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Lunes 18 de noviembre

Lunes, 18 de noviembre
Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: Pasa Jesús Nazareno.
Entonces gritó: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? El dijo: Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: Recobra la vista, tu fe te ha curado.
Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Pistas: Un hombre que se había quedado ciego está pidiendo al borde de un camino y éste era el único modo de ganarse la vida de alguien que según la mentalidad judía estaba marcado por el pecado, suyo o de su familia. Oye el ruido, se entera de que es Jesús el que pasa y no pierde la oportunidad. Da igual lo que le digan, lo que piensen de él, le intentan callar. Pero él sigue gritando más fuerte. Hasta que Jesús manda que lo lleven a su presencia. Se produce el diálogo con Jesús y por la fe el milagro. Y la gente alaba a Dios.
Vamos a fijarnos en el simbolismo de este relato. Ya sabes que se puede hacer una lectura espiritual de estos milagros de Jesús. ¿Qué cegueras hay en tu vida? Tal vez te gustaría tener más fe, o antes creías, rezabas, eras fiel y ahora estás un poco perdido… pregúntate en qué necesitas que Jesús te sane.
Jesús va con sus discípulos y la gente que le sigue. Unos llevarán al ciego a Jesús, otros tratarán de callarle porque molesta. Así es la Iglesia. Unos te ayudarán a acercarte a Jesús, otros se convertirán en un obstáculo, pero si perseveras, al final estarás ante Jesús –y date cuenta que sin la ayuda de los que acercan al ciego a Jesús hubiera sido todo más complicado-.
La presencia de Jesús y la fe lo cambian todo, puede ver. Esto es la conversión, poder ver otra vez, encontrar el camino (no estar al borde sobreviviendo), sino ya en marcha, adelante, con una meta. Este hombre decide seguir a Jesús y se convierte también en testigo de lo que Jesús ha hecho en su vida, lo que despierta la fe de otros. Deja que la Palabra de Dios de hoy hable a tu vida ¿qué te dice hoy? y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 17 de noviembre

Domingo, 17 de noviembre
Semana XXXIII del tiempo ordinario, ciclo C

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?»
Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien: «El momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.»
Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.»

Pistas: Jesús avisa de lo limitado de este mundo y de nuestras obras (“la belleza del templo”). Habla de los sufrimientos que ha habido y habrá en la humanidad. Y da tres consejos:
Primero. No tengáis miedo, no sigáis a los que van de salvadores. Sólo en Jesús hay salvación. Sólo en Dios hay libertad. Aunque haya mal, sufrimiento, persecución, injusticia y pecado en nuestro mundo. No existen sistemas ideológicos o materiales que den la felicidad y liberen al hombre. Son mentiras y cantos de sirena que conducen a la destrucción individual y de la sociedad.
Segundo: “Tendréis ocasión de dar testimonio”. Ante la persecución, mientras caminamos hacia el Reino de Dios, que ya está presente pero todavía no en plenitud, con la fuerza del Espíritu Santo daremos testimonio. Ante el pobre que sufre, tenemos que dar testimonio. Ante el ateo, ante el desesperado o el enfadado, tenemos que dar testimonio. Ante el que nos odia y nos persigue tenemos que dar testimonio. Ante los injustos y egoístas, ante el indiferente, el malvado, el tibio. Ante padres, parientes, hermanos y amigos. Ante todos. Tenemos que dar testimonio.
Tercero: “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Jesús dice: No os canséis. Perseverad. En un mundo en el que todo es inmediato (tengo hambre, abro la nevera o compro algo en la tienda. Necesito hablar , mando un whatsapp. Quiero entretenerme, enciendo la tele o cojo el móvil…); el Evangelio nos habla de paciencia y perseverancia. Porque Dios es bueno, ama y salva. Pero nosotros lo queremos ya. Lo queremos a nuestras órdenes.
El Dios cristiano es Padre misericordioso y poderoso. Es Hijo que se hace hombre y nos convierte en hijos de Dios abriéndonos el cielo. Es Espíritu Santo en el corazón de cada bautizado y en la Iglesia. Pero en Jesús tenemos vida (“ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”) porque el Espíritu Santo que era su fuerza, que obraba milagros, que lo resucitó de entre los muertos, que puso en marcha la Iglesia, ese Espíritu habita en ti y en mí. No tengas miedo, da testimonio, persevera y tendrás salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de noviembre

Viernes, 15 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 26-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot.
El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.
Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres.

Pistas: Pistas: “Comían, bebían y se casaban”. “Comían, compraban, vendían, sembraban, construían”. Se fiaban de la rutina… Estaban metidos en la rueda de lo cotidiano. Pero este mundo no es fiable. El Hijo del Hombre sí. Jesús sí es totalmente fiable.
Este Evangelio nos dice: perder la vida fiándose de Él, apostar por Él, es la única garantía. Quedarse mirando atrás como la mujer de Lot es quedarse apegado a la muerte (Sodoma), a lo que no salva ni da plenitud. El único camino para, en lo inesperado, poder encontrar vida, es Jesús.
Por eso Jesús invita hoy a no dejarse vencer por la rutina y por lo mundano. Aunque los buitres, presagio de la muerte, merodeen, no nos alcanzarán porque nosotros miramos al que venció: a Jesús. Cuántas sombras parece que acechan nuestra vida y nuestro mundo, y pensamos que lo van a destruir. Nosotros ponemos en Jesús nuestra esperanza y a Él amamos y seguimos.
Por eso no hay nada que temer, sólo al pecado y al engaño que nos aleja de Dios. La historia es la de Cristo vencedor, Él será todo en todos. Será una historia de amor y vida. Aunque los buitres merodeen, que no te pueda la rutina y lo inmediato, porque tú estás salvado por Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 14 de noviembre

Jueves, 14 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 20-25
En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros.
Dijo a sus discípulos: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del Hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Pistas: El Reino de Dios ¿Cuándo llegará? ¿Dónde estará? ¿Dónde encontraremos la salvación?
Jesús dice: “El reino de Dios está dentro de vosotros” ¡Cuántas veces buscamos a Dios en instituciones, personas, actividades…! Piensa un momento… ¿Dónde lo buscas tú?
Antes de poder encontrarlo en todo eso necesitamos experimentarlo en lo profundo de nuestro ser. Lo que no encuentras dentro de ti ¿dónde podrá estar? Tu relación con Dios ¿estará en otros o en ti mismo?
Decía el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Deus Caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Y ese encuentro nos dice el Evangelio de hoy que sucede dentro de ti.
Deja de buscar fuera. Párate, ponte delante de Dios y ora. Y ahí, en el encuentro personal, en la experiencia de Dios, te darás cuenta de que el Reino es amar a Jesús y saberte amado por el Padre. Que el Reino es llenarte del Espíritu Santo que te hace experimentar a Dios como amor y vida. Ahora, relee el Evangelio y ora con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXXIII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según san Lucas (21,5-19):

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Miércoles 13 de noviembre

Miércoles, 13 de noviembre
XXXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes.
Y mientras iban de camino, quedaron limpios.
Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Jesús está pasa por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote, ya que cuando un leproso se curaba iba a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, presentar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano y, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y a ser agradecido. Te invita a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y acudir a Jesús agradecido cada vez. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual todo eso. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Jesús no está lejos. Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Jesús te mira con amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos. Y así Él verá tu vida y tú la verás su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Tú puedes ser de los que pasa de largo, o de los que se enteran de verdad de qué va la salvación. ¿De qué lado eliges estar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 11 de noviembre

Lunes, 11 de noviembre
San Martín de Tours, Obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al Señor: Auméntanos la fe.
El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer tiene la siguiente estructura: -Cuidado con escandalizar a los pequeños. Más os valdría…
-Perdona las ofensas del que se arrepiente, las veces que haga falta. -Señor, auméntanos la fe.
-Si tuviérais fe…
La fe. La fe todo lo puede. La fe logrará el cambio en tu vida. Hará que este Evangelio de hoy se pueda hacer realidad. Tendrás cuidado de escandalizar (una cosa es el pecado y otra el escándalo), tendrás fuerza para perdonar, tendrás fuerza para pedir perdón. Tu vida cambiará. Para ti solo, con tus solas fuerzas, es imposible: Pero si tuvieras fe…
Quizás pienses: “Es bonito, sí… pero mi fe es pequeña”. Sin embargo, la fe de los apóstoles no era tan perfecta. Recorrieron un camino, el de estar con Jesús, seguirle, encontrarse con Él resucitado, llenarse de Espíritu Santo y seguir caminando como Iglesia.
Tal vez tu oración hoy pueda ser: Auméntame la fe. Y descubrir el camino que pone Jesús ante ti. ¿Qué pasos te pide dar? ¿qué luz arroja sobre tu vida? ¿necesitas corregir a alguien, dejarte corregir, pedir perdón, perdonar? ¿puedes ser motivo de escándalo? El poder de Dios es grande ¿te lo crees? ¿necesitas a Dios en tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de noviembre

Domingo 10 de noviembre
XXXII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
—«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.» Jesús les contestó:
—«En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»

Pistas: Dios «no es Dios de muertos sino de vivos». Estas palabras de Jesús alcanzan su plenitud cuando Él mismo resucita y demuestra que Dios es el Dios de la vida.
Para los saduceos (un grupo dentro del judaísmo) era incomprensible. Puede que tú, cuando intentas imaginarlo, también lo veas ridículo o infantil. Pero el hecho es que Jesús ha resucitado y nos ha prometido que participaremos de su resurrección.
La resurrección, la vida eterna, no sabemos cómo será. San Pablo habla de un cuerpo glorioso semejante al de Cristo. San Juan dice que seremos semejantes a Dios porque lo veremos tal cual es. Sea como sea, lo importante y lo que la resurrección de Jesús nos muestra es que seguiremos siendo nosotros, pero llevados a plenitud por el Espíritu Santo y participando de la resurrección de Cristo. Que viviremos para siempre junto al Dios de la vida. No seremos un mero recuerdo, una sombra, una parte de nosotros… sino tú mismo llevado a plenitud y participando de la vida de Dios.
«Los que sean juzgados dignos». ¿Qué quiere decir Jesús? Pues que a la vida eterna no se llega de cualquier manera. A veces por resaltar la misericordia y la gratuidad del amor de Dios le quitamos exigencia y valor. Durante el tiempo que peregrinamos en este mundo Dios nos ofrece su salvación y su gracia. Nos enseña un camino para vivir como hijos suyos. Nos da su Espíritu para vivir como sus discípulos. Nos ofrece su perdón y nos invita a la conversión. Pero si toda la vida le decimos que no, si le rechazamos, si vivimos de cualquier modo, cuando lleguemos al juicio de Dios ¿seremos juzgados dignos? Dios es Dios de vivos. Ahora y en la eternidad. Celebrémoslo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 9 de noviembre

Sábado, 9 de noviembre
Dedicación de la Basílica de Letrán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Pistas: Te invito a que leas el Evangelio de tres modos hoy.
Primero, imaginando la escena. La religión judía realizaba sacrificios de animales como parte de su culto, por eso todo ese mercado. Había una moneda propia en el templo y al cambiar salían ganando. Jesús viendo el negocio y en lo que se había convertido la fe, actúa. Las palabras de Jesús son incomprensibles para los que le escuchan. Sólo las entenderán tras su resurrección. Porque el templo verdadero, el lugar de encuentro con Dios, no es un negocio, un rito, un sacrificio…. es la persona de Jesús.
Segundo. Nuestra Iglesia, tu parroquia, tu comunidad. ¿Qué luz puede arrojar el Evangelio de hoy? La Iglesia tiene que ser lugar de encuentro con Jesús y todo lo que impida esto, sobra. ¿Qué sobra en tu comunidad? ¿Qué falta para que sea lugar de encuentro con Jesús? ¿Qué puedes hacer tú para que así sea?
Tercero. Tú eres el templo en el que Jesús quiere habitar. ¿Qué hay que purificar en tu vida? ¿En qué tienes que dejar que entre Jesús? Imagínalo entrando en tu corazón, en cada aspecto de tu vida, y cómo todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 8 de noviembre

Viernes, 8 de noviembre
XXXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido.
Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Pistas: Jesús pone hoy un ejemplo curioso. Parece que ensalza la manera de proceder del administrador injusto. Pero en realidad habla de su astucia. Y nos invita a una reflexión interesante ¿Por qué no somos astutos con las cosas de Dios?
Jesús quiere discípulos vivos, despiertos e inteligentes. Si los de las tinieblas lo son para sus fines malvados ¿Por qué hemos de avergonzarnos nosotros de ser perseverantes, inteligentes, hábiles? ¿No tendremos que poner todas nuestras fuerzas, capacidades y recursos en lograr que el Reino de Dios se haga presente en nuestras vidas y en nuestro mundo? ¿No debemos hacer una planificación para lo que es voluntad de Dios? ¿Por qué no vamos a proyectar, a buscar medios, a luchar, a esforzarnos, a encontrar aliados para ser buenos discípulos o para evangelizar?
En cristiano, el fin no justifica los medios. Pero los cristianos no podemos ser gente inútil, paralizada, acomodada, vaga, indolente… Jesús nos quiere coherentes y astutos, que demostremos inteligencia ante las distintas situaciones de la vida que se nos presenten, para traer el Reino, para cumplir la voluntad de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.