Miércoles 31 de mayo

Miércoles 31 de mayo
Visitación de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Él ángel le ha dicho a María que va a ser la madre de Jesús y que su prima Isabel, ya anciana, está embarazada. Y ella se va “aprisa a la montaña”. Es bonito este detalle. Lo primero que uno hace cuando deja que Jesús entre en su vida es preocuparse por los demás, es salir de sí mismo. Y María va corriendo a ver a su prima Isabel para ayudarla, para alegrarse con ella, para felicitarla…
Estamos en vísperas de Pentecostés y el Evangelio de hoy nos ofrece un dato muy bonito. Isabel se llenó de Espíritu Santo cuando María llegó embarazada de Jesús. Dicho de otro modo, la presencia de Jesús trae el Espíritu Santo. Toda la vida de Jesús, desde su concepción hasta su muerte y resurrección está llena de Él y llena a los que le rodean. Hasta que finalmente promete ese mismo Espíritu y lo envía a los discípulos, a la Iglesia.
Isabel llena del Espíritu Santo reconoce a Jesús y confirma a María: “Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Dios siempre, siempre, cumple lo que promete. Y María alaba a Dios.
Al releer el Evangelio puedes fijarte en cada una de las frases que pronuncia María. Los primeros versículos se refieren a experiencias vividas por ella, y los otros a la acción de Dios. Probablemente una acción pasada en favor de Israel y que está indicando su actuación futura. María relee la historia de la salvación a partir de su experiencia personal, que le permite comprenderla de una nueva manera. Descubre que la misericordia y el poder de Dios durará para siempre. Porque Dios cuida de su pueblo, cumple sus promesas y es fiel a su alianza.
Este Evangelio es muy adecuado para rezar con él. Alaba tú también a Dios. Deja que ilumine tu vida, tus situaciones, porque Dios tiene preparado para ti lo mejor. Dichoso tú que has creído.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 30 de mayo

Martes 30 de mayo
VII semana de Pascua
San Fernando

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Pistas: Jesús ora. A partir de hoy leeremos una larga oración de Jesús. Habla desde la perspectiva de la resurrección y casi parece que es Jesús resucitado el que habla. Vamos a ir desgranándola. Te aconsejo que cuando vuelvas a leer el Evangelio dejes que aquello que te toque el corazón resuene en ti, sin querer entenderlo todo ni profundizarlo todo.
La hora. En el Evangelio de Juan es el momento de la glorificación de Jesús. Pasa por la cruz y la condena a muerte. Jesús decide entregar la vida, nadie se la quita. Y la cruz es casi un trono, Jesús es exaltado en ella. Es la hora en que Jesús vence. Es la hora de la gloria.
La gloria es entrar en la plenitud de la vida divina. Jesús que cumple su misión y es glorificado por el poder del Espíritu Santo. El Padre le confirma resucitándolo y Jesús, en su humanidad lleno, repleto y rebosante del Espíritu Santo, es glorificado junto al Padre. Ahí nos quiere llevar a los suyos, a la gloria, a la vida divina, a estar llenos del Espíritu Santo y poder entrar en la presencia de Dios. No de una manera figurada sino verdadera. Esto es orar y adorar.
Jesús tiene poder y da vida eterna. Jesús revela a Dios. Es el único camino (como venimos viendo todos estos días) para acceder a Dios. Y no lo hace por su cuenta: “Antes que el mundo existiese”. Esta frase hace referencia a que Jesús es más que un hombre. Nos ayuda a entender que Jesús se hace igual a Dios. Es la Palabra hecha carne. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Jesús revela el nombre de Dios: nos da a conocer que Dios es Padre.
Comunica a sus discípulos las palabras del Padre. Recibirlas, guardarlas y creer en Jesús es el camino para participar de la gloria de Dios.
Jesús, ruega por los suyos. Tú y yo somos de los suyos. Jesús ora por ti y por mí. Y quiere ser glorificado en nosotros, es decir, quiere que entremos la plenitud de Dios, que tengamos vida eterna. Estamos en el mundo, pero como nos decía el Evangelio de ayer, Jesús ha vencido al mundo, Jesús va delante, nos abre el camino para poder entrar en Dios y conocerle. Y este conocimiento nos hará estar llenos de Dios y de los dones del Espíritu Santo.
Sé que hay algunos aspectos que son complicados de entender. Pero lo más importante es que vayas asomándote en oración al misterio de Jesús que revela al Padre y que da vida eterna. Y poco a poco Dios te lo irá mostrando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 29 de mayo

Lunes 29 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús: «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús: «¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»

Pistas: Jesús va “contestando” las preguntas que se hace la comunidad a la que va dirigido el Evangelio de Juan. Por eso el Evangelista dice “ahora sí que hablas claro”. San Juan va desentrañando quién es Jesús, cuál es su misión, quién es el Padre, cuál es su relación con Jesús, quién es el Espíritu Santo… Los días anteriores hemos ido asomándonos a este misterio que sólo puede ser descubierto progresivamente en la oración, los sacramentos y la escucha de la Palabra de Dios.
Hoy termina el Evangelio diciendo: “En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: Yo he vencido al mundo”. Podemos tomar esta frase como un eco de la fiesta de ayer. Jesús glorificado a la diestra del Padre, vivo y resucitado. Es el vencedor que nos hace participes, según su promesa, de su victoria sobre la muerte, el mal y el pecado. El mismo Espíritu Santo que lo resucitó y llena a rebosar su humanidad y vendrá a hacernos a nosotros también vencedores. Porque Dios mismo viene a habitar en nosotros, somos templos del Espíritu Santo, nos transforma haciéndonos hombres y mujeres nuevos como Jesús. Libres de la esclavitud del pecado, libres de las mentiras y los engaños y seducciones del mundo con promesas de falsa felicidad.
El motivo de la valentía de los discípulos de Jesús no son las propias fuerzas o la propia bondad. La garantía de que venceremos no está en nuestras buenas obras, ni tiene que ver con nuestro esfuerzo. Somos vencedores porque participamos de la victoria de Jesús. Y Él ha vencido al mundo.
(Hoy os dejo una canción que casualmente estaba escuchando al escribir estas pistas y que tal vez os ayude a rezar. La podéis escuchar en el archivo que envío a continuación)

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 28 de mayo

Domingo 28 de mayo
VII domingo de Pascua
La Ascensión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Pistas: “Yo estoy con vosotros”. El Señor asciende al cielo. Jesús va delante de nosotros. Nos abre el camino a la presencia de Dios. Desde el Padre comparte con nosotros la riqueza de Dios. Se convierte en el mediador de toda gracia. Por medio de la humanidad de Jesús, glorificado el Padre, envía el Espíritu Santo. En realidad, todo forma parte del mismo misterio: Jesús resucitado, está con el Padre y está con sus discípulos.
Vamos a fijarnos en algunos detalles del Evangelio de hoy: “Algunos vacilaban”. Como a nosotros, les cuesta creer, dudan ante el nuevo modo de presencia de Jesús… Pero Jesús les dice que tiene poder y que va a estar con ellos para siempre. Les capacitará con el Espíritu Santo. Les envía. Les manda salir y hacer discípulos. Evangelizar. Y que el que crea se bautice, es decir, que entre a formar parte de la Iglesia. Donde le enseñarán a vivir como discípulo, como Jesús les ha mandado.
Jesús desde el Padre nos da la vida divina, nos introduce en Dios. Jesús tiene poder y nos envía a evangelizar y hacer discípulos. Jesús nos da la Iglesia, la comunidad de los bautizados donde Él permanecerá por siempre. La pregunta es: ¿Te apuntas a lo que Jesús te pide? ¿te apuntas a ir, hacer discípulos y enseñar? Y la respuesta: Jesús no falla, Él estará siempre. Y como celebraremos el domingo que viene, nos da la fuerza y el poder del Espíritu Santo para que todo esto se pueda hacer realidad en tu vida y en la mía.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”.

Sábado 27 de mayo

Sábado 27 de mayo
San Agustín de Canterbury, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente.
Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Pistas: El Evangelio de San Juan nos repite de muchas maneras que en Jesús hay salvación y que Él revela a Dios. Jesús es la Palabra, la luz, el camino, la verdad, la vida, el Hijo, la vid a la que hay que estar unidos, es el Buen Pastor que da la vida por las ovejas, es el Pan de vida, enviará el Espíritu Santo…
El encuentro y la fe en Jesús abren las puertas del cielo. En el nombre de Jesús hay poder. Y Jesús promete que resucitado nos dará de la riqueza de Dios y nos revelará al Padre. No sólo como un revelación intelectual sino Dios mismo y su riqueza. Jesús resucitado, el Hijo hecho hombre que muere y resucita, está en Dios. Por eso, la puerta a la presencia de Dios está abierta y el “Padre mismo os quiere”.
Se acabó el poder del pecado, del mal, de la muerte, de la tristeza. Si te encuentras con Jesús, si recibes y acoges el regalo de la fe, tendrás una alegría completa. Que nadie te podrá quitar.
Siguiendo las instrucciones de este Evangelio, reza a Jesús, pídele su Espíritu Santo que te lleve a conocerle, a creer en Él y amarle. Y la puerta del Padre estará abierta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 26 de mayo

Viernes 26 de mayo
San Felipe Neri, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Pistas: “Nadie os quitará vuestra alegría”.
Por un lado el mundo intentará quitar de en medio a Jesús y estará alegre porque creerá que ha vencido. No le importa todo el bien que Jesús hacía, ni quién podría ser, ni la verdad… Como decíamos ayer, eso mismo puede pasar en tu vida, en la sociedad o en la Iglesia. Puede parecer que el mal vence y que Dios no está. Pueden darse situaciones de tristeza y sufrimiento. Pero Jesús vuelve. Jesús se hace presente en medio de la comunidad y en el discípulo.
Por otro lado, este sufrimiento se parece al de un parto. El dolor, el sufrimiento, no son lo definitivo. Pero, a veces, como en una conversión, son el camino. Lo definitivo es que va a haber vida, que va a haber alegría y victoria. Lo definitivo es que Jesús va a estar ahí y que tu tristeza pasará.
¿Qué ocurre en tu propia vida, en la Iglesia o en el mundo? Si lo piensas detenidamente lo más importante es que vas a ver a Jesús. Puedes ponerle nombre a tus sufrimientos, tristezas y luchas… y mirar a Jesús resucitado y vencedor. Porque cuando Él está “nadie os quitará vuestra alegría”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 25 de mayo

Jueves 25 de mayo
San Beda el Venerable, presbítero y doctor
San Gregorio VII, papa
Santa María Magdalena de Pazzi, virgen

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 16-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.»
Comentaron entonces algunos discípulos: «¿Qué significa eso de “dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”, y eso de “me voy con el Padre”?» Y se preguntaban: «¿Qué significa ese “poco”? No entendemos lo que dice.»
Comprendió Jesús que querían preguntarle y les dijo: «¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.»

Pistas: “El mundo estará alegre”. Cuando Jesús habla del mundo se refiere a los que no creen, a sus enemigos. Estarán alegres ante su muerte y la aparente victoria sobre Él. En cambio, los amigos de Jesús estarán tristes.
¿Cuántas veces en tu vida parece que vence el mal y que los malvados van a triunfar? ¿Cuántas veces parece que Dios no está?¿Cuántas veces no eres capaz de ver a Jesús? Y, sin embargo, “poco más tarde” le volverás a ver y tu tristeza “se convertirá en alegría”.
Ésta es la buena noticia de la Pascua: Jesús sigue presente en la comunidad, envía el Espíritu Santo. Jesús te hace partícipe de su victoria sobre la muerte, el mal y el pecado. El mundo estará alegre pensando que ha vencido, pero si ves a Jesús, si se hace presente, si pides y dejas actuar al Espiritu Santo, tu tristeza se convertirá en alegría. Verás en tu propia vida a Jesús y harás tuya su victoria sobre el mal, el pecado y la muerte.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 24 de mayo

Miércoles 24 de mayo
VI semana de Pascua
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

Pistas: En el diálogo de Jesús con sus discípulos, después de la Última Cena, el Evangelio de San Juan ha presentado y prometido el Espíritu Santo. ¿Y quién es el Espíritu Santo del que tanto oímos hablar y hemos leído en estos días? Es otro Paráclito (que significa Defensor, el que está al lado). Será enviado desde el Padre y continúa lo que Jesús empezó (Jn 14, 16s). No es Jesús, pero no hay ruptura, sino continuidad. Ayudará al discípulo de Jesús y a la comunidad a profundizar, desentrañar y actualizar la revelación de Jesús. Estará siempre con ellos. El Espíritu les permite acceder a Jesús resucitado y hacerlo siempre presente. No es un acontecimiento ni una persona del pasado. El Espíritu Santo es el que enseña y recuerda lo que Jesús reveló (Jn 14, 26). Es testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). También para el creyente en su interior (en su propio proceso de fe) y en la comunidad que cree y a su vez da testimonio. Defiende y confirma a Jesús, venciendo al Príncipe de este mundo, haciendo justicia, dando salvación. (Jn 16, 5-11)
Hoy Jesús les cuenta algo muy importante: el Evangelio, Jesús mismo, no se puede entender ni descubrir en profundidad sin el Espíritu Santo. No pueden “cargar” con ello. Esto significa que no puedes entrar en relación auténtica con Jesús sin el Espíritu Santo. La fe que has recibido por tradición, la revelación de Jesús a sus discípulos, no se puede acoger en plenitud sin el Espíritu Santo.
No es que el Espíritu revele cosas nuevas, sino que ayuda a entender, a conocer y a vivir la profundidad de lo que Jesús ha revelado. En tu vida esto significa la diferencia entre, por un lado, una fe de costumbres, una tradición o unas ideas; y una fe viva, el encuentro con Jesús resucitado, los dones del Espíritu. Es la diferencia entre conocer a alguien y conocer a alguien a quien se ama y que te ama.
El Espíritu que glorifica a Jesús, que lo resucita, continúa permitiendo conocer a Jesús y a través de Él al Padre. Jesús es el camino abierto al Padre y el Espíritu Santo la fuerza para recorrerlo.
No te frustres si todo esto te parece complicado. Lo irás entendiendo y descubriendo poco a poco. Por eso si te suena bonito, si dices: “quiero eso en mi vida”, quiero más de Dios, recuerda que Jesús cumple sus promesas. Pide que venga nuevamente con poder el Espíritu Santo a ti y verás las maravillas de Dios en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 23 de mayo

Martes, 23 de mayo
VI de Pascua

Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?” Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Pistas: San Juan sitúa un largo diálogo de Jesús con sus discípulos después de la Última Cena. Estos días vamos leyendo pasajes que nos hablan del Espíritu Santo. Hoy nos dice que la venida del Defensor demostrará (dejará convicto) al mundo de un pecado, una justicia y una condena.
El pecado es no creer a Jesús y no acogerle, por eso le matan. Les resulta molesto y chocante para su mentalidad mundana. El Defensor rebate al mundo que no cree y le resucita. Jesús resucitado permanece en la comunidad y el Espíritu actúa en ella. Pero deja convicto al mundo porque éste sigue sin creer.
La justicia: Jesús va al Padre, es inocente de lo que le acusan. Tiene razón en que es enviado por el Padre y es ratificado en sus pretensiones: Jesús es el Hijo, el camino, la verdad, la vida, la luz, la Palabra… Ésa es la justicia: la acción salvadora de Dios manifestada y realizada en Jesús y continuada por el Espíritu Santo.
Y, por último, una condena: Satanás, el mal, ha sido condenado, para siempre. También en la comunidad. Y sucederá como con Jesús, el mal intentará triunfar, pero el Defensor (el Espíritu Santo) no lo permitirá.
Tal vez todo esto te parezca complicado pero es muy importante para tu vida de fe. Si te encuentras con Jesús, si ves que la fe se está despertando en tu corazón, es que el Espíritu Santo está actuando. Si te acercas a Jesús y quieres su verdad, su vida, su luz, su alegría, su paz, que sus promesas se cumplan, sólo será posible con el Espíritu Santo. Por eso, pídelo. Aprende a conocerlo. Deja que su fuego se encienda en tu interior y te llene de sus dones. Que no sea una brasa mortecina, una palabra más que se dice al final del “gloria al Padre” o cuando te santiguas.
Seguiremos profundizando en esto, pero recuerda que el Espíritu Santo no es una idea. Es Dios. Por eso rézale, pídele, abre el corazón y actuará en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.