Domingo 31 de diciembre

Domingo 31 de diciembre
Sagrada Familia Jesús, José y María, fiesta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor (de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones»).
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo.
Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres (para cumplir con él lo previsto por la ley), Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.
José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: Mira: Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana: de jovencita había vivido siete años casada, y llevaba ochenta y cuatro de viuda; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Y volvemos a leer, pero ahora seguido, los Evangelios que habíamos leído los dos días anteriores. Hoy puedes orar poniéndote en el lugar de cada uno de los personajes.
José y María van descubriendo poco a poco quién es Jesús. Cuidarán de Él y, como nos cuenta el Evangelio, finalmente le verán crecer en sabiduría y lleno de la gracia de Dios. Puedes pensar en cómo ellos tuvieron que aprender a poner a Jesús en su vida. Ese mismo camino nos invita el Evangelio a recorrer a cada uno de nosotros y nuestras familias.
También puedes ponerte en el lugar de Simeón y Ana. La esperanza que se ve cumplida para ellos. Cómo en Jesús encuentran la respuesta a aquello que estaban buscando.
Y, por último, puedes contemplar a Jesús y adorar al Hijo de Dios que se ha hecho hombre. Es el Salvador, la luz, la gloria. Pondrá al descubierto las intenciones de los hombres, es el que cumple las promesas de Dios.
La Sagrada familia no tuvo una vida fácil. Tuvieron que huir, fueron perseguidos, sólo disponían de lo esencial para vivir y sufrieron el rechazo de muchos en su entorno. Pero no desesperaron porque se fiaron de Dios.

Relee el Evangelio escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 30 de diciembre

Sábado 30 de diciembre
Día VI dentro de la octava de la Natividad del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy leemos la continuación del Evangelio de ayer. Después del anciano Simeón, se acerca Ana a ver a Jesús. Una mujer que había dedicado toda su vida al Señor, con ayunos y oraciones. Y en cuanto ve a Jesús lo reconoce, da gracias a Dios y habla de Él a los que necesitan esperanza.
¿En qué se diferencia ese niño de los demás? ¿Cómo es capaz de reconocerlo? Lucas no nos lo explica, pero sí nos cuenta que es una mujer de oración, que se ha entregado a servir a Dios. Y ésta es la clave: sólo en una vida de oración podemos reconocer en medio de lo cotidiano a Jesús. En medio de la rutina, las alegrías y las tristezas, en medio de las dificultades, encontraremos al que viene a liberar y a salvar.
Y del corazón de Ana brota gratitud y la necesidad de contárselo a los que lo necesitan. Tú también lo has encontrado. Lo estás encontrando cada día al rezar como estás haciendo ahora. Cuanto más tiempo y mejor estés con el Señor en la oración, más consciente vas a ser de su presencia en lo cotidiano. Vas a percibir que Él está a tu lado, con más intensidad y fruto, en los sacramentos (Eucaristía, Confesión…). Y, además, como Ana, sentirás la necesidad de decirle a otros que la respuesta a lo que buscan, el que trae su liberación y su salvación, es Jesús.
El Evangelio termina haciéndonos caer en la cuenta de la humanidad auténtica y verdadera del Hijo de Dios que se ha hecho niño. Fue“ creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Es un hombre de verdad, no es apariencia ni un disfraz. Es un niño que aprende, que crece, que necesita la gracia de Dios, la gracia del Espíritu Santo… Y así nos enseña también a nosotros en nuestra humanidad que el camino para encontrar a Dios no es inalcanzable. Sólo requiere que pongas de tu parte, que crezcas, aprendas, te formes, reces y, entonces, podrás reconocerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

La Sagrada Familia

Evangelio según San Lucas 2,22-40. 
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,
como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él
y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación
que preparaste delante de todos los pueblos:
luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,
y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

REFLEXIÓN:

Fiesta de la Sagrada Familia. Una fiesta hermosa que comienza la mesa de la palabra con unos consejos de cómo tratar a nuestros mayores… “sed pacientes” recuerdo hace unos años, un compañero mayor me dijo… “lo que tu eres yo lo fui, lo que yo soy tu lo serás”  una sentencia que me dejo pensativo, ¿cómo voy a construir una familia si no soy capaz de ser paciente y comprensivo con mis mayores?.

San Pablo en la segunda lectura nos da unas pautas, comenzando por la de animaros los unos a los otros. Este tiempo de navidad es un tiempo muy propicio para la tristeza, recordamos a los que ya no están o a los que están lejos, o lo que nos falta… tenemos muchas razones para la tristeza, pero muchas más para la alegría. Un niño nos ha nacido ha nacido el salvador. Contemplemos por un instante ese portal de Belén o esa familia de Nazaret, Jesús perfecto por naturaleza Dios e hijo de Dios, María perfecta por gracia ya que perfecta tenia que ser la madre del Salvador y José la parte más humana de la ecuación, aunque justo dudaba y Dios le tenia que hablar en sueños para que tomara las decisiones adecuadas.

No se trata de que nuestras familias sean perfectas como la de Nazaret sino que nos dejemos orientar y guiar por su ejemplo.

José, el padre que como duda pone todo en la oración para que sus decisiones sean las de Dios en su vida. María que como toda madre nos acoge y de una manera especial al vernos pequeños y necesitados, ella nos arropa con su manto, nos consuela, nos anima… y Jesús niño, que pone alegría en nuestra vida ya que desnudo lo espera todo. Nosotros tenemos que ser así, dejarnos guiar por Dios a través de la oración, refugiarnos en María nuestra madre en las dificultades y como Jesús tener la confianza de que en nuestra desnudez, en nuestra pobreza, en nuestra imperfección vendrá Dios a completarnos.

Feliz domingo y feliz salida y entrada de año.

Viernes 29 de diciembre

Viernes 29 de diciembre
Día V dentro de la Natividad del Señor
Santo Tomás Becket, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 2, 22-35

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Pistas: El Evangelio de Lucas insiste en que en Jesús se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. María y José cumplieron la ley judía, porque como dice San Pablo, “cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo Ley para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiesen el ser hijos de Dios” (Gal 4,4-5). Jesús verdadero hombre, en una historia y situación concretas.
Simeón es reflejo de la esperanza que no defrauda. El Espíritu Santo se lo había revelado y el “anciano” seguía esperando el cumplimiento de la promesa. Y cuando ve a Jesús descubre que es el Salvador, es “luz para alumbrar a las naciones”.
Todo el tiempo de Navidad nos hace recordar, junto con la esperanza cumplida en Jesús, quién es Él. Y nos invita a asomarnos al misterio de Dios. También nos advierte que no va a ser un camino fácil. Jesús será una bandera discutida, una espada traspasará el alma a la Virgen, y los suyos, como decía San Juan el día de Navidad, no le acogen.
Hoy pueden servirte para rezar algunas de las ideas anteriores: Jesús es verdadero hombre, Dios se hace hombre con todas las consecuencias. La esperanza del anciano Simeón le lleva a ser capaz de reconocer a Jesús. La presencia del Espíritu Santo posibilita conocer a Jesús. El camino del Salvador no es fácil pero trae la luz y la salvación para todos.
Como le ocurrió a Simeón, nuestra esperanza se sigue cumpliendo hoy también en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 28 de diciembre

Jueves 28 de diciembre
Los Santos Inocentes, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 2, 13-18
Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»
Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.
Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

Pistas: Jesús es el Mesías prometido, el que cumple todo lo que hemos leído en el tiempo de Adviento, y lo hace realidad. Dios en persona viene a salvar, a traer luz, verdad, vida, paz, esperanza, alegría… y, sin embargo, muchos hombres no lo acogen. Es más, luchan contra Él. Cuando el poder, el éxito, el dinero, la posición social u otras cosas, se convierten en el centro de la existencia, se vuelven ídolos a los que se entrega la propia vida. Y ya no se distingue entre el bien y el mal. Sólo importa el interés. Por eso Jesús, la luz del mundo, la Palabra hecha carne, el Mesías prometido y la salvación que Él trae da igual, no interesa. No interesa la justicia, la dignidad de la persona. No interesa nada más que lo que ha ocupado el lugar de Dios.
La memoria de los mártires inocentes nos hace mirar a nuestro mundo injusto, cruel, que da la espalda al bien y la verdad, que da la espalda a Dios y a los hombres. Nuestro mundo occidental, que cierra las puertas a los que sufren y huyen de los horrores de la guerra, la violencia y el odio. Nuestras políticas. Nuestras vidas cotidianas en las que tantas veces cerramos los ojos a los que sufren, a los pobres, a los que nos necesitan. La corrupción, la soberbia, la mentira… Todo esto va convirtiendo nuestro mundo en un lugar oscuro y frío, muy lejos de lo que Jesús ha venido a traer, muy lejos de lo que significa la Navidad que estamos celebrando.
Los extranjeros, los magos de oriente, que aparentemente no debían saber nada del Mesías, se acercan a su luz, encuentran la verdad, encuentran a Jesús. Herodes y tantos judíos, que sabían y que esperaban, prefieren el poder, prefieren su estatus a la verdad y hacen lo que sea para conservarlo. Jesús se convierte en un exiliado, tiene que huir (el Hijo de Dios hecho hombre que viene a salvarnos…), se va porque le buscan para matarlo.
Y, sin embargo, la Navidad nos hace mirar a Jesús y decir: Él es la luz, es la verdad, es la vida. Aquellos niños, Herodes, nos hablan también del mundo de hoy. Hay que elegir: ser de los de Jesús, o ser de los de Herodes. Es decir: vivir en la luz o vivir en el interés y el egoísmo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 27 de diciembre

Miércoles 27 de diciembre
San Juan, apóstol y evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 2-8

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pistas: Celebramos hoy la fiesta de San Juan evangelista. Otra vez el Evangelio parece que no encaja con el tiempo de Navidad, ya que hoy nos relata que Jesús acaba de morir. Parecía el fracaso, el fin, parecía que Jesús no era el Mesías. Pero el sepulcro está vacío. Y Juan “vio y creyó”.
El día de Navidad leíamos el prólogo de su Evangelio, que nos ayuda a acercarnos al misterio de quién es Jesús. La Palabra que nos comunica a Dios. El Verbo encarnado. La luz, la vida, la salvación, el que nos hace hijos de Dios… Y hoy nos recuerda que es el que vence a la muerte, el que dejó el sepulcro vacío.
Acércate a Jesús en estos días de Navidad. Su nacimiento, su muerte y resurrección hacen las cosas nuevas. La luz del Espíritu Santo que te regala lo hace todo nuevo en ti. Pero esto solo será realidad en tu vida si te acercas a Él, si le adoras, si le amas, si te conviertes en su discípulo. La Navidad es Jesús, la vida es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 26 de diciembre

Martes 26 de diciembre
Octava de la Natividad del Señor
San Esteban, protomártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
-«No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Pistas: Este día la Iglesia nos propone la fiesta del primer mártir del cristianismo, San Esteban. En medio de la alegría, el gozo, la fiesta, la luz, la vida… de pronto nos asomamos al misterio del mal, el pecado y la muerte. Quizás para caer en la cuenta de que Jesús, el Mesías, el Esperado, el Prometido, el Hijo de Dios hecho hombre, hace nuevas las cosas, pero no por un camino triunfalista, de poder, de imposición. Ni con promesas edulcoradas o mentiras.
El Espíritu Santo que concibió a Jesús lo llenará y guiará plenamente toda su vida. Y Jesús resucitado por el mismo poder del Espíritu, repleto de Él, nos da ese Don a nosotros. Es con la fuerza del Espíritu con la que Jesús hace nuevas todas las cosas. Jesús es verdaderamente la luz. Por eso nada, ni la muerte, la traición, el odio, la injusticia… puede vencer su luz. Porque su victoria es plena y para siempre.
Y esto es también para ti, para tu vida y la de los tuyos, para tu comunidad, para nuestro mundo… Habrá dificultades, pero si perseveras con Jesús, encontrarás salvación. Es la única respuesta. En medio de cualquier circunstancia tu vida está en manos de Dios, como estuvo la de José, María y Jesús, como estuvo la de San Esteban. Por eso, no temas: el Espíritu de Dios está en ti. Jesús salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 25 de diciembre

Lunes 25 de diciembre
Solemnidad de la Natividad del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 1, 1-18.
En el principio ya existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: Este es de quien dije: «el que viene detrás de mi pasa delante de mi, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Pistas: El Hijo de Dios, la Palabra que existe desde siempre y está junto a Dios, y es Dios. Se hace hombre. Para traer palabra, vida, luz, gracia, verdad. Para que por medio de Él se pueda acceder al Padre, a Dios.
Si acoges a Jesús, se irá la tiniebla de tu vida. Si Jesús nace en tu corazón, todo cambiará porque Él está lleno de verdad, de vida, de amor, de salvación.
Hoy es el día para contemplar el misterio que San Juan nos explica tan bellamente en el prólogo de su Evangelio. Que Jesús es Dios con nosotros, Palabra hecha carne. Y quiere que tú le conozcas y ames, quiere iluminar tu vida, quiere ser el camino para encontrarte con el Padre y llenarte del Espíritu Santo. Quiere darte plenitud, “gracia tras gracia”. Acércate a Él en este día. Adora, contempla, alaba, reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 24 de diciembre

Domingo 24 de diciembre

Este domingo termina el adviento y a la noche comienza la Navidad. Volvemos otra vez a comentar los evangelios. Hoy os propongo rezar un rato con el Evangelio de la misa de medianoche, la misa del gallo.

Evangelio según San Lucas 2, 1-14

En aquel tiempo salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero.
Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad.
También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

Pistas: Todos intentaremos pasar esta noche con nuestra familia, con las personas que nos importan y a las que queremos. Muchos se reúnen por tradición, no les importa o no saben muy bien qué se celebra.
Pero aquella noche, la que nos cuenta el Evangelio de hoy, sucedió algo extraordinario. La luz del mundo nació en un pobre pesebre porque no tenían sitio para ellos en las posadas. Y, sin embargo, aquel niño es el que cumplirá las promesas que hemos estado leyendo en el Adviento. No sólo las cumplirá sino que las superará, porque no sólo será alguien enviado en nombre de Dios. Es el Hijo de Dios, que se hace Dios con nosotros, que se hace hombre.
Hoy eres invitado a ir al pesebre como hicieron los pastores. Lee el Evangelio, imagina la escena, piensa en todo lo que sabes de Jesús y adórale. Es el Salvador, es el Mesías, es el Señor. Has estado preparándote para celebrar esto durante todo el Adviento, contempla pues este misterio hoy. Reza, adora, alaba a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

IV Domingo de Adviento

Evangelio según San Lucas 1,26-38. 
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó.