Jueves 31 de agosto

Jueves, 31 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así.
Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Estos días leíamos las duras palabras que dirige Jesús a los fariseos. Hoy habla a sus discípulos advirtiéndoles sobre las consecuencias de vivir en la mediocridad o en la hipocresía. Los discípulos de Jesús han de estar vigilantes y no pueden vivir de cualquier modo.
Seguir a Jesús es exigente. Estar en vela significa no permitir que el mal se cuele en la vida como un ladrón y entre en casa, en lo nuestro. Se trata de llenar la vida del Espíritu Santo, de seguir a Jesús. Poniendo los medios para no ser llamados hipócritas.
Nuevamente la Palabra de Dios nos invita a examinar nuestra vida poniéndola a la luz de Jesús. Y, si estamos dormidos, nos llama a despertar y ponernos en vela, siguiendo a Jesús. Y, si estamos perdidos, si el pecado nos ha arrastrado y estamos administrando mal lo que Dios nos ha dado, nos enseña a volver a su misericordia y perdón. Y, así, empezar una vez más a vivir en su amor.
Jesús plantea la seriedad de nuestra libertad, con la que podemos elegir apartarnos de Dios y terminar frustrando el plan de salvación y amor que tiene para cada uno de nosotros, o ser conscientes de nuestra propia vida y vivir en la verdad. Dios te da el don del Espíritu Santo que te hace libre, que te da luz para vivir en la verdad y tú tienes que poner de tu parte, tienes que ofrecer todo tu esfuerzo y voluntad. Estar en vela, esforzarse… o ser hipócritas y canallas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 30 de agosto

Miércoles 30 de agosto
XX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

Pistas: Los sepulcros blanqueados diríamos hoy que son la sociedad de la imagen, las apariencias y del “postureo”. En muchos sectores de la sociedad o incluso en nuestra propia vida lo importante no es la verdad, ni lo que se hace en lo privado, sino lo que se ve externamente.
Los escribas y fariseos se llenan la boca diciendo que son justos, pero terminarán condenando a muerte a Jesús porque les molesta lo que les dice y su ejemplo. Y harán lo que criticaban a sus antepasados.
También nosotros corremos el riesgo de vivir como ellos: sólo de apariencias, llenos de egoísmo e intereses, justificando nuestros pecados. Nuevamente no se trata de condenar la sociedad o a los que viven así, sino de mirar dentro, mirar a la propia vida y descubrir lo que hay en uno mismo de fariseo.
Pon la luz de Jesús. Ella te mostrará la verdad y su misericordia limpiará tu corazón. El Espíritu Santo te dará la fuerza para vivir como discípulo de Jesús alejando de ti la mentira y la hipocresía.
El Evangelio nos invita a no tener dos caras, sino a vivir en la verdad, en la luz, siguiendo a Jesús. Para no caer en aquello que criticamos, para poder tener paz, para llamarnos hijos de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 29 de agosto

Martes 29 de agosto
Martirio de San Juan Bautista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: El mundo de Herodes no es el mundo de la verdad, del bien, de la justicia… Todos saben que no está bien lo que sucede, pero dicen y hacen lo que les permite mantener su posición, lo que les parece políticamente correcto. Todos, menos Juan Bautista. Defienden una afirmación y la contraria, tienen una actitud y la contraria a la vez: Herodes escucha con gusto a Juan el Bautista, pero le entrega su cabeza en una bandeja a su amante.
Cuánto se parece aquel mundo al nuestro. Cuántas veces personalmente o como sociedad, sabemos la verdad y preferimos hacer lo políticamente correcto. Buscamos el bien y lo queremos, pero acabamos sucumbiendo a la comodidad, al qué dirán, no nos atrevemos a ir a contracorriente ni a llamar a las cosas por su nombre. Y preferimos vivir en una mentira que arriesgarnos a luchar por cambiar nuestra vida y lo que nos rodea.
Lo cómodo en este Evangelio sería mirar a los políticos que lo hacen mal, a los líderes religiosos que lo hacen mal, a los medios de comunicación que manipulan, a la sociedad… y echar a ellos la culpa. Pero si nos quedamos ahí, acusando a otros de lo que sucede, no sirve para nada. Por eso, hay que dar un paso más: mirarte a ti mismo. ¿Qué hay en ti de Herodes, de Herodías o de su hija? ¿Cuántas veces eres capaz de pensar una cosa y hacer otra completamente incompatibles? ¿Cuántas veces prefieres no llamar a las cosas por su nombre para no tener que tomar postura y terminas dejándote llevar? ¿Cuántas veces te seduce el poder, el placer, la imagen, la posición?
Jesús -como hemos venido profundizando al leer el Evangelio- nos invita a vivir de un modo completamente distinto. Ser discípulos suyos puede significar muchas veces ir a contracorriente. Pero también significa vivir en la verdad, en el bien, en la libertad, en el verdadero amor, en la justicia. ¿Herodes o Jesús? ¿Mentira, engaño, intereses… o verdad, libertad, justicia?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 28 de agosto

Lunes 28 de agosto
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga». ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.

Pistas: Eres referencia para los demás por tu fe o simplemente eres el que de vez en cuando va a misa y dice que reza. O practicas tu fe y no te atreves a decirlo. Si ocupas un puesto de responsabilidad en la Iglesia o en tu comunidad, si de algún modo eres referencia para otros, este Evangelio es un toque de atención contra la hipocresía (que permite llevar una vida mediocre, sin compromiso, falsa; y escandaliza a otros que por las contradicciones creen que es mentira), contra la utilización de la religión y lo sagrado para los propios intereses.
A veces estas cosas se nos cuelan, buscamos excusas para justificarlas y son un pecado muy grave que nos aparta de Dios. Nos impiden crecer, convierten en cotidiana la mentira, el egoísmo… Y hacen mucho daño a la Iglesia, porque impiden a otros ver a Dios.
Pero, no temas. Tienes la medicina contra esto: la verdad -llamar a las cosas por su nombre en tu vida- y acercarte a Jesús –aprender de Él, el único modelo, el único Maestro-, viviendo como discípulo suyo, cambiando el cumplimiento por amor, el conformismo por entrega. Así serás bienaventurado, no te atrapará la hipocresía y conocerás la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 27 de agosto

Domingo 27 de agosto
Semana XXI del tiempo ordinario, ciclo A

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Pistas: “Dichoso tú”. Dichoso tú si eres capaz de profesar tu fe.
Dos preguntas lanza hoy el Evangelio: ¿Quién dice la gente que es Jesús? Y para ti ¿quién es? Si tienes fe, dichoso tú porque Dios te la ha regalado. Si te sientes un poco frío, pídela. No vivas de oídas. Necesitas experimentarlo en tu corazón (en tu interior) que Jesús es quien dice ser. Que en Él hay verdad, vida y salvación. La fe es un don, pero al mismo tiempo hay que dar el paso de responder y decir quién es Jesús. Reza con esto. Dale gracias a Dios por la fe, o pídele, o las dos cosas, y confiesa con tu corazón y con tus labios que Jesús es el Señor de tu vida.
Una vez que Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, Jesús le da una misión y le capacita para llevarla a cabo. Le manda ser cimiento de la Iglesia y le da poder para ello. Esto mismo pasará en tu vida si te acercas a Jesús con fe. Te mostrará un camino y te dará fuerza para recorrerlo. Tal vez te parezca que te pide cosas imposibles, pero te dará la fuerza para hacerlas. Una fuerza interior que nada ni nadie podrá quitarte si permaneces unido al Señor. La fuerza del Espíritu Santo que, unido al tuyo, te capacitará para vivir como discípulo de Jesús y construir su Reino en tu vida y en el mundo. Te hará capaz de descubrir y cumplir su voluntad.
Si quieres, reza también con esto. Pídele al Señor conocer y seguir sus caminos, descubrir qué quiere de ti y saber que tienes la fuerza para hacerlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 26 de agosto

Sábado 26 de agosto
Semana XX del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23,1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Pistas: La cátedra de Moisés es la autoridad para enseñar la ley de Dios. Los que la ocupan, la enseñan pero no la viven. Y Jesús quiere enseñar cómo han de vivir los puestos de autoridad sus discípulos.
Hoy el Evangelio puede servirnos para reflexionar sobre dos aspectos. Primero, cómo me comporto yo ante la autoridad. Podemos concluir de las palabras de Jesús, que aunque en la Iglesia algunas veces personas hipócritas, que anuncian una cosa y viven otra, ocupan puestos de responsabilidad, eso no debería servirnos de excusa. Jesús dice: “observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta”. Porque, para mal o para bien, no son las personas: es Cristo a quien seguimos. Ni al cura que me cae bien y es muy santo, ni a la persona a la que admiro por su fe, ni siquiera al Papa Francisco: sólo Cristo es quien salva. Existe un doble peligro: perdernos el regalo de la fe por personas que no están viviendo lo que anuncian, es decir, por el pecado de los demás. Y, por otro lado, la idolatría de las personas que nos fallarán y pecarán y se equivocarán como nosotros. Sólo Cristo salva.
Segundo aspecto: si tienes responsabilidad en la Iglesia (en tu parroquia, en tu comunidad, en tu familia, en tu grupo de amigos), el camino para ser grande, para ser maestro, para ser guía… es servir, poner a Jesús en el centro, descubrir que sólo Él es grande, sólo Él es el Maestro y sólo Él es el guía.
Puedes concretar todo esto en tu vida haciendo un examen de conciencia y preguntándote en qué te pareces a los fariseos y escribas que buscaban su propia gloria y en qué al ideal que propone Jesús: servir y ser humilde. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Fíate de Él, de su ejemplo y enseñanza. No de la institución, las personas, ni tú o yo. Sólo Él, sólo Cristo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

(Hoy os envío un enlace a una canción que igual os ayuda a rezar… https://www.youtube.com/watch?v=4VBWzviKXVY y aquí la podéis descargar https://www.dropbox.com/s/o0akne9bzzs8el4/Seth%20Condrey%20%20%20%C3%89l%20es%20Cristo%20%28He%20is%20Jesus%29%20%20%20North%20Point%20En%20Vivo%202017.mp3?dl=0 )

Viernes 25 de agosto

Viernes 25 de agosto
Semana XX del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Amar a Dios con todo el corazón, alma y ser. Amar al prójimo como a uno mismo. San Agustín dirá: ‘Ama y haz lo que quieras’. Toda la ley y los profetas, todo lo que Dios ha ido revelando sobre cómo entender la realidad y vivir según su voluntad se resume en amar. Ésa es la clave.
Pero no es algo abstracto. Amar implica un estilo de vida, unas decisiones, unas renuncias… Implica elegir un camino.
Pregúntate ¿estoy amando a Dios? Piensa en cosas concretas: tu oración, los sacramentos, cuánto tiempo le dedicas a Dios, qué haces para que tu amor a Dios sea con todo el corazón, con toda el alma y con todo tu ser.
Pregúntate también ¿amo al prójimo? Piensa en las personas a las que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar. Si creces en la fe, si amas a Dios, crecerás también en amor al prójimo y a ti mismo. Porque descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar.
Y aprenderás a mirarte a ti mismo como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ha enseñado a amar. No podrás amar a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas. Por eso el amor cura a la persona y hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: amar y ser amados. Es un don y es una tarea. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana, en un amor incondicional e inmenso que lo llena todo porque viene de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 24 de agosto

Jueves 24 de agosto
San Bartolomé, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: «Ven y verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre

Pistas: “Ven y verás”. Felipe fue y vio. E invita a otros a hacer lo mismo. Natanael (Bartolomé) fue y vio. De esto se trata la vida cristiana. Aunque te lo cuenten, aunque vivas tradiciones y cumplas, aunque tengas prejuicios, necesitas ir y ver. También da igual que se lo cuentes a otros, que le expliques teología a un amigo tuyo y le hables de todo lo que significa el cristianismo. Necesita ir y ver. Necesita encontrarse con Jesús, seguirle, aprender, conocer. Y eso será sólo el principio.
Reflexiona en qué momento estás tú. Necesitas dar el paso de acercarte a Jesús y dejar de vivir de oídas. O, tal vez, encuentras a personas en tu camino a las que quieres acercar a Jesús. El texto de hoy te muestra el camino. Y recuerda: “has de ver cosas mayores”. No te acomodes, sigue a Jesús. Porque ser discípulo es todo lo contrario de una vida rutinaria. Por eso, si ya lo has encontrado, necesitas seguir creciendo y aprendiendo cada día. “Ven y verás”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 16,13-20. 
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”.
Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”.
“Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”.
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Miércoles 23 de agosto

Miércoles 23 de agosto
Semana XX tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú en vida porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: Ayer Pedro preguntaba a Jesús cuál sería la recompensa que tendrían ellos por haberlo dejado todo y seguirle. Hoy la parábola nos enseña que la justicia del Reino son la misericordia y la salvación inmerecidas. Y ésa es la recompensa. Si entras en el Reino, si vas a la viña ¿cuál es el “salario”?
En la parábola de hoy el propietario contrata jornaleros para su viña y ajusta un jornal con los primeros y luego llama a los que están desocupados en la plaza. Es interesante pensar ¿qué estarían haciendo los que estaban por la plaza? Andarían a sus cosas, a su aire… porque él ya había pasado por allí contratando. Pero finalmente responden a la llamada y van.
Esta parábola habla de la misericordia de Dios que invita a entrar en su Reino sin tener en cuenta el pasado. Porque así es el amor: no lleva cuentas del pasado. Así que, si quieres seguir a Jesús, ponte a tiro, vete a la plaza (vete a la Iglesia, acércate a Jesús). Escucha su voz y síguele, aunque durante mucho tiempo no lo hayas hecho. No es el Dios injusto que trata igual a los buenos y a los malos. Es el Dios misericordioso que ama y salva a los que van a su viña, a los que entran en su Reino. Esto nos tiene que llevar a construir una Iglesia en la que no existen cristianos de primera y de segunda.
Si llevas mucho tiempo trabajando en la viña, esta parábola también te puede enseñar algo. El cansancio, el esfuerzo, la lucha, el sufrimiento… habrán formado parte de tu tarea y vas a tener la misma recompensa que otros que quizás no han luchado, ni trabajado ni se han esforzado como tú. Pero el Reino del que Jesús habla es el de la gratuidad, el del amor y la misericordia. Y entrar en él significa descubrir esta dinámica (como en la parábola del hijo pródigo ocurre con el hijo mayor… tanto tiempo en casa y con su corazón tan lejos del padre). Porque el amor y la salvación de Dios no se puede medir. En realidad, la recompensa no es un puesto más o menos importante en la iglesia o en el cielo, la recompensa es Dios mismo que te ama y te salva, y todo lo que esto significa.
Relee el Evangelio y descubre qué es lo que el Señor quiere decirte hoy a ti, en tu situación concreta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.