Solemnidad de Pentecostés

Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Domingo 4 de junio

Domingo, 4 de junio
Solemnidad de Pentecostés

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 7, 37-39.
El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. (Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva). Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

Pistas: Pentecostés. Hoy celebramos el acontecimiento que puso en marcha la Iglesia. He elegido el Evangelio de la Víspera porque es una invitación: ¿Tienes sed? ¿quieres descubrir en tu vida todo lo que hemos estado celebrando y anunciando en Pascua? Jesús ya ha sido glorificado: ¿Quieres que sus promesas se hagan realidad en tu vida? Acude a Él y llénate del Agua Viva. Acude a Jesús y llénate del Espíritu Santo.
Esta invitación no es para una élite de elegidos. Jesús lo promete para todo el que crea en Él. Jesús glorificado, por medio de su humanidad rebosante del Espíritu Santo, nos da acceso a la vida divina. Jesús, te “grita” -te dice con todas sus fuerzas- que acudas a Él y bebas. Entonces, llenará tu ser, saciará tu sed de plenitud, de libertad, de felicidad, de amor, de verdad, de vida… Dios no es una teoría. Se le descubre entrando en relación con Él. Y el Espíritu Santo es Dios llenando tu ser. El Espíritu Santo no fue una teoría en la vida de Jesús, y lo demostró al resucitarlo de entre los muertos y glorificarlo.
Dios siempre, siempre, cumple lo que promete. ¿Qué te dice a ti personalmente este Evangelio? Ora fervientemente para que venga su Espíritu a ti y a la Iglesia.
No hubo un solo Pentecostés. Si lees el libro de los Hechos de los Apóstoles descubrirás que forma parte de la vida de la Iglesia. Hoy lo necesitamos nuevamente. En la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros. Y, entonces, de la Iglesia y de tu interior brotarán ríos de agua viva. ¡Ven, Espíritu Santo!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 3 de junio

Sábado 03 de junio
Santos Carlos Luanga y Compañeros, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se habla apoyado en su pecho y le habla preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Pistas: “¿A ti qué?” Termina la Pascua… y la tentación que tenemos tantas veces es mirar a nuestro alrededor y olvidarnos de la verdad que hemos estado celebrando 50 días: Jesús ha vencido, está vivo y resucitado. Te ama, te perdona, te salva. Te da el Espíritu Santo y sus dones. Y en todo lo que Jesús ha vencido tú eres vencedor por la fe en Él. Así que: ¿A ti qué?
¿A ti qué? Tú sigue a Jesús. Te entran dudas: ¿Y esa situación? ¿y aquello otro? ¿y por qué este…? Y ¡tanto mal y pecado! ¡cuánta mentira y egoísmo! ¡cuánto sufrimiento!… Pero: y ¿a ti qué? Tú sigue a Jesús. Y si lo sigues, como hemos leído estas semanas, tendrás salvación, serás libre, tendrás vida, tendrás paz, harás obras como las de Jesús y mayores. Si le miras a Él, si le sigues a Él, traerás su Reino a tu vida y a este mundo. Si le sigues a Él, el mal cada vez tendrá menos espacio en ti, en tu familia, en tu comunidad, en la sociedad y en el mundo.
Cristo está resucitado. Él te ha dado una nueva perspectiva, ha ampliado tus horizontes, te ha enseñado a vivir de otra manera, te ha mostrado el camino. ¿Qué harás tú? ¿le seguirás?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 02 de junio

Viernes 02 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21 ,15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Pistas: «¡Sígueme!». Así termina la Pascua. Hoy y mañana, nos repiten los Evangelios: ¡Sígueme!
San Pedro negó a Jesús tres veces. Y hoy, Jesús resucitado, deja que Pedro le diga tres veces que le ama. Parece como si quisiera ayudar a Pedro a borrar las huellas del pecado ya perdonado por Jesús. Es muy bonito caer en la cuenta de que amor y misión van unidos. Pedro no es como un asalariado que hace el trabajo por compromiso o por necesidad. La misión nace y se sostiene en la relación personal con Jesús.
Hoy, al finalizar la Pascua, después de haberte asomado al misterio de Jesús resucitado y su alcance, significado e implicación; después de todos estos días en los que has orado acercándote a Jesús, Él te pregunta a ti personalmente: ¿Me amas? ¿me quieres? Y si escuchas en lo profundo de tu ser, te encomienda una misión. Hoy es un buen día para escuchar la voz de Jesús en lo profundo de tu corazón. Seguro que sabes lo que quiere de ti, seguro que lo intuyes. Eso que no te quitas de la cabeza, eso que sabes que te pide que le entregues, ese camino que se está abriendo ante ti, eso que las “casualidades” te van haciendo ver cada día. Y Jesús te dice: “¿Me amas? ¿me quieres?”. A pesar de que le hayas negado o te hayas equivocado. Y también te pide que te fíes de Él y sigas el camino que pone ante ti.
La pregunta de Jesús podríamos decir que tiene truco, porque Él mismo te va a dar la fuerza para amar y saberte amado. Él mismo te va a dar la fuerza para responder y seguirle, y para hacer lo que te pide. Esa fuerza es el Espíritu Santo y sus dones. Pídelo, Jesús lo prometió, y siempre, siempre, cumple lo que promete.
Jesús ha vencido a la muerte, al pecado y al mal. San Pedro, siguiendo a Jesús, acaba muriendo crucificado como su Maestro. Pero pone en marcha la Iglesia y trae al mundo el mayor regalo que le podemos hacer: vencer el mal con el poder de Jesús, hacer las cosas nuevas en Cristo, traer esperanza y amor. Hoy Jesús te invita a salir de tu pecado –como Pedro-, a superar tu pobreza. Te invita a vencer la mediocridad y la comodidad. Jesús te dice: Sígueme ¿me amas? ¡Sígueme!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 1 de junio

Jueves, 1 de Junio
San Justino, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Pistas: Después del paréntesis de la fiesta de ayer, seguimos leyendo la oración de Jesús.
Jesús ora por los que crean por el testimonio de sus discípulos. Y pide el don de la unidad. Pero no de cualquier tipo. No una unidad que sea uniformidad o que anule, o que nazca de acordar unos mínimos o de imponer una manera de hacer las cosas. Sino como la del Padre y el Hijo, una unidad perfecta en una diversidad perfecta. Porque el Padre no es el Hijo ni el Hijo el Padre, pero ambos son un solo Dios. Ser uno en esta perspectiva es amar. Sólo el amor puede crear este vínculo. Sólo el Espíritu Santo (que es el amor de Dios, que es Dios amando) puede crear la unidad que Jesús pide. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tan unidos que son un solo Dios. Tan diversos que son tres personas. Y, entonces, viviendo en el amor, unidos, el mundo podrá creer.
Jesús quiere que contemplemos su gloria, es decir, que le veamos repleto en su humanidad de Espíritu Santo. Que contemplemos el misterio de la resurrección y nos encontremos con Él vivo. Glorificado nos introduce en la vida misma de Dios y nos da el Espíritu Santo y sus dones. Jesús quiere que los que creemos en Él nos podamos sumergir en su misterio y en el misterio de Dios. Y para ello intercede por nosotros porque Él es el camino hacia Dios.
Jesús reveló en su vida terrena quién es Dios, el nombre de Dios. Y sigue haciéndolo resucitado, para que el amor de Dios esté con nosotros. Y cuando Dios ama, viene al corazón del hombre, nos llena de Espíritu Santo y sus dones, nos transforma venciendo al pecado y a la muerte, haciéndonos libres, llenándonos de fe, esperanza y amor, concediéndonos los dones del Espíritu.
En esta oración Jesús te recuerda que Dios te ama y es justo. Asómate al misterio de Dios, pídele que todo esto se haga realidad en tu vida, y que venga sobre ti el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.