V Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 15,1-8. 
Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.
Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.
Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Lunes 30 de abril

Lunes 30 de abril
San Pio V, papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 14, 5-18
En aquellos días, se produjeron en Iconio conatos de parte de los gentiles y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, para maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio.
Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento, que nunca había podido andar. Escuchaba las palabras de Pablo, y Pablo, viendo que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó, mirándolo: «Levántate, ponte derecho.»
El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos.»
A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.
Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando: «Hombres, ¿qué hacéis? Nosotros somos mortales igual que vosotros; os predicamos el Evangelio, para que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen. En el pasado, dejó que cada pueblo siguiera su camino; aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia.»
Con estas palabras disuadieron al gentío, aunque a duras penas, de que les ofrecieran sacrificio.

Pistas: Persecuciones, violencia, tienen que huir… Y en medio de todo eso que podía ser desalentador, ellos siguen anunciando el Evangelio. El poder de Dios actúa en ellos. Lo que sucede a continuación es curioso. Imagínalo.
Por un lado, aquella gente cree ver en Pablo y Bernabé a dioses. ¿Cuántas veces nuestro mundo ve en la acción de Dios lo que quiere ver? Hoy muchos dicen que es energía que se canaliza o acciones de gente buena que hace el bien precisamente porque es buena, pero eliminan todo aspecto trascendente. Muchas personas hacen una religión a la carta: “Esto me interesa, esto no; esto lo acomodo yo a mi manera”. A veces es necesario pararse, estar dispuestos a descubrir más allá de nuestros convencimientos, para poder descubrir la verdad y encontrarnos con Jesús.
Por otro lado, Pablo y Bernabé no se apropian de la gloria de Dios. Y la Iglesia y cada uno de nosotros deberíamos mostrar que todo el bien que hace la propia Iglesia, que todo lo que aporta a la sociedad, que todo lo bueno que hacemos como discípulos de Cristo, no es porque seamos mejores personas que los demás o porque seamos más perfectos, sino porque el Espíritu Santo actúa en la Iglesia y en los que creemos.
Y Pablo y Bernabé aprovechan esas ocasiones para anunciarles la verdad proponiéndoles el camino de Jesús. No se dejan envolver por los halagos. Ellos saben que anuncian la buena nueva de Jesucristo. Ahora relee la lectura ¿qué te está diciendo Dios hoy a ti con este pasaje?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 29 de abril

Domingo 29 de abril
V Domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Pistas: El domingo pasado Jesús utilizaba la imagen del pastoreo para hablar de su identidad y la de sus discípulos. Hoy utiliza la vid. Cada frase encierra una profunda simbología que nos ayuda a entender mejor diferentes aspectos.
“Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”. La vid es la que hace posible que haya vida, es la que nutre y sostiene, la que está enraizada y de la que pueden nacer los brotes. Es verdadera, en Jesús no hay intereses, no hay mentira. Otros dicen actuar en nombre de Dios y lo único que buscan es su propia gloria. Jesús no.
El Padre es el dueño. En sus manos está la historia, es poderoso. Pero también es paciente (como enseñan otras parábolas de Jesús).
Dar fruto. El sarmiento –unido a la vid- da fruto, pero para ello necesita ser podado. Este proceso es duro. Significa cortar, quitar lo que sobra para conseguir buen fruto. Puedes mirar tu vida y comprender que seguir a Jesús y querer estar con Él en su viña implica cambiar, quitar cosas y dejar que crezcan los frutos en tu vida.
Pero sólo permaneciendo en Jesús se puede dar fruto. Todo lo demás son esfuerzos vacíos y vanos que llevan al fracaso, a la tristeza y al pecado. Jesús es el único que da vida y fuerza –unidos a Él podemos recibir el Espíritu Santo-.
Estar unidos a Jesús hará que podamos ver su poder actuar en nuestra vida: “Pedid lo que deseáis y se realizará”. Para ello su Palabra nos limpia, nos purifica, nos guía. Permanecer en Jesús y su palabra para dar fruto, para tener vida, para ver el poder de Dios en nuestra vida.
Todo esto debe llevar a plantearnos algo: cuando no hay frutos en mi vida ¿cuál será la razón? Cuando mi vida de fe es floja ¿qué tendré que hacer: buscar mil actividades, seguir como estoy o acercarme más a Jesús, conocerle, unirme a Él, conocer su Palabra?
Sólo unidos a Él se puede dar fruto. ¿Quieres una vida que dé gloria a Dios y fruto en abundancia? ¿o ser el sarmiento que no vale y es echado fuera?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 28 de abril

Sábado 28 de abril
San Pedro Chanel, presbítero y mártir
San Luis María Grignion de Montfort, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 13, 44-52
El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.”» Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Pistas: Leíamos ayer la predicación de Pablo en la sinagoga dirigida de modo especial a los creyentes judíos. El mensaje de Jesús es atrayente y al sábado siguiente encontramos a un gentío que quieren escuchar la Palabra de Dios. Seguro que por motivaciones distintas, pero un gran número de personas querían oír hablar de Jesús.
Es curioso. Los que lo tenían todo a favor para creer se resisten y atacan a Pablo y Bernabé, que les anuncian que Jesús está vivo y que las promesas del Antiguo Testamento se cumplen en Él. Y los gentiles, los que no saben, los que no conocen la Ley y los Profetas, acogen el mensaje, se alegran y alaban al Señor.
¿Qué sentimientos hay en cada grupo? ¿Qué busca cada uno? Los judíos tienen envidia, conspiran… No les importa la verdad. Los que escuchan la Palabra están dispuestos a cambiar, a encontrar, a dejarse iluminar por la luz de Jesús.
Puedes pensar con cuál de las dos actitudes te identificas más. O si a tu comunidad, a tu Iglesia, se le ha pegado una actitud parecida a la de los judíos, más preocupados de mantener estructuras, ideas, modos de hacer, que de buscar la verdad y descubrir a Dios.
La fe es un don. Por eso dice: “Los que estaban destinados a la vida eterna, creyeron”. Pero a la vez es una tarea, por eso les dice a los judíos: “La rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna”.
Cuando se abre el camino del Evangelio aparecen dificultades, persecuciones, conspiraciones… que aparentemente tendrían que frustrar el nuevo camino que se recorre. Pero sucede todo lo contrario: “Los discípulos quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo”. Hacen lo que Jesús dijo: siembran, no imponen; anuncian, no lavan el cerebro… Y cuando les rechazan continúan su camino manteniéndose fieles a Jesús y a la verdad.
“Llenos de alegría y de Espíritu Santo”. Si quieres ora con esto, porque así tienen que estar los discípulos de Jesús. Que las dificultades no te amarguen tu caminar con Jesús, porque Él siempre estará para ti y abrirá caminos donde no parezca que haya nada más.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 27 de abril

Viernes 27 de abril
IV semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, habiendo llegado Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga: «Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las profecías que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo: “Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.’,»

Pistas: Pablo predica a judíos creyentes en la sinagoga. Les habla de que Jesús cumple y que en Él se hacen realidad las promesas anunciadas en la Palabra de Dios.
Por un lado, puedes pensar en esto, en la fuerza que tiene la Palabra de Dios que se cumple en Jesús. La fuerza que tiene la acción de Jesús que hace realidad las promesas de Dios de un modo insospechado. Asomarte al misterio de Cristo, rezar, adorarle, contemplar.
Por otro lado, puedes también fijarte en el discurso de Pablo. Cómo se adapta a sus oyentes. Parte de lo que conocen y les expone la verdad de Jesús, la Buena Noticia del Evangelio. Cristo cumple las promesas de la ley y los profetas, murió y resucitó, es el Hijo de Dios. Y de ello hay testigos, que son ahora los encargados de llevar a todos los pueblos la salvación de Jesús. Les anuncia la verdad.

Déjate interpelar por la Palabra de Dios este día ¿qué te dice? ¿qué te pide? y ora al Señor.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 26 de abril

Jueves 26 de abril
San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Pistas: Hoy también, por la fiesta de San Isidoro, la liturgia nos propone otras lecturas. El pasaje que has leído presenta un mensaje que Jesús repite muchas veces: pone el ser, la autenticidad, el interior, por delante del interés, la apariencia o el exterior.
Dice a sus discípulos: sois sal y sois luz. No les dice que tienen que serlo, porque realmente lo son. En esto se convierte el que cree en Jesús. En alguien que transforma las cosas, que pone luz en la oscuridad. Forma parte de la esencia del cristianismo cambiar el mundo. Pero si la sal no quiere salar, si la luz no quiere alumbrar, pierden su identidad, se desvirtúan. Si el cristiano no vive como discípulo de Jesús, no deja que la fe en Jesús transforme su vida, si no da testimonio ¿qué será?
También cuando una comunidad cristiana deja de cumplir lo que has leído en el Evangelio, poco a poco enferma, pierde fuerza, deja de ser verdaderamente cristiana y finalmente o vuelve a su identidad o desaparece.
El Espíritu Santo es el que hace posible todo esto. Por eso, en este tiempo de Pascua, pídelo. Pídele al Señor estar lleno del Espíritu Santo. Eres sal y luz, y con la fuerza del Espíritu Santo estás llamado a que esto se note en tu día a día.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 25 de abril

Miércoles 25 de abril
San Marcos, evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Hacemos un paréntesis en la lectura del libro de los Hechos para celebrar la fiesta de San Marcos, Evangelista. Y leemos el final de su Evangelio.
Fíjate en los verbos: ‘Id’ y ‘proclamad’. Éstas son las directrices que da Jesús a sus Apóstoles. El mensaje del Evangelio traerá salvación a aquellos que lo acojan. Los mismos signos, el mismo poder que tenía Jesús, también acompañará a los que crean en Él.
Como venimos leyendo estos días, la promesa de Jesús se hizo realidad. Dios cumple lo que promete. Su palabra no falla. Y todo esto que anuncia Jesús se cumple en los primeros pasos de la Iglesia y sigue sucediendo hoy.
Ahora lee el Evangelio sabiendo que Jesús también te lo dirige a ti. ¿Qué te está pidiendo hoy con estas palabras? El Papa Francisco nos dice que seamos una Iglesia en salida. Y para responder a esta llamada: ¿qué tienes que hacer tú personalmente en tu propia vida? ¿qué está en tu mano cambiar en tu comunidad? El Evangelio decía: Id y proclamad. Es el mandato que tenemos. Y para ello no estaremos solos. El Señor confirmará la palabra y abrirá caminos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 24 de abril

Martes 24 de abril
San Fidel de Sigmaringa, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 11, 19-26
En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los helenistas, anunciándoles la Buena Noticia del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor.
Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos.

Pistas: El Evangelio se va extendiendo. Al predicar la palabra, al anunciar la Buena Noticia de Jesús, muchos creen en Él.
Fíjate cómo el libro de los Hechos siempre nos enseña que la gracia de Dios va delante. La Palabra, la Buena Noticia, es eficaz, da fruto al ser anunciada. Los evangelizadores son personas que viven la fe: “El Señor está con ellos”. Esto es una constante en los que anuncian el Evangelio según el libro de los Hechos: vivir la fe, estar llenos de Espíritu Santo. Y entonces Dios abre caminos y la fe se convierte en algo contagioso.
La Iglesia acompaña a los que se van haciendo cristianos. Hoy además la lectura nos cuenta en qué lugar se comienza a usar el término ‘cristiano’ para hacer referencia a los que acogen la buena nueva de Jesucristo. Antioquía es la primera en usar esta denominación. El número de cristianos aumenta tan considerablemente que es necesario usar un nuevo término para referirse a ellos. Ya no son una corriente dentro del judaísmo. Y la fe crece y se fortalece en la comunidad.
Puedes aprovechar la lectura de estos pasajes del libro de los Hechos para pensar en cómo es tu vida eclesial. ¿Qué puedes hacer para que hoy suceda como en aquellos primeros pasos de la Iglesia y nuestras comunidades sean vivas y tengan una fe contagiosa? Tal vez necesites que, como aquellos cristianos a los que Saulo (Pablo) y Bernabé acompañaron, te acompañen también a ti en la fe. Busca a quien pueda hacerlo, afianza tu fe, crece en ella.
La Iglesia de hoy es la misma de entonces. Tú y yo la formamos. ¿La mano de Dios está con nosotros? ¿somos personas llenas de Espíritu Santo? Si tienes dudas respecto a las respuestas piensa en qué podemos hacer, cada uno desde nuestras responsabilidades, por potenciar el mayor tesoro de la Iglesia: el mensaje que Jesús nos dejó.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 23 de abril

Lunes 23 de abril
San Jorge, mártir
San Adalberto, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 11, 1-18
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles hablan recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le reprocharon: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.»
Pedro entonces se puso a exponerles los hechos por su orden: «Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: Algo que bajaba, una especie de toldo grande, cogido de los cuatro picos, que se descolgaba del cielo hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y pájaros. Luego oí una voz que me decía: “Anda, Pedro, mata y come.” Yo respondí: “Ni pensarlo, Señor; jamás ha entrado en mi boca nada profano o impuro.” La voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha declarado puro, no lo llames tú profano.” Esto se repitió tres veces, y de un tirón lo subieron todo al cielo.
En aquel preciso momento se presentaron, en la casa donde estábamos, tres hombres que venían de Cesarea con un recado para mí. El Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin más. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa e invita a Simón Pedro a que venga; lo que te diga te traerá la salvación a ti y a tu familia.”
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que habia bajado sobre nosotros al principio; me acordé de lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.” Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?»
Con esto se calmaron y alabaron a Dios diciendo: «También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida.»

Pistas: La salvación y el mensaje de Jesús ¿es para los judíos o es para todos? Y el Espíritu Santo guía a la Iglesia en la respuesta. Jesús ha venido a salvar a todo hombre. Se lo había dicho, pero no acaban de entenderlo. Aparecen bandos, partidos, prejuicios. A Pedro le sucede como le ocurrió a Jesús: le echan en cara que no haga distinciones a la hora de transmitir la buena noticia. Hay grupos que se siguen considerando por encima de los demás, mejores que otros, con más derechos, más dignos. Justo lo contrario de lo que predicó Jesús. Ahora le toca a los discípulos entender qué supone enfrentarse a este cambio de mentalidad haciendo comprender a otros que Jesús es acogida, integración, puertas abiertas a quien le deje entrar en su vida, sea del grupo que sea, sea del pueblo que sea. Pedro tiene que cambiar su modo de pensar. Y todos tienen que dejarse sorprender por Dios. Y el Espíritu va por delante abriendo caminos.
Al leer estos días el libro de los Hechos de los Apóstoles, te invito a que mires cómo estás siendo Iglesia, desde la responsabilidad que te toque, y descubrir las claves que guiaron a los primeros cristianos.
Hoy vemos que la comunidad y la oración son puntales en estos primeros pasos de la Iglesia. Hay tensiones, pero se resuelven en la comunidad. Se resuelven en la Iglesia que Jesús ha instituido jerárquica. Y le preguntan a Pedro. Hay dudas, pero el Espíritu la va guiando como Jesús había prometido.
En estos tiempos en que es urgente evangelizar, la Iglesia (el Papa con sus indicaciones, tu comunidad concreta), la oración, dejarnos mover por el Espíritu, o más bien, ver por donde se está moviendo el Espíritu, nos hará descubrir los caminos que Dios quiere abrir en el mundo. Y a ti te hará descubrir los caminos que Dios está abriendo en tu realidad.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

IV Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 10,11-18. 
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.
El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
-como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.
Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre”.