Martes 19 de enero

Martes, 19 de enero
II Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 23-28
Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? Él les respondió: ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.
Y añadió: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

Pistas: La observancia del sábado se había convertido en uno de los ejes de la vida religiosa judía. Jesús cambia la prioridad. Las personas están por delante de las tradiciones. Probablemente esto escandalizaría a muchos: ¿quién es éste que se atreve a cambiar lo que siempre se ha hecho así? ¿quién es para darnos lecciones?
Muchas veces la enseñanza de Jesús nos dice que vayamos a lo profundo de las normas, que no vale un mero cumplimiento. Piénsalo de este modo ¿de qué te sirve ir a misa todos los días si eres un ladrón o un mentiroso, si haces daño a los demás, si consientes el pecado habitual en tu vida? ¿de qué te sirve aparentar ser bueno si en el fondo justificas tus pecados? ¿de qué te sirve ser legalista y cumplidor si en el fondo no amas, no perdonas, no tienes misericordia…?
Lo central en la predicación de Jesús es descubrir a Dios que es amor y entrar en comunión con Él. Para Él lo más valioso somos cada uno de nosotros. Por eso “el sábado se hizo para el hombre”. Por eso amar a Dios y amar al prójimo van unidos. Por eso no vale sólo con practicar tradiciones, costumbres o ritos. Jesús quiere que tengamos vida y que demos vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 18 de enero

Lunes, 18 de enero
II Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno.
Vinieron unos y le preguntaron a Jesús. Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no? Jesús les contestó: ¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto (lo nuevo de lo viejo) y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.

Pistas: Comencemos por fijarnos en el contexto: Marcos nos presenta cinco controversias de Jesús con las autoridades religiosas judías. Las dos primeras las hemos leído antes del domingo. Primero, la autoridad de Jesús para perdonar los pecados. Segundo, la comunión en la mesa con los pecadores. Tercero -el que hemos leído hoy- el ayuno. Y en los próximos días leeremos la observancia del sábado y la curación en sábado.
El final del evangelio de hoy también quiere arrojar luz sobre los otros conflictos, que, además, eran cuestiones importantes en la vida de las primeras comunidades cristianas: ¿Jesús perdona los pecados? ¿qué hacemos con los pecadores, con los paganos? ¿y con las tradiciones o las costumbres anteriores?
La respuesta es poner a Jesús y la novedad que Él trae en el centro. El tema principal no es el ayuno, en otras ocasiones Jesús hablará de él recomendándolo. Más bien habla de la novedad que Jesús trae en todos los aspectos de la fe y la vida, de la relación de los discípulos con Él y de la prioridad de esta relación sobre otras prácticas.
¿Cómo podemos traducir esto a nuestros días? Se trata de ser discípulos de Jesús, de descubrir un nuevo modo de relacionarnos con Dios, entre nosotros, con la creación… Por eso, el vino nuevo necesita odres nuevos, un corazón nuevo que el mismo Dios nos da. El Espíritu Santo crea un nuevo corazón capaz de recibirlo y de amar, de vivir como Jesús enseña. Es un vestido nuevo que nos da la Gracia de Dios, no un remiendo. Por eso Jesús perdona los pecados, ha venido a salvar al que estaba perdido, no a condenar. El amor está por encima del ayuno y del sábado. La misericordia por encima de la ley… La Gracia de Dios, el Espíritu Santo, lo hace todo nuevo.
Si quieres vivir la novedad del Evangelio necesitas que el Espíritu Santo cree en ti un corazón nuevo, unos odres nuevos, un vestido nuevo, que te hagan capaz de vivir como discípulo, como hijo de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

III Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 1,14-20.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».
Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores.
Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Domingo 17 de enero

Domingo, 17 de enero
II Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Pistas: Juan el bautista ha experimentado quién es Jesús y da testimonio de ello. La figura de Juan irá disminuyendo y aumentando la de Jesús. Es interesante fijarse en este detalle, Juan anuncia a Jesús y sabe ceder el protagonismo, incluso darle sus propios discípulos, no se apega a nada. Imagina una Iglesia que como Juan Bautista brille por su valentía, su testimonio, su entrega a Dios y a los hombres a los que evangeliza (anuncia la Buena Noticia de Jesús), y disminuya en protagonismo para que sea Jesús a quien se ame, se sigue, se sirve y, por tanto, también a las personas. Una enseñanza para la Iglesia: hacerse pequeña en protagonismo y grande en su testimonio señalando a Jesús.
“Fijándose en Jesús que pasaba”. Jesús, pasa a lado de la vida de las personas. Pasa a tu lado. Pero alguien tiene que fijarse y decírtelo. Alguien tiene que fijarse y decírselo a los que no lo saben. Es el que quita el pecado del mundo, el que da su vida por los hombres, por amor a cada uno, lo sepan o no.
“¿Qué buscáis?” “¿Dónde vives?” “Venid y lo veréis”. No hay una discusión teológica, ni un evento espectacular y calculado hasta el milímetro. Simplemente un diálogo y un encuentro que les cambiará para siempre. Por eso “serían las cuatro de la tarde”, porque se les quedó grabado a fuego el momento de aquel encuentro. No sólo es un encuentro casual, van a su casa, donde vive Jesús. Podemos hacer una lectura espiritual de esto. No sólo se trata de un conocimiento externo o superficial, sino familiar, de hogar, de permanencia. Se trata de “ir” y “ver”, al lado de Jesús. Nuevamente podemos pensar en que la Iglesia tiene que ser un lugar para “ir” y “ver”, para estar con Jesús, una verdadera comunidad, un hogar, un lugar para vivir, para sentir, para ser familia.
Aquellos dos discípulos de Juan, creen en Jesús. Cómo sería la convicción de Andrés que va corriendo a buscar a su hermano: “hemos encontrado al Mesías”. Andrés se lanza, con fuerza y convicción, y lleva a su hermano Pedro ante Jesús. Y esto es muy importante, el encuentro con Jesús nos da una nueva identidad y misión. La identidad de hijos de Dios y a cada uno la misión de vivir como discípulos y evangelizar según la llamada.
“Jesús se le quedó mirando” y le dio una identidad y una misión. Es bonito también descubrirlo así: Dios te mira, a Dios le importas, le importa tu vida, tus alegrías y tristezas, tus luchas, tus caídas y tus éxitos… Él te mira y te ama, te llama, te hace suyo. Eso significa en la Biblia poner nombre, es hacerlo propiedad de aquel que le pone el nombre.
En este tiempo complicado que nos está tocando vivir no se trata de llenarse de ideologías, de falsas promesas, de mesianismos baratos… Jesús sigue invitándote: “ven y verás” y acercándote a Él podrás encontrar lo que nada de este mundo puede darte: un amor incondicional, una salvación auténtica y eterna, un amigo fiel, a tu Dios… ¿Te atreves a responder a la invitación, al “ven y verás”?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 16 de enero

Sábado, 16 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

Pistas: Jesús siempre mira más allá de las apariencias. Llama a un cobrador de impuestos, a un colaborador con el Imperio Romano. Alguien despreciado y mal mirado por las autoridades religiosas judías y por muchos del pueblo. A pesar de todo, Jesús le llama y él le sigue. Así que seas como seas, hayas hecho lo que hayas hecho, Jesús te invita, te llama, a seguirle.
No sólo eso. Quiere entrar en tu vida, no importa cómo la estés viviendo, lo buenos o malos que sean tus amistades. Si tú le aceptas y le acoges entrará en tu casa, en tus cosas, para llevarte salvación y vida.
Este Evangelio me hace pensar en el tipo de Iglesia que creamos ¿Somos como los fariseos, nos escandalizamos y juzgamos? ¿o cómo Jesús que come con ellos, los acoge, se deja acoger por ellos? Una Iglesia que busca, invita, conoce, ama… ¿es la nuestra?
¿Te sientes pecador? Jesús ha venido a llamarte. Eres de sus discípulos, no temas ir con Jesús allí donde te lleve. Pero siempre con Él, porque sana y salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de enero

Viernes, 15 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 1-12
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta.
Él les proponía la Palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema.
¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados» o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados… entonces le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos.
Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.

Pistas: A veces, para algunas personas, es difícil poder encontrarse con Jesús. Muchos están con Él y curiosamente no dejan que otros se acerquen.
Pero los amigos del paralítico se las ingenian para que llegue hasta Jesús. Son creativos. Hacen lo que sea necesario para lograr que se encuentre con Él, porque creen que en Él hay salvación. Creen que en Jesús su amigo encontrará lo que necesita y, por supuesto, quieren a su amigo.
A primera vista podemos pensar que buscaban su curación física, pero el Evangelio parece indicarnos otra cosa, porque cuando Jesús le dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”, los que piensan mal de Jesús son los expertos en la ley. Y Jesús, por su poder, y por la fe de aquellos hombres, salva y sana a aquella person. Liberación espiritual y curación física. Y quienes lo ven y quieren aceptarlo, comprenden quién es. No es un curandero. No es un charlatán. Es Dios o por lo menos un hombre con el poder de Dios con él. Sus discípulos llegarán a descubrir en plenitud quién es Jesús, pero ése es un camino que hay que recorrer.
Si iluminas tu vida con lo que nos enseña el Evangelio puedes encontrar distintas perspectivas con las que sentirte identificado. A veces serás como los que buscan el camino para acercar a su amigo a Cristo, sin desanimarse por las dificultades y confiando en Jesús aunque las cosas no sean como ellos imaginan. Otras, tendrás que dejar que te acerquen a ti, encontrar el camino gracias a la fe de otros (eso es la Iglesia), aceptar el perdón de Jesús y poder levantarte de nuevo. Porque Jesús tiene poder para salvarte. O quizás seas como esos que están con Jesús pero no son capaces de ver al que lo necesita. Entonces, cambia lo que sea preciso para no ser un estorbo e impedir que otros lleguen a Jesús.
La Iglesia que mira y sale a buscar, la que encuentra el camino para llevar a las personas hasta Jesús, es la que el Papa Francisco nos invita a construir. Una Iglesia en salida que vence obstáculos y cambia las cosas, persona a persona…. La que por su fe trae misericordia y salvación al mundo, y hace que los hombres se encuentren con Jesús.
El final del Evangelio dice: “No hemos visto una cosa igual”. Está claro, todo el que se ha acercado a Jesús lo cuenta. Con Él siempre pasan cosas nuevas. Y donde había pecado y sufrimiento, surgen esperanza y nueva vida, hay salvación. Tienes una triple misión: Acércate a Jesús, mira a tu alrededor y acerca a otros a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 13 de enero

Miércoles, 13 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta.
Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca.
Él les respondió: Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús se pone en marcha con los discípulos y comienza su tarea: predica, cura a los enfermos y expulsa los demonios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. Quédate con el que te llame la atención o con el que ilumine tu situación personal, y reza con él.
La suegra de Simón está enferma. Jesús se acerca, la coge de la mano y ella se recupera. Y se pone a servirles. Qué bonita la reacción de esta mujer. Y cuando Jesús nos cura a nosotros ¿qué hacemos? ¿nos levantamos y le servimos a Él y a los que nos necesitan? ¿o seguimos a nuestras cosas?
Muchos buscan a Jesús y Él los atiende. Siempre atiende a los que le necesitan. Esto tiene una doble implicación: si necesitas a Jesús, no tengas miedo. Acude a Él, lo encontrarás. Y si “representas” a Jesús en la Iglesia (y todos los cristianos lo hacemos cada cual desde nuestro lugar), tienes que ser como Él. Quien que te necesite tiene que encontrarte.
Escuché algo muy bonito sobre la entrega hace poco: el pan de la Eucaristía se parte, pero no se desvirtúa con ese partirse, romperse, entregarse… Los cristianos tenemos que ser pan partido, entregar nuestra vida al que lo necesite. Partirnos, rompernos en este sentido por los demás, cada cual desde su misión. Pero también es pan entero, en cada pedazo de pan está la Eucaristía completa. Un tiempo y una vida entregados, pero plenos, con una entrega de verdad, completa en cada momento. Y Jesús actúa así.
Jesús ora y ora sin cesar, saca tiempo para hacerlo… ¿cuántas veces en la rutina no lo hacemos? ¿cuántas veces encontramos mil excusas para andar a lo nuestro y olvidarnos de Dios?
Y cuando ha triunfado y todos le buscan, Jesús no busca la gloria humana. Tiene claro que la voluntad de Dios es llevar el Evangelio a más lugares y continúa, no se acomoda. Una tentación también frecuente en la Iglesia es el siempre se ha hecho así, aquí estoy cómodo, esto funciona… y Jesús nos enseña a movernos y continuar, a no conformarnos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

II Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 1,35-42. 
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?».
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

Lunes 11 de enero

Lunes, 11 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.
Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

Pistas: Parece el mismo mensaje de Juan el Bautista. Y, sin embargo, descubriremos que es absolutamente nuevo. Porque el Reino de Dios llega por medio de Jesús y se identifica con Él. Convertirse significa hacerse discípulo de Jesús, cambiar de modo de pensar y de vivir. La Buena Noticia es el mensaje y la persona de Jesús.
Jesús no se asusta porque Juan haya sido detenido. Se lanza a predicar. Es más, anuncia que el plazo está cumplido, que no hay que esperar. Ahora es el momento de acoger el Reino de Dios que ya viene. Los nuevos tiempos del Mesías son ya.
Fíjate cómo comienza el anuncio de la Buena Nueva. Creando comunidad, llamando para que estén con Él. La llamada a la conversión y al Reino pasa por el seguimiento de Jesús. Esto tiene muchas lecturas e interpretaciones. La primera es que la Buena Noticia no son sólo palabras e ideas sino relación. La Buena Noticia es también misión: “Os haré pescadores de hombres”. Jesús es consciente de la importancia del camino que va a recorrer y crea un grupo de discípulos a los que después llamará apóstoles (testigos) que puedan contar lo ocurrido y les encargará continuar su obra. Así nacerá la Iglesia.
Pero cuando comienzan a seguirle no tienen idea de todo eso, simplemente se atreven a responder que sí a un hombre atrayente, extraordinario, del que irán descubriendo quién es.
Inmediatamente deciden seguirle. Porque hay que tomar postura. Lo peor que podemos hacer con Jesús es quedar indiferentes. Hay que dejar cosas, cambiar esquemas, costumbres, modos de hacer… Pero la aventura a la que estos cuatro hombres se embarcan cambiará el mundo. Relee el Evangelio y deja que te sugiera algo con lo que orar.

Relee, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 10 de enero

Domingo, 10 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 6b-11.
En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Pistas: Se acaba la Navidad y vamos a comenzar el tiempo ordinario. La fiesta que inicia este salto es el Bautismo de Jesús. Los Evangelios nos cuentan que fue un punto de inflexión en la vida de Jesús. Desde este momento no parará de anunciar el Reino, invitar a la conversión, realizar signos y milagros.
¿Cómo rezar con este pasaje? Primero vamos a comprender bien el bautismo de Juan (el precursor, el hijo de Isabel y Zacarías). Anunciaba que el Reino de los Cielos estaba cerca, invitaba a la conversión y al cambio de vida. Y como signo de ese deseo de cambiar y purificarse bautizaba a los que aceptaban su predicación. Es un signo de purificación y deseo de conversión.
El bautismo cristiano tiene también esa simbología de purificación y conversión, pero es mucho más. Y comienza con el bautismo de Jesús. Como hemos celebrado durante la Navidad, Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Y en su humanidad Jesús es el hombre lleno, repleto, de Espíritu Santo. Éste es el don del bautismo, el Espíritu que nos hace también a nosotros hijos de Dios.
Esos dos elementos aparecen en nuestro relato. Juan reconoce que su predicación sólo puede invitar a la conversión, que detrás de él viene alguien más grande que dará el Espíritu Santo. Y la voz del cielo anuncia que Jesús es el Hijo. Por medio de Él nosotros también somos hijos.
Fíjate, Juan sólo puede invitar, anunciar, prometer… Pero Jesús lo realiza. Ése es el regalo del bautismo: la capacidad para ser, para vivir, para hacer realidad la conversión, la promesa.
Se acabó el tiempo de Navidad, vuelve la rutina (o algo parecido en este tiempo raro que estamos viviendo). Si nos llenamos del Espíritu podremos afrontarlo de un modo nuevo. Hacer dar fruto al don del bautismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida