Domingo 30 de abril

Domingo 30 de abril
III domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: ¿Puedes imaginar la conversación de los dos discípulos? Los recuerdos de lo vivido con Jesús. La decepción, el fracaso, la injusticia, la tristeza… Van caminando con su frustración. Y Jesús les pregunta y les escucha. Ellos le explican lo que sucedió y cómo lo entienden. Aunque ya les han anunciado algunos signos de la resurrección, ellos todavía no creen. Necesitan encontrarse con Jesús.
Esto nos ayuda a darnos cuenta de algo muy importante. Aunque te ofrezcan pruebas de que Jesús resucitó o te lo digan personas acreditadas o te consideres buen cristiano, si no sales al encuentro con el resucitado, si Jesús no te abre los ojos y el entendimiento, todo se reducirá a palabras, habladurías, rumores…
¿Por qué todo cambia cuando está Jesús? Les explica las Escrituras y parte con ellos el Pan y así lo reconocen. Y ¿qué hacen los discípulos? Viven una Eucaristía en la que Jesús les explica la Palabra y parte para ellos el Pan. ¿Te suena esto? Es lo que hacemos en cada misa. Y así entran en una relación personal con Él
¿Quieres que tu fe sea viva? Pues habla con Jesús. Cuéntale tus cosas. Deja que su Palabra resuene en tu corazón. Y reza. Celebra conscientemente la Eucaristía.
Y cuando por fin creen van a la comunidad, a la Iglesia, a los otros a contar lo que les ha pasado. Mutuamente confirman su fe. Descubren que es verdad. Es Jesús resucitado. Está vivo. No pueden guardarse para ellos solos la noticia. Y primero en la propia comunidad y más tarde con la fuerza del Espíritu Santo a todo el mundo se convierten en testigos de Jesús resucitado. Se lanzan a anunciar que en Jesús hay salvación. Que ha vencido al pecado y a la muerte. Y por la resurrección ha sido constituido Señor.
¿Cuántas veces es Jesús quien camina a tu lado y no lo reconoces? Míralo desde la fe. Está ahí, contigo, a tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

III Domingo de Pascua

Evangelio según San Lucas 24,13-35.
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”.
“¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”.
Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”.
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión:

Hoy el evangelio nos habla del camino de Emaus. Un camino que todos tenemos que recorrer, o que ya recorrimos o que estamos recorriendo.

Dos apóstoles van caminando a Emaus, que podría ser cualquier otro sitio, y van haciendo otro camino interior… el del desencanto. Ese es el peor de los caminos para recorrer, “yo creía”, “yo esperaba”, “yo pensaba”… pero… 

El camino que recorren estos apóstoles les encierra en sí mismos, hacen una reflexión desde ellos mismos y Jesús resucitado caminando a su lado les va haciendo esa misma reflexión pero desde el plan de Dios.

También a nosotros nuestro camino vital puede que no nos salga según el plan que teníamos planteado y también puede que estemos haciendo ese camino de desencanto, yo pensaba, yo creía, yo esperaba… pero… 

La vida es como es no se ajusta a nuestro plan, tiene su propia dinámica, su propio ser. Y también es necesario que reconozcamos a Jesús en nuestro camino, porque es El el que llena de sentido cada acontecimiento de nuestra vida, El camina a nuestro lado, lo podemos reconocer y al reconocerlo cobra significado cada pequeño acontecimiento de nuestra historia y nos damos cuenta que si, que verdad, que JESUS está resucitado. Lo sabemos porque arde nuestro corazón cuando escuchamos sus palabras.

Santo Domingo. Xto está resucitado y se me a aparecido a mi 

Sábado 29 de abril

Sábado 29 de abril
Santa Catalina de Siena, virgen y doctora, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Pistas: Ayer leíamos el Evangelio de la multiplicación de los panes y los peces. Cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños, comieron con cinco panes y dos peces. A Dios le gusta hacer las cosas “al revés”. Lo que es insuficiente, sobra. Los últimos serán los primeros. Las bienaventuranzas. Una Virgen, Madre. La derrota de la cruz y de la muerte, convertidas en vida y salvación. Y las cosas del Reino reveladas, no a los sabios y entendidos, sino a los sencillos.
Éste es el camino del Evangelio. Y es el camino de Jesús. Encontrarse con Él. Conocer al Hijo. No por nuestras fuerzas, nuestros méritos, nuestra bondad… sino porque Jesús nos lo quiere revelar. Esto es lo que Él quiere. Que tú y yo, pequeños, pecadores, débiles, seamos suficientemente sencillos para ponernos ante Él y dejar que nos revele al Padre y nos conceda entrar en su Reino.
La revelación de Dios se nos da no por nuestros logros personales, no porque seamos buenos o listos, sino porque así lo ha querido el Padre. Hoy es un buen día para darle gracias y alabarle. Porque en Jesús encontrarás verdad y vida. Encontarás a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 28 de abril

Viernes 28 de abril
II semana de Pascua
San Pedro Chanel, presbítero y mártir. San Luis María Grignion de Montfort, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que habla hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Pistas: Jesús da de comer a una multitud con cinco panes y dos peces. “Ya sabía lo que iba a hacer”, pero un muchacho le da lo que tiene y eso sirve para muchos. Dios tiene un plan de salvación, pero necesita nuestra colaboración. De lo que no es suficiente, Jesús logra que llegue y sobre.
En esta lectura podemos encontrar una doble enseñanza. Sobre la Iglesia y sobre la Eucaristía. Los discípulos son la Iglesia, que al escuchar a Jesús y fiarse de Él permiten que pueda saciar a aquellos que se le acercan. Felipe veía la necesidad de saciar a la muchedumbre. Pero es muy probable que ni se planteara solucionarla. Hoy también Jesús nos interpela a los que escuchamos su voz señalando las necesidades y los sufrimientos de las personas. Si escuchas a Jesús y miras a tu alrededor podrás ver con su mirada y descubrirás qué necesitan y qué necesita Jesús de ti. Lo que propone nos puede parecer que está por encima de nuestras fuerzas, cualidades y capacidades. Pero Jesús capacita. Sólo necesita que nos impliquemos.
Andrés y el muchacho descubren el camino: dar a Jesús lo que tienen. Son un poco “locos”, pero Jesús es sorprendente si te fías de Él. Y ellos lo saben. Muchas veces podemos pensar que las soluciones son grandes planes, grandes recursos, programaciones, proyectos, etc. Y, aunque todo eso es necesario, la solución es Jesús, que bendice tus pocas fuerzas, que bendice la Iglesia que con humildad le ofrece lo que tiene y lo que es.
La multiplicación de los panes simboliza también la Eucaristía. Sobran “doce canastas con los pedazos de los cinco panes” (por eso no dice nada de los peces). Doce como las doce tribus de Israel. Jesús pondrá en marcha la Nueva Jerusalén, la Iglesia. Y la Eucaristía es su alimento. Un alimento que sobreabunda, pero necesita que pongamos lo que tenemos. Sobra para repartir al que lo necesite, no sólo para la comunidad. De la Eucaristía tenemos que salir tan llenos de amor, tan llenos de Dios, que lo compartamos con los demás.

¿Qué pregunta te está haciendo Jesús a ti? ¿A qué realidad de tu entorno te envía Jesús? ¿Qué Iglesia estás construyendo? ¿Cómo estás viviendo la Eucaristía?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 27 de abril

Jueves 27 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Pistas: ¿Quién es Jesús? En cada frase de este Evangelio san Juan nos ayuda a acercarnos a Jesús en varias pinceladas. Si lo piensas bien, es como conocer a una persona. Cada día que compartes con alguien vas descubriendo rasgos de su personalidad que vistos en conjunto te ayudan a conocer quién es y cómo es. Pero si intentas hacer una definición precisa y exacta te vas a dejar cosas fuera. Así, con más razón, pasa con Jesús, pasa con Dios. Vamos a ir desgranando lo que dice el Evangelio de hoy:
-Es el Hijo de Dios hecho hombre. Es “el que viene de lo alto” y está por encima de todos. Su testimonio no es el de cualquiera –como lo ratifica la resurrección-.
-“Habla de lo que ha visto y oído”. Jesús es el Hijo de Dios y revela al Padre. Es el Testigo Fiel de la verdad. Aceptar su testimonio y creer en Él es estar en la verdad y poseer la vida eterna.
-Jesús da el Espíritu sin medida. Ésta es la experiencia de los discípulos después de su resurrección. Al fiarse de Jesús y seguirle no les van a faltar las dificultades que desembocan finalmente en el martirio en muchos casos. Pero tampoco les falta el Espíritu que por medio de Jesús Dios da sin medida, lo prometió y lo cumple.
-Creer es recibir el Espíritu y poseer la vida eterna. Para el que no crea “la ira de Dios pesa sobre él”. ¿Qué es la ira de Dios? Pues no dejarnos amar por Él, estar lejos de su amor, no permitir que Jesús nos salve… El sinsentido, la desesperación y la frustración hacen que se vea a un dios en el que no merece la pena creer. San Juan hoy te dice que sólo accediendo a Dios por Jesús se puede descubrir su verdadero rostro.
Continúa en este camino de oración leyendo su palabra que te ayuda a conocerle. En Jesús hay verdad y vida. Déjate sorprender por la novedad constante que es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 26 de abril

Miércoles 26 de abril
II semana de Pascua
San Isidoro, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Pistas: Una tentación de la sociedad en la que vivimos es, por un lado, convertirse en una sociedad “light” en la que todo vale. Sin compromisos firmes. Sin verdad. Sin más criterio que lo que a mí me interesa o me apetece. Sin grandes ideales más allá del fin de semana, algún viaje, fiesta, hobbies… Por otro lado, el triunfo de las apariencias. Aparentar lo que está de moda, aunque no me guste. Tener una buena imagen, muchos seguidores en las redes sociales, un buen postureo… En realidad, parece que el centro de la vida es uno mismo, sus intereses y deseos, y lo que aparenta ante los demás. Pero todo esto ¿nos hace mejores? ¿más felices? ¿más auténticos? ¿más libres? ¿más solidarios? ¿hace un mundo mejor?
El Evangelio de hoy dice: sois sal y luz. No dice: tenéis que aparentar serlo. No es necesaria una buena puesta en escena o presentar un cristianismo edulcorado adaptado a las modas del momento para que pueda acogerse sin conflictos. No se pueden aceptar las mentiras que muchas veces se presentan como lo normal: el consumismo –que aparentemente nos va a hacer felices- pero que lleva a una fe interesada y a una vida egoísta. O la búsqueda del placer a toda costa que nos lleva a relativizar el bien y la verdad en función de mis propios intereses.
Sois la sal y sois la luz. La sal está. No se ve, pero se nota. La luz tampoco se puede ver en sí misma, pero sin ella… El Evangelio nos dice que no perdamos nuestra identidad, porque si no ¿para qué serviremos?
Ser sal y ser luz para que el mundo crea. Dicho de otro modo: vivir como discípulos de Jesús, con fidelidad, con autenticidad. Sin mediocridad ni haciendo equilibrios para acomodarse a los criterios que no se pueden asumir desde la fe cristiana. Vivir como discípulos, no dando lecciones como si fuéramos perfectos y los demás malvados y pecadores –porque tú y yo también lo somos- sino viviendo la libertad de ser hijos de Dios, salvados del pecado, amados por Dios e invitados a una vida nueva.
Y entonces, cuando seamos sal y luz, cuando seamos discípulos, cuando descubramos la gratuidad y el compromiso de la fe en Jesús, cuando como leíamos ayer nazcamos de nuevo viviendo nuestro bautismo y llenos del Espíritu Santo, se verán nuestras buenas obras y otros creerán.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 25 de abril

Martes 25 de abril
II semana de Pascua
San Marcos, evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Hoy en la fiesta de San Marcos leemos la conclusión de su Evangelio. Jesús envía a sus Apóstoles. Les manda ir, salir y proclamar a todos el Evangelio. Les dice que les acompañarán signos. Y la misión es que los que escuchen se bauticen y crean.
Marcos deja claro que a partir de ahora el modo de presencia de Jesús va a ser diferente. Eso significa la ascensión de Jesús al cielo. Sentado a la derecha del Padre, lleno de poder, cumplirá la promesa de enviar el Espíritu Santo. Y pronto los discípulos reciben la fuerza para cumplir el mandato del Señor. No deja sola a la Iglesia, que ya ha aprendido que Jesús se hace presente en la Eucaristía y en la comunidad que se reúne en su Nombre.
Y ¿qué significa todo esto para nosotros? Si eres cristiano tienes que anunciar el Evangelio y además Jesús te garantiza que te acompañarán signos, lucharás contra el mal y vencerás. Este mandato de Jesús no se reserva a los Apóstoles y sus sucesores, los obispos, con sus colaboradores, los sacerdotes. Ni a los consagrados de un modo especial. Al leer el Nuevo Testamento y estudiar los primeros pasos del cristianismo descubrimos que forma parte esencial de la fe en Jesús compartirla y anunciarla a todos. Y que todos los miembros de cada comunidad que nacía tenían esta misión y en ella se implicaban. Es más, al proclamarla se afianza la propia fe y permitimos a Dios que actúe pudiendo ser testigos de su poder y de la verdad de lo que creemos.
Como venimos viendo, el encuentro con Jesús despierta la fe, la presencia del Espíritu Santo da la fuerza y los dones para vivir como discípulo y anunciar el Evangelio. No puedes vivir tu fe de una manera interesada, oculta o acomodada (porque la perderás). No puedes guardártela para ti, tienes que compartirla. Dios se encargará de confirmar tu palabra con signos (como nos dice el Evangelio). Y entonces verás las maravillas de Dios en tu vida y en la de los que te rodean.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 24 de abril

Lunes 24 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?»
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Pistas: Hoy nos acercamos a la conversación de Jesús con Nicodemo. Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer “del agua y del Espíritu”. Se refiere al bautismo y a la efusión del Espíritu Santo. Esta conversación sólo tiene sentido desde la Resurrección de Jesús. Que renueva las cosas de tal modo que se parece a un nuevo nacimiento. El pecado tenía poder sobre el hombre, la muerte tenía poder sobre el hombre… Pero Jesús nos hace libres, capaces de hacer las obras del Espíritu.
El mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús, el mismo que le movió durante su vida y que Él ha prometido, será el que en el bautismo da una vida nueva. Jesús te invita a entrar en su Reino, te invita a nacer de nuevo, eso es la Pascua.
¿Y cuál es la novedad de la que habla Jesús? Él nos ofrece una vida nueva lejos de las tinieblas, de la mentira, del pecado y de la muerte… Éste es el camino que recorreremos en la Pascua. Jesús te da una vida nueva, pero para ello debes aprender a mirar desde los ojos de la fe, ésos que se alejan de las rutinas y los prejuicios y reconocen a Dios a su lado. Para ello necesitas pedir el Espíritu Santo que te dará vida. Se acabó el hombre viejo esclavo del pecado. Serás libre, el hombre nuevo nacido del Espíritu Santo y que hace las obras del Espíritu.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo de la Divina Misericordia

Evangelio según San Juan 20,19-31.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”.
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”. El les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”.
Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe”.
Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!”.
Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”.
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Reflexión:

Terminamos este domingo la octava de Pascua, ocho días como uno, y se nos lanza una gran pregunta… ¿Sois testigos de Cristo resucitado? Ya no hablamos de los signos, expulsareis demonios, hablaréis lenguas nuevas… de los que se nos habla en (Mc 16,17).

Es otra cosa más sencilla la que leemos hoy, “lo tenían todo en común” y… “cada día se les agregaban más” “estaban felices”.

Quizás nuestra reacción es más como la de Tomás, si no lo veo no lo creo, pero aún viendo ¿somos testigos de lo que vimos y vivimos? Ser testigo no es únicamente contar nuestra experiencia sino que nuestra manera de vivir hable de nuestra experiencia.

Si no sabes si tienes la experiencia De Dios en tu vida puede ser por dos causas. 1 que realmente no la tengas. 2 que te olvidases de que la tienes.

¿Que tengo que hacer?

1 Revisa tu historia buscando el paso De Dios, seguro que encontrarás muchas ocasiones en las que Dios paso por tu vida. Y si eso no es suficiente… 2 Haz como Tomás, pídele al Señor aquello que necesitas ver o sentir para de verdad creer. “…y no seas incrédulo, sino creyente”

Si yo digo… “Señor mío y Dios mío” después de encontrarme con el resucitado, el mundo cambia y yo comienzo a ser Testigo, lo que tengo lo que descubrí o experimente, no es sólo para mí, es para compartir con los demás.

San Juan Pablo II instauró en este domingo el domingo de la Divina Misericordia. Dios nos hace misericordia viniendo a nuestra realidad para transformarla, al igual que nosotros cristianos estamos llamados para hacer misericordia con este mundo, que necesita de testigos, necesita que nosotros seamos signo para creer.

Feliz Domingo de Resurrección feliz Domingo de la Divina Misericordia

Domingo 23 de abril

Domingo 23 de abril
II domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado El Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor.
Pero él los contesto: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Pistas: Jesús se aparece el domingo a la comunidad de los Apóstoles que están reunidos. Les da paz, les da el Espíritu Santo, les envía, les da autoridad para actuar en su Nombre, les manda ser testigos de su resurrección.
En la Iglesia, -representada en esta lectura por el grupo de los Once- es donde Jesús se hace presente. Tomás sólo cuando vuelve a la comunidad se encuentra con Jesús y despierta su fe. Aunque los otros apóstoles se lo cuenten, Tomás no es capaz de creer hasta que no lo ‘palpa’ en la asamblea de los hermanos en la fe.
Hoy nosotros somos de los que dice Jesús: “Dichosos los que crean sin haber visto”. Cuántas veces como a Tomás nos gustaría que Jesús se adaptase a nuestros criterios. La novedad de Jesús es tan absoluta, lo que sucedió en la resurrección es algo tan inexplicable, que rompe esquemas. Estos hombres son testigos de ello y nosotros podemos tener fe gracias a su testimonio. Pero Jesús también va a romper nuestros esquemas: Un muerto que vive para siempre, una cruz que es victoria…
Cada vez que las dudas de fe nos apartan de Dios, es en la comunidad, en la Iglesia, donde podrás volver a encontrar a Jesús. Por eso, el domingo es el Día del Señor, el día en que nos reunimos para celebrar la fe, para encontrarnos con Jesús resucitado, para llenarnos del Espíritu Santo, para ser enviados. Piensa hoy en tu parroquia o en tu comunidad y reza por ella. Piensa también qué tipo de comunidad estás construyendo, si Jesús es el centro de ella. Y si ni siquiera sabes muy bien cuál es o cómo está… quizás el Evangelio de hoy sea una invitación a que como Tomás puedas ir y encontrar en ella a Jesús.
Por otra parte, las apariciones del resucitado hacen a estos hombres testigos. Todo esto se nos cuenta para que “creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su Nombre”. El encuentro con Jesús lo transforma todo. Su resurrección nos regala una nueva e intensa vida en la que Jesús se hace presente por medio de la fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.