Martes 28 de febrero

Martes 28 de febrero
VIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor.)

Evangelio según Marcos 10,28-31
Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»

Pistas: Escuché a un sacerdote comentar este Evangelio diciendo: “Es muy cierto, yo dejé a mi familia, novia, trabajo, piso, dinero, todo por seguir a Jesús en el sacerdocio. Y ahora tengo más familia, más casas, más hacienda (aunque no es mía) por las que preocuparme, Tengo más personas a las que siento como mi familia”.
También a una mujer de un grupo de oración: “Desde que he descubierto que Dios está vivo, desde que he decido vivir mi fe (es decir, seguir a Jesús), los demás no son extraños para mí, son mis hermanos, son mi familia”.
El mensaje de Jesús es verdadero: “Dios da el ciento por uno”. Y cuando habla de “con persecuciones” se refiere a la “letra pequeña”, a la parte de cruz con la que debemos cargar. En realidad no es una renuncia, sino una entrega. Como hizo Jesús. Y, entonces, ya no te es indiferente lo que te rodea. Al contrario, buscas amar como amó Jesús. Y por ahí, como a Él, te vendrán las críticas y persecuciones.
Termina el Evangelio diciendo: “Muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros”. No se trata de puestos, glorias, apariencias, honores, cargos… Porque la medida de Jesús no tiene nada que ver con la medida del mundo. Nos está diciendo que se trata de otra cuestión, que se trata de seguirle. Y eso te hará ser feliz, porque amarás y vivirás como Él lo hizo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 27 de febrero

Lunes 27 de febrero
VIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según Marcos 10,17-27
Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»

Pistas: Hoy encontramos a alguien bueno, que cumple los mandamientos desde joven. Quiere saber qué tiene que hacer para lograr la vida eterna. Jesús le propone un camino todavía más perfecto –porque como venimos observando al leer el Evangelio cada día, la propuesta de Jesús no es de mínimos sino una llamada a la plenitud, plenitud de la salvación, plenitud de amor-. Le dice Jesús: “Vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”. Le pide dos cosas: entregarse a los demás despegándose de lo material y seguirle. Pero el hombre no fue capaz de enfrentarse a esas renuncias.
Este Evangelio habla de vocación. Pregúntate: Jesús ¿a qué me llamas? Cumplir los mandamientos es el mínimo. Es muy bonito el detalle: “Jesús, fijando en él su mirada, le amó”. Decidir quitar el pecado viviendo los mandamientos es el principio del camino para poder sentir que Jesús nos ama. Y después hay que escuchar su voz en el corazón. Si las cosas, las riquezas, las situaciones, etc. hacen que no puedas crecer, te dejarán estancado y al final no seguirás a Jesús. Tu vida no será todo lo plena que está llamada a ser.
El Evangelio del domingo decía que no se puede servir a Dios y al dinero. Si conviertes al dinero en dios no hay sitio para el Dios de verdad. Si conviertes las cosas en dios, aunque intentes ser bueno no podrás. No podrás seguir a Jesús, no tendrás sitio para su amor. No podrás vivir la aventura más apasionante: la aventura de la fe, de seguir a Jesús, amarte a ti y amar a los demás.
Esto no quiere decir que haya que dejarlo todo, sino que cada uno tiene su vocación. Los jóvenes necesitan la valentía de preguntar ¿qué quieres de mí? y arriesgarse a responder. Los que ya han elegido el camino, perseverar con fidelidad. Los que tienen dudas, escuchar a Jesús. La clave de este Evangelio es: ¿dónde está puesto tu corazón? ¿quién o qué es el Dios de tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 26 de febrero

Domingo 26 de febrero
VIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

Pistas: Como sacerdote de una zona rural he tenido la ocasión de hablar con muchas personas mayores y hay una frase que repiten: “Antes teníamos menos y éramos más felices. Ahora cada uno va a lo suyo pero antes nos ayudábamos…”. Es verdad que muchas veces el pasado nos parece mejor. Pero también es cierto que nos hemos ido volviendo cada vez más materialistas, más encerrados en nuestros intereses. Parece más importante tener y aparentar que ser. Jesús lo dice hoy en el Evangelio: ¿Qué es lo que importa más? ¿El dinero, tener, lo material? Si sirves a eso dejarás de servir a Dios y dejarás de vivir como Jesús nos ha enseñado.
Hoy leemos: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura”. Buscar el Reino es vivir como discípulos de Jesús, construir la sociedad, las relaciones, la familia… que Jesús enseñó. La justicia de Dios se identifica con su amor y misericordia. No es la justicia del “ojo por ojo” sino la del amor. Por eso buscar la justicia es vivir en el amor y saber que sólo en Jesús hay salvación.
Además Dios es providente, Él cuida de nosotros. Hace un tiempo me contó un amigo sacerdote que se había quedado sin dinero a principios de mes por ayudar a su familia y a una persona de la parroquia. Estaba pensando qué hacer cuando al día siguiente entró una señora en la sacristía y le dijo: “Toma, esto es para ti. Ni para la parroquia ni para los pobres, porque tienes muchos gastos y nadie lo sabe”. Si os pidiera que me escribierais las veces en las que habéis sentido el cuidado de Dios en vuestra vida podríamos escribir unos cuantos libros.
Poner a Dios en el centro. Confiar en Él. Buscar su Reino y su justicia. Haz esto y tendrás la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

VIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 6,24-34.
Dijo Jesús a sus discípulos:
Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.
Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’.
Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.
No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

REFLEXIÓN:

“Yo no te olvido” Is. 49,14-15

El profeta pone en la boca de Dios estas palabras que deberíamos tener grabadas en la memoria constantemente, porque es muy fácil pensar que el Señor se olvida de mí, de mis problemas, de mis circunstancias, de mis dificultades… ¿No será que soy yo el que me olvido de Él?

Nos metemos en un montón de problemas con una facilidad tremenda y lo hacemos por la falacia mundana de “necesitas”. Necesitas coche, moto, coche nuevo, piso, casa, viajes, más viajes, cosinas que ponerte, cosinas que regalar…. NECESITAS ¿NECECITAS?

No se pueden servir a dos amos a la vez, o a Dios o al dinero. Vivimos una vida hipotecada, quizás a un interés bajo, pero hipotecada. ¿Para qué queremos tanto? ¿si soy amado necesito más?

¿A quién pertenezco? ¿Quién es mi señor? No podemos ser solo cristianos cuando venimos a la Eucaristía o a las cosas de la parroquia. Soy Cristiano Siempre!!! Y ¿Qué es lo que creo tener o poseer? Todo es de Dios, todo nos ha sido confiado no es nuestro, prueba de ello es que venimos al mundo con lo que tenemos, desnudos. Si todo es de Dios y el sabe lo que necesitamos, ¿no nos dará todo lo que podemos necesitar? “si tu hijo te pide pan, ¿le darás una serpiente?(…) cuanto más vuestro padre que está en los cielos…”

Otra cosa que solemos olvidar es que las personas siempre son más importantes que las cosas. Claro que son necesarias las cosas y el dinero, pero no podemos buscarlas con ansia pasando por encima de todo y de todos. Olvidamos lo imprescindible y es que necesitamos amar y descubrirnos amados. Sabemos que somos amado por Dios, pero ¿lo hemos experimentado? ¿Hemos sentido en nuestro interior que somos amados en plenitud? Y si nos descubrimos amados ¿cómo no podemos amar? Y hablo de amar a las personas, que ya se de sobra que alguno parece que está enamorado de su coche de tanto que lo mima. Los demás no son instrumentos, herramientas y nosotros tampoco. Yo no valgo por el servicio que doy, o por el capital que produzco, yo valgo porque soy imagen de Dios, IMAGEN AMADA DE DIOS.

La preocupación desmedida por nuestro futuro es el fruto de la desconfianza en un Dios que llena de belleza hasta las flores que sólo viven un día. Me preocupo porque mi salvación sólo depende de mi y eso como ya hablamos la semana pasada, es mentira. La clave es vivir en el presente, frente a un pasado que ya pasó y un futuro que no existe, “cada día tiene su afán” y en ese afán diario tenemos que perder el tiempo en las personas que el Señor nos regala, no podemos pasar más tiempo trabajando y con la tele que con los nuestros. Vivamos en una acción de gracias constante, por las personas que hay en nuestra vida, por el día (hoy precioso), por la lluvia, por la abundancia, por la necesidad y sobretodo, por ser inmerecidamente amados por Dios.

Feliz Domingo

Sábado 25 de febrero

Sábado 25 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
Evangelio según San Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Pistas: Los niños corriendo y molestando, los padres seguramente también: “id a que os bendiga el Maestro”. Y los discípulos querían que Jesús estuviera tranquilo: “Largaos, no molestéis…”. No dejan que se acerquen aquellos pequeños que no eran importantes, no podían dar nada a cambio, sólo son un incordio, un jaleo. Jesús ve la actitud de sus discípulos y se enfada con ellos: “No se lo impidáis”, dejad que vengan.
Los busca, los abraza y los bendice. Y nos da dos lecciones: por un lado, hay que permitir que los pequeños se acerquen a Jesús. Por otro, sólo siendo como ellos se podrá entrar en el Reino. Todo lo que un niño representa nos ayuda a entender el Reino, nos ayuda a acercarnos a Jesús y a permitir que otros lo hagan aunque a veces puedan parecernos insignificantes como un niño.
Jesús te abraza y acoge no por tu relevancia o méritos, sino por lo que hay en tu corazón. Cuando nos despojamos de lo accesorio queda lo sustancial. Ésa es tu tarjeta de presentación ante Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 24 de febrero

Viernes 24 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? El les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
El les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Pistas: Puede sonar anticuado defender lo que dice el Evangelio de hoy. Pero prueba a imaginar tu relación ideal ¿Qué querrías para tu vida en pareja? Describe el amor que soñarías que sintiesen por ti y cómo quieres que sea tu amor ¿A qué se parecería? Describe la familia que soñarías para ti y para tus hijos ¿Cómo es? Mira dentro, en lo profundo de tu corazón, qué te haría o qué te está haciendo feliz.
Ahora vuelve a leer las palabras de Jesús. El matrimonio es ser una sola carne. El vínculo del amor hace que lo distinto se una tanto que dos puedan sentirse uno, ayudándose mutuamente a ser felices y a vivir con más plenitud. Ya no son dos, sino uno. Y Dios bendice ese amor uniéndolo, fortaleciéndolo. Ése es el ideal que el cristianismo propone.
Pero en muchas ocasiones el mundo te sugiere que el centro no lo ocupe el amor, sino el egoísmo, el placer, el interés… En cambio, Jesús dice que puede ser como tú sueñas. Que el amor puede y debe ser verdadero, auténtico, pleno. Como Dios hizo, que tanto nos amó que nos envió a su Hijo, el ejemplo de la entrega total.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 23 de febrero

Jueves 23 de febrero
San Policarpo, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 40-49
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.
El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.
Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.
Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al abismo.
Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser echado con los dos ojos al abismo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Todos serán salados a fuego.
Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la sazonaréis? Repartíos la sal y vivid en paz unos con otros.

Pistas: Detente en las ideas que hoy te llamen la atención: Preocuparte por los que siguen a Jesús. No escandalizar a los pequeños. Huir de la tentación. Quitar incluso cosas buenas que nos llevan a obrar mal. Ser sal. Repartir y ayudar a que nadie deje de ser sal (ser discípulo). Abrir el corazón al otro. Vivir en paz.
Después, transforma las afirmaciones en preguntas. ¿Cómo trato a los que siguen a Jesús? ¿A los que van por delante de mí en el camino de la fe? ¿Y a los que van por detrás? ¿Sé que todo mi esfuerzo será recompensado? ¿Tengo cuidado con los que son débiles, con los “pequeñuelos”?
El fuego que no se apaga, el abismo, el lugar donde el gusano no muere son imágenes del infierno, de la consecuencia del pecado: ¿Soy consciente de ello? ¿Sé qué hay aspectos en mi vida que tengo que cambiar? ¿Veo que hay situaciones, cosas, que me tientan y me llevan a pecar? No valen nada, son mentiras, engaños… me llevan a sufrir a pesar de prometerme la felicidad ¿Merecen la pena?
Soy sal, soy discípulo, pero ¿si me vuelvo soso, si no vivo como discípulo? Para eso está la Iglesia, para repartir la sal al que la ha perdido. Y el fuego, como elemento purificador: “Todos serán salados a fuego”. Las consecuencias del pecado tienen que hacernos reaccionar a salir de ahí para volver a ser sal.
Todo esto no hay que hacerlo por un voluntarismo de querer ganar el cielo por nuestras fuerzas, sino como respuesta y correspondencia al amor de Dios, a la gratuidad de ser sal, de ser discípulos, de estar en el Reino. Dios valora el vaso de agua que calma al sediento, la sal que cumple con su función y la fraternidad que radica en el amor del Padre. Dios salva. Jesús hoy nos dice que no frustremos este plan amoroso de Dios para nosotros y para los demás.

Relee el Evangelio, detente y profundiza en lo que más te interpele, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 22 de febrero

Miércoles 22 de febrero
Cátedra de San Pedro, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 16, 13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Pistas: Hoy la Iglesia nos invita a mirar a Pedro. Al primer Papa. Jesús le elige como jefe de los Doce. Es la roca sobre la que edificar la Iglesia, la base sólida que pone los cimientos de la casa común de todos los cristianos. Le dará las llaves y el poder de atar y desatar. Es fascinante cómo Jesús deja la misión de continuar su obra a hombres pecadores como nosotros. El mismo Pedro que le negará, que no entenderá nada… será la roca firme, el garante de la unidad en la Iglesia. “Y el poder del infierno no la derrotará”. Porque aunque está puesta en manos de hombres es obra de Dios.
Es el Padre el que hace a Pedro entender quién es Jesús. Es Jesús quien da la capacidad a Pedro para realizar su misión a pesar de su pecado y debilidad.
Hoy es un buen día para rezar por la Iglesia, para rezar por el Papa Francisco. Para caer en la cuenta que “el poder del infierno” no podrá con la Iglesia, ni con tu comunidad de fe, ni con tu entrega personal, porque con Jesús a tu lado obtendrás la firmeza que necesitas. En tu propia vida Dios te elige, te llama, aunque a veces niegues como Pedro, aunque a veces pienses mundanamente como él cuando el Señor le dice “apártate de mí Satanás, tú piensas como los hombres, no como Dios”. Dios te llama, te elige, te capacita. Dios te considera una de las rocas de su proyecto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 21 de febrero

Martes 21 de febrero
San Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 9, 29-36
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon del monte y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Pistas: Jesús “iba instruyendo a sus discípulos”. No basta con seguirle, ni con acercarse de vez en cuando, tampoco con trabajar para Él, anunciarle o esforzarse por ser buen discípulo. Seguir a Jesús es estar con Él, sí, pero no solo eso, es aprender de Él.
¿Qué idea tendrían los discípulos de lo que debía ser el Mesías? Querrían una victoria política, un triunfo humano… Pero Jesús les lleva más allá, a lo que trasciende las cuestiones mundanas. Quiere que descubran que su misión es servir, amar y entregarse. Les va preparando para su pasión, muerte y resurrección. Pero ellos no entienden. No comprenden cómo su muerte puede acabar siendo una victoria.
La prueba de esa falta de comprensión es que van discutiendo sobre quién será el primero ante Jesús. Creen que se trata de glorias humanas, de victorias sociopolíticas… cuando en realidad para Jesús se trata de amor, de entrega, de fidelidad al Padre, de vivir desde el interior, y de servicio.
Para ser el primero hay que ser el último. El que más sirve, el que más ama. Porque así actúa Dios con nosotros, porque esto es lo que hará Jesús muriendo y resucitando. Amándonos y enseñándonos a amar.
Jesús coge a un niño, que no puede dar nada a cambio, lo pone en medio y les hace caer en la cuenta: acoger, amar, servir y dar la vida. Hacerte pequeño, pero ser grande en amor. Esto es vivir en Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 20 de febrero

Lunes 20 de febrero
VI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según San Marcos 9, 13-28
En aquel tiempo, cuando Jesús hubo bajado del monte, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos letrados discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. El les preguntó: ¿De qué discutís? Uno le contestó: Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.
El les contestó: ¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto? Contestó él: Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y el agua para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: ¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó: Tengo fe, pero dudo, ayúdame.
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? El les respondió: Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Pistas: Vamos a detenernos en dos aspectos de los muchos de este Evangelio: la fe y el poder y autoridad de Jesús, la oración y el ayuno.
Dice Jesús: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. El padre grita: “Tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Jesús escucha lo que les pasa, pregunta. La fe logra la salvación de aquellos que se acercan a Él. ¿Cuántas veces las dificultades de la vida, la sensación de que Dios no nos escucha, nos hacen dudar? Y la Palabra de Dios nos dice: “Todo es posible al que tiene fe”. A veces nuestra fe es pequeña, la fe de la gente de Iglesia, de los discípulos de Jesús es pequeña… pero cuando aparece Jesús todo cambia. Y dice: “Yo te lo mando”. Su poder y autoridad traen la salvación.
Preguntan los discípulos: “¿Por qué no pudimos nosotros?” La respuesta de Jesús nos da una clave importante para nuestra vida: oración y ayuno. Si quieres vencer el mal en tu vida, si quieres tener autoridad como Jesús (por el poder del Espíritu Santo) para luchar contra el mal en ti y en el mundo: oración y ayuno.
Por un lado, la oración nos pone en comunicación con Dios. Le contamos, le escuchamos, le pedimos, le damos gracias, le alabamos, le adoramos. La oración nos abre a la gracia de Dios, nos pone en sintonía con Él.
Por otro, el ayuno (que quizás nos parezca algo del pasado o como una especie de voluntarismo) significa decirle a Dios que Él es lo más importante de nuestra vida, que Él es tan importante para nosotros que le entregamos todo, que queremos sentir hambre de Él. No es ganar puntos, chantajear a Dios o creernos mejores. Es entregarnos más a Dios, es decirle que queremos su fuerza y su voluntad en nuestra vida.
La oración y el ayuno nos unen a Jesús, nos unen al Padre, nos llenan del poder del Espíritu Santo, y nos dan autoridad como la de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración