Archivo del Autor: admin

Viernes 15 de febrero

Viernes 15 de febrero
V semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Pistas: ¿Cómo cura Jesús? ¿Cómo salva? ¿Desde lejos? No, Jesús se acerca al que lo necesita, le toca, y no sólo le sana, sino que le devuelve la dignidad.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. Jesús lo aparta de la gente. A veces para poder encontrarse con Jesús es necesario apartarse, salir del ruido, encontrarse a solas con Jesús.
Este hombre ni oía, ni podía hablar. El encuentro con Jesús le devuelve la capacidad de comunicarse –oír y hablar-. Qué bonito descubrir que Jesús ha venido a hacernos capaces de salir de nosotros mismos. Y lo hace, acercándose, entrando en aquello que está mal.
Si necesitas a Jesús, acércate a Él. Da igual que te sientas extranjero, como aquel hombre al que Jesús cura hoy en tierra extranjera. No importa en qué situación te encuentres o cómo te sientas. Si necesitas a Jesús, búscale y acércate a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 14 de febrero

Jueves 14 de febrero
Santos Cirilo, monje, y Metodio, obispo, patronos de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 10, 1-9
En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
-«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»

Pistas: Jesús elige y envía. Él es el protagonista. Los demás sólo preparan el camino.
La tarea es muy grande, por eso hay que rogar al dueño de la mies que mande obreros. Pero el que ya está tiene que ponerse en camino. Siendo consciente de las dificultades (“como ovejas en medio de lobos”). Poniendo la confianza en el Señor (“no llevéis…”). Es urgente, corre prisa (“no os detengáis a saludar a nadie”). Lleva la paz de Jesús, no cualquier paz, sino la que nace de la salvación que Jesús trae y de su Reino. No se trata de prosperar (“quedaos en la misma casa”). Dios cuida de sus obreros (“el obrero merece su salario”). Llevan el poder de Jesús, hacen las mismas obras que Él (curan enfermos y anuncian el Reino).
Jesús elige y envía. El que escucha y se pone en camino lleva su salvación a los que la necesitan.
Lee el Evangelio y descubre ¿qué te pide Jesús a ti? Si ya estás en camino ¿qué detalle te ha llamado la atención? ¿en qué puedes mejorar cuando llevas el mensaje de Jesús a otros? Y ora con lo que la Palabra de Dios ponga en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 13 de febrero

Miércoles 13 de febrero
V semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la comparación. El les dijo: ¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos) Y siguió: Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Pistas: Las palabras de Jesús son plenamente actuales. ¿Cuánta apariencia y superficialidad hay en nuestro mundo? ¿cuánto amoldarse a lo que piensan los demás o llevar una doble vida? ¿cuánto consumir o vivir experiencias que sabemos que nos hacen daño, pero como es lo que todos hacen seguimos la rueda? Jesús nos invita hoy a mirar nuestro corazón y examinar qué hay en Él.
Como explica el Evangelio, para la religión judía había alimentos impuros. Jesús supera esa concepción. No quiere una religión meramente ritualista o de cumplimiento basada en cosas externas. A sus discípulos les propone que cambien su corazón. No vale sólo con cumplir normas o continuar tradiciones. Les advierte para que estén atentos sobre lo que anida dentro de cada persona, porque puede ser destructivo. Y les invita a limpiar lo que “mancha al hombre”.
San Pablo dirá que hay dos maneras de vivir: según la carne (entendido como inclinación al pecado y a lo mundano) o según el Espíritu, con la fuerza del Espíritu Santo. Y esto dará los frutos del Espíritu: una vida como la de Jesús, con un corazón nuevo.
¿Qué eliges? ¿una vida superficial, un corazón lleno de cosas que no sacian y llevan al pecado (como los que describe el Evangelio de hoy)? ¿o una vida en el Espíritu Santo, con un corazón lleno de Dios, de su amor y sus dones? Si quieres la segunda opción, reza. Sigue el ejemplo de Jesús. Déjale entrar en tu vida. Y esto hará posible que Dios te llene de su Espíritu.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

VI Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 6,17.20-26.

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo: “¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!
¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!
¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

Martes 12 de febrero

Martes 12 de febrero
V semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.

Pistas: Jesús les dice a personas muy religiosas de su tiempo que honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos, que el culto que dan a Dios está vacío porque su doctrina son sólo preceptos humanos. La conclusión es terrible: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
Jesús lucha contra una manera de entender la religiosidad que, en el mejor de los casos, es un mero cumplimiento externo de normas, y otras veces, una justificación para intereses particulares o sentimientos de superioridad. Por eso manda mirar al corazón y preguntarse ¿cuál es el mandamiento de Dios? ¿cuál es la esencia?
Más que mirar hacia fuera, lo interesante con este Evangelio es preguntarnos por nuestra religiosidad. ¿Cuáles son y para qué me sirven las tradiciones que sigo? ¿Cómo es mi religiosidad? ¿Cómo es la comunidad, la Iglesia, que construyo? Jesús pide un corazón que esté cerca de Él, un culto que no esté vacío, una doctrina que busque a Dios y no intereses humanos.
“Y como éstas hacéis muchas”. Éste es el camino de la corrupción. Cuando el pecado, el error, la mentira, dejan de parecer graves y se justifican. Y eso impide acercarse a Dios.
Jesús no se mordió la lengua ni dejó de denunciar todo lo que aparta al hombre de Dios. Y a ti te llama también a un camino de verdad y vida. Cerca de Él y con la fuerza del Espíritu Santo es posible.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 11 de febrero

Lunes, 11 de febrero
Bienaventurada Virgen de Lourdes

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Pistas: Antes del relato que has leído Jesús había multiplicado los panes y se había retirado a orar a solas, mientras los discípulos se van en barca. Después Él los alcanza caminando sobre el agua. Cuando desembarcan, la noticia de su llegada se extiende rápido.
Jesús atrae. Lo buscan. Muchos, porque lo necesitan. Jesús sana y el que le toca queda sanado. La reacción es entusiasta: “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto”.
Por un lado, Jesús atrae. Por otro, las personas buscan. Siempre queremos más: más vida, más alegría, más amor, más plenitud. Y el Evangelio nos anuncia que en Jesús se puede encontrar.
¿Cuántos hoy necesitan que nosotros, los que hemos reconocido a Jesús, vayamos a recorrer nuestra tierra y a llevar hasta Él a los que están enfermos? ¿Cuántas veces nuestra fe es tan pequeña que pensamos que algunas personas son casos perdidos pero en el fondo sólo necesitan tocar el manto de Jesús?
Jesús no se cansa, busca a las personas. Pero necesita que lo reconozcan, que lo anuncien, que hagan que otros puedan encontrarse con Él.
Hoy, al rezar, puedes pensar en si estás llevando a otros a Jesús. Y, si no es así, en cómo puedes comenzar a hacerlo. Porque los que se acerquen a Jesús quedarán sanos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 10 de febrero

Domingo, 10 de febrero
Domingo V del tiempo ordinario (Ciclo C)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
—«Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó:
—«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: —«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
—«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pistas: Es bonito imaginarse la escena, pensar en las reacciones de los personajes. ¿Qué sentirían?
Jesús después de predicar le pide a Pedro (Simón) que reme mar adentro y eche las redes. No habían cogido nada, el trabajo había sido infructuoso. Pero, por la palabra de Jesús, Pedro se fía y obedece. Y lo que en la noche no había servido de nada, con Jesús da fruto. No sólo eso, sino que sobreabunda.
La reacción de Pedro es: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y acto seguido, Jesús le dice: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
Fíjate en el camino que ha recorrido Jesús con Pedro. Se sube en su barca y Pedro le deja entrar en sus cosas, a pesar del cansancio de haber estado toda la noche intentando pescar. Le escucha y le obedece. Ve las maravillas que Jesús hace y se siente indigno. Pero Jesús confía en él y le llama a evangelizar, le encarga una misión –que será la misma de Jesús-.
Finalmente, Santiago, Juan, Pedro, son llamados por Jesús y deciden seguirle. Así que dejan todo y van tras Él.
Relee el Evangelio haciéndote estas preguntas y ora con lo que te toque el corazón: ¿le dejo a Jesús subir a mi barca –entrar en mis cosas-? Aunque esté cansado ¿dejo que Jesús se acerque a mí –en la Iglesia, en la oración, en los sacramentos-? ¿me fío de Él, me arriesgo a ir mar adentro con Él en mi barca? ¿veo mi pequeñez ante la grandeza de Dios? ¿a qué camino me está llamando Jesús? ¿qué me estará pidiendo que deje para seguirle?
Ninguno de ellos eran hombres extraordinarios, ni perfectos. Pero todos entendieron que a lo que llama Jesús es lo que merece la pena. ¿Y tú? ¿te atreverás a dar el paso, a subirte en la barca con Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 9 de febrero

Sábado 9 de febrero
IV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 30-34
En aquel tiempo, los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.
Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Pistas: Jesús y sus discípulos más cercanos anuncian incansablemente el Evangelio. E intentan retirarse a descansar. No lo consiguen porque la gente los busca. La reacción más normal sería el agobio, el hartazgo, por no poder descansar. Pero Jesús siente lástima, porque le necesitan, “y se puso a enseñarles con calma”.
Hoy nos encontramos con dos aspectos. Por un lado, la sed de Dios, la búsqueda, la necesidad de salvación de aquellos que tratan de encontrar a Jesús. Por otro, la fatiga, el cansancio, la dedicación de Jesús y la que enseña a sus discípulos. Jesús entrega su vida, su tiempo, sus fuerzas. Explica que no hay descanso para Él ni para los que le siguen, porque el trabajo es inmenso. Pero también nos dice que entiende que necesitamos reponer fuerzas, y tendrá una “barca” preparada para darnos un respiro, para que no nos desfondemos y no perdamos la ilusión ni las fuerzas.
Piensa cuál es tu lugar en la Iglesia, si estás buscando o estás sirviendo, qué responsabilidad tienes. Si buscas, no tengas miedo: encontrarás. No desesperes, no quedarás como oveja sin pastor.
Si estás sirviendo: ¿Cuál es tu actitud ante los que necesitan encontrar a Jesús? ¿qué haces para que otros puedan dejar de andar como ovejas sin pastor? Recuerda lo que nos enseña la Eucaristía al partir el pan, en cada pedazo se entrega Cristo totalmente. Así es la vida de los que le sirven, partida y entregada. Pero no de cualquier manera, sino con todo el ser, como hace Jesús. Porque sólo desde la entrega total se puede entender la gran noticia que Jesús nos anuncia.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 8 de febrero

Viernes, 8 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 6, 14-29
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: Juan Bautista ha resucitado, y por eso los ángeles actúan en él. Otros decían: Es Elías.
Otros: Es un profeta como los antiguos.
Herodes, al oírlo, decía: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: Pídeme lo que quieras, que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.
Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó: La cabeza de Juan el Bautista. Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla.
Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: Parece que el mundo no ha cambiado mucho en 2.000 años. Corrupción, inmoralidad, abuso del poder, violencia, cobardía, injusticia… Hoy sigue brillando el bien en muchos, pero también suceden cosas horribles.
¿Quién es Jesús? Resuena como pregunta en el Evangelio de hoy. Y al hilo de ello nos habla de Juan, un hombre de Dios, valiente, que vive lo que proclama. Decir la verdad le lleva a la cárcel y finalmente a la muerte.
No es fácil el camino de la fidelidad a Dios. “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. En muchos asuntos seguía su parecer y lo escuchaba con gusto”. Pero, a pesar de ello, pesó más el poder, la imagen, el qué dirán. En definitiva, el pecado.
Podemos decir que Herodes era una persona tibia. Por un lado, le gustaba la verdad que escuchaba de Juan. Lo admiraba y lo respetaba. Pero, por otro lado, no quería cambiar de vida. Supondría cambios que no estaba dispuesto a aceptar. Y al final esto le lleva a no ser libre, a cometer injusticias, a ser malvado.
Puedes pensar ahora en tu propia vida. Si consientes el pecado, al final te pasará factura.
Juan señalaba a Jesús, decía que el importante era Él. Gritaba que hay que preparar el camino para recibirlo. Advierte que es necesario un cambio de actitud porque Jesús vendrá a renovar y a renovarte. Su mensaje es: convertíos porque está cerca.
Puedes rezar preguntándote: ¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué implica para tu vida? ¿Qué pasos tienes que dar para conocerlo mejor? ¿Qué te está pidiendo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 7 de febrero

Jueves, 7 de febrero
Semana IV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 6, 7-13
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Pistas: Los discípulos de Jesús han visto lo que Él hace y en el Evangelio de hoy no sólo van a seguir siendo testigos sino que van a poder hacer lo mismo que Jesús.
Les envía con autoridad (la misma que unos días atrás leíamos que Jesús tiene), con poder, con capacidad para hacer lo que les pide. Van a expulsar demonios, a curar enfermos, a predicar la conversión.
Y para este viaje no quiere que lleven muchas seguridades. Sólo lo necesario. Tampoco que busquen prosperar, la gloria, el triunfo (cambiar de casa). Sólo que siembren, que anuncien, que lleven la salvación al que quiera acogerla.
Y hoy, Jesús, sigue llamando, dando autoridad (capacitando) y enviando. T estás caminando con Él, quieres ser su discípulo. Y en algún momento Jesús te enviará. Te dará autoridad y capacidad para hacer lo que te pide. Pero también te pedirá que te fíes, que seas fiel y no te dejes seducir por otras cosas (cambiar de casa o buscar éxito humano). Relee el Evangelio y escucha atentamente ¿qué te está pidiendo Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.