Miércoles 28 de febrero

Miércoles 28 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 20, 17-28
En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» El les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Pistas: Jesús prevé el desenlace de los acontecimientos y se lo anuncia a sus discípulos. La condena a muerte, el sufrimiento, la burla, los azotes, la crucifixión y la resurrección. Puedes imaginar esta situación y pensar: ¿cómo se sentirían los discípulos? ¿tendrían miedo? ¿dudarían de que Jesús fuera el Mesías?
Ahora fíjate en la reacción que tienen. Unos buscan puestos y honores. ¿Cómo se están imaginando el reino de Jesús? Siguen pensando en un reino terrenal y se enzarzan en una discusión sobre reconocimientos y poder. Y Jesús les da la clave para seguirle: El camino es el amor, la entrega de la vida, el servicio a los demás. Lo que Jesús les enseña no son teorías. Él mismo irá delante
Ahora piensa en tu propia vida. ¿En qué situación estás? ¿quizás como los zebedeos y los discípulos de Jesús, como los que buscan el poder y los puestos? ¿o como Jesús quiere: amando, sirviendo y dando la vida? ¿buscando que los demás te sirvan, persiguiendo tus propios intereses? ¿o sirviendo a los demás? Llévalo a lo concreto. No es fácil amar, servir y entregar la vida. Porque requiere esforzarse, requiere morir. Y la Iglesia que tú como cristiano construyes ¿cuál es? ¿la de los puestos, los reconocimientos? ¿o la del amor, el servicio y la entrega?
En la cuaresma acompañamos a Jesús hacia Jerusalén, donde contemplaremos el misterio de su pasión, muerte y resurrección en la semana santa. Y en este camino estamos llamados a convertirnos, a vivir como verdaderos discípulos de Jesús. Para ello debemos eliminar los engaños y mentiras que nos hacen vivir acomodados en nuestro pecado o ser mediocres en una vida de cumplimiento o mundana.
Ser cristiano no es cuestión de mínimos. Jesús te invita a seguirle y aprender de Él. ¿Estás dispuesto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 27 de febrero

Martes 27 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Pistas: La hipocresía, la primacía de puestos y honores, la necesidad de reconocimiento, la prepotencia y la soberbia que critica Jesús en los escribas y fariseos nos dan unas claves para nuestra Iglesia y nuestra vivencia de la fe. Por un lado, corremos el riesgo de usar el pecado de algunos en la Iglesia o el mal ejemplo de algunos cristianos, como excusa para no creer. Esto sirve para justificarse y no buscar la verdad, no acercarse a Jesús, no convertirse. Por otro, si tú estás en la Iglesia, en tu familia o entre tus amigos eres de los que rezan y van a misa, te sirve de examen de conciencia: ¿cómo estás viviendo la fe? ¿dónde estás poniendo tu corazón? ¿qué está siendo lo central en tu vida?
Jesús nos indica el camino para no caer en esa vivencia religiosa: no te dediques a mirar lo que hacen los demás y a señalar sus pecados. Tú vive como discípulo de Jesús, no te excuses en que otros sean mediocres para serlo tú. No vayas de maestro, sólo Jesús es el Maestro, aprende de Él. En el momento en el que empieces a creerte mejor que los demás, enciende una luz roja y examina qué te está pasando. Sólo Jesús salva, sólo Jesús es la verdad. Podrás ayudar a otros a encontrar a Dios en la medida en la que abras a Él tu corazón y les ayudes a experimentar a Dios. Sin personalismos tuyos. Lo importante es Dios.
Continúa Jesús diciendo: servir y ser humildes. Servir tiene que ver con amar y vivir como discípulo de Jesús. Él quiso que esto se quedara tan grabado en el corazón de los discípulos que en la Última Cena hizo dos cosas: Anunciar su muerte, a la que se entrega voluntariamente para salvarnos, e instituir la Eucaristía. Y lavó los pies a sus discípulos para que comprendieran que no hay otro camino que el amor y el servicio.
La humildad tiene que ver con la verdad. Somos pobres pecadores que necesitamos la misericordia de Dios. Pero también sus hijos amados, que llenos del Espíritu Santo podemos hacer obras como las de Jesús o mayores. Todo es gracia de Dios, es regalo, es inmerecido, y todo requiere el cien por cien de tu esfuerzo. Porque lo que Dios da, lo da gratis, pero no barato. Examina tu vida a la luz de este Evangelio y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 26 de febrero

Lunes 26 de febrero
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

Pistas: Hace poco un amigo compró unas gafas azules y nos enzarzamos en una discusión: ¿eran azules o negras? Hasta que las comparamos con algo negro no hubo manera de convencernos: eran azules.
Un sacerdote antes de salir a la misa comprobó que el paño que usa para limpiar el cáliz estaba limpio y así le parecía. Pero, cuando salió y lo puso sobre el altar con el mantel blanco y más luz, se dio cuenta que no estaba limpio.
Este Evangelio nos plantea cuál es el modelo del discípulo de Jesús. Ser compasivos, no juzgar, no condenar, perdonar y dar. Todo esto, como lo hace el Padre. Como muestra Jesús que es el rostro del Padre.
Así que, si quieres ser discípulo de Jesús, no vale una religión de mínimos y cumplimiento. No vale una vida mediocre. La propuesta de Jesús es la vida en el Espíritu Santo. Sólo así podrás abrirte al amor transformador de Dios. ¿Cómo vas a permitir que Dios te ame, te salve, te perdone, se dé a ti y te dé todo lo que necesitas, si cierras tu corazón a vivir lo que Él te regala? Lo que Jesús propone es ser perfectos como el Padre es perfecto.
La medida de la gracia de Dios no es cualquier cosa. Siempre superará lo que esperas. Pero tienes que abrir la puerta y colaborar con ella. Es una medida generosa, colmada, remecida (como en una medida de legumbres, que al moverla caben más) y rebosante. Dios siempre te dará más. Y la clave es entrar en la dinámica de su amor. Amar, perdonar, no juzgar…. Practicando todo esto descubrirás que es posible y la gracia de Dios cada día crecerá en ti.
Pero si amas tacañamente, si juzgas, si no perdonas ¿cómo podrás acoger la gracia de Dios? La medida es el amor de Dios. ¿Quieres vivir en el amor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

II Domingo de Cuaresma

Evangelio según San Marcos 9,2-10. 
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos.
Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas.
Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.
Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”.
De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría “resucitar de entre los muertos”.

REFLEXIÓN

En el segundo domingo de cuaresma tenemos este precioso pasaje de la transfiguración, pero no podemos obviar la primera lectura. El sacrifico de Isaac, prefigura el sacrificio de Cristo. En el Talmud encontramos una interpretación de este pasaje en el que se narra el diálogo entre Isaac y Abraham, Isaac le dice a su padre “átame fuerte no sea que por el miedo yo me resista”. Para Isaac que su padre obedeciera a Dios le importaba más que su propia vida.

Nosotros también nos jugamos la vida en la obediencia a Dios, y no solo nos jugamos la nuestra sino que como somos ejemplo para los que nos rodean, para los que viven a nuestro lado tenemos responsabilidad en el ejemplo que damos, de ahí obligación de transfigurar nuestra vida, si yo me encontré con Dios mi vida no puede ser como la vivía antes, mi vida tiene que iluminar tantas tinieblas como hay en este mundo, no importa que sea pequeña mi luz, porque en la oscuridad una luz pequeña también es luz, lo que importa es que ilumine. Así los que estén a nuestro lado dirán lo mismo que los que estaban al lado del Señor “que bien se está aquí” Y también así cumpliremos con un sueño, el sueño De Dios, que nos sueña en nuestra mejor versión, que cuando nos mira ve en nosotros lo mejor que podemos dar.

Que disfrutemos todos de este precioso día que Dios nos da. Feliz domingo

Domingo 25 de febrero

Domingo 25 de febrero
II domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 1-9.
En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Pistas: Jesús se lleva a Pedro, Santiago y Juan a una montaña. Para los judíos es el lugar de teofanía, de manifestación de Dios. Y allí Jesús muestra a sus discípulos, a los que había anunciado su muerte, el resplandor de su divinidad. La luz de Jesús brilla. Se transfigura ante ellos. Jesús aparece como la plenitud de la revelación, conversa con Moisés (la ley) y Elías (los profetas), para hacer entender a sus discípulos que el Antiguo Testamento habla de Él, y que lo que se anunció se cumplirá. Y en medio de una nube –algo muy significativo también para los judíos-, se oye una voz: “Es mi Hijo amado, escuchadlo”.
Pero no basta con quedarse ahí. No basta disfrutar de la verdad que se descubre al acercarse a Jesús o de la paz que se puede encontrar en Él. Jesús se pone en marcha hacia Jerusalén, ahí entregará su vida. Morirá y parecerá el fin de todo. Pero después podrán comprender qué significa eso de “resucitar de entre los muertos”. Por fin comprenderán el alcance de lo vivido en ese monte y quién es aquél a quien siguieron.
La cuaresma nos hace mirar también hoy a Jesús: verdadero Dios, el Hijo, la Palabra hecha carne, la plenitud de la revelación de Dios. Nos hace mirarle para poder comprender el alcance de lo que sucede en la Pascua. Mira a Jesús en este día. Tiene algo que decirte hoy a ti. Acércate al que resucitó y vive para siempre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 24 de febrero

Sábado 24 de febrero

I semana de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Pistas: Ayer decíamos que ser discípulo de Jesús, ser cristiano, no es una cuestión de mínimos y cumplimiento. La relación con Dios transforma, el amor de Dios cambia a la persona y la lleva a vivir en el amor. Esto es lo que Jesús enseñó y practicó.

Si dices que amas a Dios, que sigues a Jesús, pero tu estilo de vida es como el de quien no tiene fe. O si te amoldas al estilo y a los criterios del mundo… ¿Qué tipo de fe es la tuya?

Ser discípulo es un reto exigente porque es un camino de plenitud, no una propuesta mediocre que promete pero no satisface. Porque el reto es llenarse del Espíritu Santo y llevar una vida en el Espíritu. Es entender que el Espíritu te acompaña y guía cuando decides abrir tu vida a Dios. Es descubrir el camino que Dios tiene para ti y recorrerlo.

Por todo ello ¿te atreves a aceptar el reto de vivir en el amor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Hoy os envío un enlace, los subtítulos tienen algún fallo pero tal vez te ayude a rezar https://www.youtube.com/watch?v=0O3xDmXmHU8 )

Viernes 23 de febrero

Viernes 23 de febrero

San Policarpo, obispo y mártir

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.»

Pistas: Para entrar en el Reino de los cielos no vale un cumplimiento externo o superficial. Para seguir de verdad a Jesús es necesario dar un paso más. Los mandamientos indican el mínimo: “no matarás”. Y Jesús la plenitud: amar al enemigo, orar por los que te persiguen, entregar la propia vida.

Por eso, el Evangelio de hoy nos enseña que es necesario recorrer el camino de la misericordia, del perdón, del amor al prójimo, para poder acercarse a Dios. El odio, el rencor, la envidia, la falta de perdón, son una mochila pesada que hace sufrir. Son pesos que te dejan anclado en el pasado y hacen difícil acercarse a Dios, que es misericordia y amor. Por ello, para vivir la fe, es necesario librarse de esa mochila, perdonar, amar, olvidar, y así poder seguir adelante. Sólo de este modo podrás llevar tu ofrenda al altar, podrás entrar en la presencia de Dios, serás libre en su amor.

Este camino nos lo propone la Palabra de Dios esta cuaresma. Puedes ahora examinar cómo va tu vida en este tema y rezar con ello. Mira a Dios, que es misericordioso y que te ama incondicionalmente. Y después mira tu interior, mira a tu prójimo, reza. Y si tienes que cambiar cosas en tu vida, pídele ayuda a Dios y decide cambiarlas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 22 de febrero

Jueves 22 de febrero

Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Jesús pregunta a sus discípulos -que ya le siguen, son sus amigos y serán sus testigos- quién dice la gente que es Él. Y más importante: ¿quién decís vosotros que soy yo? Puedes hacerte estas mismas preguntas. Tú, que tal vez sigues a Jesús, crees en Él, intentas vivir como discípulo suyo, puedes preguntarte: ¿qué dice nuestra sociedad de Jesús? ¿quién es Jesús para ellos? Y, más importante: tú ¿quién dices que es Jesús? ¿quién es para ti?

La respuesta de Pedro nos enseña que para conocer verdaderamente a Jesús no basta una información histórica. Incluso no es suficiente estar con Él. Hace falta la fe. Hace falta la gracia de Dios, que Dios lo revele. Por eso hay que pedir a Dios fe y por eso conocer a Jesús realmente sólo es posible con una mirada de fe. Ésta no se opone a la razón. Es más, responde a lo que está escrito en nuestro corazón, pero lo trasciende.

Pedro encuentra su propia identidad en el encuentro con Jesús: “Tú eres Pedro”. Encontrarse con Jesús, acercarse al misterio de Dios, hará que descubras verdaderamente quién eres. Y hará que aparezca (tal vez ya lo ha hecho) un camino en tu vida. Y la respuesta a las preguntas: por qué y para qué. La existencia no es ver pasar los días sino encontrar un propósito. Y cuando Dios pide algo da la capacidad para hacerlo, como se la dio a Pedro.

Por último, Jesús funda su Iglesia, en la que Pedro tiene un papel importante. Recuerda que le negó, que tuvo dudas, que muchas veces no comprendía quién era Jesús. Pero confió en él para organizar la estructura y las comunidades en las que vivir la fe cuando Jesús ya no estuviese físicamente con ellos. Puedes también aprovechar este Evangelio para rezar por la Iglesia, a la que el poder del infierno no podrá derrotar, por el Papa (sucesor de Pedro) y la misión que Jesús le encargó.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 21 de febrero

Miércoles 21 de febrero

San Pedro Damiani, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Pistas: Jonás es un personaje del Antiguo Testamento que aquí tiene un doble significado. Por un lado, el signo que será la resurrección Jesús: “Porque si tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena, también tres días y tres noches estará este Hombre en el seno de la tierra” (Mt 12,40). Y el otro significado tiene que ver con la conversión a la que Jesús invita, como Jonás, que gracias a su predicación se convirtió la ciudad de Nínive. Ésta es una ciudad extranjera, y la cita de Jesús va en la línea de la apertura que Él quiere mostrar. Dios es compasivo y misericordioso con todo el que se acerca a Él. Es más, Jesús trasparenta el rostro misericordioso de Dios, como vamos a seguir viendo en esta cuaresma. Y el que se acerca a Él con fe, encuentra salvación.

Otro ejemplo que pone Jesús es la “reina del sur” que va buscando sabiduría en tiempos de Salomón (sabiduría que Dios le concedió a este rey que pidió conocer su voluntad y saber gobernar a su pueblo, antes que una larga vida, riquezas o la vida de los enemigos). Jesús es la Sabiduría definitiva, el que revela a Dios de modo pleno, la Palabra de Dios hecha carne… Es el Camino, la Verdad y la Vida.

Y ahora mírate a ti mismo, mira a tu generación… Jesús es el signo también hoy. Si te acercas a Él podrás comprenderlo y encontrarás salvación. Es más, si te acercas a Él, tú también te convertirás en signo para otros porque la salvación de Dios actuará en ti. Y si las personas se encuentran con Él, nuestra sociedad se transformará.

La cuaresma, tiempo para cambiar, tiempo para acercarte a Jesús. ¿Qué está cambiando en ti en esta cuaresma?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 20 de febrero

Martes 20 de febrero

I semana de cuaresma

(Recuerda:

1. Pide el Espíritu Santo

2. Lee despacio y entiende por

3. Medita qué te dice la Palabra de Dios

4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros rezad así: “Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.”

Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Pistas: Jesús enseña a sus discípulos a rezar el Padre Nuestro. Pero antes les explica que para dirigirse a Dios no sirven la palabrería, ni el encerrarse en ritos, formas… porque Dios es Padre, y por eso ama y conoce a sus hijos.

Hoy puedes rezar despacio el Padre Nuestro, parándote a pensar lo que significa cada una de sus expresiones. Llamar a Dios: Padre. Nuestro, no sólo mío, lo que habla de una visión de la sociedad y de las relaciones entre los hombres. Del cielo, que está por encima de nosotros, que es poderoso, porque el cielo habla de lo que nos trasciende. Tres peticiones relacionadas con Dios: su nombre, su reino y su voluntad. Tres con los hombres: el pan, el perdón y la fuerza para no caer en la tentación. Reza con cada una de ellas o párate en alguna que te haga pensar hoy de modo especial o que toque tu corazón por la situación que estés viviendo.

El Evangelio termina haciendo hincapié en la relación con el prójimo como condición para la relación con Dios. En este sentido la cuaresma continúa invitándonos a la conversión y a examinar cómo es nuestra relación con el prójimo. Cada vez que rezas el Padre Nuestro le dices a Dios que te perdone como tu perdonas… Y éste puede ser también un terreno para examinar y rezar. ¿Eres capaz de perdonar las ofensas, los agravios, lo que te hace daño? Piénsalo bien. Quizás sea un buen propósito para este tiempo.

Vuelve a leer el Evangelio, escucha lo que Dios te dice a través de él y ora.