados por las palabras de Jesús. Todo se volvía complicado, tanto que incluso la propia vida corre riesgo. Y tienen miedo. El camino de la entrega, la cruz, morir a uno mismo… es un camino que da miedo.
Por otro lado, el camino de las glorias humanas, los puestos, los honores… ése es atractivo. El triunfador, el que se sale con la suya, el que hace lo que le da la gana, ése es el verdadero vencedor. Para el mundo de hoy ¿quiénes son los más importantes? Y para ti ¿qué significa ser importante?
Para Jesús: “Ser el último y el servidor de todos”. Si quieres ser discípulo de Jesús tienes que grabarte esto en tu corazón y en tu mente: Humildad, amor y servicio. Son el único camino. Todo lo demás no son más que engaños si no se viven con las actitudes anteriores.
Y les pone el ejemplo de acoger a un niño. ¿Qué se puede “ganar” de un niño? ¿qué beneficio o interés tiene? En realidad, nada, sólo su amor, su admiración, que son siempre sinceros, que los dan de corazón…
Nuevamente es el camino del amor, de la gratuidad, de la entrega y la humildad el que Jesús recorre y propone a sus discípulos. Puedes pensar y rezar con ello. ¿Es éste el camino que yo recorro? ¿es el camino que la Iglesia que yo construyo recorre? ¿de qué discutes por el camino con los otros discípulos? ¿cuál es el centro, Jesús, o tus aspiraciones y deseos?
Jesús te enseña el camino para ser grande y para ser feliz. ¿Estás dispuesto a recorrerlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 9,30-37.

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”.
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”.
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”.
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
“El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado”.

Sábado 22 de septiembre

Sábado 22 de septiembre
XXIV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad.
Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga.
Entonces le preguntaron los discípulos: ¿Qué significa esa parábola? Él les respondió: A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran.
Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

Pistas: El Evangelio de hoy se presta para poner en práctica lo que has ido aprendiendo en este tiempo al rezar con la Palabra.
Primero, entiende bien la parábola de Jesús: ¿A quién la dirige? ¿Qué significa cada elemento? La semilla es la palabra, los distintos terrenos y elementos simbolizan las dificultades para acoger la palabra y que ésta dé fruto: la fe y la salvación. ¿Cómo es el fruto de la tierra buena? La palabra da fruto de por sí, la tierra sólo tiene que ser tierra.
Luego, aplícala a tu vida: ¿a qué terreno te pareces más? ¿en qué situación estás? Tal vez tengas algo de tierra buena pero las zarzas o las piedras aparezcan de vez en cuando ¿Quién puede arrancar las zarzas, quitar las piedras? Al leer las palabras de Jesús, piensa en tu vida, llama a las cosas por su nombre y deja que la luz del Espíritu Santo te ayude a orar. Descubre si quieres ser tierra buena. El discípulo sólo tiene que ser discípulo, seguir a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo. ¿Quieres dar fruto? ¿Qué haces para lograrlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 21 de septiembre

Viernes, 21 de septiembre
San Mateo, apóstol y evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Pistas: Juzgar, clasificar en buenos y malos, teniendo como criterio si encajan o no en nuestra manera de hacer y entender las cosas, sigue siendo una fuerte tentación en nuestra Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros. Pero Jesús nos enseña a mirar siempre más allá.
Si te sientes pecador, si te sientes lejos de Dios, incluso si como los publicanos eres juzgado y mal mirado: No temas. Jesús se va a sentar a comer contigo. Y sus discípulos deberíamos hacer lo mismo.
Si ocupas un puesto de responsabilidad en la Iglesia o, simplemente, los demás saben que eres creyente, recuerda lo que dice Jesús en el Evangelio de hoy: No clasifiques a las personas. No juzques con tus criterios ¿Cuántas veces bajo la apariencia de hacer lo correcto en realidad estamos juzgando, apartando a la gente de Jesús? ¿cuántas oportunidades perdernos de sentarnos en la mesa con aquellos a los que Jesús llama?
“Misericordia quiero y no sacrificios”. Podríamos traducir hoy esta frase que Jesús dice a los fariseos de este modo: misericordia quiero y no religiosidad superficial, ni apariencias. Misericordia quiero y no estructuras, modos…
Como enseña siempre Jesús, hay que elegir entre vivir desde el corazón y en su amor. O en el juicio, la superficialidad, la apariencia y la mentira.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 20 de septiembre

Jueves, 20 de septiembre
Andrés Kim Taegon, presbítero y Andrés Chong Hasang, y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro.
Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo.
Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume.
Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Pistas: Una lección de amor, de fe y de humildad. El fariseo invita a Jesús a su casa, pero su amor por Él es pequeño. La mujer se siente profundamente indigna y a la vez agradecida. Sólo puede amar. Uno juzga, ella ama y su fe la salva.
Jesús enseña el camino del amor, del encuentro con Él, como el único camino de salvación.
Hay un aspecto curioso en la vida de los santos: a mayor santidad, mayor conciencia del propio pecado y de la grandeza y gratuidad del amor de Dios. Muchos cuentan esta experiencia. Cuanto más cerca de Dios, más claro se ve el propio pecado y por tanto mayor conciencia se tiene de la misericordia de Dios. Sucede como cuando se enciende progresivamente una luz, se ve mejor todo, también las imperfecciones y la suciedad. Por eso, “al que poco se le perdona, poco ama”
Este Evangelio se presta a imaginarse la escena. Puedes ponerte en el lugar de cada uno de los personajes y dejar que Dios te hable con lo que puedas tener en común con ellos. ¿Qué hay en ti de invitar a Jesús a tu casa pero amarle poco? Es decir, ser cristiano de boquilla y estar poco apasionado, no sentir la fe que dices tener ¿Cómo es tu vivencia de la fe? ¿te sientes indigno? ¿te acercas a Jesús, le amas y te dejas amar por Él?…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 19 de septiembre

Miércoles, 19 de septiembre
XXIV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

Pistas: Qué fácil es caer en esa actitud en la que despreciamos lo que nos rodea porque no estamos contentos con nuestra propia vida o porque nos creemos en posesión de la verdad. Este Evangelio refleja eso: da igual lo que Jesús haga, da igual la manera en la que Dios quiera mostrarse, cuando la actitud es la de no querer ver o no querer entender.
Y tú ¿cómo vives tu fe? ¿te pareces a los que se quedan en la crítica o en la superficie? O, por el contrario, te arriesgas a conocer a Jesús. ¿Disfrutas de tu fe o la norma, la apariencia, el qué dirán, te bloquean?
Jesús quiere mostrarte la verdad. Si te acercas a Él la descubrirás y podrás día a día comprender quién es, qué significa ser discípulo suyo y así seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 18 de septiembre

Martes, 18 de septiembre
XXIV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Pistas: Lucas nos da muchos detalles que permiten imaginar la escena.
Por un lado, Jesús con sus discípulos y un gran gentío. Por otro, la viuda, los familiares, vecinos y, según la costumbre judía, seguramente plañideras y músicos. Y en medio de todo esto está Jesús. Siente lástima y se acerca. Entonces se hace silencio. Se paran. Porque Jesús va a actuar. No sana desde lejos, sino que toca al muerto (algo impensable en la mentalidad judía, porque se pensaba que contraía impureza). Con su palabra lo resucita. No monta un gran espectáculo ni hace ritos raros. Y se lo entrega a su madre. La gente, sobrecogida, da gloria a Dios.
Este pasaje nos ayuda a conocer mejor a Jesús: compasivo, que ve al que sufre y actúa. Que se acerca al dolor y toca a la persona, salvándola. Jesús poderoso, cuya palabra es eficaz. Jesús, que devuelve la vida, que da esperanza, que cambia las cosas.
Por un lado, lamentos y lloros que no logran nada. Por otro, una palabra poderosa que trae salvación. “Dios ha visitado a su pueblo”.
Acércate al misterio de Jesús hoy. Da un paso más en tu relación con Él en la oración. ¿Qué te dice hoy en su palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.