Sábado 31 de marzo

Sábado 31 de marzo
Vigilia Pascual en la Noche Santa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Pistas: Hasta la Vigilia Pascual el sábado santo es el tiempo del silencio, de la espera. Jesús ha muerto y parece que todo ha terminado. Tristes, desanimados, desesperados…. Antes de leer el Evangelio de la noche santa, piensa un poco en la situación que atravesaron los discípulos, los amigos de Jesús, María, su Madre. Todo ha sido por amor a Dios y a los hombres. No lo podrán comprender hasta que se encuentren con el resucitado y reciban el Espíritu Santo. Entonces descubrirán que en Jesús todo ha sido hecho nuevo.
Si tienes tiempo, te propongo que reces con el salmo del viernes santo antes de leer el Evangelio.

Salmo 30
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás.
Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos; me ven por la calle y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

(Relee el Salmo y reza con alguna frase). A continuación o en otro rato lee el Evangelio.

Evangelio según San Mateo 28, 1-10
En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No, está aquí: HA RESUCITADO, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.» Mirad, os lo he anunciado.
Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.

Pistas al Evangelio: Al amanecer del tercer día (el domingo) la oscuridad se convierte en luz, el silencio en estruendo, los guardias que custodian la puerta no pueden hacer nada, la muerte ha sido vencida. Jesús ya no está en el sepulcro, el lugar de la muerte está vacío: HA RESUCITADO. El anuncio de Jesús se cumple.
Imaginaos cómo va alguien al cementerio… Pero todo cambia. Las mujeres, llenas de alegría van corriendo a anunciar a los discípulos que era verdad, que ha resucitado. El mismo Jesús se presenta ante ellas. Fijaos en los verbos: alegraos, no tengáis miedo, id.
Es sorprendente también a quién se aparece Jesús primero. No a Pedro o a Juan, que permaneció al pie de la cruz. Sino a unas mujeres (que en tiempo de Jesús no pintaban nada en la sociedad). Ellas son las primeras en creer y anunciar que Jesús resucita.
Deja que este Evangelio ilumine tu vida. La cruz, la muerte, la tristeza, el miedo, el pecado, la injusticia, la oscuridad… ¡Jesús ha resucitado! y tú eres partícipe de esa victoria.
Como veremos en los próximos días, Jesús regala el Espíritu Santo, que continúa su obra y actúa en los que creen en Él. Y todo el poder de su resurrección, todo el poder de Dios actúa en el creyente y en la Iglesia.
Ilumina tu realidad con la luz del resucitado: tu familia, tu comunidad, tu trabajo, tu Iglesia, tus problemas. ¿Qué tendrás que hacer? ¿a quién se lo tendrás que contar? ¿te lo vas a callar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 29 de marzo

Jueves 29 de marzo
Jueves Santo en la Cena del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 13, 1-15.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»).
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Pistas: Comenzamos hoy el Triduo Pascual. Nos hará recorrer las últimas horas de Jesús antes de su muerte, hasta su resurrección.
Jueves Santo. Es el momento de la Última Cena. Dos ideas fundamentales surgen de ella: La institución de la Eucaristía (que nos la cuenta la segunda lectura de la misa) y el mandato del amor fraterno (el Evangelio que acabas de leer).
¿Cómo sería aquella cena? Sin duda, un momento especial, para los discípulos y para la historia de la humanidad. La Pascua judía se convierte en la Nueva Pascua. La Antigua Alianza en la Nueva Alianza. Imagina cómo se pueden sentir. En medio de la incertidumbre, las autoridades judías quieren acabar con Jesús y se reúnen con su Maestro y su Amigo. Es la fiesta más importante para los judíos, en la que celebran que Dios les liberó de la esclavitud de Egipto conduciéndoles hacia la tierra prometida, la libertad y la vida.
Jesús dice que va a entregarse para la salvación de todos los hombres y manda repetir estos signos en memorial suyo. Todo el poder y la fuerza de ese acontecimiento: muerte y resurrección, se hace presente y actúa en cada Eucaristía.
Y junto a esto, Jesús realiza un gesto: imagínalo. Era una tarea de los siervos o de los esclavos. Y el Maestro, el Señor, el que va a cambiar la historia, el Hijo de Dios hecho hombre, se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos. Quiere que comprendan. Pedro le quiere ayudar porque no entiende ¿cómo se le quedaría grabada la actitud de Jesús?
Déjate amar por Jesús, déjate lavar por Él, deja que transforme tu vida. Que te enseñe lo que es amar, lo que es servir. El camino que conduce a la felicidad, a la salvación y a la vida. Ahora mira tu vida: ¿Lo entiendes o te resistes como Pedro? ¿lo vives y te dejas lavar o te apartas como Judas?
Jueves Santo. Jesús que se entrega y nos enseña el camino del amor y el servicio. Y te dice: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Un regalo que cambia los corazones.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 28 de marzo

Miércoles 28 de marzo
Miércoles Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: “El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.”» Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Pistas: Parece que Jesús está intentando hasta el final hacer pensar a Judas, dándole oportunidades para que se arrepienta, para que salga a la luz la verdad. Sigue siendo de los suyos, de sus Apóstoles, de sus discípulos. Pero ha decidido traicionarle y que otras cosas sean más importantes en su vida. Y aunque Jesús le dice claramente que lo sabe, esto no causa ninguna reacción en él. Le avisa de las consecuencias, pero Judas sigue adelante con sus intenciones. Disimula: “¿Soy yo acaso, Maestro?”. ¿Qué pensaría, qué sentiría, cuáles serían sus motivaciones?
Este Evangelio puede sugerirte muchos temas para reflexionar. Ningún grupo humano es perfecto. Ni siquiera el Hijo de Dios eligió un grupo “perfecto”. Uno de los suyos le traiciona. Pero aún así, la voluntad del Padre se cumplirá. Puedes pensar en tu vida, en tu comunidad, en el mundo, en la Iglesia. Hay Judas, hay personas que conspiran, que están equivocadas y buscan el mal… Pero en medio de eso vencerá el amor, vencerá Jesús, vencerá Dios.
Jesús lucha contra el mal, pero lo hace con la verdad y el amor. En ningún momento se pondrá al nivel de sus adversarios. Podría utilizar su poder e influencia. Sin embargo, continúa por el camino del amor, la verdad, la misericordia… No por el de las influencias, el poder, la manipulación o la venganza. Jesús se enfrenta al mal desde el bien.
Ahora lee el Evangelio otra vez y deja que hable a tu vida. Reza y contempla a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo de Pascua de Resurrección

Evangelio según San Juan 20,1-9. 
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Martes 27 de marzo

Martes 27 de marzo
Martes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote.
Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer, hazlo enseguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.
Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: “Donde yo voy, vosotros no podéis ir.”» Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «A donde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.»
Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: Una de las peores experiencias de la vida es que alguien a quien quieres, un amigo, un familiar, te falle o te traicione. Jesús va a experimentar esto: la incomprensión, la traición y el abandono de los suyos. La pasión de Jesús tiene también este aspecto de traición y soledad. Su propio pueblo le da la espalda, aquellos a los que tantas veces había ayudado, sus discípulos huyen asustados, a los romanos no les importa que sea inocente… Y Jesús está solo. Un puñado de mujeres, su madre y el discípulo más joven son los únicos que estarán a su lado.
El contexto de la escena es la Última Cena. Judas y Pedro, ambos, fallarán a Jesús. Pero sus motivaciones y sus reacciones son completamente diferentes. Judas, nos cuenta san Juan que se ha dejado corromper. Era un ladrón, sabemos que traiciona a Jesús por una bolsa de monedas y después no es capaz de superar el sentimiento de culpa y termina suicidándose. Pedro se siente muy seguro de sí mismo, pero después será cobarde y débil, no será capaz de estar junto a Jesús. Llorará amargamente sus negaciones, se arrepentirá, acogerá el perdón de Jesús y dará su vida por Él.
Todos tenemos algo de Judas (de dejarnos corromper, de consentir el mal y el pecado en nuestra vida, de sentirnos atraídos por el camino fácil) y algo de Pedro (orgullosos y seguros de nosotros mismos, pero en el fondo cobardes y débiles). Puedes rezar dejando que esta escena ilumine tu vida y tus actitudes. Pero que la oración te haga caer en la cuenta de que aunque te equivoques siempre puedes volver con Jesús. Por muy fuerte y grande que sea tu pecado y tu error Jesús siempre te preguntará, como leeremos en Pascua que le preguntó a Pedro: ¿Me amas?. De eso se trata, de amar a Jesús a pesar de todo, de vencer todo aquello que nos aleja de Él, de dejar que transforme nuestra vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunas 26 de marzo

Lunes 26 de marzo
Lunes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien habla resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Pistas: Jesús va con sus amigos. Son días duros, porque saben que los sumos sacerdotes quieren acabar con Él. Hay dos actitudes contrapuestas: el amor desinteresado, agradecido, de Marta, Lázaro y María. Y la actitud de Judas. Los primeros le abren su casa, comparten con Él lo que tienen, le dan lo mejor que poseen y le dan su amor. A pesar de que ser amigo de Jesús podía traerles complicaciones con los judíos.
Da qué pensar ver la actitud de Judas. Por un lado seguía con Jesús, pero por otro su corazón estaba lejos. Se había dejado seducir por el dinero y no era fiel. Siempre funciona así. Los grandes pecados no se improvisan. Comienzan como pequeñas concesiones y este hombre terminará traicionando a su Maestro (por el que lo había dejado todo) por un puñado de monedas y, desesperado, ahorcándose. Estaba con Jesús, pero en algún momento había comenzado a llevar una doble vida y se había ido alejando de Él.
La vida, la cena, el perfume, la amistad… Puedes imaginarte la escena. Las duras palabras de Jesús: “Lo tenía guardado para el día de mi sepultura”, dejando claro el camino que se abre ante Él. Puedes pensar si recibes a Jesús en tu casa, si le das lo mejor que tienes, si le amas, si te arriesgas dejando que esté en tu vida… O si el interés se ha colado en tu relación con Él.
Y por último llegan los judíos, tienen curiosidad: ¿Será verdad que Lázaro ha resucitado? ¿será verdad que Jesús está por aquí? ¿no sabe que le buscan?
Los sumos sacerdotes ya tienen clara su decisión: acabar con Jesús y sus seguidores. Y seguirán adelante con su plan. Como hemos ido viendo, no les importa quién es Jesús, ni les importa la verdad. Sólo quieren lograr sus fines humanos.
Estos días leeremos el desenlace y el modo sorprendente en que Jesús sale vencedor. Será el momento para reflexionar sobre muchos aspectos, pero en el Evangelio de hoy ya comprobamos que Jesús recorre un camino duro. Sabe que su destino es la muerte. Sabe quiénes le van a traicionar. Y, a pesar de ello, Él hace una apuesta por el amor mientras a su alrededor todo es una confabulación del mal. Jesús escribe con amor también sus últimos días y esto nos tiene que decir algo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 25 de marzo

Domingo 25 de marzo
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Pistas: Hoy os envío las pistas antes del Evangelio con el fin de situarnos ante uno de los momentos más destacados de los que vamos a rememorar en los próximos días.
En este día bendecimos ramos y palmas. Recordamos la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. Allí lo aclaman como al Mesías, cortan ramas de los árboles y se las ponen por el camino. Y serán los mismos que pocos días después gritarán: ¡Crucifícale!.
Al comienzo de la Semana Santa la Iglesia nos propone leer la Pasión, para ponernos en el contexto, como una introducción a este tiempo. Y eso mismo te propongo yo. Léelo imaginándote la escena, situándote en ella. Puedes pensar qué sentirían los protagonistas, qué les motiva.
¿Por qué Jesús se entrega a la muerte? Para salvarnos, por amor, voluntariamente. Podría no hacerlo. Pero ahí está, comenzando su camino hacia el calvario, el sufrimiento y la muerte, sólo por amor a ti.
Párate y reza en aquello que te toque el corazón, o te haga pensar… Deja que ilumine tu vida y tus situaciones.

+—Todos vais a caer, como está escrito: herirá al pastor y se dispersarán las ovejas. Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó:
S. Aunque todos caigan, yo no.
C. Jesús le contestó:
+—Te aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. C. Pero Pedro insistió:
S. Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.
C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos: +—Sentaos aquí mientras voy a orar.
C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: +—Me muero de tristeza: quedaos aquí velando.
C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
+-¡Abba! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro:
+-Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil.
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle. Volvió y les dijo:
+-Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles: S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto. C. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo:
S. —¡Maestro !
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo
+ —¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras. C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. —Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.» C. Pero ni en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote se puso en pie en medio e interrogó a Jesús:
S. —¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole: S. —¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?
C. Jesús contestó:
+ —Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo. C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. —¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís?
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: S. —Haz de profeta.
C. Y los criados le daban bofetadas.
Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: S. —También tú andabas con Jesús el Nazareno.
C. El lo negó diciendo:
S. —Ni sé ni entiendo lo que quieres decir.
C. Salió fuera al zaguán, y un gallo cantó.
La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. —Este es uno de ellos.
C. Y él lo volvió a negar.
Al poco rato también los presentes dijeron a Pedro:
S. —Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo.
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. —No conozco a ese hombre que decís.
C. Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia; y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. —¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
+ —Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
S. —¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. —¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. —¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. —Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S. —Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. —Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: S. —¡Salve, rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a llevar la cruz.
Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. —¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz. C. Los sumos sacerdotes, se burlaban también de él diciendo:
S. —A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos. C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban.
Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a la media tarde, Jesús clamó con voz potente:
+ -Eloí Eloí, lamá sabactani. (Que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?) C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. —Mira, está llamando a Elías.
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo: S. —Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: S. —Realmente este hombre era Hijo de Dios.
[C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas Maria Magdalena, Maria la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé, que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacia mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. Maria Magdalena y Maria, la madre de José, observaban dónde lo ponían.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 24 de marzo

Sábado 24 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que habla hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Pistas: Jesús ha resucitado a su amigo Lázaro. Muchos creen en Él por este signo. Por otra parte, el enfrentamiento con las autoridades judías ha ido aumentando. Y hoy una mezcla de envidia y miedo les hacen poner en marcha los acontecimientos que acabarán con la muerte de Jesús.
Realmente no les importa la verdad, ni quién es Jesús, ni por qué es capaz de hacer esas cosas. Sólo tienen miedo a perder el control de la situación. Prefieren que las cosas sigan igual y mantener su poder. Se excusan en buscar el bien de los demás. Pero en el fondo tampoco creen en su Dios: el Dios de la alianza, el que no les ha abandonado nunca, que les sacó de Egipto… Sólo quieren hacer las cosas a su manera.
Tal vez algo parecido pasa a veces en tu vida. No dejas entrar a Dios, no te acercas a Jesús porque temes perder el aparente control que tienes…
Pero, volviendo al Evangelio, no saben que en realidad lo que va a suceder es tan grande que cambiará la historia. Y ellos, de un modo misterioso, cumplen la voluntad de Dios: “Os conviene que uno muera por el pueblo”, “también para reunir a los hijos de Dios dispersos”. La decisión está tomada. Jesús morirá.
Es curioso ver cómo el mal enreda las cosas. Un acontecimiento extraordinario, la resurrección de Lázaro, se convierte en el detonante y parece que todo estará orquestado para llevar a Jesús a la muerte. Pero todavía es más grande descubrir cómo el amor, el poder, la misericordia, la fuerza de Dios, es mayor que el mal y éste será vencido precisamente donde parece más fuerte.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Viernes 23 de marzo

Viernes 23 de marzo
Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»
Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.

Pistas: El Evangelio de ayer terminaba con Jesús diciendo: “Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo”. Los judíos no son capaces de asomarse al misterio que se revela en Jesús, pero tampoco quieren. Se cierran en banda. Más aún, quieren matarlo por blasfemo. Ni las obras ni las palabras de Jesús les convencen. Jesús se pone por encima de nosotros: “El Padre está en mí y yo en el Padre”. Realmente en el lenguaje de Jesús se ve que Él tiene conciencia de ser igual que Dios. Y esto les escandalizó.
Quizás en tu propia vida, en la sociedad en la que vivimos, también tenemos nuestros propios prejuicios y la figura de Jesús sigue escandalizándonos. Cuántas cosas buenas hace la Iglesia -que continúa la obra de Jesús- y cuántos también quieren hoy quedarse sólo con esas acciones pero rechazan la fe, a Dios y la moral. No admiten que en la Iglesia se encuentre a Dios y que ésta haga la obra de Dios en el mundo. Por supuesto, hay una diferencia. En Jesús no hay pecado, en los hombres que forman la Iglesia si y a veces oscurecen la identidad de ella. La Iglesia es santa en cuanto continúa la obra de Cristo con el poder del Espíritu Santo, pero está formada por hombres débiles y pecadores.
Puedes seguir orando haciéndote las preguntas: ¿Quién es Jesús? ¿qué nos enseña? y adorarle, alabarle, reconocerle como el Señor. También darte cuenta que no basta sólo con ser buenos y hacer buenas obras. Se trata también de encontrar la verdad (como en la palabra de Juan bautista). Se trata de encontrar a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 22 de marzo

Jueves 22 de marzo
V semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” seria, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Pistas: Tras leer este Evangelio sólo hay tres opciones respecto a Jesús: O es el Hijo de Dios hecho hombre, o era un farsante, o un loco. Jesús dice que creer y guardar su palabra da vida. Que Él no habla de oídas, sino que viene de Dios, que su gloria se la da su Padre. Que conoce a Dios, porque existe desde siempre como Dios mismo. Es decir, porque Él mismo es Dios. “Antes… existo yo”. Acusarán a Jesús de hacerse igual a Dios y así es. Con estas palabras Jesús deja entrever su divinidad.
Cuando muera en la Cruz todo esto parecerán falsas promesas. Un endemoniado, un loco, un demente, un farsante, un revolucionario judío que se creía el Mesías, un fanático religioso… Pero cuando resucita, la pregunta es inevitable: ¿Quién es éste? Y el misterio es asombroso: verdadero Dios y verdadero hombre que revela al único Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Nos acercamos a la Semana Santa. Pronto acompañaremos a Jesús en sus últimos días y celebraremos la Pascua. Después tenemos cincuenta días por delante para seguir celebrando la resurrección de Jesús. Y al final Pentecostés, la promesa del Espíritu Santo que se cumple.
Un modo de rezar con esta lectura es asomarte al misterio de Jesús, y admirarle, darle gracias, adorarle, alabarle. Lo que los judíos no fueron capaces de descubrir tú puedes hacerlo con la luz de la Pascua y la presencia del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.