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Sábado 16 de enero

Sábado, 16 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

Pistas: Jesús siempre mira más allá de las apariencias. Llama a un cobrador de impuestos, a un colaborador con el Imperio Romano. Alguien despreciado y mal mirado por las autoridades religiosas judías y por muchos del pueblo. A pesar de todo, Jesús le llama y él le sigue. Así que seas como seas, hayas hecho lo que hayas hecho, Jesús te invita, te llama, a seguirle.
No sólo eso. Quiere entrar en tu vida, no importa cómo la estés viviendo, lo buenos o malos que sean tus amistades. Si tú le aceptas y le acoges entrará en tu casa, en tus cosas, para llevarte salvación y vida.
Este Evangelio me hace pensar en el tipo de Iglesia que creamos ¿Somos como los fariseos, nos escandalizamos y juzgamos? ¿o cómo Jesús que come con ellos, los acoge, se deja acoger por ellos? Una Iglesia que busca, invita, conoce, ama… ¿es la nuestra?
¿Te sientes pecador? Jesús ha venido a llamarte. Eres de sus discípulos, no temas ir con Jesús allí donde te lleve. Pero siempre con Él, porque sana y salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de enero

Viernes, 15 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 1-12
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta.
Él les proponía la Palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema.
¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados» o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados… entonces le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos.
Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.

Pistas: A veces, para algunas personas, es difícil poder encontrarse con Jesús. Muchos están con Él y curiosamente no dejan que otros se acerquen.
Pero los amigos del paralítico se las ingenian para que llegue hasta Jesús. Son creativos. Hacen lo que sea necesario para lograr que se encuentre con Él, porque creen que en Él hay salvación. Creen que en Jesús su amigo encontrará lo que necesita y, por supuesto, quieren a su amigo.
A primera vista podemos pensar que buscaban su curación física, pero el Evangelio parece indicarnos otra cosa, porque cuando Jesús le dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”, los que piensan mal de Jesús son los expertos en la ley. Y Jesús, por su poder, y por la fe de aquellos hombres, salva y sana a aquella person. Liberación espiritual y curación física. Y quienes lo ven y quieren aceptarlo, comprenden quién es. No es un curandero. No es un charlatán. Es Dios o por lo menos un hombre con el poder de Dios con él. Sus discípulos llegarán a descubrir en plenitud quién es Jesús, pero ése es un camino que hay que recorrer.
Si iluminas tu vida con lo que nos enseña el Evangelio puedes encontrar distintas perspectivas con las que sentirte identificado. A veces serás como los que buscan el camino para acercar a su amigo a Cristo, sin desanimarse por las dificultades y confiando en Jesús aunque las cosas no sean como ellos imaginan. Otras, tendrás que dejar que te acerquen a ti, encontrar el camino gracias a la fe de otros (eso es la Iglesia), aceptar el perdón de Jesús y poder levantarte de nuevo. Porque Jesús tiene poder para salvarte. O quizás seas como esos que están con Jesús pero no son capaces de ver al que lo necesita. Entonces, cambia lo que sea preciso para no ser un estorbo e impedir que otros lleguen a Jesús.
La Iglesia que mira y sale a buscar, la que encuentra el camino para llevar a las personas hasta Jesús, es la que el Papa Francisco nos invita a construir. Una Iglesia en salida que vence obstáculos y cambia las cosas, persona a persona…. La que por su fe trae misericordia y salvación al mundo, y hace que los hombres se encuentren con Jesús.
El final del Evangelio dice: “No hemos visto una cosa igual”. Está claro, todo el que se ha acercado a Jesús lo cuenta. Con Él siempre pasan cosas nuevas. Y donde había pecado y sufrimiento, surgen esperanza y nueva vida, hay salvación. Tienes una triple misión: Acércate a Jesús, mira a tu alrededor y acerca a otros a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 13 de enero

Miércoles, 13 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús se pone en marcha con los discípulos y comienza su tarea: predica, cura a los enfermos y expulsa los demonios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. Quédate con el que te llame la atención o con el que ilumine tu situación personal, y reza con él.
La suegra de Simón está enferma. Jesús se acerca, la coge de la mano y ella se recupera. Y se pone a servirles. Qué bonita la reacción de esta mujer. Y cuando Jesús nos cura a nosotros ¿qué hacemos? ¿nos levantamos y le servimos a Él y a los que nos necesitan? ¿o seguimos a nuestras cosas?
Muchos buscan a Jesús y Él los atiende. Siempre atiende a los que le necesitan. Esto tiene una doble implicación: si necesitas a Jesús, no tengas miedo. Acude a Él, lo encontrarás. Y si “representas” a Jesús en la Iglesia (y todos los cristianos lo hacemos cada cual desde nuestro lugar), tienes que ser como Él. Quien que te necesite tiene que encontrarte.
Escuché algo muy bonito sobre la entrega hace poco: el pan de la Eucaristía se parte, pero no se desvirtúa con ese partirse, romperse, entregarse… Los cristianos tenemos que ser pan partido, entregar nuestra vida al que lo necesite. Partirnos, rompernos en este sentido por los demás, cada cual desde su misión. Pero también es pan entero, en cada pedazo de pan está la Eucaristía completa. Un tiempo y una vida entregados, pero plenos, con una entrega de verdad, completa en cada momento. Y Jesús actúa así.
Jesús ora y ora sin cesar, saca tiempo para hacerlo… ¿cuántas veces en la rutina no lo hacemos? ¿cuántas veces encontramos mil excusas para andar a lo nuestro y olvidarnos de Dios?
Y cuando ha triunfado y todos le buscan, Jesús no busca la gloria humana. Tiene claro que la voluntad de Dios es llevar el Evangelio a más lugares y continúa, no se acomoda. Una tentación también frecuente en la Iglesia es el siempre se ha hecho así, aquí estoy cómodo, esto funciona… y Jesús nos enseña a movernos y continuar, a no conformarnos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

II Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 1,35-42. 
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?».
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

Lunes 11 de enero

Lunes, 11 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Pistas: Parece el mismo mensaje de Juan el Bautista. Y, sin embargo, descubriremos que es absolutamente nuevo. Porque el Reino de Dios llega por medio de Jesús y se identifica con Él. Convertirse significa hacerse discípulo de Jesús, cambiar de modo de pensar y de vivir. La Buena Noticia es el mensaje y la persona de Jesús.
Jesús no se asusta porque Juan haya sido detenido. Se lanza a predicar. Es más, anuncia que el plazo está cumplido, que no hay que esperar. Ahora es el momento de acoger el Reino de Dios que ya viene. Los nuevos tiempos del Mesías son ya.
Fíjate cómo comienza el anuncio de la Buena Nueva. Creando comunidad, llamando para que estén con Él. La llamada a la conversión y al Reino pasa por el seguimiento de Jesús. Esto tiene muchas lecturas e interpretaciones. La primera es que la Buena Noticia no son sólo palabras e ideas sino relación. La Buena Noticia es también misión: “Os haré pescadores de hombres”. Jesús es consciente de la importancia del camino que va a recorrer y crea un grupo de discípulos a los que después llamará apóstoles (testigos) que puedan contar lo ocurrido y les encargará continuar su obra. Así nacerá la Iglesia.
Pero cuando comienzan a seguirle no tienen idea de todo eso, simplemente se atreven a responder que sí a un hombre atrayente, extraordinario, del que irán descubriendo quién es.
Inmediatamente deciden seguirle. Porque hay que tomar postura. Lo peor que podemos hacer con Jesús es quedar indiferentes. Hay que dejar cosas, cambiar esquemas, costumbres, modos de hacer… Pero la aventura a la que estos cuatro hombres se embarcan cambiará el mundo. Relee el Evangelio y deja que te sugiera algo con lo que orar.

Relee, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de enero

Domingo, 10 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 6b-11.
En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Pistas: Se acaba la Navidad y vamos a comenzar el tiempo ordinario. La fiesta que inicia este salto es el Bautismo de Jesús. Los Evangelios nos cuentan que fue un punto de inflexión en la vida de Jesús. Desde este momento no parará de anunciar el Reino, invitar a la conversión, realizar signos y milagros.
¿Cómo rezar con este pasaje? Primero vamos a comprender bien el bautismo de Juan (el precursor, el hijo de Isabel y Zacarías). Anunciaba que el Reino de los Cielos estaba cerca, invitaba a la conversión y al cambio de vida. Y como signo de ese deseo de cambiar y purificarse bautizaba a los que aceptaban su predicación. Es un signo de purificación y deseo de conversión.
El bautismo cristiano tiene también esa simbología de purificación y conversión, pero es mucho más. Y comienza con el bautismo de Jesús. Como hemos celebrado durante la Navidad, Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Y en su humanidad Jesús es el hombre lleno, repleto, de Espíritu Santo. Éste es el don del bautismo, el Espíritu que nos hace también a nosotros hijos de Dios.
Esos dos elementos aparecen en nuestro relato. Juan reconoce que su predicación sólo puede invitar a la conversión, que detrás de él viene alguien más grande que dará el Espíritu Santo. Y la voz del cielo anuncia que Jesús es el Hijo. Por medio de Él nosotros también somos hijos.
Fíjate, Juan sólo puede invitar, anunciar, prometer… Pero Jesús lo realiza. Ése es el regalo del bautismo: la capacidad para ser, para vivir, para hacer realidad la conversión, la promesa.
Se acabó el tiempo de Navidad, vuelve la rutina (o algo parecido en este tiempo raro que estamos viviendo). Si nos llenamos del Espíritu podremos afrontarlo de un modo nuevo. Hacer dar fruto al don del bautismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Viernes 8 de enero

Viernes, 8 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.»
Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Pistas: justo antes de este pasaje Jesús había dicho a sus discípulos: “vamos a un sitio tranquilo a descansar”, pero cuando llegan se encuentra una multitud esperándole. Y Jesús olvida su descanso, su interés, sus necesidades y se vuelca en aquellos que le buscan. “Les enseña con calma”, no de mala gana, con resignación o porque es lo que toca.
Los discípulos con sensatez le dicen que hay que despedir a la gente porque es tarde y no hay con qué darles de comer. La solución al problema que han visto está fuera del grupo. Ellos no tienen los recursos ni la capacidad para dar de comer a tanta gente. Jesús les dice algo sorprendente: «dadles vosotros de comer». Es imposible, ni tienen el dinero, ni dónde comprar. Siguen buscando la solución fuera. Jesús les dice: «cuánto tenéis vosotros». Al final entregan todo lo que tienen. Desde el principio ésta era la solución. Darle a Jesús, poner en manos de Jesús, todo. Y de lo que era claramente insuficiente Jesús obra el milagro, llega y sobra.
Ahora puedes mirarte a ti, mirar tu comunidad, tu parroquia… Nos falta mucho, no tenemos suficiente fuerza o dinero, no somos suficientemente santos, somos pocos, quizás tampoco somos los mejores…, pero lo que sí podemos hacer siempre es darle al Señor nuestros panes y peces. Es decir, darle lo que tenemos.
Así hace las cosas Jesús. Toma nuestra humanidad y nos hace capaces de Dios. Toma nuestra vida y nos llena del Espíritu Santo. Toma el pan y el vino en la Eucaristía y se hace presente. Así puedes pensar en todas las realidades humanas, si se deja que el poder de Jesús las transforme. En el fondo es el misterio de la Encarnación que hemos celebrado en Navidad, que culminará en la resurrección. Ilumina tu vida con este Evangelio que acabas de leer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 7 de enero

Jueves, 7 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Mateo 4, 12-17. 23-25
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: —«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

Pistas: Jesús es la luz que viene a brillar en medio de los que habitan en tierra y sombras de muerte. Así fue en su nacimiento. Y por supuesto así será su ministerio, su vida, su muerte y resurrección. Lo que celebrábamos ayer, la manifestación de Jesús a todos los hombres representados en los magos de oriente, lo lleva a cabo Jesús.
Su mensaje es claro: “convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Acompañado de signos. Viene a salvar, a liberar, a sanar… ésta es la vida de Jesús. Y éste el regalo que nos ha venido a traer.
Hoy has leído los primeros pasos de la vida pública de Jesús. Enseguida acabaremos el tiempo de Navidad y recorreremos con Jesús ese camino. El Evangelio de hoy te invita mirar a Jesús que viene como luz a las tinieblas. Él es la salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 6 de enero

Miércoles, 6 de enero
Epifanía del Señor.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Pistas: Como has ido descubriendo, al acercarnos a un texto de la Palabra de Dios lo primero que hay que hacer es intentar comprender lo mejor posible su contexto, las intenciones del autor, su historicidad, el género literario… lo que cuenta y cómo lo cuenta. Cuanto más sepas de esto mejor vas a poder comprenderlo. Pero precisamente porque desde la fe creemos que es Palabra de Dios, en la que Dios habla, también tenemos que dar el paso de leerla desde lo que la Iglesia, la fe y la tradición han ido interpretando. Este texto es perfecto para descubrir estas dos dimensiones.
Por un lado, podemos pensar en el acontecimiento histórico. Si quieres profundizar, Benedicto XVI en su libro la infancia de Jesús hace un análisis muy interesante http://www.alianzajm.org/IMG/pdf/LA_INFANCIA_DE_JESUS_Benedicto_XVI.pdf a partir de la página 54.
¿Quiénes eran aquellos sabios de oriente? Hombres de ciencia, estudiosos de los astros, que ven salir una estrella y creen que es el presagio del nacimiento de un poderoso rey. Y se ponen en camino a buscarlo. Para rezar con el texto hoy vamos a fijarnos en ciertos detalles.
Los magos de oriente, los extranjeros, van a adorar a Jesús. La adoración implica reconocimiento, veneración, amor, obediencia, devoción… No van a comprobar su teoría, no van a buscar intereses, van a adorar. Benedicto dice que son buscadores de la verdad. Se arriesgan, dejan todo para intentar hallarla en un rey que ha nacido.
La tradición nos dice que son tres, Los hemos pensado viniendo cada uno de un extremo del mundo conocido en aquel entonces: África, Asia y Europa, Muchas veces nos los presentan también como un hombre mayor, un adulto y un joven. Incluso podemos imaginarnos que siguiendo la estrella se encontraron por el camino. Qué bonito pensarlo, la estrella es la luz de Dios que nos quiere guiar hacia el que de verdad puede salvarnos: Jesús. Los que queremos encontrar la verdad, acabamos también encontrándonos y caminando juntos hacia el encuentro con el que es la verdadera luz del mundo.
La estrella fue anuncio y guía para ellos que supieron mirar. Saben ver la estrella, saben seguirla. Creo que podemos sacar una doble interpretación. Primero, necesitamos una estrella que nos lleve a Jesús, que nos guíe. La Iglesia, la comunidad, la Palabra de Dios (cuando la estrella desapareció, apareció la Palabra para guiarles… y cuando se pusieron en camino lejos de los intereses de Herodes, yendo sólo a buscar a Jesús la encontraron otra vez). Por otro lado, la Iglesia, los discípulos de Jesús estamos llamados a iluminar el camino para el encuentro con Jesús. Que puedan encontrarle, reconocerle y adorarle. Lo importante no es la estrella, es el Niño.
Puedes orar imaginando la escena. Han llegado hasta la casa y entran. Allí están José y María con el niño en su regazo. Los magos y sus acompañantes. Es un momento intenso de sentimientos, de adoración, de fe, de preguntas, de presencia de Dios. Más que para explicar es para imaginar y contemplar. En aquellos extranjeros estamos representados nosotros, toda búsqueda de verdad, de alguien digno de ser creído y adorado, la búsqueda de un Dios que no esté lejos… Imagina aquel encuentro y métete tú también en la escena. Quizás hasta puedas oír las voces de los magos de oriente. “Este es el oro que a todo rey corresponde poseer; esto, el incienso, como corresponde a Dios; y esto es la mirra, que ungirá su cuerpo”. Esta última ofrenda hace mirar al desenlace de la vida de Jesús, a su muerte en la cruz.
Jesús se revela como Rey-Mesías, como Dios y como hombre. Lo hace a todos. Da qué pensar: ni las autoridades religiosas, ni los más poderosos de la zona, sino unos sencillos pastores, y unos extranjeros siguiendo una estrella fueron testigos del nacimiento del Rey-Mesías. Los que estaban despiertos (los pastores), los que buscaban la verdad y veían los signos (los magos).
Por último, se marchan por otro camino. Las cosas no quedan igual tras el encuentro con Jesús. Herodes ya no pinta nada. Y se van llenos de alegría.
Muchas ideas para que ahora vuelvas a leer el texto metiéndote en la escena, adorando, contemplando, escuchando, mirando ¿Qué te dice y qué le dices tú a Jesús, a María, a José? ¿Qué aprendes de los magos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 5 de enero

Martes, 5 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: —«Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
—«Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó:
—«¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
—«Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
—«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta:
—«¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
—«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió:
—«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó:
—«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió:
—«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: Ayer y hoy hemos leído estos relatos de vocación. Es como si la liturgia quisiera decirnos: a este misterio de la Navidad, al misterio de Jesús, hay que responder y sólo lo podrás hacer siguiéndole. “Ven y verás”, “sígueme”.
Los que siguen a Jesús y descubren quién es se lo cuentan a otros y les invitan a acercarse a Jesús también.
Es muy curioso el Evangelio de hoy. ¿Qué sucedería debajo de la higuera? Fuese lo que fuese, era algo importante para Natanael. Jesús le conoce, conoce lo que es importante para él. También a ti te conoce y lo que es importante para ti. Y te ofrece embarcarte en una aventura, la de su gracia, amor y salvación. Es verdad, superará tus expectativas. Verás cosas mucho más mayores.
Todo empieza por una decisión: ¿qué respondes al “ven y verás”? ¿qué respondes a su invitación: “sígueme”? Hoy encontrarás a Jesús en la comunidad (en la Iglesia), en la oración, en la Palabra, los sacramentos… ¿qué respondes?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.