Sábado 31 de agosto

Sábado, 31 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados; y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: ¿Y qué hubiera ocurrido si alguno de los que negocian con lo que le dio el señor hubiera fracasado? Pues nada, porque es imposible fracasar. La gracia de Dios, los dones de Dios, dan fruto siempre y tienen un premio asombroso. Tal vez haya que luchar mucho, convertirse, caerse y levantarse… pero al final dará fruto. La única manera de que esto no suceda es enterrar lo que Dios te quiere regalar y dedicarte a tus asuntos. ¿A qué dedicó el tiempo el que tuvo miedo y enterró el talento? Los otros emplearon su tiempo y esfuerzo en trabajar con lo que tenían. Cada cual tuvo un fruto distinto, pero el elemento en común es que acogieron lo que les dieron y trabajaron.
“Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Esta frase parece tremendamente injusta y sorprendente en boca de Jesús. Pero lo que nos promete es que con Él hay plenitud y lejos sólo la oscuridad del pecado y la desesperanza del sinsentido… Por eso, si acoges la gracia de Dios, si haces fructificar lo que Dios te regala, cada vez tendrás más porque la gracia de Dios da fruto. Porque cada vez profundizarás más en tu relación con Dios y te llenarás más del Espíritu Santo. Incluso si te caes, te levantarás por su misericordia. Pero si eliges enterrar la fe, vivir lejos de Dios, andar sólo a tus cosas… acabarás por perder hasta lo que crees tener.
Este Evangelio te pone ante una elección: poner a actuar la gracia de Dios en tu vida o enterrarla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 30 de agosto

Viernes, 30 de agosto
XXI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hoy nos cuenta Jesús esta parábola que habla de estar vigilantes y preparados. Nos dice que no da igual tener una actitud u otra. Las necias podían haber ido a comprar aceite antes de dormirse y todo hubiera sido diferente.
Tal vez puedas entender el aceite como aquello que te permitirá tener encendida la luz: oración, sacramentos, vida interior, vivir como discípulo de Jesús… Esto te hará estar preparado. Pero si te duermes sin tener el aceite ¿qué puede suceder? Si consientes que tu vida se llene de oscuridad y dejas que el pecado y el mal entren en ella ¿qué puede suceder?
Lee el Evangelio aplicándolo a tu vida. Jesús da muchas oportunidades, pero si te da igual dormir que tener aceite, si crees que es lo mismo vivir de un modo o de otro, cuando pase por tu vida y cuando llegue el momento final ¿qué puede suceder?
Por eso, ten preparado el corazón ¿Qué cosas necesitas cuidar para tener tu aceite preparado? ¿Cuáles te hacen estar dormido? ¿Vives como si supieras el día y la hora?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 28 de agosto

Miércoles, 28 de agosto
San Agustín

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

Pistas: Los sepulcros blanqueados diríamos hoy que son la sociedad de la imagen, las apariencias y del “postureo”. En muchos sectores de la sociedad o incluso en nuestra propia vida, lo importante no es la verdad, ni lo que se hace en lo privado, sino lo que se ve externamente.
Los escribas y fariseos se llenan la boca diciendo que son justos, pero terminarán condenando a muerte a Jesús porque les molesta lo que les dice. Harán lo que criticaban a sus antepasados.
También nosotros corremos el riesgo de vivir como ellos: sólo de apariencias, llenos de egoísmo e intereses, justificando nuestros pecados. Nuevamente no se trata de condenar la sociedad o a los que viven así, sino de mirar dentro, mirar a la propia vida y descubrir lo que hay en uno mismo de fariseo.
Pon la luz de Jesús, ella te mostrará la verdad y su misericordia limpiará tu corazón. El Espíritu Santo te dará la fuerza para vivir como discípulo de Jesús alejando de ti la mentira y la hipocresía.
El Evangelio nos invita a no tener dos caras, sino a vivir en la verdad, en la luz, siguiendo a Jesús. Para no caer en aquello que criticamos, para poder tener paz y para disfrutar de una vida tan plena que no necesita doblez.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 27 de agosto

Martes, 27 de agosto
Santa Mónica

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Pistas: Jesús continúa hablando a las autoridades religiosas de su tiempo. Les reprocha que cuidan lo externo sin cambiar lo interno. No dice que las normas religiosas o las tradiciones no sean importantes (si ayudan a acercarse a Dios y relacionarse con él). Pero dice que no vale vivir lo superficial y olvidarse de lo verdaderamente relevante.
Podríamos acercar más las palabras de Jesús a nuestros días poniendo otros ejemplos: el que paga la cofradía y va a las procesiones en Semana Santa pero su corazón está lejos de Dios y de todo lo que significa ser discípulo suyo. O el cura que tiene actitudes piadosas en su parroquia y guarda las apariencias, pero en su vida personal no vive lo que predica. O el que se preocupa de que la iglesia esté bonita o canta en el coro parroquial o es catequista… pero su corazón va por otro lado. Todo eso es bueno, importante, necesario incluso, pero no salva. Sin compasión y sinceridad no sirve de nada.
Piensa si tienes algo de esto en tu vida. Piensa desde la responsabilidad que tienes en la Iglesia, en tu comunidad, en tu familia o entre tus amigos. ¿Te fijas más en lo externo que en dejarte transformar el corazón por Dios y vivir desde el interior? ¿Vives de las normas externas, pero te olvidas de amar y ser coherente con tu fe?
Deja que Jesús limpie tu interior. Fíjate que dice: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”. Por eso, no permitas que lo superficial, las apariencias, lo exterior se conviertan en el centro de tu vida. Vive desde el corazón. Deja que tu corazón esté habitado por el Espíritu Santo y verás cómo todo se transforma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 25 de agosto

Lunes, 26 de agosto
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibar

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga».
¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.

Pistas: Jesús habla hoy a los que ocupan puestos importantes en la religión judía, a los que lideran y dirigen. Son palabras muy duras. Viven una fe interesada e hipócrita. Es la tentación de una religiosidad para satisfacer los propios deseos y que justifica el pecado con un barniz espiritual. Quizás al leer este Evangelio pensemos en los curas, obispos o religiosos que hacen mal las cosas. Pero de qué te sirve eso a ti.
Te propongo que dejes que este Evangelio ilumine tu propia vida: Si tienes responsabilidad en la Iglesia, piensa ¿podría decirme Jesús a mí en algo que soy un ciego o un necio? ¿dejo que el interés, el poder, el dinero o cualquier otra tentación me lleven a manipular a otros que están a mi cargo o a hacerles daño? ¿soy instrumento o estorbo para que otros entren en el Reino de Jesús?
En cierto modo, si eres alguien que vive su fe, muchos te mirarán y juzgarán pensando: “Éste es cristiano”. Piensa ¿eres digno de tal nombre o tu actitud cierra la puerta a otros?
En el fondo la pregunta es ¿quién es tu dios? ¿el dinero, el poder, el éxito, la imagen… o el Dios de Jesús?
¿Quieres ver (no ser ciego)? ¿Quieres encontrar la verdad (no ser hipócrita)? Acércate a Jesús. Él enseña el camino del amor y la autenticidad. Y ora con el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 25 de agosto

Domingo 25 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?».
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.»
Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Pistas: “Entrar por la puerta estrecha”. A veces se presenta un mensaje edulcorado de la fe en el que parece que sólo con una fe de cumplimiento o de mínimos es suficiente. La fe se parece en estos casos a ponerle un barniz a la vida. Los de la parábola del Evangelio saben cosas de Jesús, incluso han estado con Él, pero no se han enterado. No han profundizado ni han querido aceptar la verdad. Es como si fueras a la iglesia, cumplieses tradiciones… pero no tuvieses relación con Jesús y tu fe fuera sólo para acallar tu conciencia o por mera tradición.
En realidad, la puerta estrecha es Jesús. Seguirle a Él, vivir las bienaventuranzas, recorrer el camino de la Cruz y la resurrección. Entrar por la puerta estrecha es pasar de saber cosas sobre la fe, a ser discípulo de Jesús. Aún sabiendo que habrá dificultades, que no todo el camino será fácil.
Las consecuencias de no entrar por la puerta, de no seguir a Jesús, son quedarse fuera, en “el llanto y el rechinar de dientes”.
Así que muchos que se creen seguros, que se creen de los primeros, en realidad están fuera. Otros serán capaces de entrar por la puerta estrecha y se arriesgarán, se esforzarán y lucharán. En resumen, se trata de entrar en relación con Jesús y arriesgarse a seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 23 de agosto

Viernes, 23 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Vivir en el amor. Esa es la propuesta de Jesús. Un amor que nace del que primero ha tenido Dios por nosotros. Pero este amor no es algo abstracto. Se concretó en Jesús, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección, y se concretó en la venida del Espíritu Santo.
Y tú, puedes preguntarte ¿cómo amo a Dios? ¿con todo el corazón, el alma y el ser? ¿qué tiempo y energías le dedico? ¿qué hago por él? ¿cuánto le conozco?
También, respecto al prójimo. ¿Cómo es mi amor hacia los demás? ¿me esfuerzo, me entrego, me preocupo? Piensa en las personas que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar.
El que sigue a Jesús elige vivir en el amor hacia todos, como Él hizo. Por eso si creces en la fe crecerás también en amor a Dios, al prójimo y a ti mismo. Descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar y su amor no tiene medida.
En ese amor aprenderás a mirarte a ti mismo como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ama y te ha enseñado a amar. No podrás amar con libertad a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas. Por eso el amor cura a la persona y la hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: ser amados por Él y amar. Es un don, y es una tarea. Se realiza en la oración y en las acciones de cada día. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana: en un amor incondicional e inmenso que lo llena todo porque viene de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXI Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 13,22-30.

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió:
«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’.
Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’.
Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’.
Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.
Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos».

Jueves 22 de agosto

Jueves, 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María Reina

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
Fíjate que la parábola es para los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta.
La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen. No quieren, no se lo merecen.
Todos son invitados, da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí está una clave de esta parábola: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas, tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta y entra en el Reino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 22 de agosto

Miércoles, 21 de agosto
San Pío X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: La justicia que Jesús enseña se convierte en misericordia y gratuidad. Se parece al amor. Así es Dios. No nos paga como merecemos, sino que lo hace según su amor incondicional e inmerecido. Pero para poder acogerlo hay que, como los de la parábola, acercarse a la plaza (a la Iglesia) y atreverse a responder a la llamada.
El propietario de la parábola fue llamando a los que estaban dispuestos a escuchar. Va pasando a diferentes horas ¿Qué estarían haciendo los que responden más tarde? Andaban a sus asuntos. Pero, al final, escuchan la voz del propietario y responden. No nos explica cómo trabajaron cada uno, si lo hicieron bien o mal, si los últimos se esforzaron mucho. Lo que nos enseña la parábola es la medida del amor de Dios.
Decía una vez un sacerdote que muchos conversos a los que él había acompañado le habían adelantado en la fe como un Ferrari a un Seiscientos. Pero ni siquiera se trata de esto. La cuestión es cómo es el amor de Dios, que no nos paga cómo merecemos, sino según su amor y misericordia.
Así que estés como estés, acércate a Jesús, atrévete a escuchar su voz y responder y recibirás muchísimo más de lo que esperas.
¿Te crees de los primeros? Ten cuidado, no vayas a apartarte de Dios y hacerte un Dios a tu medida. No vayas a volverte un quejica que no entiende quién es Dios ¿Te descubres entre los últimos? No temas, acércate a Jesús y síguele. Recibirás mucho más de lo que sueñas. Dios es misericordioso y bueno. Y te invita a que lo descubras.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.